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¡Detengan ese barco!
por Luis
Luque Álvarez
juventud rebelde
Los ácidos intercambios
entre, por una parte, Washington
y Bruselas, y Rusia, por el tema
de la respuesta rusa a la
invasión georgiana a la
república de Osetia del Sur,
sumó a un actor importante en la
región: Ucrania, cuyo gobierno,
como el de Georgia, también
aspira a que su país ingrese en
la Organización del Tratado del
Atlántico Norte (OTAN).
Cuando los presidentes de
Estonia, Lituania, Letonia y
Polonia volaron a Tiflis la
pasada semana para ostentar sus
coincidencias antirrusas con el
presidente Mijaíl Saakashvili,
en aquel acto en el que ondeaban
banderas norteamericanas, uno de
los oradores fue el mandatario
ucraniano Víctor Yuschenko, de
tendencia «proeuropea», según la
calificación al uso en el argot
de los medios periodísticos.
Como todos iban contra Rusia,
Yuschenko no se iba a quedar
atrás, y por un decreto,
estableció que cualquier
movimiento de los buques
militares rusos estacionados en
la ciudad ucraniana de
Sebastopol, sede de la Flota
Rusa del Mar Negro, debía ser
notificado a Kiev con al menos
72 horas de antelación. Incluso,
las naves que se habían fondeado
ya frente a las costas
georgianas corrían el riesgo de
perder la autorización para
regresar a puerto.
A las claras, esta sería una
medida aplaudida por los aliados
de Georgia y vendría siendo como
otra estrellita en el expediente
para poder agilizar la entrada a
la OTAN. ¡Hombre! Si a los
barcos rusos se les impide
volver, y además, se les ofrece
a los adversarios de Rusia la
posibilidad de utilizar sistemas
de radares en el oeste de
Ucrania, que hasta ahora son
operados de conjunto por
expertos de Moscú y Kiev, ello
significa para Washington y
Bruselas poder tener más a la
mano el control del Mar Negro,
crucial en el tránsito de los
recursos energéticos que
provienen de antiguas repúblicas
soviéticas.
Sin embargo, con el apuro, el
presidente Yuschenko no ha
reparado en que bloquear el
acceso de los barcos rusos,
además de que no ayuda a aplacar
las tensiones —algo que está
intentando hacer Francia al
frente de la presidencia
rotatoria de la Unión Europea—,
se sale del contexto legal de un
acuerdo firmado por Ucrania y
Rusia en 1997, por el que Moscú
tiene garantizada su presencia
naval en Sebastopol hasta 2017.
Cabe explicar que el grueso de
las naves de la Flota del Mar
Negro pertenece a Moscú, que
posee en usufructo buena parte
de las instalaciones navales de
ese sitio. El alquiler le cuesta
unos 100 millones de dólares
anuales, pero se deducen de la
deuda energética de Kiev con el
gigante euroasiático.
Precisamente en este detalle se
advierte uno de los
contrasentidos del gobierno de
Yuschenko, al no tomar en cuenta
la dependencia de su país de los
combustibles rusos. Ya en enero
de 2006, al no llegar a un
acuerdo sobre los precios —que
Ucrania, lógicamente, pretendía
que siguieran bajos—, el país
sufrió un corte en los
suministros. ¡Y en Europa
occidental se lo sintieron, pues
las tuberías son las mismas...!
¿Vale la pena entonces, cuando
no se tiene la razón (porque fue
Georgia la agresora), andar
atizando fuegos que, al final,
incendiarán la casa propia?
Por otra parte, la idea de
Yuschenko puede llevarlo a hacer
el ridículo, porque ¿qué método
efectivo podría emplear para
detener la entrada de barcos
rusos a Sebastopol, como no sea
arriesgando una ampliación del
conflicto? Nada más se dio a
conocer el decreto, el almirante
ruso Vladímir Komoyédov, ex
Comandante de la Flota del Mar
Negro, recordó que ese cuerpo no
está subordinado al presidente
de Ucrania ni debe acatar sus
decisiones.
De todos modos, para evitarse
desencuentros como estos, ya
Rusia prepara una base naval en
sus propias costas del Mar
Negro, en la localidad de
Novorossik, que debe quedar
lista para 2012. Y claro, sin
ingenuidades, habría que añadir
que si las eventuales
conversaciones sobre el estatus
futuro de Osetia del Sur y
Abjasia traen el resultado de
que sus ciudadanos
—mayoritariamente rusos— desean
la separación de Georgia y la
integración de ambos territorios
en Rusia, pues Moscú podría
disponer igualmente de las
costas abjasas para dar cobijo a
su flota. Y acrecentaría su
influencia en la región.
Ese escenario, no obstante, aún
es algo nebuloso. Por ahora,
solo se necesita bajar un poco
los tonos...
Luis
Luque Álvarez
luque@jrebelde.cip.cu
http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2008-08-19/detengan-ese-barco/
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