Sensibles del Sur 

BARILOCHE, Argentina, viernes 1 de noviembre de 2002
( Año IV - Número 154 )

Tengo, vamos a ver, // tengo lo que tenía que tener


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CUENTA CONMIGO - Revista gráfica y virtual

Amigos, nadie más. El resto es selva 
Jorge Guillén

1)  Mensajería
* Luis Rogelio Nogueras  - Poemas -
* Eva Durán - 2 Poemas eróticos 2 -
*  Sombrero Violeta 2 -Graciela Wencelblat - Poema -
* Y entonces entraron esos hombres - Andrés Aldao - Cuento -

2) AMALEQUETACAN
    Hoy : "Los mareados ", un tango con tres títulos.

3) Para la sonrisa
Diccionario de apodos del Río de la Plata - FIN
 
ENCUENTRO - María Amelia Schaller - Cuento -
   
5) Sensibilidades
Paradojas (I) - Eduardo Galeano

Mensajería   * SENSIBLES Nº 152 - III Aniversario ...  
   Felicidades tardías.         Ernesto: llegué tarde al final de la semana pasada; luego se montó otra semana sobre mí y no pude sacudírmela.     Regresé muerta de fatiga de la ciudad de Grenoble después de enseñarle durante días a mis alumnos franceses (siempre asombrados) por qué la historia del continente latinoamericano es una larga lista de apropiaciones; y por qué Rayuela, y por qué la intervención americana en Cuba, y por qué el canal de Panamà y por qué el siglo tan joven...     Llegué a Lyon y fue entonces que pude asomarme a la ventana, a mi maga de vidrio, y ver el cumpleaños de Sensibles, los tantisimos viernes, y tus poemas, maravillosos.
    Quise entonces regalarte (les) estos poemas hechos por uno de los tipos que más influenció en mi generación; un tipo enorme como tú, que se llamaba Luis Rogelio Nogueras ;  le decían Wichy el Rojo.
y felicidades!!!!   MERCEDES BALAZ  - Lyon - Francia. mbalaz@wanadoo.fr  
 
  OFICIO

Para Olag Ug, sin rencor

  Veo lo mismo que tú ves (o incluso menos, porque mi vista declina) Sólo que, cuando tú duermes, o haces el amor en complicadas posiciones (lo que tambien hago, con dificultad) yo trato, con dificultad, de convertir lo que ambos vimos en palabras y luego, con dificultad, las palabras en versos, y más tarde, con dificultad, los versos en poemas (cosa que a veces consigo, con dificultad) y por ellos, a menudo, con dificultad, me felicitan amigos y desconocidos, y tambien, con dificultad, me odian más los mentirosos, me llaman mentiroso los ciegos, las mentiras me ciegan de odio.    
AMA AL CISNE SALVAJE
 
ama tus ojos que pueden ver
tu mente que puede oír
la música, el trueno de las alas,
ama al cisne salvaje.
Robinson Jefters
  No intentes posar tus manos sobre su inocente cuello (hasta la más suave caricia le parecería el brutal manejo del verdugo). No intentes murmurarle tu amor y tus penas (tu voz lo asustaría como un trueno en mitad de la noche). No remuevas el agua de la laguna, no respires Para ser tuyo tendría que morir.   Confórmate con su salvaje lejanía con su ajena belleza (si vuelve la cabeza escóndete entre la hierba). No rompas el hechizo de esta tarde de verano. Trágate tu amor imposible. Ámalo libre. Ama el modo en que ignora que tú existes. Ama al cisne salvaje     Mirando un grabado erótico chino   Mirando un grabado erótico chino tú me preguntaste que cómo era posible hacerlo de ese modo   Lo intentamos ¿recuerdas? lo intentamos   Pero fue un fracaso   China tiene sus arcanos China tiene sus secretos China tiene sus murallas infranqueables.     Como dice T.C   Es enorme la diferencia que existe entre escribir mal y escribir bien. Y esa diferencia es aun mayor entre escribir bien y el arte.   (Pero a veces, como lo demostró Balzac, es muy sutil la línea divisoria entre escribir mal y el arte. Con esa esperanza publico mis poemas)    
A la hora señalada
                        para Juan Antonio Bardem                       en vuelo Madrid-Praga.                                                                                                                                   La boca buena, imperturbable, acepta por fin el reto de              la boca mala que le ha jurado cacería eterna (como en esos spaghetti-westerns donde un pistolero bueno, imperturbable, acepta por fin el reto del pistolero malo que le ha jurado cacería eterna, hasta que se encuentran por fin, en un pequeño pueblo, ambos de pie, frente a frente, en la única calle solitaria y polvorienta).   Entonces avanzan despacio una hacia la otra, bajo el sol fijo.   La boca mala besa primero, pero falla; es la boca buena la que hace blanco y mata.         R. del E. : ¡gracias, Mercedes! Un placer compartir a Nogueras.     *  Poeta colombiana
    querido amigo Ernesto:  te adjunto dos pequeños poemas eróticos de Eva Duran, una poeta colombiana que trabaja en una empresa de TV Colombiana; es periodista y productora..
    Creo que Sensibles debe hospedarla.
    Como siempre, con amistad santafesina desde Haifa, la perla del Mediterráneo Levantino, un fraterno abrazo
    Jose Pivin
    frente al puerto
    frente al mar Mediterráneo pivinjose1@yahoo.com.ar    
 
DESAMOR

aunque no me ames
y no desees en tu boca
mis pequeños senos
muy suavemente... amanece


DIOS

y el verbo se hizo carne
a él pertenezco

busco la noche
la palabra exacta
el orgasmo perfecto
 
 
© Eva Durán


* Sombrero Violeta 2
 
Hoy es un domingo
para el sombrero violeta.
 
La lluvia borró las palabras
desagradables,
el viento canta
y desperté con un girasol
entre las manos.
 
Las garzas se atrevieron
a venir a saludarme.
 
Alrededor de mi cama
hablan danzan
revisan mi ropero
y deciden  :
vestido rosa
sombrero violeta
y ellas caminando
a mi alrededor.
 
Así caminar por la ciudad.
Tal vez no reconozcan a esta
mujer , extraña.
 
Pero seguro :
nadie dejará de mirarme.
 

© Graciela Wencelblat
grajor@fibertel.com.ar
Especial para Sensibles del Sur    
* RE.: SENSIBLES Nº 153 (1)
    Estimado Ernesto:será un lugar común, pero no puedo decirlo de otro modo.
    ¡FELICIDADES POR EL III AÑO DE Sensibles!
    Me agradó conocerte mejor, tus poemas y "CREPUSCULO".
    A la distancia te ruego aceptes mi abrazo fraterno y respetuoso.
    Ricardo - colavecchia@yahoo.com.ar


*  RE.: SENSIBLES Nº 153 - (2)
    Le hago llegar un Cuento que me gustaría incluyese en su publicación y (de ser posible ) me comente
    Saludos,     José Alberto Medina M. - Venezuela -     jose.medina@alcasa.com.ve       R. del E. : el cuento El pintor de las repeticiones móviles se incorpora al Archivo.                 Gracias, José Alberto.
 
 
* RE.: Nº 152 - Colaboración.


Y Entonces Entraron Esos Hombres

    Siempre me acuerdo de mi mamá se preocupaba por alcanzarme el tazón de leche ponerme el guardapolvo bien arregladito porque decía mi mamá que la limpieza de afuera muestra la limpieza de adentro y la verdad que yo no sé muy bien qué quería decir mi mamá con eso pero si ella lo decía tenía que ser muy importante y mi papá también la escuchaba a ella porque mi mamá es la que nos decía a nosotros lo que teníamos que hacer y mi hermanita Celia y mi hermano Juan y mi papá siempre le hacíamos caso porque mi mamá sabía de todo y se ocupaba de nuestras necesidades y de la comida y de la ropa y de nuestros juegos y si salíamos a pasear también mamá nos decía como vestirnos y no te pongas esa corbata Atilio (que es mi papá ¿saben?) porque no combina con el traje y a mi hermanita no la dejaba ponerse el vestido con encaje que le regaló la abuela Sara que es la mamá de mi mamá en el cumpleaños de Celita y cuando un día le pegué al Beto porque me dijo "uruguayo muerto de hambre" fue mi mamá al colegio porque la maestra la mandó llamar y me pusieron en penitencia y también mi mamá me puso en penitencia en el rincón y no me dejó ver la tele me acuerdo que me chilló y me dijo che botija sos un peleador y al ratito se ablandó y dijo "ta ta" andá nomá s y yo pensé que buenaza que es mami y esa noche se lo contó a papá que se puso a reír y le dijo a mamá pero dejalo al botija que aprenda a ser hombre y ese domingo papá me llevó a la cancha de Atlanta pero ésta no es la camiseta de Peñarol ya lo sé hijo pero no estamos en Montevideo y me compró maníes y esa noche mamá nos dijo hoy comemos como si estuviéramos en Andes y la 18 y nos preparó «chivitos» y después nos mandó a dormir mamá nunca estaba cuando volvíamos de la escuela porque trabajaba en lo de la señora Silvia y mi hermano nos calentaba la comida y todos los días mamá preguntaba ¿comieron todo? ¿estaba rico el arrocito? y me acuerdo el día ese que volvimos y mamá estaba en casa y le preguntamos por qué no fue a trabajar y mamá nos dijo fuí pero algo pasó en la casa de la señora Silvia porque estaba llena de policías y yo me asusté y volví para casa bueno vengan a comer y esa noche nos fuimos a dormir temprano y papá y mamá hablaron en voz baja parecían asustados y a los ojos de mamá los vi llorosos y no me acuerdo más y entonces entraron esos hombres y rompieron los muebles y le pegaron a mi papá y a mi mamá que gritaba no se por qué «socorro, suéltenme por Dios!» la tiraron al suelo y la pateaban y yo y mis hermanitos nos pusimos a llorar y se los llevaron y no los vimos nunca más a mi mamá y a mi papi… y después nos vino a buscar la abuela Sara y nos quedamos con ella y yo ahora estoy aquí solo separado de mis hermanitos y de mi abuela que a veces me viene a visitar con Juancito que tiene unos bigotes como de hombre y Celia con los labios pintados y tacos de señorita ellos están tan grandes y yo no sé por qué me quedé chiquito y ellos no… sí , siempre me acuerdo de mi mamá … y entonces entraron esos hombres…

l


© Andrés Aldao -
Israel -
avinur@bezeqint.net
de su libro CUENTOS DESDE LEJOS - 1998 -
Especial para Sensibles del Sur
 
 

* * *
Si desean enviar un mensaje que no se haga público , coloquen: Fuera de Sensibles en Asunto

AMALEQUETACAN  
Hoy : "Los mareados "
 
    Juan Carlos Cobián compuso el tango como LOS DOPADOS , con letra de Doblas y Weisbach.        
    Hay una grabación del mismo por el cantate Roberto Díaz, con acompañamiento de Cobián en piano y Agesilao Ferrazzano en violín, hecha en 1924. Se publicó en el disco Víctor 77.222 - una rara pieza de colección - con un tema folclórico por el dúo Feria-Ítalo en su otra faz. Otro registro como
Los dopados es de Osvaldo Fresedo y su orquesta típica.

    Enrique Cadícamo confeccionó esta otra letra a pedido de Aníbal Troilo, y se convirtió en un inmediato triunfo a partir de la grabación que el bandoneonista hizo al frente de su orquesta, con la voz de Francisco Fiorentino, el 15 de julio de 1942 (disco Víctor). Una tras otras aparecieron desde entonces las versiones que hicieron de este tango el preferido de un amplio auditorio.
    Troilo lo interpretó por primera ven en el Tibidabo.
    Al año siguiente, la censura obligó a un provisorio cambio de título: por un tiempo, se llamó EN MI PASADO.
 

    Fuente: Las mejores letra de tango - Héctor A. Benedetti - Edit. Planeta - Bs. Aires, 2000 -
 
 

LOS MAREADOS
 Tango
 

Letra: Domingo E. Cadícamo
Música: Juan Carlos Cobián
 
 
 Rara,
como encendida, te hallé bebiendo
linda y fatal.
Bebías,
y en el fragor del champán loca reías,
por no llorar.
Pena,
me dio encontrarte, pues al mirarte
yo vi brillar
tus ojos,
con ese eléctrico ardor, tus negros ojos
que tanto adoré.
 
Esta noche, amiga mía,
el alcohol nos ha embriagado.
¡Qué me importa que se rían
y nos llamen " los mareados" !
Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos.
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos
a vernos más.
 
Hoy, vas a entrar en mi pasado,
en el pasado de mi vida...
Tres cosas lleva mi alma herida:
amor, pesar, dolor...
Hoy, vas a entrar en mi pasado,
hoy nuevas sendas tomaremos.
¡Qué grande ha sido nuestro amor
y sin embargo, ay, mirá lo que quedó!
 

l

Para la sonrisa  
Diccionario de apodos del Río de la Plata
 
 
T

Tapa de sótano: Todos la levantan por la argolla.
Terapia intensiva: No lo pueden ver ni los parientes.
Tiburón blanco: Cada tanto se come un hombre.
Tiro libre: Para aguantarlo hay que agarrarse los huevos.
Toallón de baño: Te envuelve, te seca y quedás en bolas
Trabuco naranjero: lo cargan por la boca
Tractor: Grandote y con pocas luces
Trago Largo: Se toma directamente de la damajuana
Trofeo: Siempre está en la vidriera.
Tubo de plomo: Parece duro pero es blando

U

Uvasal: Hay que echarle agua para que se levante

V

Vaca salvaje: No hay quien le saque la leche
Vagón de tren: Engancha por los dos lados.
Vela de altar: Se prende en todas las celebraciones
Víbora de museo: Vive en alcohol

Y

Yerba buena: No se lava nunca.

Z

Zancudo: Hay que matarlo para que deje de chupar
Zapato de muerto: No pisa nunca
Zapato de rengo: Pisa cualquier porquería


Recibido en Sensibles del Sur  vía "Undisclosed-Recipient"

FIN.

l


Nuestro Archivo

MARÍA AMELIA SCHALLER dixit:

Encuentro

    El conductor se aprestaba a cerrar la puerta del pequeño bus cuando llegó, retrasada, una familia compuesta por un matrimonio y dos hijas.
    Precediendo a sus mayores, subió una adolescente desenvuelta y bonita de unos diecisiete años. El muchacho del tercer asiento junto al pasillo (único pasajero joven hasta entonces), se alegró de que la excursión adquiriera un interés adicional.
    Cerrando el grupo, con los ojos bajos y avergonzada por la tardanza, subió, menudita y rubia, una chiquilina aún incómoda en sus recientes formas de mujer. Levantó la vista para buscar un asiento y ... todo desapareció. Sólo quedó flotando ante ella, desprendida del cuerpo, la cara del muchacho que le sonreía por debajo de un pasamontañas, recortada sobre un fondo luminoso y dorado. Alcanzó a percibir que la sonrisa de él levantaba aún más los pómulos de ese rostro tan personal y se extendía a sus ojos, rasgados como los de los orientales, pero de un color gris verdoso incomparable. Aturdida y deslumbrada se sentó en cualquier parte, tratando de ocultar su confusión.

    El vehículo se puso en marcha y en unos minutos arribó al muelle junto al lago.
    - Ludi, ¿tú llevas el bolso?- inquirió una voz femenina con acento extranjero.
    - Sí mamá, por supuesto- respondió el muchacho. Bajó con el bolso y permaneció junto a la puerta del bus para ayudar a quien lo necesitara. No era el caso de las jovencitas, pero las dos aceptaron el apoyo de esa mano cordial.
    Y la mano volvió a tenderse, solícita, cuando ascendieron a la embarcación –la legendaria Modesta Victoria- y, más tarde, toda vez que un accidente del terreno o cualquier dificultad justificara esa muestra de cortesía.

    ¿Cómo pintar con palabras la maravilla de navegar por el lago Nahuel Huapi en una diáfana mañana de verano? El agua cristalina, de un increíble tono azul, acariciaba suavemente el contorno de la isla Victoria, destino del viaje. Multitud de confiadas gaviotas volaban en torno al barco, llegando incluso, las más atrevidas, a comer de las manos que se elevaban con algún bocado apetecible. La naturaleza hacía alarde de su magnificencia en los picos nevados de las montañas que se divisaban en la lejanía, en los peces saltarines y brillantes, en la ribera cada vez más cercana, poblada, como el resto de la isla, por arrayanes -árboles con troncos de un cálido color canela y claras manchas sedosas- y exultantes de delicadas flores marfileñas.
    Sobre el barco crecía la camaradería, especialmente entre los jóvenes.
    -¿Tus padres son extranjeros? – inquirió Celina, la menor de las chicas.
    La pregunta hizo que Ludi sonriera y contestara como quien repite una historia vieja y divertida:
    - Mamá es alemana y protestante; papá es checoslovaco y judío. Yo nací en Yugoslavia, más exactamente en Belgrado, y mis padres, de común acuerdo, decidieron esperar a que fuera mayor y eligiera libremente una religión, cosa que todavía no hice –la sonrisa se acentuó al completar la respuesta-. Cuando tenemos problemas de familia intervienen las Naciones Unidas.
    Las chicas rieron ante lo inesperado de la salida. Y esa risa franca que iluminó el rostro de Celina y profundizó un hoyuelo en su mejilla inclinó definitivamente a su favor las preferencias de Ludi. Para ambos la excursión transcurrió en una atmósfera de encantamiento, que se acentuó cuando supieron que también se encontrarían al día siguiente en un viaje a Puerto Montt, en el vecino país de Chile.

    Durante esas horas compartidas en paisajes de increíble belleza natural nació entre ellos un sentimiento cálido y profundo. Ante la inminencia de la despedida intercambiaron sus direcciones y prometieron escribirse. Celina, angustiada por el temor de no volver a verlo, dijo con un tono que quiso parecer despreocupado:
    -En unos meses cumpliré los quince, y mis padres me prometieron una fiesta. ¿Te gustaría ir?
    -No sólo me gustaría. ¡Te lo prometo!

    Cuando llegó la primera carta, Celina acarició su propio nombre escrito con letra segura y varonil. Cortó cuidadosamente el sobre y extrajo las dos hojas de papel telado. Ludi se explayaba sobre su viaje de regreso a la capital, sus estudios, su intención de ingresar a la universidad al año siguiente. Recordaba los gratos momentos pasados y dejaba traslucir el deseo de verla nuevamente.
    Antes de que transcurriera una semana, él tenía en sus manos la respuesta de ella.
    A partir de entonces la correspondencia se hizo regular y cada vez más confiada y afectuosa. Celina pasó a ser Cieli en las cartas de él, mientras en las de ella el ceremonioso Señor Ludovico Beckerman del sobre encubría al querido Ludi que recibía sus confidencias, sus proyectos y, ya en invierno - sin demasiadas esperanzas por parte de Celina- la invitación para su fiesta.
    Pero él cumplió su promesa. Recorrió medio millar de kilómetros para festejar los quince años de esa muchachita que se había adueñado de sus pensamientos; llegó con los sueños que había acariciado, y temiendo que se desvanecieran.
    Al volver a verla, la encontró tan encantadora con la guía de flores sobre sus cabellos y el vaporoso vestido rosa que destacaba la brevedad de su cintura, que apenas pudo articular un saludo al entregarle el obsequio. Ella, aturdida por la felicidad de verlo, respondió como pudo y lo condujo de la mano para presentarlo a los demás invitados.
    Celina repartió sus atenciones entre todos sus amigos, pero su mirada buscaba a cada instante el perfil de Ludi, su cabellera de oro claro, su cautivante sonrisa.
    Él comprendió y esperó. Cuando ella hubo cumplido con gracia y simpatía sus deberes de anfitriona, Ludi la invitó a bailar.
    Toda la magia de esa velada inolvidable, que parecía realimentarse de su propio brillo y crecer más y más en una extraña fascinación, los rodeó, los contuvo, los elevó hacia una dimensión de luminoso estremecimiento donde sólo existía la delicada proximidad de los cuerpos. Y vivieron al unísono la dulce embriaguez del amor.

    Al día siguiente por la tarde, horas antes de que Ludi partiera de regreso a la capital, quedaron unos momentos a solas en la sala de la casa de Celina. Él la tomó entre sus brazos; ella, pequeñita, inclinó la cabeza sobre ese pecho fuerte y amplio y respondió al abrazo con una mezcla de sentimientos extrañamente turbadores. Ludi, que hacía unos años había estrenado sus pantalones largos -con todo lo que eso significaba a mediados del siglo veinte- comprendió que ella no estaba preparada para ir más allá de ese abrazo, venció sus impulsos y le dijo con ternura:
    - No te asustes, no te voy a besar.
    De inmediato cesó la tensión de ella y se dejó estar confiadamente contra el pecho varonil, sintiéndose flotar en un mundo perfecto donde sólo existían ellos dos.
    El encantamiento duró poco. Celina fue llamada por su madre, que llevaba la cuenta exacta del tiempo que hacía que su hija estaba con el joven.
    Después sólo pudieron tomarse fuertemente de la mano, sentados en el asiento posterior del auto, cuando la familia de ella llevó a Ludi a la estación. Un beso en la mejilla húmeda, un clavel apretado en la mano pequeña, la luz del tren horadando la noche y la figura de él en el saludo de despedida ... sólo eso quedó mientras entre los dos crecía la distancia con su angustiosa sensación de desamparo.

    "Voy a practicar durante unos meses en una gran fábrica de Alemania", -decía Ludi en una de sus cartas. Celina contaba anécdotas de su vida de estudiante, hablaba de las personas y las cosas que Ludi había conocido durante su breve estadía en la pequeña ciudad.
    La vida seguía, y seguía doliendo la separación, sólo interrumpida por un par de fugaces entrevistas en ocasionales pasos de la familia de Celina por la Capital.
    En una de sus cartas, Ludi se atrevió finalmente a preguntar algo que inquietaba a ambos: "¿Por qué la Iglesia Católica no permite el matrimonio entre católicos y judíos?"
    Fue entonces cuando Celina -que muchas veces se había planteado esa misma cuestión sin encontrar respuesta satisfactoria- se creyó en la obligación de defender una posición que no comprendía ni compartía y respondió con un exabrupto racista, algo así como que "una manzana en mal estado arruina todo el cajón". Después de despachar la carta se dio cuenta de lo brutal e injusta que había estado. Pero no tuvo valor para llamar a Ludi y pedirle que destruyera la carta sin leerla. Y él no acusó el golpe. En su carta siguiente tocó temas generales, y se despidió "cariñosamente". Pero poco a poco las cartas se fueron demorando hasta que dejaron de llegar.
    Y Celina se sintió tremendamente desdichada. Tiempo después, también ella ingresó a la universidad. Pero el nuevo ambiente, el interés por sus estudios, las nuevas relaciones no pudieron impedir que durante años se durmiera llorando por la pérdida de ese primer gran amor.

    Ya en su juventud buscó infructuosamente comunicarse con Ludi. Tanto él como su familia parecían haber desaparecido. Y pasaron los años; muchos... muchos... Tantos que podían contarse por docenas, más exactamente cuatro. Y a medida que se profundizaba la independencia de criterio de Celina, más le pesaba haber herido a Ludi de esa manera.
    Una noche tuvo el presentimiento de que podría ubicarlo. Preguntó al servicio de informaciones de la compañía telefónica el número del señor Ludovico Beckerman. Y la respuesta, como tantas veces en años anteriores, fue que no había teléfono registrado a ese nombre. Celina, que había aprendido a confiar en sus intuiciones, consiguió que el operador le leyera la lista de todas las personas de apellido Beckerman. Algo vibró en ella cuando el operador dijo "Mariano", y pidió el número de ese desconocido con la esperanza de que la ayudara a dar con el paradero de Ludi. Y no se equivocó: se trataba de un hijo de él.
    Mientras se disponía a llamar a Ludi, Celina pensaba que si conseguía por fin hablar con él, recibiría de su parte un trato fríamente cortés, y nada más. Pero necesitaba desde lo más profundo de su ser pedir perdón.
    - Hola- dijo una voz masculina.
    - ¿El doctor Ludovico Beckerman?
    - Soy yo. ¿Quién habla?
    - Hola, Ludi.
    La voz femenina dejó de lado su formalidad y se tornó próxima. Él acusó halagado el cambio de tono, y volvió a preguntar:
    - ¿Quién habla?
    - Soy Celina Ecker. Muchas veces durante estos años te estuve buscando... Quería pedirte perdón –la voz estuvo a punto de quebrarse, pero se repuso y continuó: -Recordé que ayer fue tu cumpleaños y hoy tuve el presentimiento de que podría ubicarte. 
    - ¡Celina! ¡No puedo creerlo! No sabes cuánto te agradezco este llamado, ¿cómo estás?
    - Contenta por haberte encontrado y poder decirte que lamento enormemente esa barbaridad que te dije. Yo no pensaba así, fue una tontería de chiquilina, creeme por favor.
    - Mira- dijo Ludi- si hubo alguna herida ya ni siquiera quedan marcas en mi piel. No hay nada que perdonar. Cuéntame: ¿qué fue de tu vida? ¿terminaste tu carrera?
    - Sí, así que somos colegas. Y vos ¿seguís trabajando? ¿te casaste?
    - Sigo trabajando, me casé en Uruguay, me divorcié y tengo tres hijos. ¿Y tú?
    - Yo tuve que dejar la profesión. Ahora mi principal ocupación es escribir. También me casé , también tuve tres hijos, también me separé. ¿Así que seguís con la industria de tu padre?
    - Ya no. Tuve que vender la fábrica, pero me dedico al comercio internacional en el mismo ramo.
    La tristeza que Celina notó en estas últimas palabras fue borrada por una breve risa de él:
    - Mi compañía exportadora está formada por mí, el fax, dos teléfonos, y el correo electrónico.
    - El correo electrónico también es muy importante para mí. Soy una mini central de comunicaciones, y trato de extenderme cada vez más. Eso me ayuda a aliviar la soledad. ¿Tenés pareja?
    - Sí –respondió él sin dar más detalles, y siguió con el tema anterior: -¿Me das tu dirección? Así podremos seguir en contacto.
    - Por supuesto, va a ser un gusto tener noticias tuyas. ¿Te siguen llamando Ludi?
    - Por desgracia hay quienes todavía me llaman así, pero he recuperado mi verdadero nombre, Ludwig, que me fue cambiado cuando entré al país.
    - Me encanta Ludwig. A nuestra edad ya no estamos para apodos, y Ludovico es tan largo...

    Hablaron distendidamente unos minutos más y, con la promesa de Ludwig de comunicarse con ella, finalmente se despidieron.
    Celina se levantó, como siempre, muy temprano, y también como siempre, revisó enseguida su correo electrónico. Y encontró –entre otros- un mensaje de L. Beckerman.     Sorprendida y algo ansiosa, lo abrió inmediatamente.
    De lbeckerman a celiecker – 28/01 – 06:07
    Queridísima Cieli, ¿recuerdas que te llamaba así? Son tantos los años y las cosas que han pasado, que difícilmente puedan escribirse o conversarse por teléfono. Creo que en algún lugar y en algún momento tendríamos que encontrarnos y desahogar nuestras almas.
    Fue una gran sorpresa y una enorme alegría tu llamada de anoche. ¡Hasta soñé contigo!
    Cuando nos encontremos ¿cómo me verás? ¡Después de casi cincuenta años!
    Yo te recuerdo como una niña menudita, con una muy dulce sonrisa y muy cariñosa.     Espero ansioso tu libro para adentrarme en tu persona y conocer tus pensamientos.     ¿Recuerdas que en mi juventud yo también escribía poesía?
    Un gran beso de tu Ludi.


    De celiecker a lbeckerman 28/01 – 10:12
    Querido Ludwig: Quizá podrías sugerir cuándo y dónde vernos. Estoy dispuesta a hacer medio camino (o el camino entero) para "encontrarnos y desahogar nuestras almas".
    Me da mucho miedo que confrontes mi apariencia actual con el recuerdo que puedas guardar de mí, pero creo que después del primer impacto se vuelve a encontrar el alma con la que se dialogó y se restablece el contacto con lo más auténtico de la otra persona, que permanece invariable.
    Hoy te despacharé mi libro por la vía más rápida. ¡Por favor, ahora que nos re-encontramos, re-conozcámonos!
    Me despido con una caricia para ese Ludi de hace cuarenta y ocho años, y un abrazo para el hombre actual, que sigue siendo sensible y bueno.
    ¿Celina o Cieli? Sólo vos podrás decir si existe Cieli porque nadie más la conoció.

    Fueron y vinieron los mensajes, ansiosos, llenos de recuerdos y esperanzas. Quedó fijado el encuentro para doce días después de ese primer llamado telefónico de Celina a Ludwig. Él ponía como "asunto" en sus mensajes "Día D – 10"; "Día D –9" ...
    Para el "Día D –1" se habían comunicado más de treinta veces. A la mañana siguiente él saldría en auto con la primera luz del día, y ella un par de horas más tarde, para encontrarse en el bar de la terminal de ómnibus de una ciudad cercana a la casa de Celina.
    Sabiendo que él abriría su correo electrónico antes de salir, ella, que no había podido dormir, se levantó antes del alba y despachó para lbeckerman un mensaje que tenía como asunto "Encuentro", y que decía así:

Con alforjas henchidas de ansiedades
voy a buscar tu voz,
esa piel del recuerdo
y esos ojos de nobleza profunda
anegados de amor.

Mis ensueños de niña, entre tus manos,
hebras de mi candor,
la luz de una sonrisa,
la turbada
caricia de mi aliento junto a tu corazón;
todo eso traerás, para verterlo
sobre el viejo dolor
de los niños que fuimos,
los que hoy,
ungidos de milagro,
se adueñarán del sol.

    Pulsó en la pantalla la orden de enviar, y después de ducharse y vestirse cuidadosamente, con mano temblorosa pero decidida, puso llave por fuera a la puerta de calle.

II

    Fue tremendo. El impacto fue tremendo.
    Los dos creían estar preparados para asimilarlo. Los dos se equivocaron.
    Celina entró al bar de la terminal de ómnibus –veinte minutos antes de la hora convenida- con la liviana camisa estampada que había anticipado. No necesitó verificar la presencia del libro. Ludwig había dicho: "Si estoy parado, tendré tu libro en la mano; si estoy sentado, lo pondré sobre la mesa". Después de una brevísima recorrida visual, caminó decididamente hacia la tercera mesa junto a la pared vidriada. Nunca lo hubiera reconocido, pero supo con certeza que era él.
    Ludwig se puso de pie mientras ella recorría la corta distancia que los separaba, tomó el bolso de Celina y lo colocó contra la pared.
    -¿Qué pasó con mi Cieli, con su cintura que hubiera podido rodear con mis manos, con sus pasos leves y rápidos? ¿Y su cabello? ¡Ni siquiera llega a cubrirle las orejas!

    Un beso liviano en la mejilla y se sentaron frente a frente.
    Las miradas se encontraron, incrédulas, memoriosas, aturdidas. Las miradas eran manos, gritos, búsqueda ansiosa de la piel amada perdida en la distancia.
    Las miradas tuvieron que tragar de un solo sorbo toda la crueldad del tiempo.
    Celina bajó la vista. Sobre la pequeña mesa, además del pocillo de café y el libro, había dos pimpollos de rosa envueltos en celofán.
    -"Dios mío, Ludi, esto es terrible. ¿Por qué esos hachazos verticales en tus mejillas? ¿Y esa remera? Son mucho más que "unos kilitos" de más. ¿No hubiera sido mejor dejar intactos los recuerdos?"

    La mano de él le alcanzó las flores. Ella agradeció sonriente.
    - ¿Tomas un café?
    - Si, gracias- respondió Celina.


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© MARÍA AMELIA SCHALLER 
Esperanza - Santa Fe - Arg.  - amfuster@prtc.net
Especial para Sensibles del Sur


Sensibilidades

Paradojas // Eduardo Galeano ( 1era. Parte )
 
    La Jornada (Mx.) // 20 de octubre de 2002

    La mitad de los brasileños es pobre o muy pobre, pero el país de Lula es el segundo mercado mundial de las lapiceras Montblanc y el noveno comprador de autos Ferrari, y las tiendas Armani de Sao Paulo venden más que las de Nueva York.

    Pinochet, el verdugo de Allende, rendía homenaje a su víctima cada vez que hablaba del "milagro chileno". El nunca lo confesó, ni tampoco lo han dicho los gobernantes democráticos que vinieron después, cuando el "milagro" se convirtió en modelo: ¿qué sería de Chile si no fuera chileno el cobre - la viga maestra de la economía - que Allende nacionalizó y que nunca fue privatizado?
 
    En América nacieron, no en la India, nuestros indios. También el pavo y el maíz nacieron en América, y no en Turquía; pero la lengua inglesa llama turkey al pavo y la lengua italiana llama granturco al maíz.

    El Banco Mundial elogia la privatización de la salud pública en Zambia: "Es un modelo para el Africa. Ya no hay colas en los hospitales".
    El diario The Zambian Post completa la idea: Ya no hay colas en los hospitales, porque la gente se muere en la casa.


© Eduardo Galeano
Envío del escritor SANTIAGO "Jimmy" HYNES

(Continuará en pximos. Números).
 
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