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Silsh
(Silvia Spinazzola)
Argentina - 1958
Su lema: "La magia está en la libertad para
sentir"
Algunos de sus poemas:
POETA
Hay tensión en la mano del poeta
mientras vomita su dolor
que alegre condena a lo implacable.
Desciende hasta el útero
del verbo
por arrancarle las entrañas
se divierte
en abrir llagas
cuanto más se hunde.
Ese estadío que desnuda
por recrear el péndulo
donde el hábitat
ironiza su sentencia.
© Silsh
VIENTO
ya no me traigas más
su voz de río
que la mañana
se acurruca en almanaques
respirame las sombras
rastrillame nostalgias
que no quiero guardar
ningún retazo
de sus manos ausentes
en mi cuerpo.
© Silsh
CEREBRO EN CRUDO
Vuélvete del revés y contrafrente
hasta atrapar señuelos
por esconder a dentelladas el instante.
Hunde la claridad
que balancea los confines de cenizas
donde se bañan los presagios.
Protagonista ausente corcovea
sobre la arrebatada desazón
moldeando los rebordes de la esencia.
Recrudece la marcha del auxilio
por maniatar agonías que supuran
al estallido de dentritas sin axiomas.
Pídele al corazón que no se marche
entre los pliegues que gobiernan
bajo el duro hueso de la idea.
Un aquelarre se desnuda en la cornisa
por dejar que la lluvia
acaricie la médula del tiempo.
© Silsh
NO SÉ SI PUEDA
¿Cómo medir esta distancia / sin pedales
por torpes laberintos de la especie?
Armada de siluetas
voy a hacer de tus pasos / caracolas
para guardar murmullos de cemento.
El aire / entre esas rejas /
limpiará las paredes
con pañuelos de nanas
anclados en ombligos
junto a tus flores nuevas
hasta abrir los refugios
de la memoria muda
bajo ese doble fondo
con resabio a justicia.
¿Cómo acercar la piel
hasta tocar la verdad-era huella
de tus huesos?
No sé si pueda
saberme más cobarde.
© Silsh
(Argentina - 24 de marzo 2004)
FRIDA
esa mujer que mira
por los agujeros de su vientre
enroscando sus venas / cicatrices
donde aquietar su furia sobre lienzos
la esclava de pasiones / de puñales
que retratada-atada-está
entre girasoles
que escupe y carajea
ante injusticias
desde su cuna-cama-dura-quieta
recortada en pedazos
su columna.
Frida
la de los clavos /clama
retorcida cadera inmóvil
entre pájaros-pinceles
revoluciona tiempos
agitada de amor
por su Rivera.
© Silsh
EL TIEMPO ACUSA (texto libre)
También mi tiempo acusa. Se agitan resortes
oxidados de lloviznas de sal. Transpiran su
acorde sobre el humo azul que acerca nuestros
labios, hasta enredarlos en la esquina
transparente de la nada.
Es dulce saberte, sentirte sin reparos aunque
entornes la voz detrás de parapetos espías de
mis huellas, que se inclina desnuda sobre la
piel de la tardanza.
Un lamento de lejanías confunde el vuelo del
gorrión malherido. Rompe su trino la claridad de
lo supuesto:
No pidas imposibles
nunca podré dañarte
no es parte de mi esencia
aunque escupa razones
que no confesarás
ni abrirás tus comarcas
a la hora del susurro.
Duerme aún la duda tras los párpados: ¿podrás
mirar de frente hacia tu espejo? ¿te quitarás la
máscara de arcilla? Puedo estallar como piñata
herida, abofetearte por rematar los sueños,
pero...
no me pidas
que ahogue nuestros besos
pervertidos de insomnios
que van dejando estelas
no me incites
a despertarte los sentidos
sobre la alfombra
que le robé a las nubes.
No provoques a mis labios;
que temo a las palabras.
Corren lenguas de lava sobre la piel
hasta marcarnos surcos.
Ya no hay sospechas grises.
Estamos a dos pasos del abismo
del grito mudo
que asola latitudes
aguardando al eco.
(Dos seres azorados sin respuestas
que se debaten en nostalgias
al mirar cabeza abajo
desde el puente a media luz)
Hemos tendido un edredón de pétalos por
recuperar el calor que nos negamos. Arañamos las
sombras por espantar fantasmas. Ignoramos a la
memoria por no dejar pendiente el rito
que nos llama,
que hipnotiza,
que nos traga,
que explota
hasta arrojarnos al espacio en espiral, por
donde se abre el cielo y nos obliga a mirarnos
al fondo de las lágrimas.
Ya no puedo distraer a la garganta que sucumbe a
tus anzuelos de espuma más allá de la orilla,
esperando zambullirse en esos brazos que,
extendidos, imploran desde su cauce de
tinieblas.
Un aullido cruza la noche
hasta partirla.
El duende alborotado
me camina la piel
del ombligo al tobillo
de pezón a pezón
de la nuca a la pelvis
por atrapar
sus puntos cardinales.
Desde la súplica
me tocas el deseo
desde la huída, acaricio
tu vértigo.
(Llegan las barcas del exilio que saludan
al arrojar el alimento deshojado; sin saber
que siempre olvidan los relojes)
© Silsh
Gentileza:: Silsh-Arnet [
silsh@arnet.com.ar ]
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