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Marcos señala que ni él ni
nadie es capaz de llegar al
poder y transformar todo hacia
abajo
Hermann
Bellinghausen
Enviado La Jornada, México
El zapatismo "no es el único
rebelde, ni el mejor", ni busca
crear "un movimiento que
hegemonice toda la rebeldía en
México", sostuvo el
subcomandante Marcos la noche
del viernes al recibir en el
caracol de La Garrucha a la
Caravana Nacional e
Internacional de solidaridad que
recorre las comunidades
zapatistas.
Acompañado por el teniente
coronel Moisés y los comandantes
Isaías y Masho, se pronunció por
alcanzar "un encuentro de
rebeldías, un intercambio de
aprendizajes y una relación más
directa, no mediática sino real,
entre organizaciones".
Ante caravaneros procedentes de
diversos países, particularmente
europeos, el jefe militar
rebelde subrayó que "el cuento
de una izquierda institucional"
que llega al poder "está
perfectamente claro para los
españoles, con José Luis
Rodríguez Zapatero o Felipe
González", o para los franceses,
con "el barón" François
Mitterand.
"En México no. Sigue habiendo
esa expectativa: que es posible
que la izquierda que padecemos
ahora, si llega al poder, va a
gobernar sin dejar de ser de
izquierda". Prácticamente todos
los países del mundo dan cuenta
de lo contrario, recalcó. "De
gente de izquierda, no
necesariamente radical, que en
el momento en que llega al poder
deja de serlo. Varían la
velocidad, la profundidad, pero
indefectiblemente se
transforman. Eso es 'el efecto
estómago' del poder: o te
digiere o te hace mierda."
En México, ante el acercamiento
de la izquierda al poder, surgió
"este proceso de digestión y
defecación" sobre ella.
"Perdónenme si rompo algún
corazón, pero el centro no está
en el centro, está pegado a la
derecha".
Recordó que un grupo de
intelectuales, artistas, líderes
sociales pedía a los zapatistas
volver la historia a 1984,
"cuando pensábamos que si un
grupo, o una persona, llega al
poder, transforma todo hacia
abajo. Que depositáramos la
confianza, el futuro, nuestra
vida y nuestro proceso a un
iluminado, a una persona, junto
con una banda de 40 ladrones que
es la izquierda en México".
Expuso: "No es que nos sea
antipático el presidente
legítimo, sino simple y
sencillamente no creemos en ese
proceso. No creemos que alguien,
ni siquiera tan guapo como el
subcomandante Marcos, sea capaz
de hacer esa transformación".
El rompecabezas del poder y la
pieza que no encaja
El zapatismo es incómodo,
agregó. "Como si en el
rompecabezas del poder llegara
una pieza que no encaja, y hay
que deshacerse de ella. De los
movimientos que hay en México,
uno de ellos (no el único), el
zapatismo no permite
conformarse, rendirse,
claudicar, venderse", mientras
que en los movimientos de arriba
"ésa es la lógica". El
"corrimiento a la derecha" de la
izquierda que participa en el
poder "se oculta diciendo que el
EZLN se radicalizó, pero nuestro
planteamiento sigue siendo el
mismo: no buscamos la toma del
poder, pensamos que las cosas se
construyen desde abajo.
"El poder es un club exclusivo.
La 'sociedad del poder' tiene
reglas, y sólo se puede acceder
a ella si se cumplen. Cualquiera
que busque la justicia, la
libertad, la democracia, el
respeto a la diferencia, no
tiene posibilidad de acceder
ahí, a menos que claudique de
esas ideas."
En su primera aparición en
público en lo que va del año, el
vocero rebelde comentó: "Se
dice, no sin razón, que en los
últimos dos años el
subcomandante Marcos trabajó,
con empeño y éxito, en destruir
la imagen mediática que se había
construido en torno a él".
También hizo mención de los
"intermediarios", dispuestos a
viajar "con los gastos pagados a
recibir aplausos y alguno que
otro favor". Admitió que la
aparición de los "coyotes de la
solidaridad" ocultó la
existencia "de otros abajos".
Con la Sexta declaración de la
selva Lacandona vino "la ruptura
con este sector, y la búsqueda,
en México y en el mundo, de
otros que fueran como nosotros,
pero diferentes".
Marcos señaló que además de la
posición que sostienen los
zapatistas frente al poder, hay
una característica "esencial":
la renuncia a hegemonizar y
homogenizar la sociedad. "No
pretendemos un México zapatista,
ni un mundo zapatista. No
pretendemos que todos se hagan
indígenas. Nosotros queremos un
lugar, aquí, el nuestro, que nos
dejen en paz, que no nos mande
nadie. Eso es la libertad: que
nosotros decidamos lo que
queremos hacer."
Tras ofrecer a sus visitantes un
"rápido recorrido" por la
historia de EZLN, iniciada hace
25 años en la selva Lacandona,
les habló de la "herencia moral
y ética de los que nos fundaron.
Tenemos una deuda moral con
nuestros compañeros. No con
ustedes, no con los
intelectuales que se alejaron,
no con los artistas, ni los
escritores, ni los líderes
sociales que ahora son
antizapatistas".
La deuda es "con aquellos que
murieron luchando", concluyó.
"Queremos que llegue el día en
que podamos decirles a nuestros
muertos tres cosas nada más: no
nos rendimos, no nos vendimos,
no claudicamos."
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Gentileza:: Guillermo C. Cohen-DeGovia
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