EL HORNERO

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MATERIAL DE DIFUSIÓN DE LA EMISORA EDUCATIVA "El HORNERO"
REVISTA Nº XXV- 2001

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Este Adjunto está confeccionado con las informaciones recibidas en la Emisora Educativa El Hornero. En éste, la Redacción de El Hornero no tiene participación alguna, excepto a la limitación de extensiones de algunos artículos.

La revista El Hornero puede obtenerla en las siguientes páginas web:

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Adjunto Informativo de la revista Nº 25 EL HORNERO

 

1 de octubre 2001

 

PRESENTACIÓN DE LOS TEMAS

 

 

 

 

 

VIII CURSO DE 
INTRODUCCION A LA ASTROFISICA 


Tenerife - La Palma, 26 de junio - 2 de julio de 1999

Resumenes de las charlas del Curso ordenadas cronológicamente.

Misterios Cósmicos: Cuestiones pendientes en la Astrofísica Actual 
Alejandro Oscoz Abad 

El avance en nuestro conocimiento del Cosmos ha sido espectacular durante el presente siglo. A pesar de ello, todavía subsisten numerosas incógnitas a las que se enfrenta la Astrofísica actual, alguna de ellas cruciales para llegar a entender el funcionamiento del Universo, pasado, presente o futuro. En esta charla se hará una revisión de los principales problemas cosmológicos existentes en la actualidad, así como de los posibles avances que se esperan en los próximos años. Entre las cuestiones clave que se analizarán destacan aquellas relacionadas con las propiedades globales del Universo (formación, evolución, estructura, tamaño, edad,...), las propiedades de los núcleos activos de galaxias, los agujeros negros y las lentes gravitatorias. 

La Astronomía ante las Seudociencias:
Manuel Toharia 

Las seudociencias, lo mismo que las creencias, no se basan en el conocimiento de los hechos propio del llamado método científico -hipótesis razonable a la luz de lo que ya se sabe, verificación universal de dicha hipótesis, refutabilidad, predictibilidad, etc.- sino en una serie de afirmaciones que, sin prueba, se toman como base de todo lo demás. Además, una seudociencia se distingue de una creencia por el hecho de que pretende hacerse pasar por científica aunque niega implícita, y a veces explícitamente, el método científico. 

En el cielo siempre hemos querido ver los humanos la sede de nuestros dioses, o sea, de los supuestos entes más poderosos que nosotros ante las fuerzas descontroladas de la Naturaleza. Júpiter tonante era el dios de las tormentas como Eolo lo era de los vientos, Amon Ra era el dios del Sol, y así sucesivamente. Si esos dioses imaginarios eran tan poderosos, debían controlar no sólo a la Naturaleza sino también al destino. Y debían ser, pues, dueños del pasado y del futuro. Por eso, encontrar en los elementos observables del cielo -la Luna, el Sol, las estrellas, los fenómenos atmosféricos- algún signo que permitiera vislumbrar ese destino fue una preocupación seguramente muy antigua en los humanos primitivos. Máxime cuando el permanente y lento girar de la semiesfera celeste permitía, con paciencia y atención, descubrir movimientos y situaciones predecibles: por ejemplo, los solsticios y equinoccios, y sobre todo los eclipses. 

Probablemente, así es como fue naciendo, paralelamente a la incipiente ciencia astronómica de observación, la creencia astrológica según la cual en esos movimientos celestes estaba la clave para entender e incluso predecir nuestro destino. 

La astrología moderna pretende existir no ya como una mera creencia sino como una ciencia no aceptada oficialmente por los astrónomos, que verían por esa causa peligrar su situación preeminente. Pero los astrólogos no han aportado jamás prueba alguna de lo que afirman. Mal que les pese a los que con ella gana dinero, la astrología no pasa de ser una creencia. 

Con todo, son muchos los científicos que han intentado, por qué no, averiguar si detrás de toda la jerga astrológica -signos, casas, trígonos, temas astrales, etc.- pudiera haber alguna base racional que el método científico pudiera ayudar a entender. La conclusión, absolutamente unánime -algo nada fácil en el mundo de la ciencia actual-, es que en el estado actual de los conocimientos astronómicos no hay nada que permita afirmar que en la situación relativa de planetas y estrellas exista algún factor capaz de influenciar nuestro destino pasado o futuro. Si tal fuerza existe, es desconocida para la ciencia actual; a pesar de que debería ser notablemente intensa a juzgar por sus supuestos efectos. 

Los Gamma Ray Burst: Del espionaje a las mayores explosiones del Universo 
Mark R. Kidger 

Cuando unos satélites de espionaje americanos, diseñados para vigilar las pruebas nucleares secretas, detectaron una serie de estallidos de rayos gamma en los años '60 y '70, la noticia se mantuvo inicialmente en secreto. Cuando se estableció que su procedencia era del cielo se convirtieron en uno de los mayores misterios de los últimos años. Las explicaciones dadas para los misteriosos estallidos de rayos gamma iban desde señalarlos como la obra de unas supercivilizaciones extraterrestres hasta los choques entre estrellas de neutrones. 

Sólo en los últimos 18 meses hemos empezado a acercarnos a una explicación de su origen y procedencia. Ya sabemos que tienen lugar en unas galaxias muy lejanas y, pese a aparentar miles de veces más luminosos que los cuásares, tal vez las apariencias engañan. 

En esta charla nos acercaramos hacia los GRB's para intentar entender cómo son y por qué tienen lugar. Además, contestaramos la pregunta ¿podría tener lugar un gamma ray burst en nuestra Galaxia que podría acabar con la vida en la Tierra? 

Enanas Marrones y Planetas Extrasolares 
María Rosa Zapatero Osorio 

El año 1995 pasará a la historia de la Astrofísica y de la Ciencia como la fecha en la que se descubrieron el primer planeta gigante fuera del Sistema Solar y la primera enana marrón. Estos cuerpos celestes tienen una masa muy pequeña, menor que 80 veces la masa del planeta Júpiter, lo que implica que no puedan brillar por sí mismos (en su interior no tienen lugar reacciones químicas de la fusión del hidrógeno), y este hecho los diferencia claramente de las estrellas. Se trata de objetos muy poco luminosos y con temperaturas muy frías cuyo descubrimiento no sólo pone de manifiesto la existencia de otros sistemas planetarios "extrasolares", sino que además ha marcado el comienzo del estudio de una nueva clase de objetos en nuestra Galaxia. En tan sólo unos pocos años de investigación el número de planetas supergigantes y de enanas marrones identificadas es tan elevado que se piensa que estos cuerpos celestes son los pobladores más numerosos de nuestra Galaxia (superior a las estrellas). En esta charla se presentarán los caminos que han conducido al hallazgo de los primeros planetas extrasolares y enanas marrones, así como las propiedades más relevantes que los caracterizan y diferencian de nuestro Sistema Solar. 

Cosmología: Evidencias Observacionales para la validación del Big-Bang 
Miquel Serra-Ricart 

La charla pretende presentar las actuales evidencias observacionales que validan el modelo estandar del origen del Universo, el Big-Bang. De entre las tres principales, 1) la radiación de fondo a una temperatura de 2.7 grados Kelvin, 2) la nucleosíntesis de los elementos primordiales (Deuterio, Helio y Litio) y, 3) la expansión del Universo, se prestará especial atención a la tercera. Sabemos, de forma casi concluyente, que a partir de los datos procedentes de la observación de cuásares (galaxias primigenias) puede confirmarse la expansión del Universo. 

También se hablará del amplio campo de estudio que ofrecen las lentes gravitatorias, (espejismo óptico de una galaxia aislada y muy lejana consecuencia de intensos campos gravitatorios creados por cúmulos de galaxias o galaxias individuales). Su observación continuada puede ofrecernos luz sobre: 1) una mejor determinación de la Constante de Hubble (piedra roseta para el cálculo de distancias en nuestro Universo) y 2) el estudio de la materia oscura del Universo. 

El Cambio Climático: Gases, Aerosoles y el Sol en Acción 
Manuel Vázquez Abeledo 

A lo largo de la historia de nuestro planeta se han ido sucediendo diversos cambios en el clima, cada uno de ellos caracterizado por períodos de variación, amplitudes y causas diferentes, pero todas ellas de origen natural. 

Desde principios del siglo XIX, con el comienzo de la revolución industrial, el Ser Humano ha comenzado a influir en dichos cambios climáticos mediante la emisión de gases procedentes de la quema de combustibles fósiles. 

Registros de la temperatura media de la Tierra durante los últimos 150 años indican un calentamiento entre 0.5 y 0.7oC. Un ritmo de aumento muy importante cuando lo comparamos con el de otras crisis climáticas. Además del efecto de dichos gases, otros dos causas de origen natural pueden estar actuando a la vez que la acción humana. Por un lado, la variación de la actividad solar, y por otro, la de los aerosoles, tanto naturales como de origen artificial. 

En esta conferencia se describirán las tres contribuciones citadas y se discutirán las posibles consecuencias del calentamiento citado, planteándose algunos escenarios para afrontar la posible crisis climática. 

BIBLIOGRAFÍA: Vázquez Abeledo, M., 1998, La Historia del Sol y el cambio climático, Mc Graw Hill / Interamericana. 


Nacimiento, Vida y Muerte de las Estrellas    Inés Rodríguez Hidalgo 

Al contrario de lo que se pensaba en la antiguedad, no sólo existen indicios razonables de que las estrellas cambian, sino pruebas observacionales de este hecho. El ciclo evolutivo puede enunciarse como sigue: las estrellas nacen, evolucionan, mueren y, finalmente, ¡se reproducen! El propósito de esta charla es precisamente justificar este orden aparentemente tan extraño. Para ello, se ha tratado de resumir en diez preguntas el hilo de razonamiento lógico que conduce a nuestras actuales ideas sobre el nacimiento, vida y muerte de las estrellas. La dificultad de reconstruir un ciclo evolutivo mucho más largo que toda la historia de la humanidad hace que algunas fases de la evolución estelar se encuentren todavía en el terreno de la especulación (lo que, por otra parte, sucede también en otras áreas de la ciencia). 

A lo largo de la fascinante historia de las estrellas se irá explicando cómo tiene lugar la fabricación de los elementos químicos que forman el Universo y todo lo que éste contiene, incluidos nosotros mismos. De ese modo es posible llegar a comprender el significado de la sugerente frase somos polvo de estrellas. 

Cuerpos Menores del Sistema Solar 
Ricard Casas i Rodríguez 

Además de los 9 planetas conocidos y de sus satélites, miles son los cuerpos que orbitan alrededor del Sol y cuyos tamaños van desde sendos granos de arena hasta objetos de un millar de kilómetros de diámetro. Según su naturaleza, estos objetos se clasifican en: Asteroides, Cometas y Meteoritos. 

El número de asteroides conocidos es de varias decenas de millar y ese número se incrementa día a día. La mayoría de ellos pertenecen al llamado "Cinturón de asteroides" situado entre Marte y Júpiter, otros se encuentran mucho más alejados del Sol, mientras que unos pocos cruzan peligrosamente la órbita terrestre. 

Los cometas siempre han sido presentados como portadores de malos augurios, pero la espectacularidad mostrada por los observados en los últimos años ha motivado que la gente se habitúe a ellos y conozca su naturaleza. 

Finalmente, los meteoritos, restos de cometas que orbitan alrededor del Sol, son el origen de las estrellas fugaces que en ocasiones dan lugar a espectaculares lluvias de estrellas, toda vez que decepcionan al espectador acostumbrado a las magnas producciones cinematográficas. 

 

 

Descubren un nuevo cuerpo espacial en el Sistema Solar

Se combinaron dos exposiciones de un telescopio de Chile para mostrar el movimiento del nuevo cuerpo descubierto, que aparece como dos puntos rojos 
4 de julio, 2001

(CNN) -- Los astrónomos han descubierto un trozo de hielo protoplanetario más allá de la órbita de Neptuno, lo que ha disparado especulaciones sobre la existencia de cuerpos aún más grandes en los helados confines del sistema solar. 

El objeto, identificado mediante numerosos telescopios de gran potencia ubicados por todo el mundo, es considerado como el más grande jamás hallado en el anillo helado que se encuentra más allá de los planetas compuestos por cometas primigenios. 

"Este es intrínsecamente el objeto más brillante del Cinturón de Kuiper encontrado hasta el momento", dijo Robert Millis, director del Observatorio Lowell, quien dirigió el equipo que realizó el descubrimiento. 

Y el brillo refleja su tamaño. Debido a la distancia, la oscuridad y la pequeñez de los objetos del Cinturón de Kuiper, los astrónomos deben calcular sus diámetros basándose en la cantidad de luz que reflejan, algo que en el mejor de los casos podría considerarse una ciencia inexacta. 

Basándose en los supuestos tradicionales, los investigadores conjeturan que el tamaño de este nuevo objeto, conocido como 2001 KX76, podría ser superior a 1.270 kilómetros. Como referencia, Charón, uno de los satélites de Plutón, posee un diámetro estimado en 1.200 kilómetros. 

Pero el objeto podría ser menor si reflejara más luz que la esperada. Una medición alternativa estima su diámetro en 960 kilómetros. 

Sea como fuere, el 2001 KX76 posee un diámetro impresionante. Varuna, que antes del descubrimiento era el objeto más grande del Cinturón de Kuiper, tiene un diámetro esti
El nuevo objeto se halla a algo más de 6.400 millones de kilómetros del Sol. Su órbita podría estar en sincronía con la de Neptuno, completando tres vueltas alrededor del Sol en el tiempo que el planeta recorre cuatro. 

Este descubrimiento es excitante, comentó Millis, ya que demuestra que aún existen muchos cuerpos por descubrir en el Cinturón de Kuiper. 

"Tenemos todos los motivos para creer en la existencia de objetos de tamaños que podrían alcanzar o superar el de Plutón y que todavía no han sido descubiertos", escribió el científico esta semana en el comunicado que anunció el hallazgo. 

Desde 1992, los astrónomos han identificado más de 400 objetos en el Cinturón de Kuiper, que se piensa son vestigios de la formación del Sistema Solar. Se cree que existen decenas de miles por descubrir. Muchos científicos concuerdan en decir que es muy probable que Plutón, considerado tradicionalmente como planeta, sea en realidad un gran objeto del Cinturón de Kuiper. 

 

 

Aviso de publicación de la Memoria sobre Los Pesos y Medidas, de Felipe Senillosa. 
Artículo publicado por La Gaceta Mercantil, el 11 de marzo de 1840.


Memoria sobre Los Pesos y Medidas

De esta provincia, y sus relaciones con las de otros países.- 

Compuesta por el SEÑOR DON FELIPE SENILLOSA, por comisión especial del Exmo. Sr. Gobbhaoerna Capitán General, Ilustre = Restaurador de las Leyes, D. Juan Manuel de Rosas.

Se ha publicado y continua vendiéndose esta importante obra en la forma de cuaderno de cuarto menor en esta imprenta a 4 pesos ejemplar.
Hallarán en esta Memoria los especuladores y mercaderes de toda clase el conocimiento exacto de las cantidades que recíprocamente se cambian ó permutan, conocimiento sin el cual no puede haber ninguna transacción mercantil bien calculada y que deben considerarse como la primera base de todas las operaciones de igual naturaleza.
Juntamente con la Memoria, se han publicado las comunicaciones oficiales y decretos relativos al arreglo y perfecta determinación de nuestro contraste y un Apéndice escrito por el mismo autor en que se dan todos los conocimientos necesarios para la construcción y conservación de las medidas originales. 
Por ellos, en cualquier punto de la Campaña, en las Provincias, ó en paises extrangeros, pueden construirse nuestras medidas sin necesidad de tener los originales a la vista.

Tomado de La Gaceta Mercantil. Diario comercial, político y literario. Nº 5001, Buenos Aires, 11 de marzo de 1840. (Archivo General de la Nación). Se respetó la ortografía del original.

 

Detectan una partícula fantasmal

Permite explicar la transformación de los neutrinos, ladrillos elementales del universo

El hallazgo se produjo luego de tres décadas de investigaciones. Los expertos midieron el comportamiento de estos componentes en su viaje desde el Sol hacia la Tierra

NUEVA YORK (The New York Times).- Después de tres décadas de búsqueda, los físicos han rastreado partículas subatómicas que los habían eludido durante tres décadas. Las partículas, resulta ser, estaban todo el tiempo allí, pero se habían escondido como por arte de magia.
"Hemos resuelto un rompecabezas sobre los neutrinos faltantes del Sol", dijo Arthur B. McDonald, director del Sudbury Neutrino Observatory, cerca de Sudbury, Ontario. Al hacerlo, sin embargo, los investigadores han contestado preguntas sobre el comportamiento de los neutrinos y el destino del universo.
Los neutrinos son partículas fantasmales, uno de los ladrillos fundamentales del universo, como los quarks, los electrones y los fotones. Billones de ellos, producidos por reacciones de fusión que ocurren en el interior del Sol, nos atraviesan cada segundo. Minúsculos y desprovistos de carga eléctrica, sin embargo, ellos pasan sin ser advertidos. De hecho, son prácticamente indetectables.

Un misterio resuelto

En un observatorio canadiense

En 1968, el doctor John Bahcall, un astrofísico del Instituto para Estudios Avanzados de Princeton, Nueva Jersey, calculó que el ritmo de neutrinos del Sol que pasan por cada pulgada cuadrada debería ser de alrededor de 30 millones por segundo.
Experimentos que comenzaron en los años setenta contaron cantidades mucho menores; más de la mitad de los neutrinos esperados nunca fueron vistos. Pero los cálculos del doctor Bahcall se mantuvieron en pie.
científicos del Sudbury Neutrino Observatory anunciaron la primera evidencia experimental que ofrece una solución a este misterio.
Durante el viaje de 93 millones de millas desde el Sol a la Tierra, dijeron los investigadores, alrededor de dos tercios de los neutrinos se transforman en otras variedades que son más difíciles de detectar.

Un dibujo del detector de neutrinos
Foto: NyT
El número de neutrinos del Sol, concluyen, es de alrededor de 35 millones por pulgada cuadrada por segundo. "Hay bastante coincidencia entre las predicciones y la medición", afirmó Joshua Klein, profesor de Física de la Universidad de Pensilvania que coordinó el análisis de los datos.

El doctor Bahcall estaba exultante. "Me siento como esos prisioneros que reciben sentencia de por vida cuando el test de ADN prueba que no son culpables -dijo Bahcall-. Durante 33 años, la gente había puesto en tela de duda mis cálculos sobre el Sol."
El nuevo hallazgo muestra que los cálculos fueron correctos.
Menos feliz está el doctor David O. Caldwell, profesor emérito de física de la Universidad de California en Santa Barbara. "Mi reacción personal es de gran frustración -dijo-. Estaba esperando un resultado diferente."
Los datos van en contra de su esperanza de hallar un nuevo tipo de neutrino. Porque los neutrinos vienen en tres tipos: neutrinos electrones, muones y tau, nombrados de acuerdo con las partículas subatómicas con las que frecuentemente se asocian. Los muones y las partículas tau son más pesadas. Los neutrinos producidos por el Sol son todos electrones. Poder observar las raras ocasiones en que un neutrino choca con otra partícula requiere grandes cantidades de materia.
El detector del Sudbury Neutrino Observatory consiste en una esfera de acrílico de 12 metros que contiene 1000 toneladas de agua pesada, en la que dos átomos de hidrógeno de las moléculas de agua han sido reemplazados con átomos de deuterio, una versión más pesada del hidrógeno. La esfera está sumergida dentro de una cavidad de 10 pisos que fue cavada en una mina de níquel a un kilómetro y medio de profundidad y llenada con 40.000 toneladas de agua común.
Ocasionalmente, un neutrino choca contra uno de los átomos de deuterio del agua pesada y se divide en un protón y un neutrón. Los detectores que se encuentran alrededor de la esfera detectan el encuentro. Los científicos han visto 1169 colisiones desde que el experimento comenzó, en 1999.
"Esta es la primera evidencia directa del cambio de los neutrinos solares de un tipo a otro", dijo Klein.
En el universo existe más cantidad de neutrinos que ningún otro tipo de partícula, y algunos físicos se han preguntado si la fuerza gravitacional colectiva de los neutrinos puede ser suficientemente poderosa como para detener la expansión del universo y conducirlo nuevamente a una implosión.
Ahora, los científicos saben que el comportamiento de los neutrinos no es simple. "Son muy esquizofrénicos", dijo el doctor Bahcall.
Kenneth Chang

 

 

Teoría de partículas elementales

Indice
Prefacio
1. - Introducción histórica de los constituyentes de la materia
2. - Partículas Elementales
3. - Las Fuerzas Fundamentales
4. - El Modelo Estándar
5. - Cuestiones pendientes de la Física de Partículas
6. - Bibliografía

Prefacio

Con estas páginas quiero esclarecer algunos conceptos de la Teoría de las Partículas Elementales, la idea surgió debido a que no existían muchos textos adecuados en castellano, y a la cantidad de desconocimiento que existe entre los interesados al hablar de quarks, fuerzas fundamentales, unificación,...

Se tratará la Teoría de las Partículas Elementales sin fórmulas matemáticas, sino más bien explicando el desarrollo histórico que se ha ido dando en esta teoría. Por ello, este texto no está orientado a ti si ya sabes lo que la electrodinámica cuántica, o la cromodinámica cuántica son; más bien está pensado para aquellos que recuerdan que la materia está formada por átomos, y lo recuerdan como algo muy lejano que fue necesario estudiar, y ahora quieres saber qué es un quark y de dónde surgieron, o a cuáles se las llaman las interacciones fundamentales. 

1- Introducción histórica de los constituyentes de la materia

Cada sustancia del universo, las piedras, el mar, nosotros mismos, los planetas y hasta las estrellas más lejanas, está enteramente formada por pequeñas partículas, que se pensaban que eran indivisibles, llamadas átomos. Son tan pequeñas que no son posible fotografiarlas. Para hacernos una idea de su tamaño, un punto de esta línea puede contener dos mil millones de átomos.

Por tanto, al adentrarnos en la materia nos damos cuenta de que está formada por átomos. Para comprender estos átomos, a lo largo de la historia diferentes científicos han enunciado una serie de teorías que nos ayudan a entender la complejidad de estas partículas. 

A finales del siglo XVIII se descubren un gran número de elementos, pero éste no es el avance más notable sino que se produce cuando Lavoisier da una interpretación correcta al fenómeno de la combustión, indicando que se producía una unión con átmos de oxígeno.

Ya en el siglo XIX se establecen diferentes leyes de la combinación para formar sustancias y compuestos químicos , esto unido a la clasificación periódica de los elementos (1871) potencia el estudio de la constitución de los átomos. Es decir qué son y qué propiedades tienen. Todas estas leyes supusieron encontrar nuevas explicaciones a cómo la materia estaba constituida. Estas explicaciones son las que se van a ir indicando.

El químico y físico británico, John Dalton (1766-1844) creó una importante teoría atómica de la materia. En 1803 formuló la ley que lleva su nombre y que resume las leyes cuantitativas de la química (ley de la conservación de la masa, realizada por Lavoisier; ley de las proporciones definidas, realizada por Louis Proust; ley de las proporciones múltiples, realizada por él mismo). Su teoría, para explicar estas leyes que se cumplen en las reacciones químicas entonces conocidas, se puede resumir en:

1. - Los elementos químicos están formados por partículas muy pequeñas e indivisibles llamadas átomos. 

2. - Todos los átomos de un elemento químico dado son idénticos en su masa y demás propiedades.

3. - Los átomos de diferentes elementos químicos son distintos, en particular sus masas son diferentes.

4. - Los átomos son indestructibles y retienen su identidad en los cambios químicos.

5. - Los compuestos se forman cuando átomos de diferentes elementos se combinan entre sí, en una relación de números enteros sencilla, formando entidades definidas (hoy llamadas moléculas).

Para Dalton los átomos son esferitas sólidas que se unían para formar moléculas. Esto quería decir que un átomo de oxígeno más un átomo de hidrógeno daba un átomo o molécula de agua. La formación de agua a partir de oxígeno e hidrógeno supone la combinación de átomos de estos elementos para formar "moléculas" de agua. Dalton, equivocadamente, supuso que la molécula de agua contenía un átomo de oxígeno y otro de hidrógeno.

A mediados del siglo XIX, unos años después de que Dalton enunciara su teoría, se desencadenó una serie de acontecimientos que fueron introduciendo modificaciones al modelo atómico inicial. De hecho, el mundo atómico es tan infinitamente pequeño para nosotros que resulta muy difícil su conocimiento. Nos hallamos frente a él como si estuviésemos delante de una caja cerrada que no se pudiese abrir. Para conocer su contenido solamente podríamos proceder a manipular la caja (moverla en distintas direcciones, escuchar el ruido, pesarla...) y formular un modelo de acuerdo con nuestra experiencia. Este modelo sería válido hasta que nuevas experiencias nos indujeran a cambiarlo por otro. De la misma manera se ha ido construyendo el modelo atómico actual; de Dalton hasta nuestros días se han ido sucediendo diferentes experiencias que han llevado a la formulación de una serie de modelos invalidados sucesivamente a la luz de nuevos acontecimientos.

Thomson, sir Joseph John (1856-1940), físico británico, estableció otra teoría que respondía a las nuevas propiedades que se estaban encontrando en la materia, en concreto las propiedades eléctricas. Según el modelo atómico de Thomson el átomo consistía en una esfera uniforme de materia cargada positivamente en la que se hallaban incrustados los electrones, unas partículas que surgen de los tubos catódicos y que tienen carga eléctrica negativa, de un modo parecido a como lo están las semillas en una sandía. Este sencillo modelo explicaba el hecho de que la materia fuese eléctricamente neutra, pues en los átomos de Thomson la carga positiva era neutralizada por la negativa. Además los electrones podrían ser arrancados de la esfera si la energía en juego era suficientemente importante como sucedía en los tubos de descarga.

Sir Ernest Rutherford (1871-1937), famoso hombre de ciencia inglés que obtuvo el premio Nobel de química en 1919, realizó en 1911 una experiencia que supuso en paso adelante muy importante en el conocimiento del átomo.

La experiencia de Rutherford consistió en bombardear con partículas alfa una finísima lámina de oro. Las partículas alfa (que, aunque no lo sabía no son más que núcleos de Helio, es decir dos protones y dos neutrones unidos) atravesaban la lámina de oro y eran recogidas sobre una pantalla de sulfuro de cinc. La importancia del experimento estuvo en que mientras la mayoría de partículas atravesaban la lámina sin desviarse o siendo desviadas solamente en pequeños ángulos, unas cuantas partículas eran dispersadas a ángulos grandes hasta 180º. El hecho de que sólo unas pocas radiaciones sufriesen desviaciones hizo suponer que las cargas positivas que las desviaban estaban concentradas dentro de los átomos ocupando un espacio muy pequeño en comparación a todo el tamaño atómico; esta parte del átomo con carga eléctrica positiva fue llamado núcleo. 

Rutherford poseía información sobre el tamaño, masa y carga del núcleo, pero no tenía información alguna acerca de la distribución o posición de los electrones. En el modelo de Rutherford, el núcleo era el responsable de casi toda la masa del átomo y los electrones se movían alrededor del núcleo como los planetas alrededor del sol. Los electrones no caían en el núcleo, ya que la fuerza de atracción electrostática era contrarrestada por la tendencia del electrón a continuar moviéndose en línea recta, es decir la fuerza centrífuga debida a su movimiento circular. Este modelo fue satisfactorio hasta que se observó que estaba en contradicción con una información ya conocida en aquel momento: de acuerdo con las leyes del electromagnetismo, un electrón o todo objeto eléctricamente cargado que es acelerado o cuya dirección lineal es modificada, emite o absorbe radiación electromagnética.

El electrón del átomo de Rurherford modificaba su dirección lineal continuamente, ya que seguía una trayectoria circular. Por lo tanto, debería emitir radiación electromagnética y esta radiación causaría la disminución de la energía del electrón, que en consecuencia debería describir una trayectoria en espiral hasta caer en el núcleo.

Esta contradicción en el modelo de Rutherford fue el germen para que, unos años más tarde, Niels Bohr (1885-1962), un físico danés, estableciera un nuevo modelo atómico. En el modelo atómico de Bohr se aplica por primera vez la hipótesis cuántica a la estructura atómica, a la vez que buscó una explicación a los espectros discontinuos de la luz emitida por los elementos gaseosos. 

Este modelo implicaba los siguientes postulados:

El electrón tenía ciertos estados definidos estacionarios de movimiento (niveles de energía) que le eran permitidos; cada uno de estos estados estacionarios tenía una energía fija y definida. 

Cuando un electrón estaba en uno de estos estados no irradiaba pero cuando cambiaba de estado absorbía o desprendía energía. 

En cualquiera de estos estados, el electrón se movía siguiendo una órbita circular alrededor del núcleo. 

Los estados de movimiento electrónico permitidos eran aquellos en los cuales el momento angular del electrón (m · v · r) era un múltiplo entero de h/2 · 3.14. 

Vemos pues que Bohr aplicaba la hipótesis cuántica de Planck en 1900. Esta hipótesis cuántica nació para explicar la teoría ondulatoria electromagnética de la luz y se basa en suponer que un sistema mecánico no podía tener cualquier valor de la energía, sino solamente ciertos valores. 

Aplicando esta hipótesis a la estructura electrónica de los átomos se resolvía la dificultad que presentaba el átomo de Rutherford. El electrón, al girar alrededor del núcleo, no iba perdiendo la energía, sino que se situaba en unos estados estacionarios de movimiento que tenían una energía fija. Un electrón sólo perdía o ganaba energía cuando saltaba de un estado (nivel) a otro. En condiciones normales los electrones de un átomo o ion se sitúan en los niveles de más baja energía. Cuando un átomo recibe suficiente energía, es posible que un electrón salte a un nivel superior a aquel en que se halla. Este proceso se llama excitación. Un electrón excitado se halla en un estado inestable y desciende a un nivel inferior, emitiendo una radiación cuya energía será igual a la diferencia de la que tienen los dos niveles.

El modelo de Bohr era muy similar al de Rutherford, pero conseguía salvar la inestabilidad recurriendo a la noción de cuantificación y junto con ella a la idea de que la física de los átomos debía ser diferente de la física clásica.

Hasta 1932 las únicas partículas subatómicas que se conocían eran las partículas alfa, el electrón y los protones (que estaban en el núcleo y tenían carga eléctrica positiva), pero en dicho año el físico inglés J. Chadwick descubrió el neutrón, y enseguida se vio que junto al protón constituyen los dos componentes esenciales del núcleo. Al protón y al neutrón se les llama nucleones y forman todos los núcleos de todos los elementos que se conocen, salvo el del hidrógeno, que está formado por un único protón.

Los elementos cuyos núcleos están formados por el mismo número de protones (número atómico o Z) son indistinguibles desde el punto de vista químico. Es decir, son el mismo elemento. A elementos iguales con diferente número de neutrones se les llaman isótopos, y al número de protones y de neutrones que tiene un núcleo se la llama número másico o A. Para los núcleos ligeros ocurre que el número de protones y de neutrones es el mismo, es decir A = 2 * Z, pero a medida que los núcleos son más pesados el número de neutrones aumenta más rápidamente que el de protones, A > 2 * Z. Estudiando los números atómicos y másico de cada núcleo conocido se encuentra una curva que define los núcleos estables, por el contrario aquéllos con un exceso o defecto de protones presentan una desintegración natural o radiactividad. 

Fue a partir de entonces cuando, para asombro de los físicos, apareció una avalancha de nuevas partículas: en 1928 Dirac había elaborado una teoría del electrón que vaticinaba la existencia de un electrón de carga positiva al que llamó positrón, éste fue descubierto por Anderson en 1932; en 1930, Pauli había señalado la necesidad de introducir una nueva partícula indistinguible, el neutrino, para mantener la conservación del momento lineal, ésta fue confirmada por Fermi en 1934; en 1934, y puesta de manifiesto empíricamente por Cowan y Reines en 1955; en 1935, estudiando la radiación cósmica encontró otra partícula, el mesón, con masa intermedia entre el electrón y el protón; A. Duperier, Lattes y muchos físicos más analizando los rayos cósmicos encontraron una gran variedad de nuevas partículas inestables y con vidas muy efímeras.

2- Partículas Elementales

Podemos definir las partículas elementales como aquellas cuya estructura interna no podía ser descrita (en el estado actual del conocimiento) como una simple combinación de otras partículas.

Al introducir el estado de conocimiento que se tiene del mundo subatómico en la definición de las partículas elementales, hemos de tener en cuenta que éstas, al variar lo que sabemos del mundo atómico, cambian. Podemos, de hecho, distinguir (muy arbitrariamente) cuatro etapas en la historia de las partículas elementales.

En la primera de ellas, que terminó en 1932, seis partículas elementales fueron descubiertas, que son: el fotón, el electrón, el protón, el neutrón, el positrón y el neutrino (aunque el descubrimiento de éste último era sólo teóricamente).

La segunda etapa en la Física de las Partículas Elementales comenzó en 1935 cuando quedó claro que las partículas existentes no eran suficientes para explicar la naturaleza de las fuerzas nucleares, en concreto cómo coexistían los protones en el núcleo si debido a la carga eléctrica positiva que poseían debían repelerse (lo cual se explica introduciendo una nueva fuerza, la fuerza nuclear fuerte) y fenómenos derivados de la desintegración de núcleos, es decir la radiactividad natural y artificial (para ello se introdujo otra nueva fuerza llamada fuerza nuclear débil). La idea cuántica de una fuerza es suponer que, igual que dos esquiadores que se lanzan pelotas de nieve uno a otro se repelen, si decimos que entre dos partículas existe una fuerza, significa que existe un intercambio de partículas. Este razonamiento une la física de las Partículas con las fuerzas, interacciones o campos elementales. Además, durante este periodo se descubrieron nuevas partículas como son: los muones (1938) y los mesones (en 1947 los mesones cargados y en 1950 el mesón neutro).

La tercera fase comprende un vasto espacio de tiempo (1949-1964), a lo largo del cual extrañas partículas inestables fueron descubiertas, la existencia del neutrino electrónico y el neutrino muónico fueron confirmada experimentalmente. Muchas de estas partículas no existen en nuestro mundo observable ya que son muy inestables y tienen una vida media muy corta transmutándose en otras partículas pasado un tiempo, por eso se han encontrado únicamente en colisiones realizadas artificialmente (por ejemplo bombardeando núcleos con haces de neutrones que se les ha comunicado una gran velocidad con un acelerador) o también explorando la radiación cósmica procedente del espacio exterior.

Antes de comentar la cuarta etapa en la investigación de las partículas elementales, vamos a realizar una ordenación de las partículas existentes en aquellos momentos.

Las partículas elementales se subdividen comúnmente en cuatro tipos. A uno de ellos pertenece una sola partícula: el fotón. El segundo tipo le forman los leptones, el tercero los mesones, y finalmente, el cuarto tipo, los bariones. Los mesones y los bariones se unen usualmente en un tipo de partículas de interacción fuerte denominadas hadrones.

A continuación daremos una breve descripción de los tipos de partículas enumerados.

Los fotones (partículas o cuantos responsables del campo electromagnético), participan en las interacciones electromagnéticas, pero no poseen interacciones nuclerares fuertes ni débiles. 

Los leptones recibieron su nombre de la palabra griega leptos, que significa ligeros. A estos pertenecen las partículas que no poseen interacción fuerte: los muones, los electrones, los neutrinos electrónicos, y las correspondientes antipartículas para cada una de estas partículas. Todos los leptones tienen un espín igual a 1/2 y por consiguiente, son fermiones (partículas de espín semientero que no pueden encontrarse en el mismo estado con los mismos números cuánticos) y poseen interacción débil. Aquellos que tienen carga eléctrica (o sea, los muones y los electrones) poseen también interacción electromagnética. 

Los mesones son partículas inestables de interacción fuerte que carecen de la llamada carga bariónica. A este grupo pertenece los mesones pi o piones, los mesones K o kaones y el mesón eta. A diferencia de los leptones, los mesones poseen no sólo interacción débil (y electromagnética, si están cargados), sino también fuerte, la que se manifiesta durante la interacción de éstos entre sí y también con los bariones para formar hadrones. El espín de todos los mesones es igual a cero, de manera que todos ellos son bosones, que contrariamente a los fermiones, pueden acumularse en un estado. 

Los bariones agrupan a los nucleones (protón, neutrón) y unas partículas inestables, que poseen mayor masa que la de los nucleones, denominados hiperones. Todos los bariones poseen interacción fuerte y, por consiguiente interaccionan activamente con los núcleos atómicos. El espín de todos los bariones es igual a 1/2, de forma que los mismos son fermiones. Salvo el protón todos los bariones son inestables. Desintegrándose junto con otras partículas dan obligatoriamente un barión. 

Finalmente, realizado el estudio de las partículas existentes, indiquemos que la cuarta etapa en la investigación de las partículas elementales comenzó incluso antes de la finalización de la tercera (1961) y continua hasta nuestros días.

Se han acumulado tantas partículas llamadas elementales que han surgido serias dudas sobre su elementalidad. Con relación a esto, surgió la hipótesis de que todas las partículas están compuestas por tres partículas fundamentales, portadora de unas cargas que, combinadas pudieran responder a las de las partículas existentes. El primer modelo de esta clase fue propuesto por el físico japonés S. Sakata, el que consideraba como partículas fundamentales el protón, el neutrón y el hiperón. Esta última es una nueva partícula que fue predicha considerando las simetrías que se daban al ordenar las partículas subatómicas existentes entonces en diagramas bidimensionales con dos propiedades (o números cuánticos) de estas, así se llegó a la conclusión de que entre los grupos de partículas conocidas como hadrones (es decir uniones de mesones y bariones) se daba la simetría del octeto o simetría SU(3). Sin embargo, el esquema de Sakata resultó inaplicable al campo de las interacciones fuertes.

En el año 1963 Gell-Mann e independientemente el físico suizo Zweig propusieron una hipótesis, según la cual todas las partículas elementales están constituidas por tres partículas denominadas quarks, llegaron a esta conclusión teniendo en cuenta que la más simple representación de la simetría del grupo SU(3) se consigue con un triplete. A éstos se les asignan números cuánticos fraccionarios, en particular una carga eléctrica igual a +2/3, -1/3, +1/3 respectivamente para cada uno de los tres quarks. Éstos se representan por las letras u (de la palabra inglesa up, que significa hacia arriba), d (down, que significa hacia abajo), y s (strange, extraño o sideways que significa lateral). Aparte de estos tres quarks, cada uno de ellos lleva asociado su antiquark correspondiente.

3- Las Fuerzas Fundamentales

Como hemos visto, el estudio de los componentes de la materia nos ha llevado también a introducir dos nuevas fuerzas en el campo de la Física. Hasta entonces, todo podía explicarse gracias al campo gravitatorio y al campo electromagnético, actualmente se consideran cuatro interacciones o fuerzas fundamentales, las cuales en orden descendente en intensidad son: fuerza nuclear fuerte, fuerza electromagnética, fuerza nuclear débil y fuerza gravitacional. 

Para tener una idea de la magnitud relativa de estas fuerzas, supongamos que en una escala de intensidades, en la que la fuerza gravitatoria tuviese magnitud 1, la fuerza débil tendría un valor de 10+34 (un uno seguido de 34 ceros), la fuerza electromagnética tendría un valor de 10+37 (un uno seguido de 37 ceros) y la fuerza fuerte tendría un valor de 10+39 (un uno seguido de 39 ceros).

Igual que con las partículas, una fuerza es considerada como fundamental en función de lo que se conoce en ese momento. De esa manera puede entenderse cómo la unificación de las fuerzas eléctricas y magnéticas llevada a cabo por Maxwell redujo dos fuerzas (magnética y eléctrica) en una sola interacción: el campo electromagnético.

Para clarificar el ámbito de las fuerzas fundamentales mencionare el alcance de cada fuerza. La fuerza fuerte es la responsable de que los protones y los neutrones se mantengan unidos dentro del núcleo. Si no fuera por el dominio que ejerce la fuerza fuerte, la repulsión entre los protones haría inestable el núcleo; los protones se dispersarían y el núcleo no podría existir, por tanto su alcance es muy pequeño (10-15 m). La fuerza fuerte o nuclear fuerte tiene un rango de acción ligeramente menor que el tamaño del núcleo, esto es: actúa solo sobre las partículas más vecinas. La fuerza electromagnética afecta a todas las partículas que poseen carga eléctrica y su alcance es infinito, la constante de interacción de esta fuerza es un número adimensional denominado constante de la estructura fina (de valor aproximado 1/137). Por su lado, la fuerza débil o nuclear débil actúa entre partículas elementales y es responsable de algunas reacciones nucleares. Por ejemplo, en la desintegración radiactiva de los núcleos que provoca su escisión en varios fragmentos, además la fuerza nuclear débil es importante en la velocidad de reacción de algunas reacciones nucleares que ocurren en estrellas como el sol (de hecho la vida media del sol está determinada por las características de esta fuerza), y en todos los procesos de interacción entre los neutrinos y la materia. Es una fuerza de corto alcance, 10-16m. Por último la fuerza gravitatoria es universal, a ella se someten todas las partículas elementales sin excepción, sin embargo debido a su poca magnitud no juega un papel importante en el micromundo.

Cuando se empieza a hablar de las fuerzas fundamentales es obligado hablar también de su unificación. 

Newton en 1686 mostró que la gravedad celeste y la terrestre podían considerarse dentro de una misma teoría: la gravitación universal. Ésta fue la primera unificación. Newton explico cómo se comportan los cuerpos ante la gravedad, pero fue Einstein el primero que propuso un modelo teórico para explicar el origen de la gravedad. En la teoría de la relatividad general, las partículas siguen trayectorias rectilíneas siempre, de tal manera que la gravedad o campo gravitatorio, según el cual las partículas masivas "tuercen" su trayectoria es una consecuencia de la deformación del espacio-tiempo causada por la masa.

Aunque fueron Faraday y Oersted los primeros que observaron la relación de los fenómenos eléctricos y magnéticos, fue Maxwell quien en 1864 le dio una estructura formal a lo que ahora se conoce como teoría electromagnética. Ésta fue la segunda unificación. Existe una interesante simetría en las ecuaciones de Maxwell la cual sugiere que el hecho de la existencia de cargas eléctricas, "obliga" también la existencia de cargas magnéticas, es decir la carga eléctrica es a la vez responsable de los campos eléctricos y los campos magnéticos. Hay incluso varias investigaciones documentadas relacionadas con la búsqueda de estas cargas magnéticas, las cuales se denominan "el monopolo magnético."

Alrededor de 1968, Weinberg y Salam trabajando independientemente, mostraron la conexión que subyace entre la fuerza electromagnética y la fuerza nuclear débil. Esta tercer unificación dio lugar a la llamada fuerza electrodébil. Este enfoque se consiguió con la llamada Teoría Cuántica de Campos, que aplicada a las interacciones electromagnética y débil se denomina electrodinámica cuántica, en ella, tal y como se ha comentado anteriormente, se considera una interacción entre dos partículas como un intercambio de unas partículas especiales llamadas partículas o portadores de fuerza. Estas partículas de fuerza son bosones y podemos decir que la interacción electromagnética depende del intercambio de fotones, mientras que en la fuerza nuclear débil interviene el intercambio de dos tipos de bosones muy masivos llamados W y Z. Para la fuerza nuclear fuerte se postuló la existencia de una portador que actúa a un nivel más profundo, son los gluones, unos bosones que no tienen masa. La interacción fuerte queda así explicada con la teoría de la Cromodinámica Cuántica. 

Debido a que la formulación de la Cromodinámica Cuántica y de la ElectroDinámica Cuántica es, en esencia la misma, parece plausible pensar que puede existir alguna unificación entre ambas, aunque de hecho aún no se ha encontrado.

De las cuatro fuerzas fundamentales, tenemos tres (que podrían ser dos si la unificación de la Teoría Cuántica de Campo y la Cromodinámica Cuántica se diera), de esta tres, aún no hemos podido saber si son la misma fuerza o tienen características diferentes. De ellas, la más complicada de introducir es la gravedad. Recordemos que el campo gravitatorio no se basa en el intercambio de partículas sino en la deformación del espaciotiempo; de todas maneras existen teorías cuánticas que pretenden unificar la gravedad postulando la partícula de intercambio, que aunque no está descubierta, se denominaría el gravitón. 

Otra propuesta más a las unificaciones fue hecha en 1921 por un matemático alemán llamado Theodor Kaluza. Él mostró cómo, considerando 5 dimensiones, se puede obtener el electromagnetismo y la gravitación en una sola teoría. Al introducir las otras fuerzas fundamentales, la teoría no funciona correctamente, aunque existen estudios donde trabajando con más dimensiones se busca la ansiada unificación. Estas teorías no son teorías cuánticas al no introducir la idea de una interacción como un intercambio de partícula, en estas teorías las fuerzas se explican como una propiedad del espacio (tal y como sucede con la gravedad). Se denominan las teorías de las supercuerdas, que pretenden explicar toda la física mediante la introducción de unas diminutas cuerdas de materia muy densa, estas cuerdas son muy pequeñas, pues no tienen más de 10-35 m de largo. Todas las cuerdas son lazos donde los fermiones y los bosones, que son las partículas elementales asociadas a la materia y a las interacciones respectivamente, corresponden a ondas que viajan en la dirección de las manecillas del reloj para el caso de los fermiones y en dirección contraria en el caso de los bosones. En las teorías de supercuerdas; cada uno de los infinitos modos posibles de vibración, (armónicos y modos fundamentales de vibración), correspondería a una partícula diferente. Esto implica la existencia de un número infinito de partículas elementales. Todo esto es relativamente fácil de asimilar, ¡pero lo que no les he dicho es que estas cuerdas vibran en un espacio que tiene de 10 a 26 dimensiones! 

La meta final de todas las unificaciones es encontrar una única fuerza que explique todas las interacciones que observamos en la naturaleza. Las teorías que describen el proceso de unificación de las fuerzas fundamentales se llaman 'teorías de supersimetrías. Pero hay que tener cuidado, ya que, como se ha dicho antes, una fuerza es considerada como fundamental según los conocimientos científicos existentes en ese momento.

 



Teorías científicas que no fueron aceptadas en su época 

autor: Alberto Gomis Blanco, profesor de Historia de la Ciencia en la Universidad de Alcalá y miembro de la SEHCYT 

El progreso científico casi siempre va más allá de lo que en un momento dado puede imaginarse. Este progreso se ve impulsado por lo que podríamos calificar como aportaciones científicas extraordinarias, aunque en algunas ocasiones, como vamos a comentar este mes, algunas teorías valiosísimas pasaron desapercibidas, o no fueron aceptadas en su época. 

Newton y la causa del movimiento de los planetas 

El inglés Isaac Newton (Woolsthorpe, Lincolnshire, 1642 - Londres, 1727), para muchos el científico más importante de cuantos han existido, fue un profundo conocedor de los principios matemáticos. Estos principios le interesaban, en tanto en cuanto le servían para su aplicación en la comprensión del mundo científico y el Universo. Conocedor de la teoría copernicana de que los planetas giraban alrededor del Sol y de las leyes de Kepler que hacían referencia a que la órbita de los planetas era elíptica y a que su movimiento era más deprisa cuanto más cercanos estaban al Sol, se preguntó por qué los planetas se mantenían en sus órbitas. 

Newton, en sus "Principia" (1687), señaló que la gravedad era la fuerza que estando difundida por el Universo mantenía a los planetas en su órbitas y que, además, podía medirse. Estableció que la fuerza que mantiene a un planeta en su órbita debe ser inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que lo separa del centro alrededor del cual gira. Escrúpulos de todo tipo impidieron la aceptación de esta teoría hasta los años centrales del siglo siguiente. 


Mendel y la proporción en que se heredan los caracteres 

Nacido en lo que entonces era imperio austro-húngaro, Gregor Johann Mendel (Heinzendorf, 1822 - Brno, 1884) fue un sacerdote que compaginó la actividad docente con las tareas investigadoras, si bien a partir de 1868, en que fue elegido abad del monasterio agustiniano de Brno, ambas mermaron considerablemente. Antes, hacia 1853, conocedor de la abundante bibliografía que sobre experimentos realizados con híbridos se había publicado hasta esos momentos, estaba convencido de que ninguna de las experiencias practicadas hasta ese momento permitía formular una ley general aplicable a la formación y al desarrollo de los híbridos. A la consecución de la misma dedicó casi una década (1855-1864), en la que, tras desechar otros tipos de plantas, llevó a cabo sus trascendentales experimentos de hibridación con el guisante. 

Los resultados numéricos obtenidos, permitieron a Mendel comunicar, en 1865, los tres principios que hoy se conocen como "Leyes de Mendel", que ponen de manifiesto los tipos y proporción en que aparecen entre los descendientes las características de los progenitores. Lo explica por la existencia de unos "factores" que de manera individual e independiente pasaban de cada progenitor a los descendientes. Sin embargo, hasta 1900 que Hugo de Vries, Carl Correns y Erich Tschermak-Seysenegg redescubrieron las leyes de Mendel, estas pasaron prácticamente inadvertidas para la comunidad científica. 

Wegener y la fuerza causante del desplazamiento de los continentes 

El meteorólogo alemán Alfred Wegener (Berlín, 1880 - Groenlandia, 1930) fue un destacado profesor (en la Universidad de Graz [Austria]), al tiempo que un eminente teórico y un valeroso explorador. Sin ser geólogo, se interesó por un problema esencialmente geológico, el desplazamiento de las masas continentales, ya que desde mediados del siglo XIX diferentes autores habían llamado la atención sobre la correspondencia topográfica que existía entre los litorales de Sudamérica y África. 

Wegener dedicó cinco capítulos, del tercero al séptimo, de su obra "El origen de los continentes y océanos" a probar los desplazamientos continentales, en ellos da argumentos geodésicos, geofísicos, geológicos, paleontológicos y biológicos y, finalmente, paleoclimáticos. Señala como en el pasado existió un único continente, que comenzaría a fragmentarse en la era mesozoica , y que las fuerzas que desplazan los continentes son las mismas que producen las grandes cadenas montañas plegadas. La teoría de la deriva continental fue ganando adeptos a partir de mediados del siglo pasado y de ahí que no deba sorprendernos el que haya autores que han calificado a Wegener como el Newton de la Geología movilista. 

A modo de conclusión 

Las siete u ocho décadas que debieron transcurrir hasta que fue aceptada la teoría de Newton de que la gravitación era la responsable de los movimientos de los planetas, los treinta y cinco años que pasaron hasta que se redescubrieron las leyes mendelianas, o el medio siglo que transcurrió antes de admitirse la teoría de Wegener de la deriva continental, son sólo algunos de los ejemplos que nos proporciona la historia de la ciencia, pero hay muchos más. Por lo general la resistencia a la introducción de teorías novedosas, como las aquí apuntadas, ha tenido mucho que ver con que estas teorías se formulasen sobre conceptos nuevos o el que trataran de resolver problemas de los que todavía estaban muy alejados la mayoría de los científicos. 

LOS "PRINCIPIA" DE NEWTON 

En 1687 apareció en Londres la primera edición de los "Philosophiae naturalis principia mathematica" ("Principios matemáticos de filosofía natural") . La obra, escrita en latín, consta de tres libros. Newton establece en la misma, de manera precisa, el principio de la inercia, el de acción y reacción, define matemáticamente la fuerza como el producto de la masa por la aceleración y, en el tercer libro, expone su "sistema del mundo". 

LOS "EXPERIMENTOS DE HIBRIDACIÓN" DE MENDEL 

Los resultados obtenidos por Mendel, fueron defendidos por él mismo en el seno de la Sociedad de Naturalistas de Brno. En las "Actas" de la Sociedad correspondientes al año 1865 se publicó integro el trabajo "Versuche über Pflanzen-Hybriden" ("Experimentos de hibridación en plantas") que él mismo envío a los más cualificados especialistas del momento. Hasta 1940 no se publicaría una edición en castellano del trabajo. La que aquí se presenta corresponde a la versión que Antonio Prevosti publicó en México al cumplirse el centenario de la lectura del trabajo en Brno (UNAM, 1965). 

EL "ORIGEN DE LOS CONTINENTES" DE WEGENER 

Luego de publicar algunos artículos previos, Wegener publicó en 1915 su clásica obra "Die Entstehung der Kontinente und Ozeane". En 1924 apareció una versión española, a partir de la tercera alemana, realizada por Vicente Inglada Ors. Tras el éxito de la teoría aparecieron nuevas traducciones, como las que llevó a cabo Francisco Anguita, una de las cuales -la publicada por Ediciones Pirámide en 1983- es la que aquí se reproduce. 

Por Alberto Gomis Blanco 
Publicado en Junio 2001 / (c) Ciencia digital, S.L. 

 

 

 

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