C o r r e O
E x t r e m a f i c c i o N

mensual de ficciones/aparece el día 5 de cada mes

Beer-Sheva/Israel/Tomo IV/Número 11/7 de enero de 2004


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Sumario  

Primera parte
1/Gamalbo Gamarco: Los Reynaldos Estándar

2/Leopoldo Marechal: capítulo quinto de "Adán Buenosayres", en traducción automática Google (castellano-inglés, inglés-castellano)

3/Decimotercera Audición Mardafones: Mardayayay

4/Ana Camusso: Little Mondo: pariz-trutru

Segunda parte
1/Leopoldo Marechal: capítulo quinto de "Adán Buenosayres", en traducción automática Google (continuación)

2/Cristian Turdera: Viajes

Edición regular, en dos envíos simultáneos)

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Extremaficción Dos:
reedición en formato digital del segundo número
de Extremaficción, tabloide, papel (Buenos Aires,
diciembre de 1997)

1/Helicópteros
2/Néstor Colón: La bola épica
3/Daniel Durand: Ignición
4/David Wapner: Familia
5/Juan Desiderio: Sueños
6/Ana Camusso: Efectos especiales

http://viejextemaficcion.tripod.com/


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1/Leopoldo Marechal:
       capítulo quinto de "Adán Buenosayres", en traducción aiutomática Google (castellano-inglés, inglés-castellano) ______________________________________


Adán toca el mármol congelado, en una suerte de la caricia. juego de símbolos. ¿Qué buscan a ángel y a demonio? Una flor. ¿Qué flor? El alegre o el triste predestined se levantó. Sí, el juego de los juegos, quizás. ¿Pero si el alma recibe el nombre de color de rosa o el clavel antes del ángel y del demonio viene exigir su clavel o se levantó su, dónde él se deja la voluntad libre de las almas y dónde su responsabilidad? Juego de leyes oscuros: los teólogos en la condición. En cualquier caso, el juego de los muchachos él con alegría, como si fuera una comedia y no un drama. ¿Y si no era un drama, solamente una comedia indescriptible del gran autor? Entonces sería necesario jugarlo tiene gusto de los niños, con inocencia y la alegría, que entregamiento maravilloso de los niños y de los santos. El drama consiste en perder inocencia y alegría. Por esa razón
aconsejó: "Haceos tiene gusto de niños." ¡Difícil! Amperio hora, el viejo Cloto ha jugado bien, sin una duda: ¡Creo que el ángel eligió! Éramos algunas veces, al amanecer, delante de San Bernardo: Vuelvo en la noche, sin él para haber dormido, sucio de relojes malgastados y shamed antes de la nueva luz que ella lastima a mí como un remorse; Cloto sale de la iglesia, para haber oído después la masa del amanecer, con su chalón reparado en la cabeza y su viejo rosary entre los dedos. Nos miramos, I y envidioso sucios, limpia y exige. Ella sonríe a mí: Creo que sonríe a mí para escogerme, a menos que la sonrisa de la vieja sea universal como la luz. Y Cloto redime con su vistazo y su sonrisa a mí: todo sabe a él y absuelve a mí, quizás porque ha recuperado la sabiduría de los niños que juegan al ángel y a demonio. ¡Cómo es bueno sea esta noche apoyar sienes en sus rodillas duras de la abuela, y escuchar de su boca el gran secreto! la puerta de la calle de la casa de Adán Buenosayres vacío pero es el umbral de Cloto, y Adán Buenosayres lo toca, en una suerte de la caricia. La noche sin límites, la calle y la lluvia infinita veladas crean en torno el suyo una atmósfera abstracta en la cual, sin esfuerzo algo, conjeture el alma y se conjetura. Nunca sentía a Adán, como ahora, la certeza de un gran divination; pero todos es un ojo despierto guardado que se convierte a sí mismo, incluye su propia indignidad y él dice que él es ya demasiado tarde para recolectar la sabiduría de Cloto. Por esa razón, al volver a tomar su manera, toma en se la noción de su muerte definitiva. ¿no know?y es bueno que no la sabe? ¡que va solamente herida y que la naturaleza de sus dolores es admirable! ¡Es sola creado y derrotado, y no sabe que el suyo alrededor de servicios militar invisibles acabe el satisfacer y ahora luche por su alma, en un entrevero reservado de las espadas angelicales y de los tridentes demonic! ¡No la sabe, y es bueno que no hace caso de él! ¿Pero, no es que la flor del districto? Sí, Adán reconoce la flor del districto que, puesta en el hueco de su puerta, espera como siempre el extranjero, coloca los ojos en el corazón de la calle, pintarrajeada y vestido como un fiancèe del juguete. Según el índice del viento, que baila una luz tiros a él y él retira sus arranques a él de la luz; y Adán, hecho frente la mujer ahora, observa que su cara poner crema manchada no tiene vida, que no se mueve las pestañas duras del rimmel, a que sus miembros sea rígido como nunca debajo de las ropas de colores motley. Y él le pide: ¡"flor del districto, a el cual no retrasa" nada! La flor del districto no responde. Un terror desconocido agarra entonces de Adán Buenosayres: se parece ahora notar algo a él de artificial en esos ojos, esa boca, esos músculos aterrorizados de la cara. La sugerencia está tan viva, ese Adán no resiste al impulso para tocar esa cara. Pero no bien, una máscara de la cartulina se tiene a la izquierda entre los dedos. Y aparece el semblante verdadero detrás de la flor del districto: los ojos cóncavos, la nariz mordiscada, la boca desdentada de la muerte. ¡Imaginación! ¡Duro siempre trabajada, como ahora, en su telar del mentiroso! No era bastante a mí para forzar a las criaturas, exigiendo a ellas lo que él no tenía o no sabía para dar; pero eso, autorizándome de sus fantasmas, hice que satisfacen destinos extraños a su esencia, poética algunos y otros vergonzosos. ¡En cuántos inventaron posiciones que era i puesto mismo, el tejer del humo, de mi niñez! Confieso para haber imaginado la muerte de mi madre, y la entonces para haber sufrido en sueños, como si ella fuera verdad. Confieso para haber derrotado al campeón mundial Gato Dempsey, en el jardín cuadrado de Madison de York nueva, antes del gritería frenético de cientos mil espectadores. Confieso para haber hecho coche del banco del salto el montaje él, en una noche prodigious, y pronto para haber separado me, ricos del oro y melancolía, entre una fila cortesana y hermosa internacional doble de los prostitutas de los tahures. Confieso para haber sufrido la furia del ajuste, debido a amors celosos, y para tener chalet demolido Crespo, sin otro utensilio ese una batalla del macis. Confieso para haber estado al pionero del Patagonia, y haber fundado allí la ciudad y el puerto de Orionópolís, famosos por su extensión, dueño y señora navales de los siete mares. Confieso para haber ejercido la dictadura de mi país de la madre, que, bajo mi regla, sabía una nueva edad de oro por medio del uso de las doctrinas políticas de Aristotle. Me confieso para haber dado al asceticism más puro de la provincia de las corrientes, donde curé leproso, yo hice milagros y alcancé el bienestar. Confieso para tener existencia poe'tico-filoso'fico-heroico-licenciosa vivida en la India de Rama, Egipto de Menés, Grecia de Platón, Roma de Virgilio, la edad media del monk de Abelardo, en... ¡Es bastante! Adán Buenosayres desea conseguir librado de esos niños monstruosos de su imaginación que ahora vuelvan, una después otra, marzo más allá antes de su conciencia avergonzada, contornea los gestos ridículos, posiciones del teatro, actitudes de los malditas. Pero los monstruos insisten; y Adán tiene la impresión que dan vuelta en torno el suyo, riendo como demonios, aplaudiendo sus bocas de los ululantes y desviándose sus ojos malos, en un carnaval redondo. ¡Él es bastante! ¡Él es bastante! Me he estropeado solamente verdadero, para asumir cientos formas inventadas, tejiendo el destino del humo. O quizás, a la manera de un dios inmueble que, sin alterarse ni romper su unidad necesaria, desarrolló el anuncio intra sus posibilidades, como soñar... ¿Analogía? ¡No! Megalomanía. ¡Solamente un literato! Demonic angelical y las espadas de los tridentes golpearon sin ruido en la calle de Gurruchaga: disputan el alma de Adán Buenosayres, un literato; porque, según la economía suprema, todo el universo visible vale más el alma de un hombre que. Pero Adán no lo sabe, y es bueno que él todavía no lo sabe. ¡Puf! Sus narices ahora cogen las primeras emanaciones de la curtiduría "la universal", ese yergue a un tiro de la piedra, con su stinked fuera de las paredes y de su lluvia inferior grande oculta de las ventanas, viscosa y brillante, como hongo malo. Antes de enfrentar la curtiduría, Adán se para en la esquina, el dudar del
alambique: ¿lo hará, como de costumbre, una inspiración profunda, y voluntad ahorraron el área peligrosa, contentan la respiración y a la raza? del suburbio: capitalistas y coimeros despiadados de la inspección. Un olor del carrion, del día y de la noche. Sí, el mismo de los animales muertos en el llano: Los he visto descomponerse al sol, a hervir de gusanos y a zumbantes de moscas, exhibiendo para sumar la luz verde y violeta toda la gama de enfermo que da la carne corrompida. El más todavía rebelar el stench del carrion humano: en el cementerio de Maipú, ese día, mientras que el resto de los abuelos de Sebastián exhumaban, yo sabía el olor terrible, y el estómago en náusea dolorosa tieed a mí. La carne corruptible no apoya la repugnancia de su propia disolución. Pero el alma no tiene sentido del olor: ¡Antígona venerable, disputando a los cuervos y a los hombres el cadáver de su hermano, satisfaciendo el rite fúnebre, a la medianoche, solita su alma entre el polvareda y el stench con lo cual grita la carne su derrota! O esa Rose de Lima, humores el beber de la úlcera para humillar la rebelión de su mortificado del cuerpo tan ya; o Ramon Lulio, que aconsejó no al rehuír el olor de los retretes, para recordar a menudo qué da el cuerpo de sí mismo en su miseria tan con frecuencia olvidada. ¿Y por qué no haría I, esta noche? ¡Absurdo! Pero Adán se ha enviado en la curtiduría, y, en medio shamed y peculiar de sí mismo, lo cruza ya su acera con la lentitud deliberada, aspirando los stenches se llegan a ser más intensos que mientras que avanza. Y una gran ansiedad agarra, mientras tanto, de los servicios militar invisibles que luchan alrededor el suyo. Porque la batalla ahora recibirá otra tarifa que Adán, sin saberla, él ha sido beligerancia declarada. Él es ya él al lado de la puerta interna de la curtiduría, debajo pues las viscosas de los chorreaduras resbalan hacia las aguas negras y: parado allí, Adán apoya su cabeza en el hierro mojado y recibe cuidadoso las emanaciones. Una primera náusea lo sacudare hasta los pies; pronto, entre los anguishes y los trasudores, vomita de largo contra la puerta interna. Todavía Jadeante, y secando los rasgones y suda con su pañuelo, Adán mira fijamente la calle: ni un solo testigo. ¡Él no hace caso de él que el suyo alrededor mil ojos buenos lo siguen, y que ahora explota la batalla otra vez en torno el suyo, porque los momentos definitivos se acercan ya! Adán no lo sabe, y es bueno que él todavía no hace caso de él: peculiar de sí mismo, sonriendo antes del uselessness visible de su gesto, él deja la puerta interna y él reasume su marzo. Desarmonía de su cuerpo manejó por un momento silenciar esas voces íntimas que han venido persiguiéndolo a través de la calle; pero o uno no separa de la curtiduría, ellas van otras voces, ellas murmur o gritan en su alma, como si la calle supiera que el número exacto de sus remorses y él lo recordó, uno por uno, con el prolijidad inexorable de un juez. Allí es el vestíbulo de las muchachas (murmuro, susurros), del desierto ahora, de sombrío y de mojado como un grotto. young?Cuerpos, adulados por la luz y crecientes ayer de precio en la alabanza que gritó mi sangre a ellos de la derecha aquí: Ladeazul, Ladeverde, Laderrosa, dispersado los tres en mil gestos que provocan (ah, sin quizás saberlo, o saberlo quizás del primer Eva). Animal de Splendor que va, llamando, a los oídos de la carne; pero ese llamadas con la voz espiritual del hermosura. ¡Sí, es la ambigüedad y la trampa invisible allí! Me caí mil veces, antes de saberlo; y más adelante otros millares, pero entonces con la conciencia nublada de la cual él se presta voluntariamente a un juego vergonzoso. He tomado esas formas de la mujer: Tengo transfigurado ellas, insenced y cantado; para humillarlos, destruirlos y dejarlos más adelante, según la violencia de mi sed o de la decepción de mi sed. La amargura de esas reprobaciones íntimas, Adán de Savoring que Buenosayres lucha, en su congoja, de modo que no salgan de la tierra abstracta en la cual todavía resuenan, asustado de imágenes eso cualquiera despierta en su memoria, de que va a continuación cualquiera como los testimonios vivos, que algo opinión o gesto, imprecisas aún. Pero las imágenes ganan a la puntería y se acometen: gritan sus nombres a él de la mujer, ellos desnudan con el animal del impudor, ellos exhiben frío sus costumbres del amor, envían el aullido mecánico de su éxtasis, repiten como loros las enormes palabras que un día que su locura dictó a ellas. Y Adán Buenosayres, arrinconado, intenta lucharlos, silenciarlos y darlos detrás a la cortina de que ella salió. Pero las nuevas figuras ahora avanzan; y cuando las reconoce Adán siente una frialdad del terror. Porque no son las criaturas vehementes que se quemaron un día en sus propios fuegos, pero desnudado y las víctimas, los que sufrieron violencía y dolor cosechado. ¡Y están demostrando o sus dulce caras de los llorosas, o sus gestos a él de la furia, o sus bocas abiertas adentro están de petición, apóstrofe o amenazan! Pero, entre todos, uno aparece yergue, Euménide terrible repentinamente. ¡No, ella no! balbuceos Adán, ajuste del lugar de un sudor congelado. Porque el Euménide clava sus ojos secados ya a él y tiende a rojo le da de la sangre. ¡Ella no! Adán, y se gira sí mismo, como sacudarir eso imagen vindictive. Entonces se parece a él que toda la calle se levanta contra él y grita con cada de sus puertas, ventanas y claraboyas: ¡"Adán Buenosayres! Él es Adán Buenosayres "y Adán ahora huye, cruza la calle de Gurruchaga, perseguida cerca cerca por el Euménide que grita palabras de los ininteligibles detrás. Ruth, el declamadora, clucks de la tienda de sus
tobacconist: "Melpómene, el Musa de la tragedia, viene" y Polifemo, de su esquina, tiende a una mano hacia el Cristo de las alturas y de los recites, como un diablo irónico: "pagaraaaaa '" parroquia "San Bernardo" de Dioooos del San Bernardo de la parroquia (Gurruchaga 171, circa Julio 2003). La iglesia del yergue del San Bernardo su torre única en la noche: cerrado es la puerta del hierro, abandona el vestíbulo y sin más vida que la que esta' de sus desmelenadas de las palmas al viento. Adán Buenosayres ha parado allí, con el resuello sacudarido y el corazón que batía. Cogido en la rejilla, él mira alrededor el suyo y él escucha: nadie y nada: las voces se han cerrado para arriba y desaparecieron las imágenes. Entonces la nube gruesa de sus terrores, anguishes y remorses estalla en un sollozo que las sacudidas él y ahoguen, como la náusea de la curtiduría. Pronto, sin dejar la rejilla, levanta sus ojos hasta el Cristo de Mano quebrado; y permanece así, mirándola y gritando suavemente: Confieso en usted al verbo que, sólo con el nombramiento de ellos, creado los cielos y la tierra. De mi niñez he reconocido a usted y admirado en la maravilla de sus trabajos. Pero solamente al rastrearte por las pistas peligrosas del hermosura me fue dado; y engañé las maneras y de ellas retrasa a mí '; hasta olvidarse de que eran solamente maneras, e I solamente un viajero, y usted la puntería de mi viaje. Adán se interrumpe aquí desalentó repentinamente: se parece a él notar que sus palabras internas, lejos de ganar altitud, están bajadas mientras que los pájaros de la arcilla intentan no bien superar el vuelo. Y, mientras tanto, las espadas angelicales y de los tridentes demonic han suspendido su lucha; porque la hora llegó en qué Adán Buenosayres debe luchar solo. ahora en su alma, también confieso en usted al verbo que, por el amor del hombre, tomó la forma del hombre, asumido su deuda infinita y la redimió en el Calvario. Nunca era difícil entender el Prodigy de su encarnación humana y de los misterios a mí de su vida y de su muerte. Pero de maneras tristes estropeé y ofendí la inteligencia que usted me dio como el regalo. Cristo de Mano quebrado Cristo de Mano quebrado Con los ojos puestos en el Cristo de Mano quebrado, él guarda el silencio Adán, esperando una muestra inteligible, un solo eco de sus voces, la cortina de una comunicación. Pero algo no nota la señal, como no es el frío estelar que se parece llover de la parada en su agonía. Entonces una relajación más dolorosa comienza en él que la tensión. Adán no hace caso que mil ojos invisibles están gritando por él en las alturas, y que los de la espada, en torno el suyo, han comenzado a mirarse y al sonreir ellos mismos, como si de la eternidad tuvieran un secreto inviolable. Y Adán intenta la llamada
pasada: ¡No puedo más con mí! Soy cansado hasta la muerte. I. Las campanas del cielo han comenzado a redoblar, y redoblan a la rejilla de la celebración de los triunfales del San Bernardo que las voces estallan en los nueve coros de arriba; porque toda la creación visible vale más el alma de un hombre que, y porque un alma está luchando bien al lado de la rejilla de San Bernardo. Pero Adán Buenosayres no los oye, y es bueno que él todavía no los oye: con sus ojos puestos en el Cristo de Mano quebrado, él vuelve a la espera el aviso de la cual quizás él ha escuchado él. Y le contestan otra vez el silencio que los flujos del cosmos, de los silbidos de las palmas lanzadas y del tarareo de la lluvia. Su bancarrota de la voluntad entonces: desciende su vistazo, él le da vuelta en sus talones y él permanece como abrumado allí, en comparación con el círculo ligero los proyectos de una esa luz en las piedras que pavimentan de la calle. Un perro pequeño negro camina esa manera, asentando aquí y allí en sus lugares traseros de las piernas, del gemido y el oler, en el torment de una deposición ardua; y Adán Buenosayres, muerto por sí mismo, sigue ahora con los ojos todavía mojó los alternativas de ese drama pequeño. la esquina de Gurruchaga y de Warnes Cuzco negro se tiene en la noche perdida. Adán cruza la calle de Warnes y él entra en la que esta' de Mont-Egmont: a la crisis de su alma el gran silencio interno sucede ahora que se lleva del mutismo a el cual han incorporado su memoria, su comprensión y su voluntad. ¿Pero, qué aparece es el que al duer a mí tendió en el umbral de su casa? ¿el linyera?se responde Adán? Un hombre pobre del linyera a que ella ha dado con sus huesos en Buenos Aires y facilita para arriba donde ella toma a asimiento la noche. Las llaves a disposición, Adán consideran esa pila de trapos y de envolturas que se arrugue para arriba en el umbral. Pero ese hombre o no durmió ni ha despertado para arriba, porque ahora él se pone del pie y él espera doméstico, como si de el que esta' para esperar su gesto ineludible afuera. A la luz de la luz del esquinero, Adán comtempla a una cara de las barbas de los cobrizas y de dos ojos del consternados y alegres en medio. ¿Qué aqui '? interroga. . ¿Quién? El hombre en la noche ha sonreído. ¡Qué sé! A todos. Abriendo la puerta de la calle, Adán piensa del colchón que se excede a él, en el escándalo que Doña Francisca armará a él la sabe no bien y en la alegría del rencoroso de Irma. dice al linyera, de que que recolecta ya sus trastos. Sin decir palabra, el hombre en la noche ha obedecido; y Adán ayuda en la tarea de cargar los roñosos ató unos que forman su equipaje. Pronto, en oscuridad completa, él levanta hasta la cancelación de la puerta y él rota la llave pequeña de la luz. Pero, al convertirse, él descubre que ha desaparecido su hombre. Funcionamiento bajo las escaleras, él sale y escudriña en todos los cursos: nada. ¿el linyera?se pobre repite a Adán Buenosayres? Seguro ha preferido su inclemency libre. Cierra la puerta de la calle, levanta su sitio, y no enciende la luz, asustada de cuál saltan sus objetos íntimos a él en la vista y la desnudan del emptiness absoluto en el cual ahora se reclina. Uno desnuda en la cortina y extiende su cuerpo dolorido en el camaranchón que chirría: el sueño desciende a él mientras que gran compensa. Los sueños de Adán que él avanza con una legión de soldados anachronistically lo armó, entre quién, y a los soplos del flechaste, escalonan las caminatas, él, se cae de rodillas y él vuelve para levantarse a un hombre que tome una cruz. Y, cosa extraña, en eso hombre azotado reconoce el linyera del umbral; pero en sus barbas de los cobrizas ahora hay sangre, y goteos sucios de los lagrimones de sus consternados y ojos alegres en medio. El más peculiar de ese sueño es que la víctima y las ramitas están cruzando una orilla similar a la que esta' de los árboles verdes olivas o del tigre, debajo de un sol torrencial que se levante en el brillo metálico de las abejas y en el color levantado de las mariposas. Una multiplicidad festiva que la manera funciona, sin la perturbación al paso del courtship (es que no lo ve), indiferente al chasquido uno del azote (es que no lo oyen). Los varones y las hembras bailan aquí, a son de un fonógrafo portable ese desgañita en la tierra; allí, los hombres y el reloj gordos de las mujeres asaron el suyo, abierto conserve las latas y lance los papeles de los grasientos; los chiquilines, gritando como feroz, mariposas de las cazas a la toalla soplan o baten caballos del alquiler de los flaquísimos; los pares furtivos, después de que un golpeo circular para una caza, se pierden con inteligencia en las plantaciones del bastón; los viejos drunkards se insultan con lengua del estropajosa, soplos lentos del cambio y se derrumban a la puntería que vomitan a los arranques; fomente encendido, las caras de los brutales, en círculo, se demuestran a un reñidero donde los gallos rojos de la batalla de la sangre a los espolonazos. Y Adán vuelve sus ojos al hombre de la Cruz, y su conturba del alcohol en sueños antes de la ceguera de esa muchedumbre: desea gritar a ellos, pero ningún sonido aparece de su garganta. Observa entonces a soldados que marchan a su lado, y el terror lo invade, porque todos y cada esos aspectos se parece símbolos: esta cara amarillenta del tinte, con los bolsos azules por debajo de los ojos, es el mismo semblante del Lujuria; en eso otra de la nariz doblada, barbilla del filoso y ojitos del clavo que la avaricia nombra; allí son el Laziness de los ojos de los lagañosos, de la rabia de quijadas apretadas, del Gula del papada doble y de Envidia que mordisca sí mismo los pulgares. Griterío del pavor, Adán estima sus propias facciones, y en ellas descubre características de los odiosos tales, mientras que se levanta la manera de las endechas del courtship en las persianas de la multiplicidad y las caídas y él azotados del hombre. Grandes reinados tranquilos en el cuarto. El silencio sería total ahora sin el susurro de la lluvia y del chirrido del camaranchón debajo de Adán Buenosayres que se sacudare en sueños. Los torvas de las presencias mueven hacia atrás abajo: huyen ganado y tienen gusto a regañadientes hacia los cuatro ángulos del recinto. De pie al lado de la cabeza, alguien ha bajado sus brazos; y apoyado en ellos mira eternally.

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2/Cristian Turdera: Viajes
    

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CorreoE x t r e m a f i c c i o N

Es un envío mensual de ficciones

Idea y dirección:
David Wapner

Equipo:
Israel: David Wapner, Ana Camusso, Chiflón
Argentina: Sebastián Bianchi, Gabriel Yeannoteguy
Uruguay: Martín Efe
Colaboran en este número: Tomás Astelarra (Argentina), Beatriz Actis (Argentina)




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