Max y Moritz, la saga relatada en versos rimados e ilustrada por el artista alemán Wilhelm Busch, además de su condición de clásico de la literatura para niños, ostenta aquella de ser precursora directa de la historieta moderna (Yellow Kid, por ejemplo, de Richard Outcault, apareció recién en 1893). "Max y Moritz" son los antecesores directos de la progenie de"chicos malos", "niños terribles" y "dúos polvorita" que vinieron después, recreados una y mil veces en obras de títeres, comedias, sátiras, tiras cómicas, dibujos animados, series televisivas, y aún hoy su influjo continúa vigente. T. S. Eliot parodió la introducción de "Max y Moritz" en su poema "Mungojerrie and Rumpelteazer", incluido en "Old Possum's Book of Practical Cats". (N. del T.)

Max y Moritz
(1864)
por Wilhelm Busch (Alemania, 1832-1908)
Versión al castellano: David Wapner
Colaboración: Ana Camusso
PRIMERA ENTREGA
Pequeña introducción al poema:
aquel duo es el tena

Siempre habrá (¡Dios no lo quiera!)
niños terribles en la Tierra
como, Max y Moritz, por ejemplo
dúo sin par en su terreno.
Así, en lugar de educar su disciplina
como enseñaban sus maestros, era su rutina
burlarse de la ley y el orden
y regocijarse siempre y entonces
en producir algún acto dañino:
robar una frutilla, azuzar a un potrillo
tirar de una trenza, morder una pera:
vida cómoda de veras
que produce más placer
que sentarse horas y leer
lecciones aburridas
Pero, ayayayay, ¡esta vida…!
Ambos terminaron mal
Max y Moritz, aciago final
amargo. ¡oh! triste…
en verdad.. horrible.
He aquí entonces, los hechos
con viñetas y en verso.
Primera parte
Quien trabaje en un gallinero
de seguro doblará su dinero.
Primero, las gallinas ponen cantidad de huevos
Segundo, siempre habrá pollo para el almuerzo
Tercero, hay plumas de a montones
para rellenar almohadas y almohadones:
¿A quién, cuando hace frío,
no le gusta un almohadón mullido
bien relleno de plumas
en donde apoyar la nuca?

Y ya les presentamos a la señora Otero;
en el fondo de su casa tiene un gallinero.

Con un gallo más viejo que Matusalén
y tres gallinas que son su harén.
Max y Moritz le echaron el ojo
y decidieron un acto "de arrojo".
En menos que canta un gallo
pusieron en marcha su trabajo.

Tomaron un pan, lo cortaron en tajadas,
y trozaron en diez cada rebanada.
Hilvanaron los trozos con cuerdas y en el gallinero
en forma de cruz los dispusieron con esmero

Al minuto… el gallo cacareó viril:
"¡Qui-quiri-quí!: ¡de inmediato todas aquí!"
"Tac-toc-toc" Las gallinas, reverentes
ante él dieron presente.

Los cuatro pollos en pleno
se abalanzaron sobre el cebo.

Pero no hubo de pasar un segundo
que la diabólica verdad se supo.

Quedaron sujetos a la fuerza
imposible huir de esas cuerdas.

Trataron de alzar vuelo…
¡Ah, tragedia sin consuelo!
!

Saltaron, batieron las alas…
…y aterrizaron en una rama.

Cada cogote tensado bien tenso
cada cacareo cacareado con esfuerzo.
Tres póstumos huevos cayeron al suelo
y luego sus almas partieron al cielo.

La señora Otero ladeó su cuello
oyó el batifondo y con apremio…

…corrió hasta al patio
y rompió en llanto:

"¡Ay, de mí, ay del gallinero!
¡Ay, esperanzas y esfuerzos!
Mis sueños por un viento alzados
quedaron colgados de un manzano!"

Doña Otero, su corazón hecho trizas
toma un cuchillo de cocina
y descuelga de a dos en dos
de la rama los cuerpos alados.

Y regresa a paso lento,
triste, abatida, a su lecho.
La primera pillería llegó a su final:
la segunda comienza ya.
Segunda parte
"Nada puedo hacer sino comerme los pollos"
Con los ojos brillosos
despluma a sus aves la señora
mientras recuerda y añora
a cada una de ellas
de cuando erguían la cresta
y le daban de picotazos
en el jardín o en el patio.

Luego de que doña Otero
diera por acabado su duelo,
dijo, con el pecho acongojado
"Lo que pasó, ya es del pasado,
haré de tripas corazón:
no queda otra opción
que guisar esta carne
que fue de mis cuatro aves"
Y lloró la señora Otero
y también Shpitz, su perro.

Max y Moritz olieron el aroma,
"¡Rápido, al techo, manos a la obra!"
Treparon como rayo
y por la chimenea atisbaron:

descubrimiento excelente,
está en marcha un banquete.

La señora, mientras tanto
baja a la bodega con un plato,
porque le dio un antojo:
acompañar con chucrut los pollos.
Un minuto más… la mesa tendida
y sobre ella… la comida.

Pero, observen: en el techo
Max y Moritz , de festejo.
Max, con caña de pesca y tansa
pesca los pollos y los alza
Triqui traque, a todo rollo,
asciende el primer pollo.
Triqui: el segundo llega entero.
Traque: ya está el tercero.
Triqui y traque: ¡vamos, viva!
¡Los cuatro están arriba!
Shpitz, el perrito, presencia el despojo
y ladra, ¡guaguaguaguauuu!, con enojo.
Pero el dúo y su pillaje
ya se ha disuelto en el aire.

¡Uy! Resulta que la mujer,
regresa, ya dispuesta a comer,
y abre bien los ojos:
"¿Qué pasó con los pollos?"
"¡Shpitz., Shpitz, venga acá!"
Le grita: "¡infame, animal!"
.

"¡Te voy a dar, perro ladrón!"
Toma un cucharón
y al perro le pega, le pega
le pega golpea sin tregua.
Pobrecito, Shpitz gime:
"¡Qué maldad, yo nada hice!"

En tanto, no muy lejos, sobre la hierba,
Max y Moritz, hartos de fiesta
como ángeles duermen
y roncan, roncan fuerte.
El segundo episodio llegó a su final:
el tercero ya va a comenzar.
© 2002, David Wapner y CorreoExtremaficción, para esta traducción al castellano de "Max und Moritz", de Wilhelm Busch. Permitida su reproducción si se hace mención de la fuente.