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«Primeros poemas» rescata al Juan Ramón inédito de sus años de colegial
Todos hemos tenido infancia. Juan Ramón Jiménez, también. Claro que aquel niño era ya el germen, el esbozo del gran poeta que obtuvo el Nobel de Literatura, del hombre que iba a trazar el alma humana, a contemplar el mundo a través de la poesía. La prueba se encuentra en las páginas de un libro, «Primeros poemas» (Point de Lunettes), en el que además de los textos juanramonianos se recogen algunos dibujos con los que adornaba los escritos y un puñado de fotografías familiares. La edición del libro ha sido patrocinada por el Ayuntamiento de Estepa. Point de Lunettes, editorial onubense, inaugura con esta obra la colección «Los libros perdidos», creada, conjuntamente, con la revista «Los papeles mojados de Ríoseco», de Estepa. Jorge Urrutia, en una interesante, amplia y jugosa introducción, aporta información sustancial y desconocida sobre los años iniciales del poeta. Los textos han sido cedidos por Carmen Hernández Pinzón, sobrinanieta y heredera del escritor.
En el colegio de los jesuitas del Puerto de Santa María escribió el autor de «Platero y yo» los que serían sus primeros poemas. Tenía sólo trece años
En declaraciones a ABC, se mostraba satisfecha de una recopilación que califica de «seria y cuidada, al estilo de Juan Ramón». Comenta que es sabido que el poeta, que tantas y tantas veces corregía sus escritos, despreciaba su primera época. ¿Por qué entonces se ha decidido a publicar sus primerísimos versos? «Mi tío ya es historia y, en cierto modo, previó que alguien los recogería, y pensó hacerlo él, porque si no lo harían otros. Pero pienso que ya tiene tal talla de artista, que es bueno conocer sus comienzos». Pero si alguna duda pudiera haber, qué mejor aclaración que la del propio poeta cuando dice: «Me he formado a la vista de todos. Como he sido un niño, un joven, etc..., he escrito como un niño, como un joven, etc.»
Juan Ramón Jiménez ingresó en el colegio de los jesuitas del Puerto de Santa María en 1890. Cuenta Urrutia que se trata de un niño sensible «que encuentra en el misticismo, al que se le quiere llevar, terreno para su inspiración y su reflexión». El caso es que es allí donde empieza a escribir, aunque como es sabido su primera vocación, a la que incluso dedicó estudios, fue la pintura. «Los pequeños poemas, dice Urrutia, denuncian ya su interés por la poesía como práctica, que se manifestará en el verano de 1895».
Tampoco tiene nada de extraño que, dada la condición religiosa del colegio, la poesía que más atrajese al adolescente tuviese ese planteamiento, al que se añadían toques dramáticos. El propio poeta escribió: «Sobre mi libro de Historia de España, o sobre mi Gramática Latina, dejé unos versos libres y tristes que tenían lágrimas y campanas de muertos». En alguna evocación más tardía añade: «Empecé a escribir muy temprano, entre mi último año de bachillerato en los jesuitas, mis 14, y mi primero de pintor en Sevilla, mis 15. Lo primero que recuerdo fue un fragmento en prosa y una rima becqueriana. Los dos me los publicó el director de «El programa», de Sevilla, en la página literaria». Y es que lo cierto es que el poeta enviaba, también, colaboraciones a periódicos de Huelva y Sevilla; informó ABC.
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