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José de San Martín, El Libertador - por Martín Cerri
Martín Cerri
José de San Martín, El Libertador
José de San Martín nació el 25 de febrero de 1778, en el pequeño pueblo de
Yapeyú,
actual República Argentina. Sabido es que la personalidad del ser humano se
forma en sus primeros años de vida, y fue precisamente aquí donde el futuro
Libertador se hizo buen criollo y amante de su Patria.
A la edad de ocho, fue llevado por sus padres a España y, ya con trece, fue
incorporado al ejército español como cadete del regimiento Murcia.
En las filas españolas, se desempeñó en la guerra de Africa, combatió contra
Inglaterra y Portugal y, en 1808, producida la guerra contra Napoleón, cumplió
un relevante papel en la batalla de Bailén, que le valió el reconocimiento público
y su ascenso al grado de Teniente Coronel. Destacamos así, como primer dato,
que cuando San Martín regresó a Nuestra América, en el año de 1812, no era ningún
improvisado ni mucho menos un novato, sino que era un experimentado militar,
joven sí, pero con veinte años de carrera profesional.
Al mismo tiempo que San Martín hacía su experiencia en los ejércitos de la península,
Francisco Miranda iba desarrollando su estrategia para captar hombres útiles
a su proyecto de emancipar a Nuestra América. En este sentido, después de haber
creado la organización política "Gran Reunión Americana", Miranda procedió a
organizar filiales de la misma en España, donde se encontraba un gran número
de militares, profesionales y comerciantes nacidos en nuestro continente. En
este marco se creó, en 1807, la logia "Caballeros Racionales", con sede en Madrid
y en Cádiz. Ésta ultima fue la ciudad española más frecuentada por San Martín
cuando integraba las filas del ejercito español, y fue justamente en ella donde
tuvo conocimiento de los acontecimientos ocurridos en Nuestra América en 1810.
El propio San Martín, en su correspondencia privada, dejó en claro la forma
en que se produjeron aquellos primeros contactos con gente de las organizaciones
secretas a que hemos hecho referencia:
"Como usted, yo serví en el ejercito español, en la península,
desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de teniente coronel
de caballería. En una reunión de americanos, en Cádiz y, sabedores de los primeros
movimientos acaecidos en Caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada
uno al país de nuestro nacimiento, a fin de prestarle nuestros servicios en
la lucha, pues calculábamos se había de entablar...". (José de San
Martín).
El general Rivadaneira, refiriéndose a su reencuentro con el Libertador, en
1821, contó que "...me estrechó en sus brazos, recordó nuestra amistad antigua,
nuestros trabajos en la sociedad de Cádiz, para que se hiciese la América independiente...".
En 1811, ya totalmente compenetrado con los objetivos de la Emancipación de
Nuestra Patria, y participando activamente en la organización política dirigida
por Miranda, San Martín tomó la decisión de abandonar su carrera en las armas
españolas, donde tenía indudablemente un venturoso porvenir, y se fue a Londres
a ponerse a las órdenes de la "Gran Reunión Americana" fundada por el Precursor.
A fines de ese año, San Martín pudo salir clandestinamente de la península ibérica
y pasar a Londres. Allí, se reunió con otros americanos como ser Carlos María
de Alvear, Zapiola, Manuel Moreno y Tomás Guido. Todos pertenecían a la "Gran
Reunión Americana", que era matriz de las organizaciones clandestinas de la
península; en ella, también Simón Bolívar acababa de prestar juramento frente
al mismo Miranda, antes de regresar a Venezuela en compañía del ilustre maestro.
Así se ligaron por un mismo juramento y en el marco de la misma organización,
en el viejo continente, el Precursor y los dos grandes Libertadores.
"En los primeros años del siglo XIX habíase generalizado en España
una vasta asociación secreta, con la denominación de Sociedad de Lautaro o Caballeros
Racionales, vinculada con la sociedad matriz de Londres, denominada "Gran Reunión
Americana", fundada por el general Miranda...en sólo Cádiz, donde residía el
núcleo, llegó a contar en 1808 con más de cuarenta afiliados, entre ellos algunos
grandes de España...". (Bartolomé Mitre).
"San Martín era un americano de raza, un revolucionario por instinto,
un republicano por convicción; era, tal vez sin él saberlo, un adepto de Miranda,
que debía realizar el sueño del maestro...". (Fernández Cabrelli).
El Teniente Coronel San Martín regresa a la Patria:
El 9 de marzo de 1812, llegó al puerto de Buenos Aires, desde Londres, la fragata
inglesa "Jorge Canning", a bordo de la cual venían San Martín, Zapiola, Chilavert,
Alvear y Holmberg, entre otros. Apenas llegados, estos hombres crearon la "Logia
Lautaro", entidad secreta a semejanza de la de Londres, con el propósito de
ejercer influencia decisiva en los medios militares y políticos del Río de la
Plata.
La Logia Lautaro de Buenos Aires fue creada en 1812 por los cuadros revolucionarios
que pertenecían o estaban relacionados con la "Gran Reunión Americana" y sus
filiales españolas, las cuales, dirigidas desde su sede londinense por Miranda,
trabajaban en la preparación del tercer intento de levantamiento general en
Nuestra América.
A la llegada de San Martín al Río de la Plata, la Revolución no se encontraba
consolidada ni mucho menos; es más: tenía serias dificultades de tipo político,
militar y financiero.
Montevideo estaba en manos de los realistas, constituida en el reducto de la
reacción.
Los rioplatenses orientales, encabezados por el gran José Artigas, estaban en
conflicto con el gobierno de Buenos Aires, que pretendía imponer su autoridad
desconociendo sus más elementales derechos y la autoridad de sus líderes naturales.
En el norte, los ejércitos españoles enviados desde el Perú para atravesar las
provincias hasta Buenos Aires y aplastar la Revolución estaban en mucha mejor
posición que las fuerzas patriotas.
A tal punto era así, que Pueyrredón, que hasta entonces había tenido el mando
del "Ejército del Norte", renunció a su puesto, siendo reemplazado por Manuel
Belgrano, abogado patriota convertido, por imperio de las circunstancias, en
General. Una tropa desorganizada, sin moral y sin armas fue lo único que recibió
para enfrentar a las tropas de línea españolas.
Dentro del gobierno de Buenos Aires, a su vez, la elite porteña controlaba el
poder, caracterizándose por una política que no iba más allá de sus propios
intereses de clase, a lo cual subordinaban todo, inclusive los destinos de la
Revolución.
Podemos decir que la situación se caracterizaba por un caos a todo nivel y,
lo que es peor aún, la más absoluta indecisión por parte de la dirigencia política
en cuanto a los caminos que se debían seguir.
La estrategia del Libertador :
Frente a este difícil cuadro de situación, San Martín identificó los objetivos
que se debían lograr para vencer a los colonialistas y estableció la estrategia
a seguir para conquistarlos.
En lo político, debía asegurarse un mínimo de respaldo en el seno del gobierno
de Buenos Aires, sin lo cual no tendría marco apropiado para el resto de las
tareas que debía cumplir.
Así, intervino directamente en la destitución del Primer Triunvirato y su reemplazo
por otro, más cercano a sus proyectos, y presionó para imponer la Declaración
de Independencia a todos esos sujetos calculadores e indecisos que ocupaban
el gobierno.
En lo militar, la importante victoria en "San Lorenzo" eliminó definitivamente
el peligro de las incursiones españolas por la cuenca del Río de la Plata; además,
habló con Martín Miguel de Güemes y con Manuel Belgrano para que se hicieran
responsables ante él de impedir como fuera necesario la penetración de los ejércitos
enemigos por el norte argentino.
Contenidas las tropas colonialistas que presionaban por llegar desde el Alto
Perú (Bolivia), San Martín se podría dedicar a organizar el "Ejército de Los
Andes" para cruzar la cordillera y dirigirse a Lima, centro del poder español
en América.
Solucionados estos dos aspectos, le faltaba uno que era, tal vez, el más complicado:
consolidar el frente interno de la Revolución en el Río de la Plata, poniendo
fin o por lo menos obligando a postergar la guerra civil entre Buenos Aires
y los caudillos de las provincias. Para ello, estableció contacto directo con
José Artigas y con Estanislao López (los principales caudillos federales) para
convencerlos de la necesidad de no pelear entre hermanos y de ocuparse del enemigo
español.
San Martín escribió a Estanislao López lo siguiente:
"Paisano y muy señor mío: el que escribe a usted no tiene
más interés que la felicidad de la Patria. Unámonos paisano mío, para batir
a los maturrangos que nos amenazan; divididos seremos esclavos, unidos estoy
seguro que los batiremos. Hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos
particulares y concluyamos nuestra obra con honor. La sangre americana que se
vierte es muy preciosa, y debía emplearse contra los enemigos que quieren subyugarnos.
Unámonos, repito, paisano mío. El verdadero patriotismo en mi opinión consiste
en hacer sacrificios; hagámoslos, y la Patria sin duda alguna es libre, de lo
contrario seremos amarrados al carro de la esclavitud.
Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas .
En fin paisano, transemos nuestras diferencias; unámonos para batir a los maturrangos
que nos amenazan, y después nos queda tiempo para concluir de cualquier modo
nuestros disgustos, en los términos que hallemos por convenientes, sin que haya
un tercero en discordia que nos esclavice...". (José de San Martín).
El Libertador escribió a José Artigas en estos términos:
"Mi más apreciable paisano y señor: no puedo ni debo
analizar las causas de esta guerra entre hermanos. Y lo más sensible es que
siendo todos de iguales opiniones en sus principios, es decir, de la emancipación
e independencia absoluta de la España. Pero sean cuales fueran las causas, creo
que debemos cortar toda diferencia y dedicarnos a la destrucción de nuestros
enemigos, los españoles, quedándonos tiempo para transar nuestras desavenencias
como nos acomode, sin que haya un tercero en discordia que pueda aprovecharse
de estas críticas circunstancias. Cada gota de sangre americana que se vierte
por nuestros disgustos me llega al corazón. No tengo más pretensión que la felicidad
de la Patria; en el momento en que ésta se vea libre renunciaré el empleo que
obtenga para retirarme, teniendo el consuelo de ver a mis conciudadanos libres
e independientes ...". (José de San Martín).
En cuanto a la actitud de San Martín frente a la elite porteña, fue clara y
contundente: los hombres de Buenos Aires estaban más preocupados por lograr
imponerse a las provincias, en una cuestión de disputa doméstica, que de contribuir
a la Emancipación del continente.
Por ello, cuando se vieron en dificultades para alcanzar sus objetivos, tuvieron
el atrevimiento de pretender ordenarle al Libertador que retornara de Chile
y utilizara el Ejército de los Andes para sus propios fines en la vergonzosa
guerra civil, en lugar de que siguiera al Perú y enfrentara a los españoles.
El Gran Capitán directamente desobedeció la orden y desvinculó al Ejército Libertador
del gobierno de Buenos Aires, tras lo cual marchó al Perú, pasando por encima
de las pretendidas órdenes de un grupo de traidores que le hacía el juego a
los intereses de España y también de Inglaterra.
San Lorenzo:
En octubre de 1812, los marinos españoles asaltaron y saquearon San Nicolás
y San Pedro, en la costa del Río Paraná, afluente del Río de la Plata. Los impulsaba
la necesidad de procurarse víveres y la de hostilizar a los pueblos ribereños.
A mediados de enero, la escuadrilla realista entró por la boca del Río Guazú,
con un total de once embarcaciones armadas y trescientos cincuenta hombres.
El 28, salió San Martín con 125 granaderos escogidos, observándola constantemente
desde la costa. Era sólo una parte del Regimiento de Granaderos a Caballo que
el propio Libertador acababa de crear para defender la Revolución.
Los granaderos marchaban de noche, ocultos a los españoles; San Martín, vestido
de poncho y sombrero campesino, vigilaba personalmente desde la costa.
El 31, los españoles anclaron cerca del pueblo de San Lorenzo, donde prepararon
una
expedición para "escarmentar" a los lugareños.
San Martín, atento de la situación, ocultó a sus granaderos detrás de los muros
del convento que existe en el lugar y, cuando al amanecer del 3 desembarcaron
los 250 españoles con sus dos piezas de artillería y en son de guerra, creyendo
que sólo se encontrarían con civiles, los granaderos desplegados en dos alas
salieron de ambos lados del convento. Los españoles apenas tuvieron tiempo de
montar sus cañones y efectuar algunos disparos; la carga los arrolló en menos
de tres minutos. Este fue el bautismo de fuego del Libertador José de San Martín
al mando de sus Granaderos a Caballo.
De regreso a Buenos Aires, se le efectuó un recibimiento triunfal y comenzó
a proponerse a San Martín como futuro Comandante en Jefe del Ejército del Norte,
en reemplazo del General Belgrano, que había sido derrotado en octubre y noviembre
en Vilcapugio y Ayohuma.
Por decreto del 3 de diciembre de 1813, San Martín partió a la cabeza de una
"expedición auxiliadora" del Ejército del Norte, pero sus instrucciones eran
claras en cuanto a que no se debía limitar a "auxiliar" a Belgrano sino que
directamente debía hacerse cargo de la situación, reemplazándolo en el mando.
Muy a su pesar, y después de intentar negarse en reiteradas oportunidades, finalmente
San Martín cumplió la orden. El respeto y la admiración que sentía por Belgrano,
vencedor en las batallas de Salta y Tucumán, artífice del "Éxodo Jujeño", eran
demasiado grandes como para sentirse complacido frente a la misión encomendada.
Cuando Belgrano se enteró de que San Martín sería su reemplazante, se apresuró
a escribirle lo siguiente:
"Mi corazón toma nuevo aliento cada instante que pienso
que usted se me acerca porque estoy firmemente persuadido de que con usted se
salvará la Patria y podrá el ejército tomar un diferente aspecto. En fin, mi
amigo, espero en usted un compañero que me ayude y quien conozca en mí la sencillez
de mi trato y la pureza de las intenciones que Dios sabe no se dirigen, ni se
han dirigido, más que al bien general de la Patria y a sacar a nuestros paisanos
de la esclavitud en que vivían. Empéñese usted en volar, si le es posible, con
el auxilio y en venir a ser, no sólo mi amigo, sino maestro mío, mi compañero
y mi jefe si quiere...". (Manuel Belgrano).
Durante tres años, los sucesivos comandantes del Ejército del Norte habían estado
peleando palmo a palmo con las tropas realistas sin poder definir la situación.
Algunas victorias, algunas derrotas, pero la cuestión seguía en los mismos términos:
los españoles estaban en permanente amenaza de lograr imponerse y llegar hasta
Buenos Aires.
San Martín fue el hombre que vino a terminar con esto. A diferencia de sus antecesores,
él era un militar profesional, lo que es esencial tener en cuenta por su capacidad
para analizar correctamente la situación y plantear la estrategia adecuada.
Su visión abarcó mucho más que la sola situación del norte; en el marco de la
concepción desarrollada con su participación en la "Gran Reunión Americana",
el Libertador analizó la situación de conjunto que se presentaba en todo el
continente, identificando la necesidad de destruir el punto neurálgico del poder
español en América: Lima. Él se dio cuenta de que de nada valía pelear con las
tropas realistas en los demás puntos de Nuestra América si desde Lima les seguían
mandando refuerzos; allí era a donde había que ir y derrotar a los enemigos.
Por eso, cuando asumió el mando del Ejército del Norte, se dedicó a una tarea
más que nada "reorganizadora", de tal manera de poder dejar una situación mínimamente
segura como para impedir el avance del enemigo desde esa región, mientras él
iría luego hacia Lima a través de Los Andes.
En las inmediaciones de Tucumán, construyó un campo atrincherado, "La Ciudadela",
donde instruía personalmente a sus hombres. Sus objetivos principales eran disciplinar
a la tropa e instruir a los oficiales. Se trataba de convertir aquellos despojos
que había encontrado en un verdadero ejército.
En carta a Rodríguez Peña, de abril de 1814, San Martín le dijo:
"No se felicite, mi querido amigo, con anticipación de lo que yo pueda hacer
en éste; no haré nada y nada me gusta aquí. No conozco los hombres ni el país,
y todo está tan anarquizado, que yo sé mejor que nadie lo poco o nada que puedo
hacer. Ríase usted de esperanzas alegres. La Patria no hará camino por ese lado
del norte que no sea una guerra permanente, defensiva y nada más; para eso bastan
los valientes gauchos de Güemes con dos escuadrones buenos de veteranos. Pensar
en otra cosa es echar en el Pozo de Airón hombres y dinero. Así es que yo no
me moveré ni intentaré expedición alguna. Ya le he dicho a usted mi secreto.
Un ejército pequeño y bien disciplinado en Mendoza, para pasar a Chile y acabar
allí con los godos apoyando un gobierno de amigos sólido, para acabar también
con los anarquistas que reinan. Aliando las fuerzas pasaremos por el mar a tomar
a Lima; es ese el camino y no este, mi amigo. Convénzase usted que hasta que
no estemos sobre Lima la guerra no se acabará...". (José de San Martín).
San Martín se puso en contacto con Belgrano y con Güemes, a quienes expuso su
estrategia. Cuando éstos le dieron su apoyo, y garantizando Martín Miguel de
Güemes que él cuidaría las espaldas de San Martín deteniendo a los realistas
que deseaban penetrar por el norte, pidió su relevo y su designación como Gobernador
de la región de Cuyo, al pie de la Cordillera de Los Andes. Sus adversarios
en la Logia Lautaro (Alvear entre ellos) creyeron ver una oportunidad para "quitarlo
del medio", y le concedieron su petición. En Mendoza, al pie de la cordillera,
San Martín se encargó de organizar el "Ejército de Los Andes".
San Martín: la Independencia de las Provincias Unidas de
Sudamérica:
El año de 1816 encontró a San Martín cumpliendo una serie de actividades que,
de hecho, lo convertían en el hombre más esclarecido política y militarmente
en el Río de la Plata en ese momento, y conduciendo la marcha de los acontecimientos
en función de su estrategia para derrotar al colonialismo español en América.
A pesar de las enormes dificultades de todo tipo con que tropezaba, logró ir
solucionando cada una de ellas, de la manera más conveniente, de tal forma de
poder concretar sus planes. Así, mientras gobernaba Cuyo y convertía esa región
en un campo de reclutamiento y de entrenamiento para la creación del "Ejército
de Los Andes", presionaba en el seno del Congreso de Tucumán para que, a pesar
de la resistencia de otros sectores de la Logia Lautaro, se declarara la Independencia,
cosa que finalmente se hizo.
Justamente sobre este tema escribió San Martín a Tomás Godoy Cruz, diciendo
lo siguiente:
"¿Hasta cuando esperamos declarar nuestra independencia! no le
parece a Ud. una cosa bien ridícula, acuñar moneda, tener el pabellón y cocarda
nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree
dependemos?
¿Qué nos falta más que decirlo?, por otra parte, ¿qué relaciones podremos emprender
cuando estamos a pupilo?, los enemigos, y con mucha razón, nos tratan de insurgentes,
pues nos declaramos vasallos. Esté Ud. seguro que nadie nos auxiliará en tal
situación, y por otra parte, el sistema ganará un cincuenta por ciento con tal
paso. ¡Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas!"
(José de San Martín).
San Martín pensaba en la Independencia de toda Nuestra América. Pero la única
forma de independizar al todo era, inevitablemente, luchar una y otra vez en
cada una de sus partes, en el marco de una estrategia adecuada. Así, la victoria
sobre los colonialistas en las Provincias Unidas y en Chile no era el fin último
de su acción sino un medio, un instrumento, un paso inevitable para llegar a
donde quería: Lima, donde se encontraba el centro del poder español en América.
Su primer paso fue entonces garantizar la Independencia en el Río de la Plata,
y así lo hizo.
Si bien no participó personalmente en el "Congreso de Tucumán" de 1816 (en el
cual se proclamó la Independencia) fue el principal responsable político de
este hecho.
Quienes intervinieron en dicho Congreso se hallaban divididos en cuanto a la
conveniencia de declarar la Independencia, y fueron justamente los hombres enviados
por el Libertador quienes forzaron la decisión de romper el vínculo con la metrópoli
extranjera.
Con la solemne Declaración, el Gran Capitán de Los Andes se aseguró de que la
Revolución fuera ya irreversible, a pesar de las intenciones oscuras de muchos
de sus contemporáneos. Por otra parte, dicho Congreso se pudo llevar a cabo
en el marco de una mínima seguridad en las provincias, provista justamente por
la victoria de San Martín en "San Lorenzo" y por la presencia de las tropas
del norte y de Cuyo reorganizadas por él.
Para la Declaración de Independencia, San Martín se impuso militarmente a los
españoles y políticamente a aquellos sectores vinculados a la elite de Buenos
Aires que ya estaban negociando tanto con España como con Inglaterra.
José de San Martín trabajó incansablemente para la preparación de las condiciones
que harían posible la puesta en práctica de su proyecto. Si bien las dificultades
fueron muchas y de toda índole, nada pudo contra su espíritu, su férrea voluntad
y su implacable decisión de vencer.
"Es increíble lo mortificado que estoy con la demora
del director: la primavera se aproxima y no alcanza el tiempo para lo que hay
que hacer. Ha dado el congreso el golpe magistral con la declaración de la independencia;
sólo hubiera deseado que se hubiese hecho una pequeña exposición de los justos
motivos que tenemos los americanos para tal proceder. En el momento que el director
me despache, volveré a mi ínsula cuyana; la maldita suerte no ha querido el
que yo me hallare en mi pueblo para el día de la celebración de la independencia,
crea usted que hubiera echado la casa por la ventana...". (José de
San Martín).
San Martín: la Independencia de Chile:
En todo momento, el Libertador demostró tener cuatro cualidades que son las
que, en definitiva, marcaron la enorme distancia que había entre él y el resto
de los hombres que lo seguían: visión panorámica, resolución firme, cabeza fría
y voluntad terca.
"El primer escuadrón de Granaderos a Caballo fue la escuela rudimental
en que se educó una generación de héroes. En este molde se vació un nuevo tipo
de soldado animado de un nuevo espíritu, como dice Cromwell en la revolución
de Inglaterra, empezando por un regimiento para crear el tipo de un ejército
y el nervio de una situación. Bajo una disciplina austera que no anonadaba la
energía individual, y más bien la retemplaba, formó San Martín soldado por soldado,
oficial por oficial, apasionándolos por el deber, y les inculcó ese fanatismo
frío del coraje que se considera invencible, y es el secreto de vencer...con
estos elementos organizó una academia de instrucción práctica que él personalmente
dirigía, iniciando a sus oficiales y cadetes en los secretos de la táctica,
a la vez que les enseñaba el manejo de las armas en que era diestrísimo, obligándolos
a estudiar y a tener siempre erguida la cabeza ante sus severas lecciones, una
línea más arriba del horizonte, mientras llegaba el momento de presentarla impávida
a las balas del enemigo...en cuanto a los soldados, los elegía vigorosos, excluyendo
todo hombre de baja talla. Los sujetaba con energía paternal a una disciplina
minuciosa, que los convertía en maquinas de obediencia. Los armaba con el sable
largo de los coraceros franceses de Napoleón, cuyo filo había probado en sí,
y que él mismo les enseñaba a manejar. Por último, daba a cada soldado su nombre
de guerra, por el cual únicamente debía responder, y así les daba el ser, les
inculcaba su espíritu y los bautizaba...a mediodía dirigíase a la cocina y elegía
dos platos (generalmente puchero y asado), que a veces despachaba de a pie,
y por postre dulce mendocino, tomando dos copas de vino. En seguida daba un
corto paseo fumando un cigarrillo de tabaco negro, si era invierno, y volvía
luego a la tarea. En verano dormía una siesta de dos horas sobre un cuero tendido
en el corredor de la casa. En ambas estaciones, su bebida habitual era el café
que él mismo preparaba. Después volvía al trabajo, y por la noche inspeccionaba
los establecimientos públicos. Por la noche, recibía las visitas con las que
tertuliaba en variada conversación, de la cual estaba excluida la política o
echaba una partida de ajedrez, juego en que era fuerte, y a las 10 en punto
las despedía. A esa hora tomaba una ligera colación, y descansaba o continuaba
su trabajo interrumpido, pasándose muchas noches en vela y sin acostarse por
efecto de las dolencias que le aquejaban..." (Bartolomé Mitre).
Uno de los más serios obstáculos que debió superar el Libertador fue la falta
de recursos para organizar y mantener al Ejército de los Andes; sin ellos, la
empresa estaba condenada al fracaso.
En sus interminables cartas al gobierno de Buenos Aires solicitando el envío
de recursos, manifestó que "...todas las tropas excepto el batallón de cazadores que está
en San Juan, entraron en el campo de instrucción el 30 (de septiembre de 1816),
es un dolor no tener siquiera una frazada para arroparlos de la intemperie...por
la Patria vea Ud. al director a fin de que me remita los vestuarios para cazadores,
granaderos y numero ocho; que estén a más tardar a mediados de diciembre; sin
este auxilio no se puede realizar la expedición, pues es materialmente imposible
pasar los Andes con hombres enteramente desnudos...". (José de San
Martín).
En carta a Guido expresó, con férrea voluntad y energía, que "...si
no puedo reunir las mulas que necesito me voy a pie; es menester hacer el último
esfuerzo en Chile, pues si esta la perdemos, todo se lo lleva el diablo...".
(José de San Martín).
El director Pueyrredón contestó finalmente los pedidos hechos, aunque sólo en
parte. En su correspondencia se puede apreciar la dramática situación que se
vivía en aquellos momentos: "Como ayer fue día de todos los santos no se ha podido buscar entre
los comerciantes libranzas para los 30.000 pesos, pero haré la diligencia con
empeño...Van ahora 500 frazadas, mil arrobas de charqui, vestuarios, camisas,
400 recados, 200 sables con los dos únicos clarines que he encontrado, 200 tiendas
de campaña y no hay más; va el mundo, va el demonio, va la carne, y no sé yo
cómo me irá con las trampas en que quedo para pagarlo todo, y me voy yo también
para que Ud. me dé algo del charqui que le mando; y !Carajo! no me vuelva a
pedir más, si no quiere la noticia de que he amanecido ahorcado en un tirante
de la fortaleza...". (Juan Martín de Pueyrredón).
"El Ejército de Los Andes fue creado de la nada. Fue
necesario fabricarlo todo y para ello dentro de la falta absoluta de medios,
sin embargo, San Martín con su talento múltiple, montó fabricas, formó depósitos,
capacitó operarios y fabricó desde la canana hasta el propio ajuste del cañón.
Fue el creador en América de la artillería de montaña a lomo y sobre
prensa-zorra.
Fue el primer conductor sudamericano que dispuso de un estado mayor organizado.
Fue también el creador de los servicios de estado mayor, revelándose un maestro
en las informaciones y organización de aprovisionamientos y reabastecimientos
La aplicación de sus recursos políticos, económicos, financieros, industriales,
en el servicio de estado mayor, representan hoy un ejemplo a imitar. Sus planes
de operaciones pueden servir de modelo al ejército más moderno de nuestra época...".
(Juan Domingo Perón).
San Martín tenía la idea de acabar la Guerra de Independencia con una campaña
marítima sobre Perú, y para prepararla solicitó que se le confiara la gobernación
de Mendoza, dejando a otro el mando del Ejército del Norte. Como Chile estaba
todavía en poder de los patriotas, se proponía ir a ayudarlos en su guerra con
los españoles, y una vez afirmados, emprender juntos la guerra por mar, al tiempo
que el Ejército del Norte marcharía contra Lima por el altiplano. Un movimiento
de pinzas cuyo objetivo final sería la capital peruana.
Pero la derrota de las fuerzas bajo el mando de O'Higgins en la batalla de "Rancagua",
el 2 de octubre de 1814, le obligó a tener que comenzar el plan con la reconquista
de Chile.
Comenzó el Libertador con lo que el llamó "guerra de zapa", destinada a preparar
el terreno para la posterior ofensiva con el Ejército de Los Andes: se trataba
de alarmar a Chile, seducir las tropas realistas, promover la deserción, figurar
los sucesos, desconceptuar los jefes, infundir temor a los soldados y procurar
desconcertar los planes de Marcó del Pont (jefe colonialista en Chile). Es decir
que se planteó como objetivo trabajarle el frente interno al enemigo, para desorganizarlo,
confundirlo y debilitarlo.
En enero de 1817, se llevó a cabo el cruce de la cordillera de Los Andes por
el Ejército Libertador. La columna principal lo hizo por el paso de "Los Patos"
y para distraer al enemigo e impedir que lo taponase, otros destacamentos efectuaron
el cruce por los pasos de "Uspallata", "Come-Caballos", "Guana", "Planchón"
y "Portillo".
"Las dificultades que se tuvieron que vencer para el
paso de las cordilleras, sólo pueden ser calculadas por el que las haya pasado.
Las principales eran la despoblación, la construcción de caminos, la falta de
leña, y sobre todo de pastos. El ejército arrastraba 10.600 mulas de silla y
carga, 1600 caballos y 700 reses, y, a pesar de un cuidado indecible, solo llegaron
a Chile 4300 mulas y 511 caballos en muy mal estado, habiendo quedado el resto
muerto o inutilizado en las cordilleras...". (José de San
Martín).
Chacabuco y Maipo:
La guerra revolucionaria en Chile fue concluida por San Martín mediante dos
aplastantes victorias: "Chacabuco" y "Maipo". La primera, el 12 de febrero de
1817, y la segunda, el 5 de abril de 1818.
Después de la batalla de "Chacabuco", el Libertador envió un mensaje al gobierno
de Buenos Aires en el que, entre otras cosas, se ocupó de decir que "...sin el auxilio que me han prestado los brigadieres Soler
y O'Higgins la expedición no hubiera tenido resultados tan decisivos; les estoy
sumamente reconocido, asimismo a los individuos del estado mayor cuyo segundo
jefe el coronel Beruti me acompañó en la acción y comunicó mis órdenes, así
como lo ejecutaron a satisfacción mía mis ayudantes de campo el coronel D. Hilarrión
De La Quintana, D. José Antonio Alvarez, D. Antonio Arcos, D. Manuel Escalada,
y D. Juan Obrrain.La premura del tiempo no me permite expresar a V.E. los oficiales
que más se han distinguido, pero lo verificaré luego que sus jefes me pasen
los informes que les tengo pedidos, para que sus nombres no queden en el olvido...en
una palabra el eco del patriotismo resuena por todas partes a un tiempo mismo,
y al Ejército de Los Andes queda para siempre la gloria de decir: en 24 días
hemos hecho la campaña, pasamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos
con los tiranos, y dimos la libertad a Chile...". (José de San Martín).
Después de esa batalla, el día 14 San Martín entró en la capital en medio del
entusiasmo general del pueblo. Convocó a un cabildo abierto que a su vez designó
tres electores; éstos aclamaron el 15 a San Martín como Director Supremo de
Chile con "facultades omnímodas". Pero el Libertador, sabiendo que aún no había
cumplido su meta de llegar al Perú y que su paso por Chile era sólo una etapa
en dicho camino, no aceptó. Declinó el nombramiento a favor de su "amado compañero
de armas, O'Higgins". Por su parte, el gobierno de Buenos Aires le informó su
ascenso a la suprema jerarquía militar: Brigadier de los Ejércitos de la Patria.
Pero también lo rechazó, mediante elocuente nota remitida a dicha autoridad:
"Antes de ahora, tengo empeñada solemnemente mi palabra
de no admitir grado ni empleo alguno militar ni político...Sacrificaré gustoso
mi existencia en obsequio de la Patria....".
(José de San Martín).
Con la entrega de una suma de diez mil pesos oro que se le hizo como recompensa
por los servicios prestados, por parte del cabildo de Santiago, ordenó la construcción
de una biblioteca pública:
"Permítame que destine útilmente ese fondo a un establecimiento
que haga honor a ese benemérito reino: la creación de una biblioteca nacional
perpetuará para siempre la memoria de esa municipalidad. La ilustración y fomento
de las letras es la llave maestra que abre las puertas de la abundancia y hace
felices a los pueblos...". (José de San Martín).
También rechazó San Martín el sueldo de General en Jefe del Ejército de Chile
y una vajilla de plata que le obsequiaron. En relación a esto le escribió a
su amigo O'Higgins, diciéndole:
Continúa
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