|
SOLA
Hoy es un día particular, no pensaba ponerme a
escribir nada, pero el teclado me atrapó. Caí en
la cuenta que me es imposible conectarme con
esta sensación distinta que me abraza, que me
envuelve, que nunca sentí hasta ahora y que me
provoca una vibración desconocida. En este
presente, cuando los recuerdos se agolpan con la
realidad, presionando por salir de mi cabeza,
por mis poros... Imposible concentrarme en
ayeres lejanos cuando la memoria hace historia
satisfecha de cada movimiento del cuerpo...
Estas últimas semanas han sido un torbellino de
emociones y anécdotas que me tienen francamente
fortalecida... Cada día trae una nueva aventura,
un nuevo desgarro, una sorpresa a la vuelta de
cada recodo...
Como siempre en primavera, exploto en una maraña
de sentimientos que obnubilan mi juicio,
arremolinando sinsabores y alegrías... las
lágrimas suceden a las carcajadas, las sonrisas
a la nostalgia, el frío en el alma precede a la
calidez de un par de palabras amigas...
Y en el medio de todo esto... hombres...
Hombres... hombres... ¡Hombres!
Así, en plural, vanos e insolentes. Hombres,
muchos hombres, demasiados... todos rondando mis
espacios, tratando de sacarme una sonrisa, de
ganarse mi corazón y llenar de ternura mi
soledad...
Rodeada de música, de un tiempo a esta parte,
camino por la vida con cierta desfachatez...
Me dejo seducir por la poesía barata que viene a
arrullar mis sentidos desde la voz de un niño
pícaro, que no soporta la idea de que yo no
salte ante la oferta de ir a la cama con él....
Me vuelvo sed de compañía cuando las sirenas
anuncian la llegada de un recuerdo: pequeño,
ególatra, que jamás perdonará que lo haya
mantenido en las sombras, justo en las esquinas
de mi tiempo, durante meses y meses llenos de
irregularidad...
Me permito escuchar a Steven Taylor en "My girl"
y entonces me invaden los recuerdos de mi
mensajero... de mi compañero inseparable... de
ese que aún me ronda... el que aparece y
desaparece de improviso y siempre para dejarme
hecha un estropajo el alma, sin jamás tener (yo)
la valentía como para tomar una decisión en uno
u otro sentido...
Todo me lleva a recordarme la falta que me hace
una historia que dure más que lo que se demora
la cordura en entrar por la ventana cuando
empieza a amanecer...
Me divierten los hombres... me divierten y me
intrigan... no los entiendo... no entiendo los
que estuvieron en mi pasado, y casi tampoco a
los del presente, aunque reconozco estar un poco
mas experta en estas lídes.
A veces me miro en el espejo y me da por suponer
que ha de ser algo mental... porque no soy, ni
por mucho, la más entusiasta con mi apariencia.
Pero supongo que soy real... Ellos parecen no
ver todos y cada uno de mis defectos que percibo
en mi cuerpo de
mujer-a-la-salida-de-los-cuarenta, y que podría
enumerar hasta el anochecer si alguien quisiera
escuchar un discurso tan estúpido al respecto...
Huelo mi hombro y entonces descubro que hay
olores que en mi piel cambian... Y me rebelo un
poco... no porque quisiera tener por siempre ese
fantástico perfume metido bajo mi piel, NO, por
favor NO LO QUIERO, sino que creo que no me
interesa reemplazar a nadie. No sé si quiero
reconocer otro olor en mi piel, porque entonces
cuando su dueño se aleje, volveré a sentir su
ausencia en mi propio cuerpo...
¡Qué desastre! Si hubiera seguido los designios
de mi educación, probablemente seguiría casada
con mi primer marido, casada e inodora. Pero en
algún momento temprano de mi vida tuve la
tremenda claridad mental como para saber que, si
bien no sabía que camino tomar, el que me habían
pintado no me satisfacía ni un ápice...
Desde la distancia de entonces, claro...
Porque ahora, de pronto, me da por pensar que mi
vida sería bastante mas aburrida, pero más
estable, si tuviera que discutir relevancias
irrelevantes como en que gasté la plata del
supermercado, o por qué llego mi pareja más
tarde de lo normal si no respondía al teléfono
de la oficina... o si tuviera que defender
irrelevantes relevancias, como los deseos de
aislamiento físico y emocional, que, de tanto en
tanto, me asaltan en mis tiempos de adolescencia
tardía...
Hay momentos en que me cansa esta soledad... me
cansa, me agobia. Y me entristece. Ciertos días
me cansa y otros me desgarra. De una u otra
forma... me fatiga, me quita energía saberme
sola y tener la conciencia absoluta de que si no
cuido de mí, nadie lo hará...
Pero, a pesar de ello, no concibo la posibilidad
de otra forma de vida...
Por eso los hombres...
Por la compañía o la falta de ella... Por la
calidez que me regalan... por la comodidad de
saberlos entrando en mis rutinas sólo de a ratos
y en la medida en que yo así lo quiera...
Supongo que soy egoísta... pero no más que cada
uno de ellos, que pretenden erigirse cada cual
en su propia fantasía de si mismos en la
interacción conmigo...
Huelo nuevamente mi piel, tengo ganas de
encender un cigarrillo... y miro por la
ventana... La tarde está cálida, tibia y
envolvente, como los brazos ausentes de un
hombre adorable que acaricia mi alma con
palabras mas adorables aún, pero que no me
atrevo a dejar entrar del todo en mi corazón...;
tan plácida como dejarse acunar por la esencia
luminosa de sus ojos...
Extraño la playa, extraño los recitales de
Baglieto en el Parque del Sur, la costanera al
atardecer. Sentarme a mirar el agua, saberme
amada, sentirme amada... no logro encontrar el
equilibrio espiritual que nunca tuve, que me
falta, pero no tanto...
Pero, por hoy, me importa un comino...
No tengo compañero, no tengo rutinas de a dos de
domingos por la tarde... no tengo planes para el
futuro trazados con tinta indeleble no soy
responsable de otras vidas... o sí. No tengo que
seguir parámetros de horarios preestablecidos,
no debo verme presentable ni bonita si no
quiero...
Y eso, en estos tiempos... es una bendición.
Alicia Floreano
Gentileza:: Alicia Floreano [
aliciafloreano@ciudad.com.ar ]
PAGINADIGITAL
|