Sensibles del Sur 

BARILOCHE, Argentina, viernes 11 de octubre de 2002
( Año III - Número 151 )

Tengo, vamos a ver, // tengo lo que tenía que tener


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CUENTA CONMIGO - Revista gráfica y virtual

(...)  En caso de naufragio o incendio, los poetas y las embarazadas primero.

Silas Corrêa Leite
(Estatuto del poeta 
Art. 15 - Fragm.)

1)  Mensajería
*  EDUARD ENCINA RAMIREZ - Cuba - (Poema) 
*  GUSTAVO VACA NARVAJA - Argentina - (Poema)
*  GABRIELA BOTBOL - Argentina - (Poema)
 
2) AMALEQUETACAN
    Hoy : " Garufa "

3) Para la sonrisa
Diccionario de apodos del Río de la Plata

4) Nuestro Archivo
*  MÓNICA DE TORRES CURTH - Bariloche - Cuento -
   
5) Sensibilidades
* JOAN MANUEL SERRAT :  Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional del Comahue
(Patagonia Argentina)
 
*  Guillermo Cabrera Infante "es un hombre enfermo de odio", dice Abel Prieto.

Mensajería  mens
  * Amigos de Sensibles del Sur
BARILOCHE, Argentina, viernes 4 de octubre de 2002
( Año III - Número 150 )

Les felicito por vuestra iniciativa, les envío un texto a publicar o incluir enlace a mi pagina, o ambas cosas. Igualmente, publico el Boletín PoeSur, que creo que será de interés para vuestros lectores, la dirección de los anteriores y la invitación a suscribir es: http://www.poesur.com/boletinpoesur.htm Y el texto se encuentra en http://www.poesur.com/escriturayvida.htm Espero que podamos comunicar nuestros trabajos e ilusiones que tienen mucho en común. Saludos cordiales desde Valencia-España ClaudioSerraBrun poesur@ono.com www.poesur.com
 
 
*  Sensibles del Sur Estimado Ernesto: He perdido los números 148 y 149. ¿Dónde los puedo hallar? Muchas gracias. Cordiales saludos. Roberto Ronchi rronchi@gamma.com.ar
 
R. del E.: fue respuesta por Línea Privada.   
*  Colaboración desde Cuba saludos: acabo de leer Sensibles del Sur , Año III- Número 150, y me ha resultado interesante y pletórica. Les deseo éxitos. Envío un poema para colaborar con ustedes.   BELKIS AYÓN DESCIENDE LAS ESCALERAS DEL CUERPO   Como un fruto de oscuridad y dulzura
así estaba llena de su gran muerte,
tan nueva que ella nada comprendía
. 

R.M.Rilke    A dónde iremos cuando las palabras pierdan esa música veloz que las oprime y el pájaro sea la misma reiteración del ojo el mismo dolor del ojo en la mano que desangra el cuerpo de la isla.    Belkis Ayón es una mujer que vuelve en las tardes de mayo cuando el agua borra la ciudad vacía ella se sacude los senos para que escapen esos seres desnudos y también vacíos que habitan en una mujer que vuelve en todo caso la promesa no será volver ni sacarnos el susto la preñez del silencio en todo caso será asumir el ojo indescifrable la eterna mirada de las cosas perdidas.   A dónde iremos si el camino es una farsa una prolongación servil de la impotencia. Belkis Ayón desciende las escaleras del cuerpo calcada amanece en el papel con la sonrisa de cuando era feliz con todo y sus grises. Ahora nadie podrá detenerla nadie puede detener a una mujer que vuelve los ojos la persiguen la confunden Frida Kalho Mata Hari Lu Andreas Salomé  no importa el cuerpo es un ojo una escalera interminable.     © Eduard Encina Ramírez
Santiago de Cuba. Cuba.
 
Especial para Sensibles del Sur  
*  Poema Gracias. Gustavo  

VELEROS EN EL MAR

Navegan mis sueños en el mar.
Viajan en botes de madera.
Dejando batallas terrenales.
Llevados por remos que mueven:
Los gritos de guerra, de fuerza.
De corajes y de luchas.
Ilusiones que el agua lleva.
En sus movimientos de olas y olas.
Quejosas de no tener descanso.
Buscando siempre un lugar o una playa.
Para dejar que sus espumas.
Sientan el calor del sol.
Mares que llevan sueños y fantasías.
Con velas, blancas, limpias, húmedas de mar encrespado.
Arqueados sus mástiles, contienen el viento que sopla.
Sujetan con cuerdas tensas, que también retienen al Ulises.
Cientos de de nudos firmes están enganchados y
sostenidos en grampas aceradas.
Cuerdas que el viento castiga, sin piedad alguna.
Sin poder romper sus tientos.
Van mis sueños en veleros de madera que flotan.
En ese desierto de agua salada.
Buscando el canto de sirenas silenciosas.
Que miran pasar fantasías navegando.
Esperando señal de Poseidón.
Rey de los mares, tormentas y el agua.
Para encantarles y llevarles luego.
A las profundidades de ese azul turquesa.
Que se aclara más en los bordes de corales.
Donde las sirenas atrapan historias ajenas
Van mis sueños tejiendo sus recuerdos.
De amores cercanos y lejanos.
Llenos de nostalgias y esperanzas.
Que :
En el infinito espacio del mar.
Viajan flotando en madera débil.
Saben que sus versos están envueltos:
En la brisa del mar.
Que las hará eternas, aún en las tormentas.
Porque están sujetas de hilos de plata invisible.
Llena de letras amontonadas ordenadamente.
Que buscan la prosa y el verso.
De esos sueños que:
Viajan, sólo eso, viajan.



© Gustavo Vaca Narvaja  

Gusvn@hotmail.com
Especial para Sensibles del Sur

  
*  Poema
 

Digresión dominical

Persisten las ramas del laurel
en su laboreo tórrido
y la maldita madre que más tarde
insistirá en el deber de amalgamarse
a un millonario.

Estas grandes soledades
se circunscriben al orgasmo
sin virtuosismos apoteóticos
que prentendan superar
los de la melancolía.

No escampa el grito libertario
en la fiesta ocasional
de la compañía feliz.

Ni bonjour tristesse
en la voz de un noir
ni las promocionales empanadas
en parlantes suburbanos

permiten una siesta residual
empañada empapada.

¿Es que nunca la mente se resigna
a triturar la pesadilla o
a despedirla hacia los túneles
de desconocidas avenidas arboladas?

Acaso el remedio es el sarro del salitre
adhiriéndose a la boca de los ensueños,

en plena vigilia crepuscular esos ensueños
revisando los dulces y las cremas,
coronando amargas masas degustadas
durante visitas previstas sin certezas.

Permitíme sacurdir de tu gabán la tiza
y algunas acotaciones sobre
el fantasma rojo de tus selvas o
sobre tus claves quijotescas

mientras cae mortecino aurífero 
con rigor aluvional de la ventana a mis pupilas
el oleoso desorden colorido perpetrando
el signo efímero de haber venido.  

 
© Gabriela Botbol
gabrielabotbol@ciudad.com.ar
Especial para Sensibles del Sur
 

* RE: cambio de dirección electrónica.
Apreciado Ernesto Bavio; quería informarte de que acaban de publicar mi nuevo libro de relatos y cuentos titulado CALLES EMPOLVADAS DE RECUERDOS.
He enviado 50 ejemplares a Buenos Aires (de te fábula narrator) y desearía enviarte uno personal para vos: ¿podrías enviarme tu dirección, casilla de correo o lo que fuere? Te recuerdo que vivo exiliado en Israel desde hace 27 años sin poder remontar la corriente por razones económicas, edad, hijos, etc. Bien, Ernesto, sigo paso a paso el desenvolvimiento de SENSIBLES, viernes tras viernes. Me anoticio del cambio de casilla lectrónica y te mando un gran abrazo. Hasta siempre Andrés Aldao avinur@bezeqint.net   R. del E.: fue respuesta por Línea Privada.     
* * *
Si desean enviar un mensaje que no se haga público , coloquen: Fuera de Sensibles en Asunto

  Nueva sección   AMALEQUETACAN 


Hoy : " Garufa "
 
 
    Una de las más conocidas composiciones de los Atenienses. Hay dos noticias sobre su estreno: una, que el primero en cantarlo fue Alberto Vila; otra, que fue el actor Marcos Zucker. Para el disco fue Vila: 2 de noviembre de 1928, en RCA Víctor.
    Soliño escribió una interesante autobiografía ( Mis tangos y los Atenienses; Montevideo, 1967, Edit. Arca) en donde aportó datos para la correcta ubicación del barrio La Mondiola, sobre la costa oriental entre Punta Carretas y Malvin; diciendo de paso que era una zona brava de compadritos, donde podía pasar cualquier cosa. Pero como esto acontecía del otro lado del Plata, el estribillo que menciona al porteño Parque Japonés levantó sospechas. Una presunta explicación es que originalmente ese verso decía " ... en la calle San José ", arteria de una antigua mala reputación en Montevideo.
    Y una madre podía llamar
" bandido " a su hijo por ser habitué de los prostíbulos, antes que por ir a un stand de tiro al blanco.
    En lunfardo, garufa significa diversión. Gobello, en su nuevo diccionario lunfardo ( Bs. Aires, 1994, Edic. Corregidor ), aclara que es un vocabulario de etimología incierta.

    Alberto Castillo lo cantó en la película " La barra de la esquina", filmada en el punto máximo de su popularidad. (...)
    En París lo grabó, hacia fines de la década del 20, la orquesta Du Perron con la voz a dúo de Luis Mandarino y de un estribillista no identificado, para discos Columbia.
 

    Fuente:
Las mejores letra de tango - Héctor A. Benedetti - Edit. Planeta - Bs. Aires, 2000 -

 

GARUFA
 Tango
 

Letra: Roberto Fontaina y Víctor Soliño.
Música: Juan Antonio Collazo
(que se llamaba, en realidad, Antonio Collazo, sin el "Juan" )
 
 
 
Del barrio La Mondiola sos el más rana
y te llaman " Garufa " por lo bacán;
tenés más pretensiones que bataclana
que hubiera hecho suceso con un gotán...
Durante la semana, meta laburo,
y el sábado a la noche sos un dotor,
te calzás las polainas y el cuello duro
y te venís pa'l Centro de rompedor...
 
¡Garufa.
pucha, que sos divertido...!
¡Garufa,
ya sos un caso perdido...!
Tu vieja
dice que sos un bandido
porque supo que te vieron
la otra noche
en el Parque Japonés.
 
Caés a la milonga en cuanto empieza
y sos para las minas el vareador,
sos capaz de bailarte La Marsellesa,
la Marcha 'e Garibaldi y el Trovador...
Con un café con leche y una ensaimada
rematás esas noches de bacanal,
y al volver a tu casa, de madrugada,
decís : - ¡Yo soy un rana fenomenal...!
 

l

Para la sonrisa

Diccionario de apodos del Río de la Plata


H


Hamburgesa de autocine: Se la comen dentro del auto
Herradura: Vive pegado al vaso.
Hormiga débil: Antes de llegar al agujero se le cae el palo.
Horno de panadero: Siempre está caliente
Hueso de plástico: No lo quieren ni los perros
Huevo de heladera: Todo el tiempo parado en la puerta.


I


Iguana: Lo único que le comen es la cola
Inodoro de vidriera: No ve un culo
Inyección: La pinchan mayormente en el culo


J


Jaula vacía: se le murió el pájaro
Jeringa de hospital: anda de culo en culo


K


Kiosco: Es chiquito, cuadrado y lleno de boludeces


L


La Cumparsita: A pesar de ser vieja, la siguen tocando
La paspada: Vive con las piernas abiertas
Lámpara de gas: Se cambia la camisa cuando se le rompe
Lápiz hueco: No tiene ninguna mina
Laxante: Hace cagar a todo el mundo
León: Es el rey de los animales
Loro salvaje: Todavía no conoce el aro


M


Mac Gyver: Nunca usa la pistola.
Maizal: Comido por las cotorras.
Mamadera tapada: Por más que lo muevan no le sale leche
Mamadera descuidada: se le huele la mala leche (De Nuestro Archivo)
Maradona: Siempre tiene un hombre encima
Martillo: Sólo sirve para clavar.
Media: Cuando abre la boca, mete la pata
Media Fina: Nunca se le escapa un punto
Mojarrita: Sale con medio mundo.
Moneda africana: La manosean los negros
Moneda de la suerte: Se levanta en la calle.
Monte de eucaliptus: Pura cotorra
Mosquito: Para que deje de chupar hay que matarlo.
Motosierra: No deja tronco parado
Muñequita de trapo: Viven tirándola al piso
Murciélago: Duerme de día y chupa de noche


N


Nafta: Cada día esta más cara
Naranja caída: Se levanta, se lava y se chupa
Naranja Fanta: tiene la pulpa en el culo
Neruda: Tiene un verso para todo.
Nido de pájaro: Si no fuera por las pajas se le caen los huevos.


O


Ojota: No sirve para deportes
Olla a presión: Apenas se calienta, empieza a chillar



Recibido en Sensibles del Sur  vía "Undisclosed-Recipient"

(Continuará... hasta la Z, en próximos números)

l


Nuestro Archivo
 
N. del E. : el cuento que sigue mereció el primer premio en el Concurso del Centenario de Bariloche. mayo de 2002.
Compartió el galardón con otro texto del mismo género, 
El lago a sus espaldas, del escritor Norberto Tomas .
 
 
 
MÓNICA DE TORRES CURTH dixit :


El vuelo

    La cena, como desde hace más de dos meses, consistió en una taza de mate cocido con un pedazo de pan. No podía levantar la vista y mirarlas a los ojos. Hacía más de medio año que estaba sin trabajo. Desde que había aparecido mamado, los de la empresa no habían vuelto a buscarlo ni para changas. La cosa estaba cada vez más jodida. Ya nadie les prestaba ni les fiaba.
    Se levantó y sin decir nada salió de la casa. Fue derecho al bar. Había poca gente. Dos o tres tomaban solos y unos en un grupo atrás, se reían y contaban cosas. ¿Te sirvo algo? No, no tengo para pagar. Te lo anoto hombre, servite una ginebra. El hombre de atrás de la barra le pasó la botella y un vaso para que él mismo se sirviera.
    Les prestó atención a los del fondo que hablaban cada vez más fuerte. ¡Habían vendido cueros de puma a la estancia! La idea lo sacudió. Él tenía el rifle que fue de su viejo ...
    No debía ser tan difícil cazar un bicho de esos si uno va bien armado. Tendría que caminar dos o tres días para llegar a los cañadones.
    Si conseguía algunas pieles podría hacerse de unos pesos. La nena se venía grande y había que comprarle cosas. En la iglesia le daban zapatos y lo que le hacía falta para la escuela, pero no era suficiente. Se acordó de su vieja que le enseñó a no quejarse. La Catalina no se quejaba tampoco, pero los ojitos de la nena sí. No porque le dijera algo, sino porque lo miraba largo. No lloraba ni nada, sólo lo miraba. Y él entendía perfectamente lo que le quería decir.
    El alcohol le reavivó el ánimo. Sabía que había peligro si salía a cazar. Nunca lo había hecho. No puede ser tan difícil, pensó.
    Se levantó, tomó el último trago de ginebra y se fue. Esa noche le costó dormirse. Pensaba cómo iba a hacer. Iba a tener que caminar bastante, pero a él le gustaba ese viento espeso que le empujaba la cara. Muy adentro suyo se sentía parte de ese paisaje, aunque no se había criado ahí. De chico, cuando no tenía de qué preocuparse, había jugado a que cazaba. Pensando en eso se quedó dormido.

    No les dijo dónde iba, porque sabía que la Catalina no iba a querer. Pensó en lo que llevaría. Juntó algunas cosas y las puso en una alforja: la petaca y también una manta, a la noche se ponía frío. Nada más, tenía que andar liviano.
    Cargó en el bolsillo las pocas balas que tenía y miró alrededor. Se estaba yendo y se dio cuenta de que ella ya estaba mirándolo. Apoyó el rifle en el marco de la puerta y se acercó, muy despacio, para no despertar a la Catalina. Él no había soñado con ser padre, pero desde que nació la nena sí, y quería ser un buen padre. Le besó la frente y ella lo miró. Lo miró sin decir nada.
    Salió apurado del pueblo para no encontrarse con nadie. El perro empezó a seguirlo y lo echó. ¡Vaya pa’la casa carajo!
    Empezó a aflojar el paso hacia el mediodía. ¡Cuánto más fácil sería si tuviera un caballo! Iba a tener que irse por los cañadones para llegar a la meseta. Todavía escuchaba a los tipos del bar diciendo que allá habían encontrado varios animales grandes.
    Se sentó bajo unos chacayes que le retaceaban la sombra. Tomó un poco de agua. Antes de que le entrara la flojera retomó el paso. Fueron seis o siete horas de andar continuo y lento. Quedaba lejos, esperaba que valiera la pena.

    Cuando empezaba a ponerse el sol encontró unos árboles y unas piedras grandes. Acá me voy a quedar pensó. La noche se haría larga y mejor tener algo de madera para quemar.
    Cortó un poco de leña. Estaba verde, pero el chacay arde bien igual y hace buenas brasas. Prendió un fogón y comió una rodaja de pan. De vez en cuando iba tirándole unos palos al fuego para que no muera, de lejos, sin salirse de la manta que lo envolvía como la noche. Ni podía estirarse del frío que sentía. Miró al cielo y se acordó de esa canción que dice no se qué de un chaparrón de estrellas. Era así nomás.
    El sol había pegado fuerte todo el día y él no había parado nada más que un rato. Cansado, se quedó dormido sin darse cuenta.

    Despertó sobresaltado, en medio de la noche absolutamente negra, con un frío que le lastimaba la cara. La manta se había caído a un costado y temblaba. Cuando se estiró a buscar un palo para avivar el fogón los vio. Dos ojos grandes y amarillos lo miraban de frente, no muy lejos. Tiró el palo con fuerza entre las pocas brasas que quedaban y se levantó una nube de chispitas que disipó la imagen. Tanteó el rifle, lo cargó, sacó el seguro y esperó apretando la espalda contra la piedra que estaba más fría que la noche misma. Hacía fuerza para ver más allá del tenue resplandor de las llamitas, pero no vio nada más. Con cautela volvió a alimentar el fogón. Buscó la petaca y pegó un trago.
    Se fue tranquilizando. Soñé dijo, soñé. Y pensando en esos ojos se acordó de la nena, que lo miraba igual.
    Armó un cigarro con las manos entumecidas y esperó el amanecer fumando, poniendo ramitas en el fuego. No pudo dormir más.

    Cuando empezó a clarear juntó sus cosas y tiró algo de tierra sobre el rescoldo. Ya se iba cuando vio las pisadas justo en frente de donde había dormido. Un escalofrío le recorrió la espalda. Era un animal grande, muy grande, no esperaba encontrar uno tan cerca. Miró alrededor y se sintió muy solo. Dudó si estaría haciendo lo correcto, pero le vino a la cabeza la charla de los tipos de atrás en el bar, que tomaban y se reían. Juntó coraje y empezó a caminar. Sólo tendría que tener más cuidado.
    Hizo un trecho largo hasta que encontró un ojo de agua. Paró allí un buen rato. Se refrescó la cara y el pelo. Tomó bastante agua, cargó su botella, y comió otro pedazo de pan.
    Las primeras elevaciones estaban cerca y el camino se hacía cuesta arriba, pero igual trepó con ganas. Le dolía la cabeza de tanto sol. De vez en cuando se cruzaba una liebre, pero no podía gastar balas en eso. No traía tantas, y las liebres no valían nada. En cambio un cuero de puma se lo podían pagar como cincuenta pesos, o más. Tenía que encontrarlo. Llegó arriba de la meseta y paró a descansar. Tardó en encontrar suficiente leña. Pensó en buscar un lugar más seguro que la noche anterior. Había un hueco en la piedra, a pocos metros de la barranca que caía a pique. Se resguardó en la seguridad de la pequeña cueva, que a la vez de protegerlo del frío le cuidaría la espalda. Tuve miedo, reconoció.

    Antes de que oscureciera prendió un buen fuego y decidió dormir un poco. De noche tendría que estar alerta.
    El sol de la tarde y el frío de la madrugada no eran buenos compañeros para su desabrigo y su falta de comida. Y ahora ya escaseaba el agua. Tuvo sueños afiebrados. Soñó con los ojos del puma en el rostro de su hija. Lo miraba y le pedía algo, él quería ser fuerte y no podía, porque se consumía y se achicaba, la nena trataba de hablarle, y el puma lo miraba de arriba, él buscaba las huellas y no las encontraba porque el puma volaba, él quería correr y caía, tenía las piernas heladas y duras, y los dedos, los dedos no los podía mover, no podía tirarle... Y despertó. Empapado en sudor y caliente por la fiebre. Apenas pudo inclinarse para poner leña en el fuego que ya se apagaba. Se acomodó acurrucado en su manta, con el rifle cargado y sin seguro. Un trago de ginebra y otro. Quiso armar un cigarro pero sus manos no le respondían. Ni siquiera comió. Trataba de no dormirse pero su mente se iba.
    No lo escuchó, pero supo que estaba ahí. Sólo veía los ojos, que lo miraban. Largo, como la nena. Sin maldad. Se movió lo más rápido que pudo, y en la torpeza de la fiebre el rifle cayó y salió un disparo. Los ojos seguían ahí, mirándolo. No había tiempo de recargar. Agarró el cuchillo y enroscó bruscamente la manta en el brazo. Los ojos no se movieron.
    Tambaleándose se levantó y arremetió contra ellos. Tres pasos y cayó por la barranca. Abrió los brazos y mientras caía pensó, que ahora que podía volar, lo cazaría enseguida.

l

© Mónica de Torres Curth
detorres@bariloche.com.ar
Especial para Sensibles del Sur


Sensibilidades   
 

DISCURSO DE JOAN MANUEL SERRAT

AL RECIBIR EL TÍTULO DE DOCTOR HONORIS CAUSA
DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DEL COMAHUE 


    Ilustrísimo Señor Rector, claustro de profesores, autoridades, amigos. En ocasiones como ésta, lo primero que le corresponde al interesado es dar las gracias. Agradecer el reconocimiento y agradecer todo el cariño que acompaña a este reconocimiento.
    Aunque después me gustaría aclarar un par de cosas en referencia a esto de los méritos de la distinción. Quede claro que no es mi intención llevarle la contraria ni quitarme méritos. De eso ya se ocupan otros. Pero supongo que coincidirán conmigo en que un hombre, al defender los derechos humanos no hace otra cosa que actuar en defensa propia. Y respecto a lo que yo hago y la forma en que lo hago, debo confesarles -sin provocar envidia en nadie- que soy un hombre que disfruta del privilegio de tener una profesión que le hace feliz.

    Soy feliz con mi oficio. Hago lo que me gusta hacer. Y además, me aplauden.
Y constantemente percibo esto. Percibo que la gente me quiere. Por hacer lo que hago, por hacer lo que me gusta hacer. Esto, amigos, más que un mérito, es una suerte. Es una bendición del cielo.
    Ha sido este oficio de escribir y de cantar el que me ha permitido caminar el mundo. Conocerlo de cerca y participar en directo de todas y cada una de las posibilidades que la vida me ha ido brindando.
    En las encrucijadas que me encontré en el camino, siempre actué de acuerdo a mis criterios y según mi conciencia, lo cual tampoco tiene mérito alguno.
    Hago propio lo ajeno, sencillamente por necesidad de querer y de ser querido. Y trato de conocer todo aquello que ignoro y formar parte de ello, porque soy muy curioso.

    Les ruego que no entiendan esto como una modesta respuesta a una generosa distinción. Yo siempre he pensado que las justificaciones cargadas de modestia suelen esconder pecados más terribles que la propia soberbia.
    Estoy encantado de este reconocimiento. Encantado de la vida: me gusta que me den besos. Pero debo confesarles que no puedo evitar tener una sensación muy curiosa, que supongo que debe ser la misma que tiene un niño cuando le dan un premio por comerse un helado.
    Me enorgullece que una casa de estudios como ésta me premie, nada menos que con un doctorado, cosa que nunca conseguí por la vía normal. Pienso que si me miraran mis padres en estos momentos, ellos que tanto sufrieron cuando me inicié en el turbulento oficio de la música, abandonando el prometedor futuro que me ofrecía la industria agropecuaria vendiendo tractores e insecticidas, se sentirían realmente muy orgullosos de mí, viendo a su muchacho premiado por una universidad, esa misma universidad por la que tanto pelearon ellos para que yo pudiera acceder.
    La universidad, generadora de conocimiento. La universidad, esencia de la humanidad lúcida. Esta fue, desde mi niñez, para mí, un mito. Un horizonte deseado y evidentemente, un camino de progreso.
    Creo en el conocimiento como en el pilar fundamental que nos sustenta y que
nos caracteriza positivamente como especie. Sólo con el conocimiento progresamos. Lo hacemos individual y colectivamente. Pero sólo progresamos a partir del conocimiento. Y en eso ustedes, señores profesores, ejercen un papel fundamental en la génesis y en el reparto de este conocimiento. Creo en el conocimiento como en el mejor de los bálsamos para curar buena parte de los males que padece la humanidad. Un conocimiento para acercarnos a la sabiduría o a la bondad, que para mí son sinónimos de la misma manera que estupidez y maldad también lo son.

    Así que voy a aprovechar la oportunidad para romper una lanza a favor del conocimiento y lo voy a hacer apoyándome no sólo en su interés público ni en la importancia del desarrollo del individuo, sino lo voy a hacer también apoyándome en su rentabilidad porque el conocimiento es rentable; apoyándome en su eficacia porque el conocimiento es eficaz. Y rentabilidad y eficacia son dos valores que interesan especialmente a una sociedad capaz de justificar cualquier tropelía siempre y cuando ésta esté avalada por el éxito.

    Diría que el conocimiento nos ayuda a saber cómo somos. Nos ayuda a descubrir qué nos interesa y, por tanto, qué nos conviene. En definitiva, el conocimiento nos ayuda a vivir mejor.
    Debo decir que el conocimiento es bueno para la salud, lo cual es un buen negocio. El conocimiento también nos ayuda a saber cómo son los demás. A entenderlos, a comprenderlos, a respetarlos y a quererlos. Podemos decir que el conocimiento es bueno para la convivencia, lo cual también es un buen negocio.
    El conocimiento es bueno para progresar. Es bueno para alcanzar el éxito, un éxito sin el cual parecería que uno no es nada en esta vida. Nos ayuda a superar los obstáculos.
    El conocimiento agudiza el grado de civismo de los ciudadanos y aclara buena parte de las obligaciones y derechos de cada quién en el reparto de responsabilidades y también de beneficios.
    El conocimiento profundiza la vida democrática, aportándole justicia e igualdad. Podemos decir que el conocimiento es bueno para crear un tejido social cohesionado sin el cual es absolutamente imposible el progreso de un pueblo.
    El conocimiento nos permite también saber más y mejor del entorno, de la naturaleza de la que formamos parte y de la que dependemos también. Podemos decir que el conocimiento es esencial para la supervivencia de la especie sin deterioro de la calidad de vida. Y más. El conocimiento influye en nuestros deseos y en nuestros sueños y, por tanto, también, en nuestro destino.
    El conocimiento estimula nuestra curiosidad, nuestra sensibilidad. El conocimiento es bueno para alcanzar una vida culturalmente más plena, artísticamente más fértil, más lúdica y más feliz. En fin, que el conocimiento es bueno para vivir en paz, para aprender a ser libres y para crecer, para crecer sin miedos. Muchos son los beneficios que produce el conocimiento. Un conocimiento que se adquiere en todas partes, en la casa, en la escuela y en la calle. Un conocimiento que nos llega a través de la palabra, de la observación, de los libros , incluso de la televisión. Pero sobre todo, un conocimiento que tiene su eje vertebrador en la universidad. El esfuerzo en producir y gestionar este conocimiento no les quepa dudas que es el que tiene mayor rentabilidad para el desarrollo de los pueblos y de la humanidad entera.

    Pienso que si la humanidad se moviera con más lógica, con más sentido común y de una manera más científica, la educación no sería esa pedigüeña esquinera de hoy en día. La educación, como una querida, estaría subvencionada por todos y cada uno de los ministerios públicos. Aunque no tuvieran ninguna sensibilidad al respecto, el Ministerio de Economía, el de Salud Pública, desde el Ministerio de Trabajo al del Interior, desde el
Ministerio de Medio Ambiente de Turismo... todos deberían subvencionar la enseñanza, la universidad y al conocimiento por la sencilla razón de que es un buen negocio. Es un buen negocio del cual todos salen beneficiados. Pero ya les decía que el mundo parece tener otras prioridades y nuestros administradores eventuales -también llamados gobernantes- en general, no están por esta labor.
    Reclamos como éste le suenan a utopías. Como si ellos supieran qué son las utopías.

    Pero ustedes sí lo saben. Ustedes, gente de la Patagonia, hijos y herederos de tantos que aquí llegaron cargados de sueños y de quimeras, ustedes sí saben. Aquí, a esta tierra dura e inclemente, llegaron gente de los más diversos lugares. Pero gentes que tenían en común una utopía. Muchos llegaron buscando imaginarios tesoros, después de que un par de tipos que naufragaron por estos pagos, por 1596, asegurasen haber encontrado una
ciudad más rica que el Cuzco a la que llamaron Trapalandia... (una de las cosas buenas que ocurren cuando lo nombran a uno doctor Honoris Causa de algo, es que no le queda otra que informarse de un montón de cosas y así poder responder adecuadamente. Entonces va, se sube a la escalera y le sacude el polvo a aquél viejo volumen que nos miraba con ojos muy legañosos desde arriba de la estantería, y nos dice: "¡hombre, por fin te acuerdas de mí!"). Y de allí recordé que desde Trapalandia hasta nuestros días, toda una galería de personajes migraron con sus utopías a cuestas a estos pagos que -hay que decirlo- Darwin llamó "tierra maldita" . Y Antonio de Córdova dijo que ésta era "la parte más desdichada y despreciable del orbe". No sé si voy a ganar muchos amigos con este discurso. Pero si ya en España vimos que un pensador francés -Jean Boudrillard- llamó a esto "la desolación de las desolaciones", comprobaremos que la Patagonia no quedaba muy bien parada según la prensa de la época. Pero, a pesar de ello, hasta aquí
llegaron todo tipo de gentes.
    Desde aventureros de escasos escrúpulos hasta colonos buscando un lugar mejor donde meter la vida. Aquí llegaron desde buscadores de oro hasta científicos como el Perito Moreno, como James Cook, que exploró el litoral buscando revelaciones geológicas y botánicas. Por aquí anduvo también Hernandarias buscando incansablemente la Ciudad de los Césares, obviamente sin ningún éxito. Muchos fueron los colonos y aventureros que acudieron en los siglos siguientes a buscar riquezas acá. Y aunque a decir verdad, casi todas las expediciones acabaron en desastres, ellos siguieron llegando, cada quien con sus sueños, cada cual con su utopía.
    ¡Cómo no van a saber ustedes de utopías!. Aquí llegó la utopía de los galeses; llegó la utopía de los gallegos; de los lioneses de Astorga, los maragatos. Llegó la utopía de Tomás Antonio Romero, porteño convencido que la Patagonia estaba destinada a ser un gran centro industrial para la pesca y el procesamiento del bacalao, de la sardina, de la carne salada. Y llegaron más utopías. Llegó la utopía de los fugitivos, como la de Butch Cassidy y la de The Sundance Kid. Llegaron del Oeste americano a principios de siglo, precedidos de una terrible fama de cuatreros y asaltantes. Detrás de ellos llegó la utopía de la agencia de detectives Pinkerton, tratando de echarles el lazo al Cassidy. Y llegó la utopía del ferrocarril que soñó Ezequiel Ramos Mejía. Y la utopía sencilla y rebelde de los cientos y cientos de peones que acabaron frente a los pelotones de fusilamiento del coronel Varela.

    Ustedes saben de utopías, porque la utopía a lo largo de la historia es la que templa adversidades y la que renueva esperanzas. La utopía irrenunciable, ésa que no va a ninguna parte, que no puede ir a ninguna parte, si no es de la mano del conocimiento. Si hubiese que inventar un slogan mundial para una supuesta campaña de sensibilización al servicio del progreso de la humanidad yo propondría éste: "Querida Tierra, hazte sabia".     Si tuviese que resumir todos los consejos en uno solo, también sería éste:
"Querida Tierra, hazte sabia".

    La educación, la escuela y la universidad son instrumentos fundamentales para conseguirlos. A ustedes y a todos los que como ustedes trabajan en este sentido, les doy las gracias por hacer lo que hacen, colaborando a que los sueños se acerquen un poco más a la realidad cada día. Y nada más. 
    Espero que ustedes, gente sabia y, por lo tanto, tolerante, sabrán juzgar mis palabras más por su intención que por la manera en que he sido capaz de expresarme. Gracias por vuestra generosidad. Les deseo muchos años de vida para seguir por este camino,


JOAN MANUEL SERRAT
10 de junio de 1999
Archivo de Sensibles del Sur

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Difusión

Guillermo Cabrera Infante "es un hombre enfermo de odio", dice Abel Prieto
 
    SANTO DOMINGO, Rep. Dom. (Librusa) - El ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto, describió al novelista Guillermo Cabrera Infante como "un hombre enfermo de odio", que ha publicado sólo dos libros fundamentales: "Tres tristes tigres" y "La Habana para un infante difunto".      Las declaraciones de Prieto aparecieron en una entrevista publicada el domingo en el diario dominicano El Caribe. 
    "Cabrera Infante es un hombre que tiene dos libros fundamentales: 'Tres tristes tigres' y 'La Habana para un infante difunto', el resto es prescindible", dijo Prieto. 
    "Pero (Cabrera Infante, que reside en Londres) es un hombre enfermo de odio, enloquecido, obsesionado por un odio que va más allá de lo político, va contra su país, contra sus tradiciones", agregó el funcionario, quien viajó a Santo Domingo para participar en una reunión de ministros de Cultura. 

    En cuanto a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que este año estará dedicada a Cuba, Prieto dijo que "vamos a tener un panel dedicado al tema de la literatura cubana en la emigración. Participarán escritores emigrados, algunos de ellos viven en Miami, invitados por nosotros". 
    La Feria de Guadalajara se celebrará del 30 de noviembre al 8 de diciembre, y según Prieto Cuba llevará alrededor de 2.500 títulos y una delegación de unas 600 personas.
 
Fuente:
DE LIBROS Y AUTORES/ LUNES, 7 de octubre de 2002

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