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Sumario
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Extremaficción Dos:
reedición en formato digital del segundo número
de Extremaficción, tabloide, papel (Buenos Aires,
diciembre de 1997)
1/Helicópteros
2/Néstor Colón: La bola épica
3/Daniel Durand: Ignición
4/David Wapner: Familia
5/Juan Desiderio: Sueños
6/Ana Camusso: Efectos especiales
http://viejextemaficcion.tripod.com/
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1/Gamalbo Gamarco: Los Reynaldos Estándar
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Gamalbo Gamarco
Los Reynaldos Estándar
En un día cualquiera
con las manos limpias
secas luego del enjuague
mientras cantan dos notas vecinas
dos de muslos blancos
una mano se extiende por el medio
y frota con buen ánimo
dispuesta a sentir
la humedad que más le conviene.
Mientras tanto
en otro lado del pasillo
que une dos recintos clausurados
otra mano se cierra
en torno a una rodilla
que de este modo se relaja
y revierte su destino.
Más allá
a treinta metros de altura
dos líneas se cruzan
en la mitad de dos ancas
mientras arriba.una mano.
En silencio
un cuerpo resbala
otro se quiebra
otro da un brinco
otro más mira.
Qué significa
no tiene importancia
más que placer.
No hay otro fuego
que el que se inventa.
¡Adiviná con qué me unto las manos!
¡Decime con qué empieza la palabra con la que pienso darte por la cabeza!
¡Date vuelta y decí quéggg tengo entgggue los dientgggues!
¡Tapate los ojos hasta que sientas como agujas!
¡Si hablás te mato!
allí donde todos se rascan
es donde pasó la desgracia:
salí de ahí me tapás y no dejás que me vean
no puedo controlar al perro del vecino
es más fuerte que yo
cuántas veces te digo n te pongas ahí no te pongas ahí no te pongas ¡no te
pongas ahí no te pongas ahí no te pongas ahí!
Ay
el gato trepará el árbol justo en el momento de la poda
Uyuyuy
un error del talador y
y una rama gruesa como un tronco cae
con gato abrazado
arriba de un perro
el perro Juan
su peor enemigo
enemigo de opereta:
Juan no tiene dientes
y el gato es tonto,
como un petardo en el culo
no se lo vio más
a todo esto
Juan se repone
¿pero a qué costo?
¡dos cuotas concede
el doctor Mùller!
- Este colchón
es un pozo
más profundo
que aquellas trincheras
que Onganía cavó
en Plaza de Mayo
en aquellas jornadas
de azules
versus colorados:
en realidad eran
poco menos que zanjas
de obras sanitarias
De todos modos,
no importan los detalles,
el asunto es:
¿cómo catzo
haremos algo aquí?
este un
hermenegildo experimental
-dese vuelta;
¡ah, muy bien!
¡MUY BIEN!
este otro
un asdrúbal estándar
-levante la tapa:
¡ajá! ¡AJÁ!
por último
un proyecto de eulogio
-reclínese, basta:
¡oh!, ¡oh! ¡OH!
no me recuerdes lo que tengo que hacer cada vez porque te va a ir mal el
sol se ha convertido en algo molesto y la luz es una molestia grande
pensando en el indio
de a pie
sin saber que hacer con los caballos
los abandono
y se van
sin importarles lo que suceda
a mí
¡pero si no eran mis caballos!
¡y yo no vine aquí por voluntad!
eso quiere decir
me lavo las manos
pero también soy un gil:
sin gualicho redondo
soy perdido para siempre
pienso en el indio:
(el indio está en munich
unos peldaños más arriba que yo
que podría estar en zurich
pero todavía no pasé deŠ)
(¡a los bárbaros
flechas, plumas, piedras!
¡a los bávaros
flechas, plumas, etcétera!)
qué barbaridad hiciste esta vez
¡qué desgracia nos espera ahora!
¿entraste al gato?
¿bañaste al perro?
¿adónde guardaste el hueso?
¡a quién le contaste algo!
¡dios mío, nos van a agarrar!
¡nos van a cortar en pedazos!
¡qué es lo que hiciste
que soy tan infeliz!
¡un tronco hueco!
¡me trajiste un tronco hueco!
¿para qué quiero un tronco hueco?
para impresionar
para trabajarme la cabeza
para que me equivoque
me rompa un tobillo
para cuando
por fin
me quiten el yeso
me digas
parece un tronco hueco
yo colgando del clavo
soy la obra más vista de la muestra
por lo menos
hasta que ya no resista
y me desbarranque:
despatarrado,
sangre en la frente,
dependeré de cuál tendencia impere
para que me recojan
o me pasen por encima
ENSAYO DE CUENTO INFANTIIL EN TRES MOVIMIENTOS.
1
Uiah: el coche.
Viene el coche: uiah.
Paró el coche.
Paró enfrente de mi casa.
¡Se abre la puerta!
¡Un señor abre la puerta!
¡El señor que abre la puerta, baja!
¡El señor que baja es alto!
¡Al señor no lo conozco!
¿Me mira el señor?
No: el señor no me mira.
Mira a otro lado.
A mi no me mira.
Mira hacia un lugar que yo no veo.
El señor se va para allí.
Yo no se dónde es.
No se quién es ese señor.
2
El coche quedó estacionado.
Es un coche bajo.
Tiene cuatro puertas, tiene un rayón.
Alguien rayó el guardabarros.
Es una raya pequeña.
Casi no se nota el raspón.
Yo sí lo noto.
El coche es rojo y la raya es blanca.
Me parece que no es un rayón: es una marca de tiza.
Sí, me parece que es tiza.
Yo se lo que es tiza.
Soy alérgico a la tiza.
Por eso me molesta la raya.
Porque es una raya de tiza.
A lo mejor llueve y se borra.
Pero no, hay un sol de novela.
3
Uy, volvió el señor.
Regresó por la derecha.
Se había ido por la izquierda.
A lo mejor dio la vuelta manzana.
A lo mejor fue mucho más lejos.
Pero no se, la verdad que no se..
No se qué hizo realmente.
Puede ser que fue a una casa.
O a un negocio.
Aunque, la verdad, tardó muy poco.
Es posible que no encontró a nadie.
O no compró nada.
O no encontró la casa.
O se equivocó de negocio.
La verdad, no se nada.
Quizás, el tampoco.
Ni siquiera notó la raya.
Subió al coche y arrancó.
Se fue, no se adónde.
Ya se ha visto que hay en el alma de estos poemas:
decir alma es un sofisma,
de poema mejor no hablar
no hay nada
nada aquí que pueda ofender:
es tan triste esto que me abro lo que quieras
¡y aún así!
Tengo un pensamiento tal abombachado
que podría hacer una pelota de él
nunca digna de la hazaña del rebote
y como tal
la causa de desgracias futuras
que podría evitar
si insuflase aire a la bolsa
previo zurcir de las papas
que se han abierto al calor del horno
en que las ideas se cuecen
y se enfrían
sin que nadie las haya probado
cómo,
¿no era que
a la vuelta
pasando la tercer casa
entrando por la puerta verde
palmeando y gritando "¡eah!"
iba a aparecer un amor
de esos que te sofocan?
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2/Leopoldo Marechal: capítulo quinto de "Adán
Buenosayres", en traducción aiutomática Google (castellano-inglés,
inglés-castellano) ______________________________________
Adán Buenosayres Libro quinto, parte III?Una, dos, tres, cuatro, cinco,
seises, siete, ocho, nueve, diez, once, doce. Los doce campanadas eran
doce mochuelos: Alguien abrió la puerta de la torre, y huyó. Medianoche:
soledad y emptiness. Escoja solamente I en la corteza de un mundo que dé
vuelta a huir, de que huye dar vuelta, "vieja vuelta una tapa sin los
niños". ¿Por qué sin los niños? Entonces jugué con la lógica, sin notar
que siempre hay una relación de la armonía entre la cosa disímil: ordinis
del splendor. Ayer por la noche I en el que esta' de Ciro explicado:
aspirado bastantes. Como esa otra figura: "la tierra es un antílope que
huye"; o que otro: "mundo, piedra del zumbante de los siete colores."
Terror cósmico, de la niñez: un muchacho que, abrazado su caballo
inmueble, sobbed de anguish bajo constelaciones austral. Fría a mecánicos
de la época, del cono de la cortina, del cono de la luz, de la noche y del
día, del solsticio y del equinoccio: el sol que nos dice las mentiras
fabulosas, y la tierra que consigue vistieron y desnudan de sus
esplendores como un prostituta, "excepto, ebrio del moscardón". Y a la
puntería solamente una piedra que huye dar vuelta, esa vueltas que huyen
en un No. infinito del espacio..., indefinido; porque corresponde la
noción infinita solamente... Bueno, alma, el buen ojo fluorescente Adán
para, debajo de la lluvia, en la esquina de Gurruchaga y de Triunvirato.
De allí, el indeciso inmóvil, comtempla el alcance fantasmal de la calle
de Gurruchaga, un túnel de viento del flujo del no retorno en la misma
pulpa en la noche y extendida entre dos filas de los paraísos de los
tiritantes que, con sus aros del metal en los pies, fingen dos filas de
galeotes en curso del marzo al invierno. Fluorescente como el ojo de un
gato, el reloj de los relojes del San Bernardo de su torre: un campanada
no se deja ya en el aire ni la vibración de el pasado, y el silencio ahora
fluye de la parada, sangre de campanas muertas. Inesperado, una explosión
treasonous sacudare los árboles, de que se puso a lloriquear como
muchacho: Adán recibe un puñado de lluvia en la cara y él escalona entre
un diluvio de deja esa caída y se arrastran con una rumor de viejos
papeles, mientras que el colgar se enciende arriba ejecuta cribar loco
alrededor de la gente colgada. Pasó la
explosión: el silencio y la calma se reconstruyen bajo tarareo de la
lluvia. La soledad y el emptiness, Adán entra en la calle de Gurruchaga.
Vista de los street?Puertas y de las ventanas herméticas, llaves lanzadas
de Gurruchaga, en exceso de pernos: así defienden su evasión por el sueño.
La casa de la cual al duer que lleva mí precauciones de la tumba o del
foso. El combate de ayer, la derecha aquí: ¡ni un alma en el campo de
batalla! ¿Los hombres y las mujeres, los tirios y los troyanos, qué ahora
? ¡Sus cuerpos colocados navegan en camas del hierro, de la madera o del
bronce, dentro de sus cubos invencibles, evadidos todo! Escoja solamente
I. ¡Si en la medianoche profunda, si en el momento derecho en eso al día
concluye y otro que comienza, si en que la misma ensambladura él fue
dejada un resquicio cerca adonde irse fuera del tiempo! Ayer un muchacho
que, apenado entre las luces y el musics de la celebración, vio cómo el
tiempo fue derramado mientras que un ácido y mordiscado el festival de la
casa con sus hombres; o un adolescente que buscó a exile a la época de su
canción... ¡Sir, tenía deseé ser como los hombres de Maipú, que sabían
para reír o para gritar a su tiempo de la deuda, para trabajar o para
dormir, para lucharse o para reconciliarlos, plantados bien en la realidad
llamativa de este mundo! Y no caminar como quién duda y está asustado
entre las imágenes inútiles, leyendo en la muestra de las cosas mucho más
de las cuales dicen literalmente, y alcanzando en la posesión de las cosas
mucho menos que qué él prometió. Porque tengo devoured la creación y su
multiplicidad terrible de formas: ah, colores que llaman, gestos salvajes,
líneas que hacen el dado de amor; para encontrarme pronto con la sed
engañada y el remorse de para haber sido injusto con las criaturas al
exigir a ellas un bienestar que no saben para dar. Y pronto esta
decepción, también injusta, que ahora me pone delante de las criaturas
como antes de una lengua de los muertos. ¡No haber mirado, ah, para no
haber mirado! O haber mirado siempre con los ojos puros del lector, como
eso él tenía en mi niñez, trasera en la huerta de Maipú, cuando en la
belleza de las formas inteligibles él alcanzó una visión de la cosa
estable, de la cual no experimenta otoño, de la cual él no sufre el
cambio. Y allí son la injusticia y el remorse: haber mirado con los ojos
del amante que tuve que mirar con los ojos del lector. (para anotarlo tan
pronto como llegue la
casa.) ¡Qué buenos intones calle, medianoche y llovizna! El café "Esmirna"
también cerrada. No. Alguien canta. Café "Esmirna" del café, en el estado
de espera del abandono (Gurruchaga 432, circa Julio 2003). Un hombre joven
ex nos dijo que él diera la placa con el nombre del café a la hija de
Marechal. Con el oído bueno, Adán Buenosayres delante de paradas el suyo
camina el café "Esmirna", que cortinas metálicas, a los medios de bajar,
permiten para ver que un interior brumoso él en son qué figuras humanas
scribbled esa estancia inmueble o gestos soñolientos del contorno. Una
canción asiática es oída adentro, salmodiada por cierta voz que, en un
fondo musical del laúd o de la cítara, el lloriquea en aes y retire en
jotas. Hasta el sentido del olor de Adán el olor llega del anís dulce y
del tabaco fuerte que se quema sin una duda en los narguiles de cuatro
tubos. mundo en el cierre. También ahora han elaborado su círculo
hermético, y la vela, evadidos en una canción. Vi ayer, con verdoso sus
jetas y sus ojos de los pestañudos, testigos crueles de la batalla. ¿Qué
ajardina o las escenas ahora evocarán, trabado para arriba en su círculo,
equipo de su música? Caras quizás: caras de hombres, de mujeres o de los
niños que voces al día estaban quebradas en los mismos jotas y
lloriquearon en los mismos aes de esa canción, debajo de un diverso cielo,
ah, solamente infinitamente de más hermoso. ¿Para qué más hermoso? Para
ser lejano. Muy vieja canción, sin una duda. Y las otras idiomas que
intoned la antes: mil de labios agotados y de caras en un débil allí, en
los cementeries tristes de Asia más pequeña: bocas por completo de la
tierra y de los ojos llenos de la cal. ¡Todos evadidos! Adán quita
chambergo, de eso se cae dos o tres hojitas secados, y limpia con su mano
las gotas de la lluvia que funcionan a él por la cara. Pronto él reasume
el suyo para caminar, encima de la calle. los días comenzaron en una
canción de mi madre: Cuatro palomas blancas, cuatro unas celestiales... O
que otro, en Maipú, coro de muchachos, al lado de la abuela y delante de
los cristales azotados por la ducha pesada: Buen viernes, buen viernes,
día de la gran pasión... Y el que esta' de la escuela normal, de las voces
adolescentes, de los ojos de la sal y de la pimienta en la gran música del
pasillo: Página eterna de la gloria de Argentina, imagen melancholic del
país de la madre... O el que esta' del grupo santo "valle fértil", cabezas
literarias de los melenudas, vanguardismo levantado, en el sótano del "Keller
real": un automóvil, dos automóviles, tres automóviles, cuatro
automóviles... Y el de Madrid, entre un tarareo ardiente de guitarras y de
controversias: Se parece que son copos de nieve que caen en su cara... O
el que esta' de París, en el estudio de Atanasio, de él tira tendido entre
las figuras del fango, sacrificio de una gallina blanca en el altar del
Musas, ejército de
botellas: Dans une el viaje de Nantes y del avait a ma's prisonnier... Y
que otro de Sanary, o el que esta' de Italia... ¡Canciones! Ahora vuelven
a enrostrar la alegría de un día o de la vergüenza yo de una noche:
remorse de haber cantado y haber oído para cantar. Silencio: ¡cómo
persiguió lo y lo acarició I en mi niñez! Dispare para silenciar, entre el
bosque de las rumores del nocturnal. Y ese reverente del sigilo, de que a
caminar en los extremos del pie, que impaciencia a abrirse sin las puertas
y los cajones del ruido: liturgies del silencio. Porque sabía ya, sin él
para haber aprendido, que el silencio no es la negación de la música,
solamente toda la música en su posibilidad infinita y su indiferenciación
alegre. Sí, el caos musical en el cual todas las canciones todavía
distinguieron no forma una sola canción, sin excluir un otros, sin confiar
esa injusticia en la orden del tiempo. ¡Anaximandro oscuro y viejo, saludo
a usted esta noche en final! Y a su disciple Anaximenes, y sagrado su
pneuma: ¡el aire de la inspiración creativa y de la expiración! Mi teoría
de ayer, en el cuadrado público: aspirado bastantes. No tuve que hablar:
ningún entendido silba. Sí, Schultze, ese viejo Schultze. ¡Amperio hora,
todo en uno! La tristeza se lleva del múltiple. Pensativo y triste, Adán
Buenosayres considera en torno el suyo la manifestación de la cosa
diversa. Él acaricia el tronco de los árboles, como si él deseara
sorprender un cierto golpe debajo de las cortezas húmedas. Él se agacha
ellos mismos pronto, él recolecta un puñado de caer deja, inhala su olor
amargo y él las cae lentamente. Uno sale más adelante, tocando las paredes
mojadas, los umbrales fríos, la madera de las puertas, el hierro de los
balcones. o dureza, calor o frío, humedad o sequedad: las noticias de la
cosa externa, las noticias vagas. El tacto no es un sentido intelectual:
¿usted podría alcanzar con el tacto que se levantaron los formae del
splendor del? Y, sin embargo, ningún otro sentido aspira con tanto
ferocidad a la posesión directa de las criaturas: tocarlos, los prenden,
para enangostarlos, para ponerlos dentro de la piel. Sí, el más oculto, el
más torpe y desilusionado más de los sentidos. Y menos culpable: ¿usted
tendería a su mano a la rosa, fuera antes de saber sus formae del splendor
que se revela solamente a los sentidos intelectuales? No haber mirado,
para no haber oído, para no haber tocado... ¡Vaya! ¿Qué aspecto es ése?
Diez pasos avanzados, Adán advierte, asustado, la figura de un jinete
inmueble en su corcel. Cuando acercarle reconoce el extremo de Antúnez, de
la comisaría de policías 27, que al duer yo debajo de la lluvia, afirmada
sólidamente en los estribos, mientras que su caballo, con las rienda en el
cuello, los blunts que los hierbecitas trajeron adelante en el pie de los
árboles. Adán viene cerca de los aumentos no bien del caballo la cabeza y
él la estudia con restlessness. Pero Adán acaricia el cuello mojado, la
frente y el hocico a él; y el animal entonces calma abajo, apoya sus
narices en el hombro de Adán, resuella en tren festivo. Como un jinete del
metal, el extremo de Antúnez sigue dormido debajo del agua y del viento.
Antes de separar, Adán pone su cara al lado del hocico de el grueso, la
sola cosa tibia que le ofrece la noche; y su respiración respira: un aroma
puro de la hierba machacada. pangaré de tío Francisco. Tuve gusto del olor
de los
caballos: un olor de respiraciones vegetal y un agrícola suda. Este
extremo de Antúnez, criollo sin una duda: tiene alma del resero. Como eso
aparecían a veces, hacia la oscuridad, en la estancia de Maipú, al lado
del palenque verde oscuro "él me dan a permiso al unsaddle" "él los
unsaddles, amigo, y sucede a la cocina." Hospitalidad sin fronteras. El Oh,
sí, las caras serias en el cual brillaron una dignidad casi terrible
(ahora realizo), y ése se convirtieron en pequeños velado por poco entre
el humo del duraznillo, mientras que la encarnación china miró asado con
sus ojos grandes y eternally tearful. "a los ojos bonitos el humo va a
ellos." ¡Risa discreta de otra edad! Y pronto historias de los rodeos del
viaje y del nocturnal en el calor del llano, debajo de la tormenta: Bahía
blanca, el río del negro de los elogiosos, Chubut, nombres y con sabor de
la distancia. Tío Francisco asegurado a mí que él se cayó caballo dormido
bien. Vidas heroicas y sin resonancia, en el llano: muertes heroicas y sin
resonancia. Como el que esta' de ese becerro que muere que todavía
resollaba con el hocico en el polvo, mientras que el chimango, en su
cabeza, comió ya los ojos de la explosión a él a los peckes. Y no tuve que
matar a ese chajá, sin una duda: tenía I quince años y uno despeja la
tierra de oxidado; y nadie sabía que busqué chajá para quitar las plumas a
él y para hacer escarbadientes. Presagio de Malísimo; tía Martina gritó al
lado del despoliation del pájaro, una pila de plumas grises, porque ella
sabía que, cuándo al chajá mata a su par a él, desea no más de largo la
vida y ella se deja dado del hambre y de la pena. ¡E inmediatamente, como
una maldición telúrica, ese verano memorable! Un sol rabioso cayó en el
llano inundado, levantando a las emanaciones calientes y a las
respiraciones venenosas que se parecían corromperlo todo, al cielo y a la
tierra, a los hombres y a los animales. Con tío Francisco, ambos al
caballo, nos cruzamos que la escena desolated, cabeza muerta cuereando de
ganados, mirando el extremo de las lanas que sobrevivieron en la colina,
descubriendo y ensamblando bóvidos los perdidos entre los cañadones y los
juncales. Y en ese alcance de la miseria, en el cual los muertos lo
conjeturaban cortina vindictive a I del chajá, se movieron y animaron, sin
embargo, un mundo volátil rico hasta locura: flamenco y cigüeñas,
mirasoles y gulls, cuervos y cisnes, instalados alegre en ese paraíso de
aguas reservadas y de acometidas vibrant. Y los mosquitos, a la oscuridad,
movilizada en nubes hambrientas; o esa invasión de los escuerzos que
pusieron a nosotros hasta en los dormitorios, que resoplaban como gatos
enfurecidos, y que matamos, día y noche, cruzándolos con los dientes del
soporte. Todos, los hombres y las mujeres, el funcionamiento por la
inundación, el hambre y la enfermedad se fueron: en la casa, demasiado
grande entonces, el tío tenía solamente Francisco izquierdo, tía Martina e
I. Era necesario rehacerle todo, granjas y huertas, y ahorrar los pocos
animales que sobrevivieron: conseguimos comer la carne dura de los gulls
que apretaron alrededor de sí mismos detrás del arado y que bajamos al
flechaste soplamos. La nueva población se levantaría en esa colina del
árbol único, segura de las crescent: mientras que tío Francisco armó el
esqueleto del ranchería, con sus esquineros y maderas de los mojineteros,
de sus lintels y de sus quinchos de la paja, dirigí el pisadura del fango,
poniendo a mí al caballo entre los enfangadas de las yeguas hasta la raíz
de la cola, y forzándolos a patalear en esa pasta de la tierra y del agua,
de toda él debajo del sol ardiente, de la humedad y del tarareo de los
tábanos que pincharon y durmieron los ahitos de la sangre, hasta que I a
los lonjazos en el cuello de la explosión de las yeguas. Tío Francisco rió
o tarareó, masticando su tabaco negro "la hija del Toro", mientras que él
hundió la paja en el fango, amasada y él arregló las salchichas del ajo
con lo cual fueron enderezadas encima de las paredes rústicas. Pero hacia
el extremo del trabajo que el hombre admirable se decayó quién había
superado tan muchos infortunios en el llano: él hizo taciturn y huraño, y
hasta el repudió (cosa increíble) su tabaquera de la cosecha del avestruz.
Que la tía Martina y yo de la noche oyó a él pedidos del grito del rodeo,
de la risa y del blaspheme, presa de la fiebre que la sacudarió en su cama
del
campo: un larguísima de la noche, en el cual al monólogo de ese hombre
exterior respondieron los mil gritos de las bestias acuáticas. Al día
siguiente la fiebre creció: tío Francisco sacudarió sus manos de los
terrosas, como si él se dedicara a una construcción invisible; y, con la
garganta secada, él solicitó para beber, o él luchó para ir al patio en la
búsqueda del tanque de la lluvia. La tía Martina y yo tuvo que atarlo a la
cama del campo con dos cinchones. Pero la fiebre se decayó en la
oscuridad; y tío Francisco, al parecer lúcido, expresó una urgencia
extraña al chocolate de la toma. Pues había ningún él en nuestra casa, era
necesario ir a la estación, a cinco leguas, entre de los campos allí
inundados y en el centro de la noche que se cerró ya, se ennegrece,
calienta y húmedo como un horno: Tenía quince años y una imaginación
asustada, pero monté sin vacillating el caballo del nochero, fui a los
brazos y me volví no todavía sé, a través de juncaIes densos, ponga en el
mire hasta cincha, en la noche que causa un espantoso extenso de alas,
conjeturando tranqueras y relajando los alambres en maderas de los
torniqueteros. Ese tío Francisco de la noche bebió su chocolate; y uno se
hundió al punto en un sueño infantil. Pero en el día siguiente nosotros
encontrados muertos en el pie del tanque de la lluvia, con una expresión
inmensa de la beatitud en su cara mojada. No todavía sé podría, casi
muchacho, para desnudar, lavarse y vestir ese cadáver que miembros pesaron
como lingotes, mientras que tía Martina, aterrorizado en su dolor, frases
incoherentes balbuceadas antes de una imagen de nuestra señora de Luján
que se reclinó en un esquinero, entre dos encendió velas. Era necesario
pronto buscar tropilla, elegir caballos, atar el carro e ir a Maipú, donde
uno se convirtió en velorio y entierro de tío Francisco. A la carencia del
corral que había destruido la inundación, ensamblábamos tropilla en una
esquina de cercar; pero esa mañana los animales como estaban locos
conducido, quizás debido a el viento: por tres veces, cuando las tenía ya
juntas, la madrina de la yegua dirigió el sonorous se dispersó; ¡la había
cosido a las puñaladas! Finalmente, con el sol alto ya, tomamos el curso
de Maipu ': en la caja del carro, en dos colchones, el cuerpo de tío
Francisco, todavía descubierta endecha la cara, sonriendo en su expresión
de la alegría final: Dirigí en la torre de perforación, con las cuatro
rienda en el puño; y a mi tía lateral Martina era un esfinge de semblante
contraído, sin gestos ni rasgones. Nos cruzamos hundimos los bancos: las
alas blancas, rosadas y negras batieron el aire en nosotros; sacudieron
las acometidas en flor y brillaron el espejo ferruginoso de cañadones.
Pero la cabeza de tío Francisco, sacudarida vigoroso en el viaje, sonreído
y ella fue balanceada en un movimiento continuo de la negación, como si,
aleccionado ya en uno más una realidad más profunda, tío Francisco que
dimitió al hermosura visible de este mundo por otro hermosura que ve
solamente los ojos half-closed. Mientras que fue el sol detrás, a la
tierra alta promovimos, allí donde el trigo rió sí, donde las flores
cantaron sí, donde las multitudes y los pastores dijeron sí. Pero la
cabeza oscilante negó y
sonrió: en su barba una mariposa verde había sido enredada. El
distraídamente de Adán Buenosayres estima su bolsillo en la búsqueda de la
pipa y del tabaquera. Inútil. Olvidado. heroico y sin el laurel en el
llano: muertes heroicas y sin el laurel. Tío Francisco, abuelos de
Sebastián, tía de Josefa, el Casiano Pampa: todos evadidos allí, en la
colina de Maipu '; colocado y dormido en la tierra del olorosa, después de
su batalla con la tierra; todos reconciliados con la tierra, en un abrazo
pasado; y quizás con el cielo, porque lo merecieron... Retrasan a Adán en
esa vuelta de la medianoche: el suyo a caminar él es lento y dudoso, como
el que esta' de quien él no desea llegar. Íntimo es la noche, abstrae la
calle, sin lluvia del principio ni del término. Y Adán deseó olvidarse y
olvidarse, osciló por el viento, o disolver como un pedazo de sal en el
agua que cae y cae susurrando su vieja canción del diluvio; pero todos es
un ojo despierto guardado que se convierte a sí mismo y se comtempla en un
uno cauteloso frío. Uno ahora ha parado al lado del umbral del viejo
Cloto, desierto como la noche: allí, la cortina de Cloto el hilandera, los
niños jugó al ángel y a demonio.
(Continúa en el envío simultáneo II (Segunda parte)
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3/Decimotercera Audición Mardafones:
Mardayayay
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¿Violentaron la "cuerda maestra" de la garganta Mardafón?
No, no hubo violencia. La cuerda se tensó por mutuo acuerdo.
¿Pero, violentaron de tal modo que se cortó?
¡Quién dijo! Parecen dos pero es una sola que grita a dúo.
¿Pero, por qué salieron Mardafones escupiendo fibra?
¡Quién escupe! Son cuerdas supernumerales que se cantan con las tripas.
¿Pero, por qué se tocaban Mardafones la garganta violentada con lágrimas
en los ojos?
¿Qué lágrimas? ¿Qué garganta? Se tocaban el cuello, el cuello de la
botella, de la botella que se sopla, y hace ¡tuuu!
Para oír la Duodécima Audición Mardafones, ir a:
http://david_wapner.tripod.com/Mardafones/13.html
Portal Mardafones, todas las Audiciones:
http://www.angelfire.com/de2/dwapner/Extremaficcion/Mardafones.html
Animardafones:
http://www.geocities.com/animarda/index.html
Mardablogues:
http://david_wapner.tripod.com/mardablogues
Importante: para oír las Audiciones Mardafones (MP3) basta con cualquiera
de los reproductores multimedia o de audio MP3 que se encuentran
disponibles para su descarga gratuita en la internet. Suponiendo que este
ya estuviese instalado, se accede entonces a la página Mardafones , se
cliquea en el enlace deseado y y se espera entre 5 y 10 minutos, hasta que
el archivo descargue y Mardafones comiencen su reproducción automática.
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4/Ana Camusso: Little Mondo: pariz-trutru
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Atacan a Pariz-Trutru en vela

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CorreoE x t r e m a f i c c i o N
Es un envío mensual de ficciones
Idea y dirección:
David Wapner
Equipo:
Israel: David Wapner, Ana Camusso, Chiflón
Argentina: Sebastián Bianchi, Gabriel Yeannoteguy
Uruguay: Martín Efe
Colaboran en este número: Tomás Astelarra (Argentina), Beatriz Actis (Argentina)
CorreoExtremaficción recibe colaboraciones que se leen y evalúan sin
compromiso de publicación; enviar a: vafner@shani.net
Números atrasados, colección completa:
http://www.angelfire.com/de2/dwapner/Extremaficcion/EXTREMA1.html
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