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Verónica Edye
 
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LA TUMBA DE AL LADO
UN CUENTO DE
VERÓNICA EDYE
La bóveda de la familia, nos ha
pertenecido desde hace
muchísimos años. Allí descansan
mis antepasados, y ahora que mi
padre también está ahí, por
propia decisión antes de morir,
es mi responsabilidad como hija
mayor hacerme cargo de los
pagos, de la persona que limpia,
y por ende soy la única que
posee llave. Ninguna de mis
hermanas quiere la
responsabilidad aduciendo que a
ellas
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les hace mal todo lo
referente a la bóveda, como
si el sólo hecho de ser la
mayor conllevara ser fuerte,
gustarme semejante tarea y
aceptar el hacerme cargo de
todo.
Claro que siempre existe la
posibilidad de negarse, de
discutir los porqué y de
pelearse con la familia. Pero el
caso es que a mí no me molesta,
siempre opté por comportarme
como "la hermana mayor", y hasta
puedo asegurar que me gusta ese
rol.
Y cuando nuestra anciana tía
abuela falleció, la cual siempre
se había ocupado de la bóveda,
yo me hice cargo por las razones
que ya expliqué.
Quince días más tarde recibí un
llamado de la cuidadora
diciéndome que me esperaba lo
antes posible para verificar
algunas cosas. En ese momento
recuerdo que pensé: -¿Qué se
puede verificar en una tumba?,
¿Qué no falte ningún muerto?- La
sola idea me produjo una mezcla
de escalofrío y risa nerviosa;
seguro, pensé se tratará de
algún asunto administrativo o de
dinero. Sólo que los meses
fueron pasando y las exigencias
de la oficina sumados al
cansancio y la falta de tiempo,
me impidieron hacerlo a la
brevedad, como lo había
prometido. De todas formas, doña
Eulalia Frías, así se llama la
cuidadora, me lo recordó y de
muy mal modo.
¿¡¿Cuándo se va a dignar venir
por aquí?! ¡¿Acaso no le
importan sus seres queridos
ahora que están muertos?!-me
gritó una tarde a través del
tubo del teléfono.
-No es así, doña Eulalia. Es que
he tenido mucho trabajo y muy
poco tiempo disponible y yo...
-le respondí, pero no pude
seguir hablando porque ella me
interrumpió.
-¡Yo solo le digo una cosa:
olvidarse de la situación en las
que están sus muertos es muy
grave! -sentenció finalmente la
anciana y colgó el teléfono de
forma abrupta.
Me quedé mirando el aparato sin
entender qué podía ser eso tan
grave que le estaba pasando a
mis muertos...
Una semana después pedí unos
días libres en el trabajo para
viajar a mi pueblo natal, a fin
de solucionar asuntos
familiares. Esa fue mi escueta
explicación. Durante el trayecto
en auto traté de relajarme,
disfrutar del paisaje y escuchar
música, pero la frase de doña
Eulalia seguía rondando mi
mente.
Ya eran casi las siete de la
tarde cuando llegué, busqué un
hotel, me di una ducha
reconfortante y salí a comer
algo. Era sábado a la noche, así
que la calle principal, las
confiterías y obviamente la
plaza, estaban concurridas de
jóvenes ruidosos, de señoras con
impecables peinados de
peluquería de barrio, ancianos
con la radio pegada a la oreja y
familias con niños correteando.
El pueblo no había perdido sus
costumbres a pesar del
crecimiento de los últimos años.
Esa era la consabida cita de
cada fin de semana, y yo me
sentía una intrusa a pesar de
haber nacido ahí.
El día siguiente se presentó
soleado y tibio y agradecí a
Dios que no fuera una mañana
lluviosa y ventosa, típica de
las películas de terror cuando
el protagonista debe ir al
cementerio.
Una vez allí estacioné, y un
chiquillo con la cara sucia y
despeinado se me acercó y me
preguntó si me cuidaba el auto.
Accedí y compré unas flores.
Cuando traspuse el portón de
entrada, de hierro negro y
majestuoso, una ola de recuerdos
invadió mi cuerpo y mi mente
produciéndome ahogo y náuseas.
La última vez que había estado
en ese lugar fue para depositar
el ataúd de mi padre, y si bien
yo creía, y con total convicción
que en la bóveda sólo estaba su
cuerpo, no él, igual me sentí
mal. Estaba mareada y con las
piernas flojas. En ese instante
se me acercó una niña, de unos
ocho o nueve años, me tomó de la
mano y me dijo: "dale, vos podés..
", Y tironeo de mí obligándome a
seguir caminando. Yo me dejé
llevar y cuando me recompuse me
encontré frente a la bóveda de
la familia. Estaba sola.
Busqué las llaves, abrí y
respiré hondo antes de entrar.
Bajé las escaleras y una vez más
le dí gracias a Dios por el sol
que entraba por la pequeña
ventana. Todo se veía igual que
la última vez y me sorprendió el
hecho de no sentirme mal, me
senté en la escalinata, lloré y
rezé por todos ellos. El
silencio acogedor, y fue roto
sólo por el canto de los
pájaros. Eso me hizo recordar el
porqué de mi estancia allí, sin
embargo, nada parecía "perturbar
a mis muertos" como había citado
la cuidadora.
Decidí ir a buscarla y sabía
exactamente dónde encontrarla.
Doña Eulalia Frías tenía "su
oficina", por llamarla de algún
modo, en la entrada de la bóveda
de la familia Antonelli; era la
tercera a la derecha por el
pasillo central. Ellos jamás se
habían quejado por esto, al
contrario, casi lo consideraban
una distinción especial, pero lo
cierto era que tenía la entrada
más espaciosa, mejor ubicada
para ver quién llegaba al
cementerio y a la cual le daba
el sol en invierno y la hacía
más reconfortante.
No me equivoqué, doña Eulalia
estaba sentada justo ahí. Al
verme, se levantó con mucho
esfuerzo, plegó la silla, la
guardó en la entrada y tomó un
llavero con cientos de llaves
que sólo ella podía reconocer lo
cual no era nada difícil de
entender ya que se había criado
en el cementerio. Su madre
también había sido cuidadora y
supongo que también su abuela.
-¡Ah, por fin! -dijo doña
Eulalia acercándose con pasos
lentos, sus pesadas piernas, la
gordura y los años habían hecho
estragos en su cuerpo. Vestía un
viejo batón azul con pequeñas
florcitas naranjas sobre el cual
tenía un guardapolvo gris y un
chaleco y calzaba viejas botas
acordonadas.
-Vine en cuanto pude.-dije a
modo de disculpas sintiéndome
una niña a la cual la retan. -Ya
estuve por allí y la verdad no
vi nada fuera de lo común, así
que por favor si me dice de qué
se trata...
-Acompáñeme y lo verá con sus
propios ojos.-sentenció doña
Eulalia y emprendió el camino
hacia la bóveda sólo que al
llegar frente a esta, giró y me
señaló con un dedo acusador la
tumba de al lado. Yo miré sin
entender qué pasaba. Para mí
sólo era una bóveda más, salvo
por el hecho de que estaba
pegada a la nuestra.
-Discúlpeme, pero no entiendo.
-dije casi con miedo a la
reacción de la anciana.
-Mírela en detalle. -dijo con un
gruñido y yo me acerqué más.
-Bien... se ve que está muy
sucia, descuidada, que tiene el
vidrio de la puerta de entrada
roto y ¡hay un palo del lado de
adentro para sostenerla para que
no se abra! Y que en esos
cajones se puede leer la
fecha... ¡tienen casi ciento
cincuenta años!
-¡Exacto! Pero nadie viene, ni
jamás hemos sido contratadas ni
mi madre ni yo para mantenerla.
¡Es de la única que no tengo
llaves! Nada de esto tendría
importancia si no estuviese
afectando a sus muertos, por eso
la llamé con urgencia.
-¿Y de qué manera los
afecta?-pregunté con cuidado
para no dañar sus sentimientos.
-Sencillo. Al no tener cuidados
suficientes la humedad ha pasado
a su bóveda y está arruinando la
medianera y parte del techo de
su lado.
-¿Y eso es todo?.-dije
respirando aliviada ante un
problema menor.
-¡Por supuesto que no! Venga,
sentémonos en aquel banco, dijo
Eulalia, y me tomó del brazo. -
Hay algunas cosas que debe
saber. -agregó luego. Yo me dejé
conducir y recién cuando nos
sentamos ella continuó hablando.
-Verá, he pasado aquí toda mi
vida y ya nada me puede
sorprender. Sé cosas y conozco
más de la muerte que cualquier
persona. Su familia es de origen
inglés y por lo tanto la hora
del té es sagrada. ¿No me
equivoco, verdad?- Como yo
asentí ella continuo: -Bueno,
usted no me va a creer pero
ellos se siguen reuniendo cada
tarde.. Están en familia, salvo
por esta intromisión de los de
al lado...
-Espere, no entiendo.
-Es simple, debe solicitar que
echen abajo esa tumba, perturba
a los suyos. Es que están
celosos por que a ellos los
abandonaron hace muchísimos años
y encima no tienen costumbres de
familia tan arraigadas.
Yo no sabía si echarme a reír, a
llorar o pensar que la pobre
vieja ya estaba más del lado de
la locura que de éste. No sabía
qué contestar, aunque en algo
tenía razón: para mi familia la
hora del té era sagrada y todos
seguíamos con esa tradición,
pero de ahí a suponer siquiera
semejante disparate había un
largo trecho. Creo que doña
Eulalia me leyó los pensamientos
porque enseguida sugirió que me
quedara con ella después del
horario de cierre para comprobar
sus palabras. Recuerdo que un
escalofrío recorrió mi espalda.
-No tenga miedo, ellos no hacen
daño.-sentenció la anciana al
ver mi cara.
-De acuerdo, regreso a las
cinco. Contesté no muy
convencida, subí a mi auto y
manejé hasta la costa, comí algo
sentada frente al río e intenté
poner en orden mis pensamientos.
Casi había resuelto no volver,
cuando otra vez vi a aquella
niña tirando de mi mano y
repitiendo la misma frase":
dale, vos podés". Volví y allí
estaba doña Eulalia en el portón
de entrada, esperándome.
Caminamos en silencio. , Yo no
podía dejar de mordisquearme el
labio inferior. Una vez dentro
todo seguía exactamente igual a
como lo había dejado unas pocas
horas antes¡¿Qué esperaba
encontrar?!.Me sentí tonta y
ridícula por creer semejante
disparate y salí de allí casi
corriendo.
A la mañana siguiente me dirigí
a la municipalidad y comencé los
trámites para que tiraran abajo
la tumba de al lado. No por las
razones que aducía doña Eulalia
pero sí por los problemas del
abandono y la humedad. No fueron
sencillos, me citaron varias
veces, llené infinidad de
formularios y esperé los
resultados de los edictos
durante meses hasta que
finalmente me avisaron que tal
día harían el trabajo. Esa
mañana respiré tranquila, por
fin se acabarían tantos
trámites, idas y venidas. El
asunto de la tumba de al lado
había llegado a agotarme. En
todo ese tiempo jamás apareció
un solo pariente de aquella
familia muerta. El comprobarlo
me dio cierta tristeza.
Despojarlos del único lugar que
tenían tampoco parecía ser justo
pero ¡¿Qué podía hacer?! Esa
noche no logré dormir.
A la mañana siguiente, muy
temprano estaba en el despacho
de la municipalidad solicitando
que los cajones de la tumba de
al lado sean trasladados a mi
bóveda. El pedido era tan
inusual que nadie sabía qué
responder, pero ante mi
insistencia terminaron
aceptando. Llené otros
formularios, firmé y volví al
cementerio con una orden de
traslado. Los empleados leyeron
la orden, me miraron sin
entender nada y se encogieron de
hombros como diciendo: _Y bueno,
gente loca hay en todos lados...
Yo entre tanto me dirigí a mi
bóveda y "conversé con mis
muertos" -No sé si es la mejor
solución, pero no pude
abandonarlos. "Ya sé que no son
de la familia y nunca lo serán
pero están muy solos. Deben
prometerme que los van a
aceptar, a tratar bien y que los
van a invitar a la hora del té.
Ellos los molestaban por el
simple hecho de estar solos, de
envidia, aunque no mal
intencionada. Creo que ellos
querían participar y ustedes,
seguro no los dejaron porque hay
que ver que siempre ha sido una
familia muy unida pero también
terrible. ¿Se acuerdan cuando la
prima Marta presentó a su futuro
marido? ¡Pobre hombre!, siempre
se sintió sapo de otro pozo.
¡Encima, era alérgico al té!
La decisión ya fue tomada, ellos
son ahora sus huéspedes para
bien o para mal. Está en ustedes
saber compartir, disfrutar de
buena compañía y no ser tan
cerrados. Dense una
oportunidad... ". -me levanté y
salí de allí con una sonrisa en
mis labios.
Frente al portón me encontré con
Eulalia y le prometí que
regresaría para la hora del té,
con masitas y torta. Ella sería
mi invitada de honor. |
CURRÍCULO
NOMBRES: VERÓNICA PATRICIA
APELLIDO: EDYE
FECHA DE NACIMIENTO: 14/03/1960
CORREO ELCTRONICO: verito1460@yahoo.con.ar
ESTUDIOS CURSADOS:
-PRIMARIO: COMPLETO
-SECUNDARIO: COMPLETO / TITULO:
BACHILLER
-TERCIARIO: COMPLETO / TITULO:
TÉCNICA EN PERIODISMO
(INSTITUTO MARIANO MORENO)
OTROS ESTUDIOS:
-DISEÑO DE MODAS Y VESTUARIO:
COMPLETO (profesora particular)
ACTUACIÓN: 3 Años (PROFESORES:
NICOLAS MEDINA y SANTIAGO
DORIA)
-EXPRESIÓN CORPORAL: 2 Años
(PROFESOR: NESTOR PEREZ
FERNÁNDEZ)
-TECNICA VOCAL: 2 Años
(PROFESORA: GLORIA TISSERA)
-TÉCNICAS DE ESCRITURA: COMPLETO
(PROFESOR SEBASTIÁN ADURIZ/
CENTRO CULTURAL ROJAS)
-GUION PARA T.V. Y RADIO:
COMPLETO (PROFESOR LUIS BUERO-
A.P.T.R.A)
OBRAS DE MI AUTORIA:
- - "LA CITA": obra de teatro en
2 actos, estrenada en el teatro
"Astrolabio", año 2002
- - "AMANECER DEL ALMA": novela
(sin publicar)
- - "POR LA SANTA RUSIA": obra
de teatro musical para 30
actores en escena (sin estrenar)
- - "UNA DE VECINOS": cuento
(sin publicar)
- - "LA TUMBA DE AL LADO":
cuento (sin publicar)
- - "PACTO DE SILENCIO": cuento
(sin publicar)
-COLABORACION AUTORAL:
-"SALVENSE SI PUEDEN" - de
Benjamín Telias- Año 1986
-"OBELISCO 2003" - de Benjamín
Telias- Año 1988 / Estrenada en
Centro
Cultural San Martín.
-COREOGRAFIA:
-"SOR -PRESAS" -de Néstor Coco
Cragnolini / Encuentros
Teatrales Barriales
Proyecto "Roberto Arlt" -
Temporada 2001
VESTUARIO:
- "LAS COSAS QUE NOS SEPARAN" -
Año 1981
-"SALVENSE SI PUEDEN" - Año 1986
-"ARRANCAME LA VIDA" -(versión
con Silvana Di Lorenzo)
-"ENSUEÑO VENECIANO" -Años 1998/
1999/2000
-DISEÑO Y REALIZACIÓN DE TRAJES
DEL Año 1900 PARA EVENTOS
ESPECIALES PARA LA FIRMA "AVON"
- Años 1998/1999/2000/2001/2002
ACTUACIÓN:
-ELENCO ESTABLE MUNICIPALIDAD DE
VICENTE LOPEZ - Años 1983 y 1984
Dirección Santiago Doria
-"EL AMOR DE LA ESTANCIERA" -
ganadora del primer premio del
encuentro de Teatro del Circuito
Cultural del Gran Buenos Aires /
Representada en el Centro
Cultural San Martín - Año 1983
-"SALVENSE SI PUEDEN" - Año 1986
-"ENSUEÑO VENECIANO" -Centro
Cultural Recoleta- Año 2000
PUESTA EN ESCENA Y DIRECCIÓN
GENERAL:
-"ENSUEÑO VENECIANO" -de Carlos
Gerard / Centro Cultural
Italiano de Buenos Aires /
Centro Cultural Italiano de
Colón, Entre Ríos / Centro
Cultural Recoleta. Años
1998/1999/2000
-"LA CITA" -de mí autoría/
Teatro Astrolabio. Encuentros
Teatrales Barriales Proyecto
"Roberto Arlt"- temporada 2002
OTROS:
-SECRETARIA DE LA CAMARA
ARGENTINA DE LA MODA
Gentileza::
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luisbuero@tutopia.com ]
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