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Sumario
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Extremaficción Dos:
reedición en formato digital del segundo número
de Extremaficción, tabloide, papel (Buenos Aires,
diciembre de 1997)
1/Helicópteros
2/Néstor Colón: La bola épica
3/Daniel Durand: Ignición
4/David Wapner: Familia
5/Juan Desiderio: Sueños
6/Ana Camusso: Efectos especiales
http://viejextemaficcion.tripod.com/
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1/Leopoldo Marechal:
capítulo quinto de "Adán Buenosayres", en traducción aiutomática
Google (castellano-inglés, inglés-castellano)
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Adán toca el mármol congelado, en una suerte de la caricia. juego de
símbolos. ¿Qué buscan a ángel y a demonio? Una flor. ¿Qué flor? El alegre
o el triste predestined se levantó. Sí, el juego de los juegos, quizás.
¿Pero si el alma recibe el nombre de color de rosa o el clavel antes del
ángel y del demonio viene exigir su clavel o se levantó su, dónde él se
deja la voluntad libre de las almas y dónde su responsabilidad? Juego de
leyes oscuros: los teólogos en la condición. En cualquier caso, el juego
de los muchachos él con alegría, como si fuera una comedia y no un drama.
¿Y si no era un drama, solamente una comedia indescriptible del gran
autor? Entonces sería necesario jugarlo tiene gusto de los niños, con
inocencia y la alegría, que entregamiento maravilloso de los niños y de
los santos. El drama consiste en perder inocencia y alegría. Por esa razón
aconsejó: "Haceos tiene gusto de niños." ¡Difícil! Amperio hora, el viejo
Cloto ha jugado bien, sin una duda: ¡Creo que el ángel eligió! Éramos
algunas veces, al amanecer, delante de San Bernardo: Vuelvo en la noche,
sin él para haber dormido, sucio de relojes malgastados y shamed antes de
la nueva luz que ella lastima a mí como un remorse; Cloto sale de la
iglesia, para haber oído después la masa del amanecer, con su chalón
reparado en la cabeza y su viejo rosary entre los dedos. Nos miramos, I y
envidioso sucios, limpia y exige. Ella sonríe a mí: Creo que sonríe a mí
para escogerme, a menos que la sonrisa de la vieja sea universal como la
luz. Y Cloto redime con su vistazo y su sonrisa a mí: todo sabe a él y
absuelve a mí, quizás porque ha recuperado la sabiduría de los niños que
juegan al ángel y a demonio. ¡Cómo es bueno sea esta noche apoyar sienes
en sus rodillas duras de la abuela, y escuchar de su boca el gran secreto!
la puerta de la calle de la casa de Adán Buenosayres vacío pero es el
umbral de Cloto, y Adán Buenosayres lo toca, en una suerte de la caricia.
La noche sin límites, la calle y la lluvia infinita veladas crean en torno
el suyo una atmósfera abstracta en la cual, sin esfuerzo algo, conjeture
el alma y se conjetura. Nunca sentía a Adán, como ahora, la certeza de un
gran divination; pero todos es un ojo despierto guardado que se convierte
a sí mismo, incluye su propia indignidad y él dice que él es ya demasiado
tarde para recolectar la sabiduría de Cloto. Por esa razón, al volver a
tomar su manera, toma en se la noción de su muerte definitiva. ¿no know?y
es bueno que no la sabe? ¡que va solamente herida y que la naturaleza de
sus dolores es admirable! ¡Es sola creado y derrotado, y no sabe que el
suyo alrededor de servicios militar invisibles acabe el satisfacer y ahora
luche por su alma, en un entrevero reservado de las espadas angelicales y
de los tridentes demonic! ¡No la sabe, y es bueno que no hace caso de él!
¿Pero, no es que la flor del districto? Sí, Adán reconoce la flor del
districto que, puesta en el hueco de su puerta, espera como siempre el
extranjero, coloca los ojos en el corazón de la calle, pintarrajeada y
vestido como un fiancèe del juguete. Según el índice del viento, que baila
una luz tiros a él y él retira sus arranques a él de la luz; y Adán, hecho
frente la mujer ahora, observa que su cara poner crema manchada no tiene
vida, que no se mueve las pestañas duras del rimmel, a que sus miembros
sea rígido como nunca debajo de las ropas de colores motley. Y él le pide:
¡"flor del districto, a el cual no retrasa" nada! La flor del districto no
responde. Un terror desconocido agarra entonces de Adán Buenosayres: se
parece ahora notar algo a él de artificial en esos ojos, esa boca, esos
músculos aterrorizados de la cara. La sugerencia está tan viva, ese Adán
no resiste al impulso para tocar esa cara. Pero no bien, una máscara de la
cartulina se tiene a la izquierda entre los dedos. Y aparece el semblante
verdadero detrás de la flor del districto: los ojos cóncavos, la nariz
mordiscada, la boca desdentada de la muerte. ¡Imaginación! ¡Duro siempre
trabajada, como ahora, en su telar del mentiroso! No era bastante a mí
para forzar a las criaturas, exigiendo a ellas lo que él no tenía o no
sabía para dar; pero eso, autorizándome de sus fantasmas, hice que
satisfacen destinos extraños a su esencia, poética algunos y otros
vergonzosos. ¡En cuántos inventaron posiciones que era i puesto mismo, el
tejer del humo, de mi niñez! Confieso para haber imaginado la muerte de mi
madre, y la entonces para haber sufrido en sueños, como si ella fuera
verdad. Confieso para haber derrotado al campeón mundial Gato Dempsey, en
el jardín cuadrado de Madison de York nueva, antes del gritería frenético
de cientos mil espectadores. Confieso para haber hecho coche del banco del
salto el montaje él, en una noche prodigious, y pronto para haber separado
me, ricos del oro y melancolía, entre una fila cortesana y hermosa
internacional doble de los prostitutas de los tahures. Confieso para haber
sufrido la furia del ajuste, debido a amors celosos, y para tener chalet
demolido Crespo, sin otro utensilio ese una batalla del macis. Confieso
para haber estado al pionero del Patagonia, y haber fundado allí la ciudad
y el puerto de Orionópolís, famosos por su extensión, dueño y señora
navales de los siete mares. Confieso para haber ejercido la dictadura de
mi país de la madre, que, bajo mi regla, sabía una nueva edad de oro por
medio del uso de las doctrinas políticas de Aristotle. Me confieso para
haber dado al asceticism más puro de la provincia de las corrientes, donde
curé leproso, yo hice milagros y alcancé el bienestar. Confieso para tener
existencia poe'tico-filoso'fico-heroico-licenciosa vivida en la India de
Rama, Egipto de Menés, Grecia de Platón, Roma de Virgilio, la edad media
del monk de Abelardo, en... ¡Es bastante! Adán Buenosayres desea conseguir
librado de esos niños monstruosos de su imaginación que ahora vuelvan, una
después otra, marzo más allá antes de su conciencia avergonzada, contornea
los gestos ridículos, posiciones del teatro, actitudes de los malditas.
Pero los monstruos insisten; y Adán tiene la impresión que dan vuelta en
torno el suyo, riendo como demonios, aplaudiendo sus bocas de los
ululantes y desviándose sus ojos malos, en un carnaval redondo. ¡Él es
bastante! ¡Él es bastante! Me he estropeado solamente verdadero, para
asumir cientos formas inventadas, tejiendo el destino del humo. O quizás,
a la manera de un dios inmueble que, sin alterarse ni romper su unidad
necesaria, desarrolló el anuncio intra sus posibilidades, como soñar...
¿Analogía? ¡No! Megalomanía. ¡Solamente un literato! Demonic angelical y
las espadas de los tridentes golpearon sin ruido en la calle de Gurruchaga:
disputan el alma de Adán Buenosayres, un literato; porque, según la
economía suprema, todo el universo visible vale más el alma de un hombre
que. Pero Adán no lo sabe, y es bueno que él todavía no lo sabe. ¡Puf! Sus
narices ahora cogen las primeras emanaciones de la curtiduría "la
universal", ese yergue a un tiro de la piedra, con su stinked fuera de las
paredes y de su lluvia inferior grande oculta de las ventanas, viscosa y
brillante, como hongo malo. Antes de enfrentar la curtiduría, Adán se para
en la esquina, el dudar del
alambique: ¿lo hará, como de costumbre, una inspiración profunda, y
voluntad ahorraron el área peligrosa, contentan la respiración y a la
raza? del suburbio: capitalistas y coimeros despiadados de la inspección.
Un olor del carrion, del día y de la noche. Sí, el mismo de los animales
muertos en el llano: Los he visto descomponerse al sol, a hervir de
gusanos y a zumbantes de moscas, exhibiendo para sumar la luz verde y
violeta toda la gama de enfermo que da la carne corrompida. El más todavía
rebelar el stench del carrion humano: en el cementerio de Maipú, ese día,
mientras que el resto de los abuelos de Sebastián exhumaban, yo sabía el
olor terrible, y el estómago en náusea dolorosa tieed a mí. La carne
corruptible no apoya la repugnancia de su propia disolución. Pero el alma
no tiene sentido del olor: ¡Antígona venerable, disputando a los cuervos y
a los hombres el cadáver de su hermano, satisfaciendo el rite fúnebre, a
la medianoche, solita su alma entre el polvareda y el stench con lo cual
grita la carne su derrota! O esa Rose de Lima, humores el beber de la
úlcera para humillar la rebelión de su mortificado del cuerpo tan ya; o
Ramon Lulio, que aconsejó no al rehuír el olor de los retretes, para
recordar a menudo qué da el cuerpo de sí mismo en su miseria tan con
frecuencia olvidada. ¿Y por qué no haría I, esta noche? ¡Absurdo! Pero
Adán se ha enviado en la curtiduría, y, en medio shamed y peculiar de sí
mismo, lo cruza ya su acera con la lentitud deliberada, aspirando los
stenches se llegan a ser más intensos que mientras que avanza. Y una gran
ansiedad agarra, mientras tanto, de los servicios militar invisibles que
luchan alrededor el suyo. Porque la batalla ahora recibirá otra tarifa que
Adán, sin saberla, él ha sido beligerancia declarada. Él es ya él al lado
de la puerta interna de la curtiduría, debajo pues las viscosas de los
chorreaduras resbalan hacia las aguas negras y: parado allí, Adán apoya su
cabeza en el hierro mojado y recibe cuidadoso las emanaciones. Una primera
náusea lo sacudare hasta los pies; pronto, entre los anguishes y los
trasudores, vomita de largo contra la puerta interna. Todavía Jadeante, y
secando los rasgones y suda con su pañuelo, Adán mira fijamente la calle:
ni un solo testigo. ¡Él no hace caso de él que el suyo alrededor mil ojos
buenos lo siguen, y que ahora explota la batalla otra vez en torno el
suyo, porque los momentos definitivos se acercan ya! Adán no lo sabe, y es
bueno que él todavía no hace caso de él: peculiar de sí mismo, sonriendo
antes del uselessness visible de su gesto, él deja la puerta interna y él
reasume su marzo. Desarmonía de su cuerpo manejó por un momento silenciar
esas voces íntimas que han venido persiguiéndolo a través de la calle;
pero o uno no separa de la curtiduría, ellas van otras voces, ellas murmur
o gritan en su alma, como si la calle supiera que el número exacto de sus
remorses y él lo recordó, uno por uno, con el prolijidad inexorable de un
juez. Allí es el vestíbulo de las muchachas (murmuro, susurros), del
desierto ahora, de sombrío y de mojado como un grotto. young?Cuerpos,
adulados por la luz y crecientes ayer de precio en la alabanza que gritó
mi sangre a ellos de la derecha aquí: Ladeazul, Ladeverde, Laderrosa,
dispersado los tres en mil gestos que provocan (ah, sin quizás saberlo, o
saberlo quizás del primer Eva). Animal de Splendor que va, llamando, a los
oídos de la carne; pero ese llamadas con la voz espiritual del hermosura.
¡Sí, es la ambigüedad y la trampa invisible allí! Me caí mil veces, antes
de saberlo; y más adelante otros millares, pero entonces con la conciencia
nublada de la cual él se presta voluntariamente a un juego vergonzoso. He
tomado esas formas de la mujer: Tengo transfigurado ellas, insenced y
cantado; para humillarlos, destruirlos y dejarlos más adelante, según la
violencia de mi sed o de la decepción de mi sed. La amargura de esas
reprobaciones íntimas, Adán de Savoring que Buenosayres lucha, en su
congoja, de modo que no salgan de la tierra abstracta en la cual todavía
resuenan, asustado de imágenes eso cualquiera despierta en su memoria, de
que va a continuación cualquiera como los testimonios vivos, que algo
opinión o gesto, imprecisas aún. Pero las imágenes ganan a la puntería y
se acometen: gritan sus nombres a él de la mujer, ellos desnudan con el
animal del impudor, ellos exhiben frío sus costumbres del amor, envían el
aullido mecánico de su éxtasis, repiten como loros las enormes palabras
que un día que su locura dictó a ellas. Y Adán Buenosayres, arrinconado,
intenta lucharlos, silenciarlos y darlos detrás a la cortina de que ella
salió. Pero las nuevas figuras ahora avanzan; y cuando las reconoce Adán
siente una frialdad del terror. Porque no son las criaturas vehementes que
se quemaron un día en sus propios fuegos, pero desnudado y las víctimas,
los que sufrieron violencía y dolor cosechado. ¡Y están demostrando o sus
dulce caras de los llorosas, o sus gestos a él de la furia, o sus bocas
abiertas adentro están de petición, apóstrofe o amenazan! Pero, entre
todos, uno aparece yergue, Euménide terrible repentinamente. ¡No, ella no!
balbuceos Adán, ajuste del lugar de un sudor congelado. Porque el Euménide
clava sus ojos secados ya a él y tiende a rojo le da de la sangre. ¡Ella
no! Adán, y se gira sí mismo, como sacudarir eso imagen vindictive.
Entonces se parece a él que toda la calle se levanta contra él y grita con
cada de sus puertas, ventanas y claraboyas: ¡"Adán Buenosayres! Él es Adán
Buenosayres "y Adán ahora huye, cruza la calle de Gurruchaga, perseguida
cerca cerca por el Euménide que grita palabras de los ininteligibles
detrás. Ruth, el declamadora, clucks de la tienda de sus
tobacconist: "Melpómene, el Musa de la tragedia, viene" y Polifemo, de su
esquina, tiende a una mano hacia el Cristo de las alturas y de los
recites, como un diablo irónico: "pagaraaaaa '" parroquia "San Bernardo"
de Dioooos del San Bernardo de la parroquia (Gurruchaga 171, circa Julio
2003). La iglesia del yergue del San Bernardo su torre única en la noche:
cerrado es la puerta del hierro, abandona el vestíbulo y sin más vida que
la que esta' de sus desmelenadas de las palmas al viento. Adán Buenosayres
ha parado allí, con el resuello sacudarido y el corazón que batía. Cogido
en la rejilla, él mira alrededor el suyo y él escucha: nadie y nada: las
voces se han cerrado para arriba y desaparecieron las imágenes. Entonces
la nube gruesa de sus terrores, anguishes y remorses estalla en un sollozo
que las sacudidas él y ahoguen, como la náusea de la curtiduría. Pronto,
sin dejar la rejilla, levanta sus ojos hasta el Cristo de Mano quebrado; y
permanece así, mirándola y gritando suavemente: Confieso en usted al verbo
que, sólo con el nombramiento de ellos, creado los cielos y la tierra. De
mi niñez he reconocido a usted y admirado en la maravilla de sus trabajos.
Pero solamente al rastrearte por las pistas peligrosas del hermosura me
fue dado; y engañé las maneras y de ellas retrasa a mí '; hasta olvidarse
de que eran solamente maneras, e I solamente un viajero, y usted la
puntería de mi viaje. Adán se interrumpe aquí desalentó repentinamente: se
parece a él notar que sus palabras internas, lejos de ganar altitud, están
bajadas mientras que los pájaros de la arcilla intentan no bien superar el
vuelo. Y, mientras tanto, las espadas angelicales y de los tridentes
demonic han suspendido su lucha; porque la hora llegó en qué Adán
Buenosayres debe luchar solo. ahora en su alma, también confieso en usted
al verbo que, por el amor del hombre, tomó la forma del hombre, asumido su
deuda infinita y la redimió en el Calvario. Nunca era difícil entender el
Prodigy de su encarnación humana y de los misterios a mí de su vida y de
su muerte. Pero de maneras tristes estropeé y ofendí la inteligencia que
usted me dio como el regalo. Cristo de Mano quebrado Cristo de Mano
quebrado Con los ojos puestos en el Cristo de Mano quebrado, él guarda el
silencio Adán, esperando una muestra inteligible, un solo eco de sus
voces, la cortina de una comunicación. Pero algo no nota la señal, como no
es el frío estelar que se parece llover de la parada en su agonía.
Entonces una relajación más dolorosa comienza en él que la tensión. Adán
no hace caso que mil ojos invisibles están gritando por él en las alturas,
y que los de la espada, en torno el suyo, han comenzado a mirarse y al
sonreir ellos mismos, como si de la eternidad tuvieran un secreto
inviolable. Y Adán intenta la llamada
pasada: ¡No puedo más con mí! Soy cansado hasta la muerte. I. Las campanas
del cielo han comenzado a redoblar, y redoblan a la rejilla de la
celebración de los triunfales del San Bernardo que las voces estallan en
los nueve coros de arriba; porque toda la creación visible vale más el
alma de un hombre que, y porque un alma está luchando bien al lado de la
rejilla de San Bernardo. Pero Adán Buenosayres no los oye, y es bueno que
él todavía no los oye: con sus ojos puestos en el Cristo de Mano quebrado,
él vuelve a la espera el aviso de la cual quizás él ha escuchado él. Y le
contestan otra vez el silencio que los flujos del cosmos, de los silbidos
de las palmas lanzadas y del tarareo de la lluvia. Su bancarrota de la
voluntad entonces: desciende su vistazo, él le da vuelta en sus talones y
él permanece como abrumado allí, en comparación con el círculo ligero los
proyectos de una esa luz en las piedras que pavimentan de la calle. Un
perro pequeño negro camina esa manera, asentando aquí y allí en sus
lugares traseros de las piernas, del gemido y el oler, en el torment de
una deposición ardua; y Adán Buenosayres, muerto por sí mismo, sigue ahora
con los ojos todavía mojó los alternativas de ese drama pequeño. la
esquina de Gurruchaga y de Warnes Cuzco negro se tiene en la noche
perdida. Adán cruza la calle de Warnes y él entra en la que esta' de Mont-Egmont:
a la crisis de su alma el gran silencio interno sucede ahora que se lleva
del mutismo a el cual han incorporado su memoria, su comprensión y su
voluntad. ¿Pero, qué aparece es el que al duer a mí tendió en el umbral de
su casa? ¿el linyera?se responde Adán? Un hombre pobre del linyera a que
ella ha dado con sus huesos en Buenos Aires y facilita para arriba donde
ella toma a asimiento la noche. Las llaves a disposición, Adán consideran
esa pila de trapos y de envolturas que se arrugue para arriba en el
umbral. Pero ese hombre o no durmió ni ha despertado para arriba, porque
ahora él se pone del pie y él espera doméstico, como si de el que esta'
para esperar su gesto ineludible afuera. A la luz de la luz del esquinero,
Adán comtempla a una cara de las barbas de los cobrizas y de dos ojos del
consternados y alegres en medio. ¿Qué aqui '? interroga. . ¿Quién? El
hombre en la noche ha sonreído. ¡Qué sé! A todos. Abriendo la puerta de la
calle, Adán piensa del colchón que se excede a él, en el escándalo que
Doña Francisca armará a él la sabe no bien y en la alegría del rencoroso
de Irma. dice al linyera, de que que recolecta ya sus trastos. Sin decir
palabra, el hombre en la noche ha obedecido; y Adán ayuda en la tarea de
cargar los roñosos ató unos que forman su equipaje. Pronto, en oscuridad
completa, él levanta hasta la cancelación de la puerta y él rota la llave
pequeña de la luz. Pero, al convertirse, él descubre que ha desaparecido
su hombre. Funcionamiento bajo las escaleras, él sale y escudriña en todos
los cursos: nada. ¿el linyera?se pobre repite a Adán Buenosayres? Seguro
ha preferido su inclemency libre. Cierra la puerta de la calle, levanta su
sitio, y no enciende la luz, asustada de cuál saltan sus objetos íntimos a
él en la vista y la desnudan del emptiness absoluto en el cual ahora se
reclina. Uno desnuda en la cortina y extiende su cuerpo dolorido en el
camaranchón que chirría: el sueño desciende a él mientras que gran
compensa. Los sueños de Adán que él avanza con una legión de soldados
anachronistically lo armó, entre quién, y a los soplos del flechaste,
escalonan las caminatas, él, se cae de rodillas y él vuelve para
levantarse a un hombre que tome una cruz. Y, cosa extraña, en eso hombre
azotado reconoce el linyera del umbral; pero en sus barbas de los cobrizas
ahora hay sangre, y goteos sucios de los lagrimones de sus consternados y
ojos alegres en medio. El más peculiar de ese sueño es que la víctima y
las ramitas están cruzando una orilla similar a la que esta' de los
árboles verdes olivas o del tigre, debajo de un sol torrencial que se
levante en el brillo metálico de las abejas y en el color levantado de las
mariposas. Una multiplicidad festiva que la manera funciona, sin la
perturbación al paso del courtship (es que no lo ve), indiferente al
chasquido uno del azote (es que no lo oyen). Los varones y las hembras
bailan aquí, a son de un fonógrafo portable ese desgañita en la tierra;
allí, los hombres y el reloj gordos de las mujeres asaron el suyo, abierto
conserve las latas y lance los papeles de los grasientos; los chiquilines,
gritando como feroz, mariposas de las cazas a la toalla soplan o baten
caballos del alquiler de los flaquísimos; los pares furtivos, después de
que un golpeo circular para una caza, se pierden con inteligencia en las
plantaciones del bastón; los viejos drunkards se insultan con lengua del
estropajosa, soplos lentos del cambio y se derrumban a la puntería que
vomitan a los arranques; fomente encendido, las caras de los brutales, en
círculo, se demuestran a un reñidero donde los gallos rojos de la batalla
de la sangre a los espolonazos. Y Adán vuelve sus ojos al hombre de la
Cruz, y su conturba del alcohol en sueños antes de la ceguera de esa
muchedumbre: desea gritar a ellos, pero ningún sonido aparece de su
garganta. Observa entonces a soldados que marchan a su lado, y el terror
lo invade, porque todos y cada esos aspectos se parece símbolos: esta cara
amarillenta del tinte, con los bolsos azules por debajo de los ojos, es el
mismo semblante del Lujuria; en eso otra de la nariz doblada, barbilla del
filoso y ojitos del clavo que la avaricia nombra; allí son el Laziness de
los ojos de los lagañosos, de la rabia de quijadas apretadas, del Gula del
papada doble y de Envidia que mordisca sí mismo los pulgares. Griterío del
pavor, Adán estima sus propias facciones, y en ellas descubre
características de los odiosos tales, mientras que se levanta la manera de
las endechas del courtship en las persianas de la multiplicidad y las
caídas y él azotados del hombre. Grandes reinados tranquilos en el cuarto.
El silencio sería total ahora sin el susurro de la lluvia y del chirrido
del camaranchón debajo de Adán Buenosayres que se sacudare en sueños. Los
torvas de las presencias mueven hacia atrás abajo: huyen ganado y tienen
gusto a regañadientes hacia los cuatro ángulos del recinto. De pie al lado
de la cabeza, alguien ha bajado sus brazos; y apoyado en ellos mira
eternally.
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2/Cristian Turdera: Viajes
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CorreoE x t r e m a f i c c i o N
Es un envío mensual de ficciones
Idea y dirección:
David Wapner
Equipo:
Israel: David Wapner, Ana Camusso, Chiflón
Argentina: Sebastián Bianchi, Gabriel Yeannoteguy
Uruguay: Martín Efe
Colaboran en este número: Tomás Astelarra (Argentina), Beatriz Actis (Argentina)
CorreoExtremaficción recibe colaboraciones que se leen y evalúan sin
compromiso de publicación; enviar a: vafner@shani.net
Números atrasados, colección completa:
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