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ZULEIKA MERCED
Arráncame el alma a besos
amante en preludio nocturnal,
como se domina la tempestad
a fuerzas, en antojos del cuerpo.
Súbeme en suspiros a la luna.
Bájame en delirios las estrellas
sin dejarme ninguna en el cielo.
Seré como ellas que te alumbran
los confines ocultos del pensamiento.
Hasta que se duerma la eternidad
tambalea en dulzuras el universo.
Déjame ser sólo lluvia cayendo.
que bañe en amoríos tus adentro
Después de amanecer, la penumbra
déjame deslizarme en ti como el viento,
subiendo los luceros que se ocultan,
Quedarme perdida en tus ojos negros.
Acalla con tus labios todas mis dudas.
tállalas en caricias, aprisiona el miedo
luego,
en libertades; déjalas prisioneras en tu risa,
eco sonoro interrumpiendo el silencio.
Enredándose el suspiro en tus cabellos
letanía cabalgante despacio y aprisa
desnudándose en tibieza ágil del desvelo.
Arráncame amor aprisa el alma, a besos.
Entregate total, diligente a mis locuras,
como si fueras en pecado astral; mi dueño,
Déjame quererte como te estoy queriendo.
Noche ramera, durmiente, que nos junta.
uno a uno, mano a mano, quedemos presos,
sobre los albores secretos de la cintura.
Besandonos en el ultraje rampante del tiempo.
Luego, por si acaso en desafíos me olvidas
tú serás
siempre, en mi agonía, mi mejor recuerdo.
Perpetuando esta noche, ámame una vez más.
Después, bueno, después abrazaré el silencio.
Volando sobre alas rotas errante sin mañana
diluye este amor del tuyo, sólo es pordiosero
olvida si quieres,
la entrega que se quedó dibujada en la cara
donde,
ya no se piensa en concubinato de la entrega.
Déjame en la piel tu aliento sobre mi aliento
Mañana,
si quieres me arrepiento cuando amanezca,
pero esta noche ¡arráncame el alma a besos!
Por: Zuleika Merced
©Derechos de Autor 2001 ( M )
Perdóname Dios
Perdóname Señor por haberle amado
arde en fuego bravío la conciencia
me dormí de pasión en sus brazos
olvide sin querer lo que dejé afuera.
Perdóname Señor, fue mi sueño soñado
locura de besos que aún me condenan
pero como no amarle tanto, tanto
si estaba viva, sintiéndome muerta.
Fue agua del desierto en mis labios
sus brazos fuego divino que aún quema
sus ojos fueron los que me embrujaron
caminando éxtasis de caricias nuevas.
Le amé tanto mi Dios cuál rito sagrado
como la noche espera el día que no llega
sus besos fueron eslabones del relicario
donde el recuerdo jamás dormirse pueda.
Le amé en delirio ardiente sacro-santo
en jazmines preñados de primaveras
donde navegan la lágrima y el llanto
cuando
en amores se explotan las estrellas.
Perdóname Señor por haberle amado
perdóname Dios como a la Magdalena
fue gloria hacia el infierno cabalgando
cuando la entrega amante se entrega.
Dios pero como no haberle amado
si aún guardo el sabor del primer beso
que me diera.
Si su risa quedó profanando lo profano
si vistió de luna clara, todas mis penas.
Si pudiera en locura a su tiempo atraparlo
me derramaria en silencio sobre su silueta
sería tiempo secreto solo volviendo a amarlo
en el pecado extraviado de almas gemelas.
Solo que volvimos tarde a encontrarnos
donde
no existe Dios, el tiempo ni la conciencia
soy el recuerdo en el olvido triste quedado
sollozo del pasado que hoy vuelve se entrega.
Por: Zuleika Merced
©Derechos Reservados 20002/2001
¡Qué fácil fue quererte; qué difícil el olvido!
¡Qué fácil fue amarte y qué difícil tratar de olvidarte!
Quizás fueron de cristal tus ojos cuando me mirabas
o fue sólo que mi alma se le antojaba, tanto amarte
entre tinieblas de las soledades crujientes, apagadas.
¡Qué ansiosa la entrega en remolinos se entregaba!
Ultrajando espesuras detenidas del mismo tiempo,
a través del sollozo vertido, impío de una lágrima.
Deseos que se quedaran moribundo en tus cabellos
Quise desnudar beso a beso, en idolatría tu alma,
buscando que algún sentimiento mío, estuviera en ti preso.
Fueron ilusiones fantasmales; sin piedad infundada.
Caminé tu cuerpo en vestimenta desnuda de lamentos.
¡Qué fácil quererte! Se quebraron en el intento mis alas.
Caí derrotada sin piedad; sobre el pedregal de tu pecho,
como se marchita la flor sin querer, al viento deshojada
en desnudez temeraria, el olvido en sombras del recuerdo.
Fue tu amor la tempestad donde tanto; de miedo naufragara
mi cuerpo a la medida perfecta en ironías de tu cuerpo.
Como se tiende solitaria en el mar, apacible la arena blanca.
Sólo esperándote en la calma furiosa, oleaje del deseo.
Sólo en los secretíos primaverales en ausencia del mañana,
profundidades incoherentes; abrazando en nostalgias el infinito
nuestros labios en lejanías de espejismos unidos; se besaban
sin razones callejeras, dolientes, te buscaran en el mismo olvido.
Volveré en mis amoríos a sentirte vivo, cual fuego en llamarada.
¡Qué fácil fue quererte sin poder olvidarte y sólo para eso vivo,
mientras en vano intento, en el olvido; sepultar mis lágrimas!
Sin poder olvidar nunca jamás cuánto en martirio, te he querido!
Por Zuleika Merced
© Derechos reservados 2001 zuleika_merced@yahoo.com

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