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¿Educación para "matarle el indio" al mapuche?,
Por Marcela Villarroel, desde Boston EE.UU.
La notoriedad alcanzada por los Franciscos Huenchumilla y Huaiquipán y por Ximena Huillipán no significa que el país esté interactuando sanamente con su principal minoría étnica, ya que persiste el afán de "chilenizar" a los mapuches desde que pisan por primera vez la escuela María Huenchuleo, dirigenta mapuche que se encuentra en Europa participando en un Congreso Indígena y lectora del Gran Valparaiso, solicitó mi reflexión como columnista que trabaja el tema de la Educación, acerca del vínculo -existente o no- entre educación y minorías étnicas en Chile.
He de reconocer que lo que expondré enseguida pasa inevitablemente por el cedazo de mis patrones culturales, valóricos y de conducta. Pero me exculpo al recordar que las percepciones no tienen un rango inferior al de la realidad, sino distinto.
Si echamos un rápido vistazo al acontecer nacional apreciamos que la presencia de nuestras minorías étnicas se hace ver por medio de manifestaciones de grupos mapuche que intentan recuperar tierras en el sur de Chile, y en la notoriedad aislada de ciertas personas que pertenecen a estas etnias.
Del Sr. Ministro Secretario General de la Presidencia, Francisco Huenchumilla*, se ha dicho que pasará a la historia por ser "quien más lejos ha llegado" dentro de las minorías étnicas; Ximena Huillipán es una adolescente que destaca como modelo; el futbolista Huaiquipán juega en un destacado club, y otro joven modelo pascuense saca suspiros a sus teleadictas en un programa de televisión. Todos ellos son catalogados como "exitosos" en sus respectivos campos de trabajo.
Con esta superficial panorámica quisiera ejemplificar dos situaciones que definen la dinámica social de la interacción entre las minorías étnicas y huincas, que refleja lo que acontece en la cultura escolar. Las personas anteriormente mencionadas representarían lo que en Sociología Educacional se denomina "Asimilacionistas", y son definidos como aquellas personas que adquieren valores y pautas de comportamiento de la cultura cuantitativamente mayor, Huinca; aquella que económica y políticamente domina por sobre el grupo social de origen (en este caso Mapuche o Rapa Nui).
Digno de análisis es que cada una de las áreas en que estas personas han destacado existen sólo en el mundo Huinca. La política, el modelaje y el fútbol han sido muy bien "asimilados" por ellos/a y han destacado haciendo lo que la cultura de origen no siente como propio. Del otro lado, quienes intentan recuperar tierras en el Sur, luchan por una causa propia de su grupo de origen, y no son declarados por los Huincas como "exitosos". Se confrontan con la ley Huinca y hasta con el organismo estatal que los representaría, o al menos intentaría representar sus propias inquietudes, como es CONADI, y además sufren la sanción legal huinca ante sus actos.
Si nos adentramos en las aulas, la situación de descontextualización que actualmente viven los escolares provenientes de diferentes minorías étnicas no difiere cualitativamente de la de otros grupos sociales minoritarios. Los niños mapuches, Rapa Nui o Aymaras acceden al mundo escolar tan desprovistos de nexos con la cultura escolar, como los niños huincas que vienen de zonas urbanas de extrema pobreza. La escuela acoge al alumno con un dispositivo pedagógico que produce y reproduce la cultura dominante (Huinca) y transforma o sublima las culturas minoritarias, sean étnicas o no.
ASIMILACIÓN NO, INTERACCION SÍ
Para enfrentar este nuevo mundo, el escolar considerado "exitoso" es aquel que "asimila" la nueva realidad cultural haciéndola propia sin cuestionarla. Esta opción de acomodación cultural generalmente cobra un precio emocional alto, pues el escolar tiende a rechazar sus raíces, no en la forma más burda, que es a través de su discurso oral, sino, a través de su comportamiento para con los suyos. Esta conducta del niño "escolarizado" también provoca en el grupo ancestral un rechazo.
También puede haber quienes frente a la nueva realidad mantienen su identidad étnica, mientras al mismo tiempo adoptan algunas de las conductas de la sociedad que es vista como "dominante". Estas personas pueden ser rechazadas en el mundo escolar de sus pares por mantener fidelidad a sus valores culturales, pero al ser acogidos en un hogar en que se cultivan con orgullo tales tradiciones, generalmente el escolar logra asimilar aquellos valores de la nueva cultura que le permiten sobrevivir en ésta –lengua, códigos numéricos, códigos afectivos- y a su vez expande su cultura original con selectivos aportes de la nueva, que le dan un punto de vista crítico frente a ambas. Crea así una simbiosis que le aporta a su crecimiento intelectual, emocional, sexual y espiritual. Esta simbiosis es aceptada por la cultura de origen, y no siempre por la cultura adquirida, aun cuando enriquece el desarrollo humano en ambos grupos sociales.
En adelante trataré de explicar cómo la modificación del discurso pedagógico puede facilitar más que la integración, la interacción entre culturas. Varias de las iniciativas escolares que actualmente están vigentes tienden a "integrar", lo que involucra que el escolar "asimile" la nueva cultura sin cuestionarla, pero en gran parte aún está ausente la "interacción", que a diferencia de lo anterior involucra diálogo y cuestionamiento.
En Chile a pesar de varias reformas educacionales, la escolarización continúa alejando a las minorías étnicas de su realidad. No me refiero a las buenas iniciativas que han surgido para escolarizar a homogéneos grupos de minorías étnicas, sino a los cientos de niños provenientes de minorías étnicas distribuidos a lo largo de todo Chile que se escolarizan en escuelas huincas rurales o urbanas sin un programa ad hoc a su realidad sociocultural.
Aún cuando hay iniciativas que ayudadas por la discriminación positiva tienden a facilitar el camino educacional a las minorías étnicas –beca indígena otorgada por el Ministerio de Educación, por ejemplo-, lo que se logra es que quienes han sido "educados", "asimilen" la nueva cultura a tal punto que quienes logran destacar en la cultura "adquirida', finalmente sirven a ésta y no a su cultura ancestral. De alguna manera, entonces, la cultura "huinca" se sirve del apellido, o en el caso de Ximena, de rasgos faciales autóctonos en un famélico cuerpo de metro ochenta nada representativo de las mujeres mapuches. Ello colabora indirectamente a que la cultura huinca se beneficie del logo de "integracionista".
La interacción cultural aún no es tal en nuestro país. Si así fuera, la respuesta positiva a la siguiente pregunta, lo confirmaría ¿existe algo del aporte desde la cultura de origen del Ministro Huenchumilla o Ximena que sea acogido en sus respectivos ámbitos laborales?. El discurso pedagógico tradicional produce y reproduce la cultura dominante y reprime o transforma las otras culturas, sean provenientes de minorías étnicas o no.
Un buen docente es quien acoge el discurso de los educandos. En el curso de la actual Reforma Educacional chilena se ha avanzado bastante con la introducción de programas como P-900, que trabaja en escuelas con población escolar de extrema pobreza. En tales comunidades escolares se procura acoger el discurso y la cultura del educando y se utiliza éste como discurso regulativo para introducir conceptos en el discurso instruccional, todo esto ha facilitado enormemente la integración cultural. Pero, si queremos ser una sociedad que camina hacia la igualdad de oportunidades, debemos avanzar en las escuelas del país, desde la integración, hacia la interacción cultural.
Para lograr esto, se requiere que el profesor no sólo acoja la cultura de las minorías a objeto de utilizarlas como vehículo pedagógico, sino, que rescate estas culturas para hacerlas protagonistas del discurso instruccional, como lo ha sido desde centurias atrás la cultura huinca. Tanto la cultura huinca como la de las minorías pueden ser protagonistas del aprendizaje en las escuelas del país.
Esto, por cierto, no es tarea sólo del profesor dentro del aula, es tarea también de todos quienes formamos parte de la comunidad educativa, como padres o madres. Podríamos partir por cosas tan domésticas como pensar dos veces antes de excusarnos ante un exabrupto con un "!disculpa, se me salió el indio!" o reprender a nuestros hijos/as cuando no quieren besar a la tía catete, con un " ¡no se me ponga huasito, mijito!". ¿Cierto, María?.
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