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Agua: Objetivo
económico-militar de Washington
por Carlos
Fazio
A comienzos de 2006, en un
discurso pronunciado en la
prestigiosa Chatham House de
Londres, el ministro de Defensa
británico, John Reid advirtió
que al combinarse los efectos
del cambio climático global y
los mermados recursos naturales,
se incrementaba la posibilidad
de conflictos violentos por
tierras, agua y energía.
Aunque existían precedentes,
dado su alto rango la predicción
de Reid fue el anuncio oficial
de que la era de las guerras por
los recursos está próxima.
Ya antes, la expresión más
significativa de esa perspectiva
había sido un informe preparado
para el Pentágono, en 2003, por
una consultora de California.
Bajo el título "Un escenario de
abrupto cambio climático y sus
implicaciones para la Seguridad
Nacional de Estados Unidos", el
documento advertía sobre la
posibilidad de sucesos
ambientales cataclísmicos y la
emergencia de confrontaciones
militares debido a la necesidad
imperiosa de recursos naturales
tales como energía, alimentos y
agua, y no tanto por conflictos
ideológicos, religiosos o de
honor nacional.
Como esclarecían el discurso de
Reid y el estudio del Pentágono,
el mayor peligro no es la
degradación de los ecosistemas
per se, sino la desintegración
de sociedades enteras, lo que
produciría una hambruna
descomunal, migraciones masivas
y recurrentes conflictos por los
recursos vitales.
En la perspectiva de Reid, en
países pobres e inestables, el
riesgo resultante podrían ser
colapsos estatales, guerras
civiles y migración masiva. Un
ejemplo que puso entonces fue la
guerra en Darfur, África.
A su vez, uno de los escenarios
avizorados por el Pentágono era
el uso de armas letales por los
llamados "Estados guerreadores",
con la consiguiente
proliferación de armas
nucleares.
Desde que Reid formuló su
pronóstico han pasado dos años,
y cinco desde que se conoció el
informe del Pentágono. Como
respuestas a esas predicciones,
los países industrializados han
venido confiando en su
superioridad militar para
hacerse de los recursos, así
como en la fortificación de sus
fronteras y costas y en leyes
xenófobas para frenar la entrada
de migrantes indeseables, que
son criminalizados e, incluso,
como en el caso de Estados
Unidos, asimilados a la
categoría de "terroristas".
En ese contexto, no escapa que
entre los objetivos del
relanzamiento de la IV Flota del
Pentágono por los mares y ríos
de América Latina y el Caribe,
está el posicionarse en las
zonas ribereñas de países que
cuentan con petróleo, gas
natural y agua.
Se sigue la lógica imperial
expuesta en el documento de
Santa Fe IV (un tanque de
pensamiento del Partido
Republicano), que en 2003
planteó que "los recursos
naturales del hemisferio están
disponibles para responder a
nuestras prioridades
nacionales".
Poco después, en febrero de
2004, el diario inglés The
Guardian dio a conocer un
informe secreto de Andrew
Marshall, consejero del
Pentágono, en el cual advertía
al presidente George W. Bush
sobre "los oscuros efectos del
calentamiento global en el
planeta, a corto plazo". La
falta de agua potable, entre
ellos.
El estudio sugería que
Washington debía prepararse para
estar en condiciones de
apropiarse de ese recurso
estratégico "… allí dónde esté,
y cuando sea necesario".
Da la casualidad que en América
del Sur, más precisamente en la
Cuenca del Plata, está el
Acuífero Guaraní, el tercer
reservorio subterráneo de agua
dulce más grande del orbe, que
supera en tamaño a España,
Francia y Portugal juntos, y que
puede abastecer durante 200 años
a la población mundial.
El Sistema del Acuífero Guaraní
abarca, aproximadamente, un área
de un millón 195 mil kilómetros
cuadrados, 70 por ciento bajo
suelo brasileño, 19 por ciento
en Argentina, seis por ciento en
Paraguay y cinco por ciento en
Uruguay.
Allí está ubicada la "triple
frontera", una zona de
confluencia de Argentina, Brasil
y Paraguay visualizada como un
punto crítico por el Pentágono
desde el 11 de septiembre de
2001, bajo la fabricación
propagandística de que habrían
"células dormidas" de Al Qaeda.
La excusa para establecer una
base militar, instalar por lo
pronto oficinas de la DEA y el
FBI, hacer aprobar localmente
leyes antiterroristas y negociar
convenios de inmunidad para sus
tropas.
Con ese andamiaje militar de
carácter contrainsurgente, que
opera en coordinación con los
aparatos de seguridad de Estados
Unidos en la zona, la CIA
incluida, y su brazo
"diplomático-civil", la Agencia
para el Desarrollo Internacional
(USAID, por sus siglas en
inglés), el despliegue de la IV
Flota ahora, en los ríos
interiores de los países del
Cono Sur, indica que la Casa
Blanca está posicionada y
preparada, para librar la guerra
por el agua en esa porción de su
"patio trasero" contra sus
competidores de la "vieja
Europa", Japón y China.
El autor es un reconocido
articulista de la prensa
mexicana.
Fuente: Prensa Latina
http://listas.cult.cu/mailman/listinfo/entorno
Cubarte, 2008.
Gentileza::
entorno@listas.cult.cu
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