C o r r e O
E x t r e m a f i c c i o N

mensual de ficciones/aparece el día 5 de cada mes

Beer-Sheva/Israel/Tomo IV/Número 12/5 de marzo de 2004


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Sumario  

Edición regular, en dos envíos simultáneos)

Primera parte:
1/Timo Berger: Trópico cochabambino
2/Fukvio Franchi: El cliente
3/Una novela de mil páginas: Capítulo 7
4/Decimotercera Audición Mardafones: Llantafón
5/Ana Camusso: Little Mondo, clavos-pariz-trutru

Segunda parte:
6/Miguel Ruibal: Carpeta
7/Yanina Magrini: cromosoma_en_jeans

Extremaficción Tres:
reedición en formato digital del segundo número
de Extremaficción, tabloide, papel (Buenos Aires,
marzo de 1998)

 

1/Perro Regresa
2/Mario Varela: Fin de siglo
3/Fulvio Franchi: O no pasa nada, o es todo lo que va a pasar 4/Santiago Vega: El rincón del litoral (Cosa de negros) 5/Rolando Revagliatti: El poema de Miguel 6/Darío Rojo: Una pequeña explicación para todo 7/Juana Verdum: Dúo 8/Marcelo Tomé: Extraños frutos

En:
http://viejextemaficcion.tripod.com/


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1/Timo Berger: Trópico cochabambino
  
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Para Gladys Gonzalez





AQUÍ SÍ HAY GLAMOUR
Hay bares franceses para escritores
heladeras en la calle tiradas o a los techos extraviadas
cada refresco kitsch y un grafiti que dice fridge
guerras entre punkeros vecinos y okupas mezquinos
cada disquería para los DJ y para cada chica un DJ
una cumbia lounge en un boliche
se come pescado crudo como el cebiche
un döner kebab a las tres de la mañana
con musiquita de Valderama
un metro que corre toda la noche
gente que te sigue a troche y moche
una gasolinera que a la insominia cura
cuando la baja de alcohol te apura.
balcones, faroles y veredas
un chorro de agua fría cuando de Pessoa recitás poemas
una camarera que nunca te va a cobrar-
«¿Qué soy puta para que me quieras pagar?»

Esto no es Berlín ni Santiago
es un estado de ánimo





LA ALIANZA
De noche en una cabina de fotos
conocí a un emergente del Chapare:
un tal Wolfgango Montes Vanucci.

«Queré', cepe'?»
-me convidó sin correr
la cortina roja ni esperar
la respuesta.
En el alumino derretiéndose
burbujeaba:
la pasta.

La llama del encendedor
flameaba con los
disparos del flash.
Enlistarme en la tribu
de los motobenes
le prometí enloquecido-
«Fratello, fundemos frente!»

Un cuarto de hora después
un cuarteto de fotos
delataba la escapada de Wolf
a las Europas:
una cara hinchada
un chaleco blanco
y un cuerpo frío
que ya sólo
por inercia
respiraba.





DURANDS NIGHTMARE
Durand, ya no puedo escribir de vos, después de todo, después de... no sé en realidad que fue, pero sé que hubo algo. No digo que te afané faso y verso, no es por fanfarrón, seguro, copié, pero vos copiaste, todos copiamos, todos transamos, esa es la gracia, un día me dijiste- envejecemos, pero las mujeres siguen de veinte -otro día me dijiste- ella es poeta a pesar de que se acostó conmigo - hecho que -según vos- te hacía perder el criterio.

Te soñé Durand, que te hiciste amigo con Bin Laden, que desde el primer instante se dio un entendimiento mútuo, lo que decían de las mujeres, Bin Laden quería enclaustrar a todas, vos sólo a algunas, a la panadera, a la chica del Todo por dos pesos, a la cadeta de la empanadería, a la hija de la portera, a tu última aliada. Condenaban la poesía, Bin Laden salva a Al Corán, Durand a José Villa, a Temperley, a Elliot y a algun que otro poeta beat... ¡La poesía argentina me traicionó! -decías- ese monstrúo que frankensteineamente creaste y poseiste, esa troglodita que creció y creció hasta romper su jaula en La Rioja.

Durand y Bin Laden, en un cíber de Managua, coinciden en grabar un videoclip. Durand vestido de beduino, Bin Laden de poeta bardo, los dos pitando una shisha, Durand con tos, Bin Laden le palma la espalda, agarra una guitarra, Durand una harmónica. Y se ponen a cantar viejas canciones de Dylan. I shall be released...








PD: En otra pesadilla Durand se despierta y dice que ve pequeños puntitos negros flameando por su retina, un arcoíris perforado.




ALAS AL ALBA
Desenfrenados templamos
en el espigón que sale
de la rambla, el sol.

Acere, mi negro -me desafió
en el borde del peñasco a otra
ceremonia retumbante.

No teníamos para romper
el ayuno, ni migas
para las gaviotas.

Mientras su cansancio
buscaba cobijo, anticipé
otra mañana sin rumbo fijo

L'AUDISEA DE HOMERO
Desde que viniste ni un solo día
que no nos drogamos.
Yo no traje el problema de las drogas.
Sí, lo admito, pero vos lo fomentaste.
Con tus regalitos en botecitos de film
Con tu música -esa perfecta banda sonora
para salir de viaje, para comerse un bicho-
Con tus pips y trics que escalofríos dan
que corren como hormigas debajo de la piel
que derriten el chocolate lisérgico
en un café de la Schönhauser Allee
En una de tus audiseas
deambulás por barrios desconocidos
captandando con microfono ruidos y sonidos
grabando hasta un film, un labiríntico sinestético
maldito film sobre amigos y enemigos
una cinta de crujidos.
Decís- por ahí
Decís- se me hace
Decís- convengamos que todo gira alrededor de SEXO y SONIDO sex'n sound, sex'n sound, sex'n sound... ¡Chupan esos pibes, cómo chupan! ¡Tomen ustedes, chicos, yo ya no puedo! ¡Bajá el volúmen, por favor! ya vino el vecino de abajo con el hijo mongo. Me dice- mi hijo tiene problemas mentales, la música -tú música- le provoca convulsión. Me suena, me suena. ¡Igual es un flash!






ANESTIS LOVES BLANCANIEVES
Anéstis lame la cutis
de Blancanieves de Padua.

Encubierta la ciudad por una capa de nieve
registra sus pasos
al volver caminando
a casa.

Anéstis toma pastís
en el almacén de la esquina.

Empapada su mente de alcohol
registra sus fantasías
al volver arrastrándose
a la cama.

Anéstis se jacta de un croquis,
Blancanieves se enamora de Rudis.






MI CÍBER FAVORITO
El chico de auricolares grita «¡Messerkampf!» (*)
saca una faca virtual y arrasa
con todos los combatientes.
Es un juego electrónico.
Ni un gesto de alegría cuando acaba
sólo una frenada, una frente sudada
manos crispadas y ojos hinchados
que registran su nuevo record.

Cuando en las máquinas
se les acaba el tiempo
los chicos se paran de las sillas
se echan a correr y se persiguen
sin pagar por el pasillo.

El gordo lentamente desconecta
los auricolares gruesos
y sin ningún gesto de descontento
se lanza a correr a los demás
como recibiendo ordénes por onda corta
de vuelta grita «¡Messerkampf!»
y cuando quiere pasar por detrás
de las sillas ni pregunta.

Desde que sacó la faca de acero
nadie lo para. Arrasa
con todos los combatientes
y debajo de las pácificas máquinas
charquitos de sangre.





(*) riña a cuchilladas






BUKI NO MORE
Cuando entré al bar
de siempre
Bukowski no me prestaba atención.
Estaba tirado en el sofá
con una chica a su lado
oliendo a vómito.
Algunas moscas revoloteaban sobre su cabeza.
Dicen que iba embriagado a los bares
para volver sobrio.
Me acerqué y la chica me miraba
como si el intruso fuese yo.
No existían los demás cuando estaban juntos.
La chica empezó a hablarle cualquier cosa
para que yo no pudiera decir nada.
Pero de repente, Buki se incorporó.
Debe haber escuchado mis pasos
que repercutían en las tablas de madera.
«¿Qué quiere, mozo?» -preguntó.
Hablando mostraba su mandíbula.
Le faltaba casi la mitad de los dientes.
La chica se puso inquieta
y prendió un cigarrillo
pero no fumaba.
«Estámos cerrando» -me atreví a mentirles.
«Todo bien» -dijo Buki reacomodándose en el sofá.
«Sírvese un trago, Mozo, pago yo...»




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2/Fukvio Franchi: El cliente
 
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El cliente

Una vez que los pantalones blancos de la chica se meten en la oscuridad del barrio. Una vez que los dos círculos de las nalgas se sumergen en las sombras, lentamente. Un eclipse de culo. Una vez que los pierde de vista, recién una vez que, el cliente empieza a caminar en sentido contrario. Sin más destino que el sentido contrario. Al de la chica. Espera. Encontrar abierto el almacén. Pero nunca antes de haber decidido el sentido contrario. Lo decide y recién ahí, sí, lo espera. Encontrar abierto. Contrario al de la chica. A mitad de cuadra se detiene a encender un cigarrillo. De un edificio abandonado sale el ritmo. ¿La música? Que no corta el silencio negro. Ni ahí. Ni ahí que lo corta, pero sale. De una ventana. Del edificio. No advierte si la música. Sí el ritmo. El ritmo desde el resplandor amarillo. La única ventana en vela. Rectángulo de luz en vela. Vigilia del ritmo. No si la música . Resplandor amarillo, la ropa colgada, el musgo crecido entre las piedras, los helechos excediendo los balcones. Bajo el ritmo. La única luz que contornea los objetos de la noche. Los contornea. Los cabronea. Los blenorrea. Edificios viejos. Edificios de piedra. Edificios indestructibles. Chorrea la amarilla luz. Le chorrea blenorrea. Edificios viejos. Edificios de piedra. Edificios indestructibles. Chorrea la brasita que queda flotando en la noche. La brasita nochea. Edificios seculares. Hermosas barandas de pequeñas columnas corintias. Con sus copas de acanto y sus femeninas siluetas de guitarras culonas. Iguales y equi. Distantes. Origamis de piedra sobre la noche. Recortadas contra el papel negro. Y desplegadas. Sobre la noche. Las viejas columnas sostienes sogas cargadas. De ropa multicolor. Como ancianos, puestos a sostener entre sus brazos una madeja de lana. Arquitrables descascarados. Frisos incompletos. desgarrados por la saludable barbarie del tiempo. Cariátides con musgo en las axilas como vello crecido. Plantas sin poda. Plantas dejadas crecer y enroscarse entre las columnas descender de los balcones aferrarse a los dinteles esculpidos. Imposible lección de arquitectura bajo el ritmo. Pasos que ascienden en el aire húmedo. Abriéndose paso. Entre las gotas. De la llovizna perpetua del invierno. Finasgotas. Lloviznaperpetua. Sobre el cuello de piel oscurecida. De la compera de gamuzón marrón. Cuello de piel oscurecida abriga. Sobre las orejas el ritmo. Piel sucia abriga. De las finasgotas. Ennegrecida por la lloviznaperpetua. de tizne. De mugre. Como en las columnas tiznegre. Como en los frisos mugrela. Mugrela. O La Mugre. En cada surcorranuraorificio. Los pasos apenas se oyen. Apenas los pasos. En la noche. Como los calzones de mi abuela, las suelas de los zapatos son de goma. Surcorranuraorificios de los calzones. Digo de las suelas. Y el frío húmedo de la vereda quesube sube sube. Se enrosca como planta por las paredes el frío en los huesos asciende montado en la sangre y las demás porquerías que circulan se aferra a los nervios esculpidos con paciencia sobre la carne. Deshecha la relación. Elegido y seguido el sentido contrario. Al de la chica. El cliente. ¿Es aún cliente? ¿Estamos en nuestro derecho de llamarlo cliente, cancelada la relación comercial? Olor fuerte de la hembra que no afloja. Prendido de las narices. Su humedad lubricia colgada de los testículos aliviados. Húmedolúbricopúblico empaste honra al calzón. Subpúbico. Su último beso, etéreo, celeste, lo despidió de su carne blanda. Tras la abundancia la ración. Tras el movimiento la calma. Tras el trabajo el reposo. Tras la duplicación. Ya ha dejado de ulular sobre sus ancas fofas. Hecho el amor, el lobo busca comida. Rectángulo de luz blanca le da a la vereda. No hasta el cordón. Cubo de luz. Caído sobre. El almacén. Donde todo es grasiento. El almacén. El Emporiode la Grasa. Un trabajo fino. De años. Una lenta erosión, secular. Envaselinar al almacén con grasa par que pase por la noche estrecha. Ni un rincón. Dejado al azar. Cada empanada, cada tortilla, cada porción de pizza. Cada aceitosa sacudida del colador de papas fritas. Cada chorreante pollo sacado del espiedo marca Poyín, ilustrado por un simpático pollito extrañamente alegre de (¿a pesar de?) su destino dantesco. Cada milanesa abortada de la sartén. Cada cosa que chorreó perdió manchó salpicó. Contribuyó. Al presente. Frío, patinoso. Ya desde el rectángulo. De luz blanca. Que ilumina la vereda. Sin llegar nihasta el cordón. El vidrio que protege la comida, por supuesto, chorrea grasa. Las voces de la televisión que salen de una puerta oscura, del fondo, son voces de grasa. Sonidos pesados inconsistentes grasientos repartiendo premios desde el interior del almacén. El cliente paga. Paga. Entrega su billete a la circulación por los circuitos de la grasa. El almacenero cobra. A cambio de un reluciente. Paquete de papel blanco con anchos lamparones. De grasa. Los movimientos de la boca del almacenero sacuden un fideo que cuelga del bigote húmedo de sopa. Se queja de los precios. Señala las latas de tomate. Loque las cobra. Loque las paga. Lopo co que gana. señala los salames. Loque los cobra. Loque los paga. Lopo co que gana. Y por fin la noche fría. De nuevoen la noche fría. El cliente advirtiendo la llovizna. Recién. Al mirar que enfrente. Por el resplandor azul del televisor delatada la garúa. Las gotas como púas. Por la luz azul. Garúa. Finito, claro. Que sale de una ventana. Pintada sobre un vidrio. El vidrio con un agujero triangular en un ángulo. Tapado por un cartón. Mojado por la garúa. Lloviznaperpetua. Que la simple luz hace visible. Y el control de la cuadra lo tiene el esqueleto espejado de una antena. La antena flaca cuelga del balcón. La leve brisa la sacude. La ciudad nocturna, peligrosa, está agazapada. La ciudad pantera. Pasombras doblan la esquina. Raudos. Pasos escondidos en los pétalos. Plegados. De las rosas marchitas del invierno. Baldosas que escupen irritadas. Contra el pie. El agua podrida en su vejiga oscura. La botamanga la liga. El cliente sigue su camino pensando qué le falta comprar.




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3/Una novela de mil páginas: Capítulo 7
 
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Página 120

Pero Barnes no se inquieta, sigue apretando la cajita con una mano, mientras que con la otra revuelve. Está en esto, cuando una piedrita salta de la mezcla y se le incrusta en un ojo. Barnes suelta la caja, deja la cuchara se hunda en la olla y corre a baño, en donde se lava, se pasa un trapo húmedo, pero soluciona el problema sino que, por el contrario, lo empeora. En e hospital de ojos le extraen el proyectil y le vendan el ojo para que Barnes, a las tres de la madrugada, deambule por una avenida, en busca de un taxi, que se demora, por el frío. '¿Qué pasa si me saco el parche?"



Página 121

El sueño obligó a Thelma Rossenthal a estacionar. Se quedó dormida de inmediato; cuando despertó, se encontró fuera del vehículo, el cual estaba a unos dos metros de distancia, con la radio encendida, que transmitía un programa dedicado a Romualdo Román, fallecido el día anterior.



Página 122

Todos mis rivales viven triunfando, yo, apenas me levanto, tiemblo. Entre la pila de papeles que fui juntando a través de estos años, hay un fajo que contiene lo que un día imaginé como mi "carta de la victoria". Querría agarrarlo ahora mismo y quemarlo, pero, la verdad, no puedo, porque , lo que ,e atenaza, no es mi voluntad, sino la fuerza que se desprende de aquellos mi enemigos quienes se la pasan venciendo.



Página 123

Así, en el parque o en la vereda, el aparato singular hace de las suyas, y sólo ante el agua se detiene. Y agua no falta en esta propiedad, que linda con el río. Los de enfrente están a la espera de que cualquier día se arruine. No por envidia, pero tampoco por otro sentimiento más noble.



Página 124

Para qué: cuando lo derribó con una zancadilla, impulsó un doble derrumbe: el físico, pero el moral de Garbarino. Antonio Garbarino, el casi matón, el casi malo, el casi duro, ahora, quebrado en su cordaje, rajada su tabla armónica, da su última nota, justo en el momento en que una banda de altillo ensaya con las ventanas abiertas.



Página 125

¿Y el pan? ¿No lo comía? ¿Qué tenía ese pan? Era, según se mostraba, una pieza de estilo ruso, crocante y oscuro por fuera, esponjoso por dentro. No ofendía a nadie en este estilo, su forma tosca lo eximía del doble mensaje. La pregunta a la que nadie responde es por qué fue relegado en forma progresiva, hasta ser convertido en el más abandonado de los panes.


Página 126

Suéltenlo, por el amor de dios, suéltenlo. No, no, ¡déjenlo en paz, no les ha hecho nada! Es tan nuevo, tan plano, libre de arrugas, queŠ ¡no! ¡Déjenlo en paz! O yo, que valgo menos que él, los mato a todos ustedes, a palos, o como fuere.


Página 127

Es de una especificidad tal, que al tocarlo no se siente que está, ¿me doy a entender? Es como si fuese el nombre de lo que es, pero la cosa en si no se transmite, ¿sí? ¿Está más claro? ¿No? Cómo te puedo decir, es una especie de ala, pero no hace volar, pero está en el aire. ¿No me doy a entender? No se me ocurren más ejemplos. O sí, pero da lo mismo.


Página 128

Aunque Barnes tenga razón, Ramona Miller no le cree, pero no se lo dice. Lo observa, lo deja hacer, le concede a veces, y cuando Barnes se levanta, le suelta una risa, que lo hace a Barnes girar. Ramona Miller aplaude, y no hay explicación aparente para esto, pero Ramona tiene sus razones, y esto es lo que ofende a Barnes.


Página 129

"¿De quién es esa voz, que, en primera instancia, creo reconocer, y que, a último momento, suena extraña? Tengo esa preocupación desde hace tres días, y no me deja dormir". Marga Rosenthal pasa al lado nuestro, dice lo suyo como su susurro, ya se perdió entre aquellos que salen del Ministerio de asuntos Interiores.


Página 130

Barnes, sentado frente a Francisca, se muerde los labios al tiempo que la mira, "son dos huevos fritos", se adelanta Francisca, "de qué te pueden servir". "Yo no dije nada", se defiende Barnes, "pero me podés mostrar". Francisca retuerce una hoja que acaba de arrancar de una libreta, "no dijiste pero pensabas", y Barnes, "no, no pensaba ni dije, sólo queŠ ", y Francisca, "vamos, vamos, ya estabas preparando el pan". Barnes se turba, "qué me estás diciendo, qué insinuás que yo", y se calla.


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4/Decimocuarta Audición Mardafones: Llantafón
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¿Qué ahoga a Mardafones que nadan en llanto?

¿Qué dice? Si nadan, no se ahogan.



¿Pero han visto a Mardafones en llanto a moco tendido?

Falso. Mardafones, un llanto seco, liso, para patinar.



¿Pero llanto en cascada que explota de los lacrimales Mardafón?

¿Qué dice? Cataratas velan la luz del cuarto-dormitorio Mardafón



¿Pero ese mar de llantos en a luna de los rostros Mardafón?

De ningún modo, confunde el trabalenguas: Mardafones en yunta emparchan la luna en yanta.



¿Pero por qué lloran tanto Mardafones sumidos en llanto?

No, no, no: no lloran, yantan



Para oír la Decimocuarta Audición Mardafones, ir a: http://david_wapner.tripod.com/Mardafones/14.html

Portal Mardafones, todas las Audiciones: http://www.angelfire.com/de2/dwapner/Extremaficcion/Mardafones.html

Animardafones:
http://www.geocities.com/animarda/index.html

Mardablogues:
http://david_wapner.tripod.com/mardablogues


Importante: para oír las Audiciones Mardafones (MP3) basta con cualquiera de los reproductores multimedia o de audio MP3 que se encuentran disponibles para su descarga gratuita en la internet. Suponiendo que este ya estuviese instalado, se accede entonces a la página Mardafones , se cliquea en el enlace deseado y y se espera entre 5 y 10 minutos, hasta que el archivo descargue y Mardafones comiencen su reproducción automática.


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5/Ana Camusso: Little Mondo: clavos-pariz-trutru
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Juegan en pariz-trutru como si fueran clavos

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CorreoE x t r e m a f i c c i o N

Es un envío mensual de ficciones

Idea y dirección:
David Wapner

Equipo:
Israel: David Wapner, Ana Camusso, Chiflón
Argentina: Sebastián Bianchi, Gabriel Yeannoteguy
Uruguay: Martín Efe
Colaboran en este número: Tomás Astelarra (Argentina), Beatriz Actis (Argentina)




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Números atrasados, colección completa:
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