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Madre ambiente
Frei Betto
ALAI AMLATINA
Ecología viene del griego "oikos",
casa, y "logos", conocimiento.
Por tanto, es la ciencia que
estudia las condiciones de la
naturaleza y las relaciones
entre todo lo que existe - pues
todo lo que existe coexiste, pre-existe
y subsiste. La ecología trata,
pues, de las conexiones entre
los organismos vivos, como las
plantas y los animales
(incluyendo los hombres y las
mujeres), y su medio ambiente.
Quizás fuera más correcto,
aunque no tan apropiado, hablar
de ecobionomía. Biología es la
ciencia del conocimiento de la
vida. Ecología es más que el
conocimiento de la casa en que
vivimos, el planeta. Así como
economía significa
administración de la casa',
ecobionomía quiere decir
administración de la vida en la
casa'. Y es posible llamar al
medio ambiente madre ambiente,
pues él es nuestro suelo,
nuestra raíz, nuestro alimento.
De é venimos y a él volveremos.
Esta visión de interdependencia
entre todos los seres de la
naturaleza se perdió con la
modernidad. A lo cual ayudó una
interpretación equivocada de la
Biblia -la idea de que Dios lo
creó todo y finalmente lo
entregó a los seres humanos para
que "dominasen" la Tierra. El
dominio se convirtió en sinónimo
de expoliación, estupro,
explotación. Se buscó la manera
de arrancarle al planeta el
máximo de lucro. Los ríos fueron
polucionados; los mares,
contaminados; el aire que
respiramos, envenenado.
Pero no existe separación entre
la naturaleza y los seres
humanos. Somos seres naturales,
aunque humanos porque estamos
dotados de conciencia e
inteligencia. Y espirituales,
porque estamos abiertos a la
comunión de amor con el prójimo
y con Dios.
El Universo tiene cerca de 14
mil millones de años. Y el ser
humano existe hace apenas 2
millones de años. Eso significa
que somos el resultado de la
evolución del Universo que, como
decía Teilhard de Chardin, es
movida por una "energía divina".
Antes del surgimiento del hombre
y la mujer, o Universo era
bello, pero ciego. Un ciego no
puede contemplar su propia
belleza. Cuando surgimos, el
Universo ganó, en nosotros,
mente y ojos para mirarse en el
espejo. Al mirarnos la
naturaleza, es el Universo quien
se mira a través de nuestros
ojos. Y ve que es bello. Por eso
es llamado Cosmos. Palabra
griega que da también origen a
la palabra cosmético -lo que
imprime belleza.
La Tierra, ahora, está
polucionada. Y nosotros sufrimos
los efectos de su devastación,
pues todo lo que hacemos se
refleja en la Tierra, y todo lo
que sucede en la Tierra se
refleja en nosotros. Como decía
Gandhi: "La Tierra satisface las
necesidades de todos, menos la
voracidad de los consumistas".
Son los países ricos del Norte
del mundo los que más
contribuyen a la contaminación
del planeta. Son responsables
del 80% de la contaminación, de
los cuales los EUA contribuyen
con el 23% e insisten en no
firmar el Protocolo de Kyoto.
"Cuando el último árbol sea
talado -dice un indio de los EUA-,
el último río envenenado y el
último pez pescado, entonces
vamos a darnos cuenta de que no
podemos comer dinero".
El mayor problema ambiental,
hoy, no es el aire polucionado o
los mares sucios. Es la amenaza
de extinción de la especie
humana, debido a la pobreza y a
la violencia. Salvar la Tierra
es liberar a las personas de
todas las situaciones de
injusticia y opresión.
La Amazonía brasileña es un
ejemplo triste de agresión a la
madre ambiente. Al comienzo del
siglo XX, muchas empresas se
enriquecieron con la explotación
del caucho y dejaron en su lugar
un rastro de miseria. En los
años 1970 el multimillonario
norteamericano Daniel Ludwing
cercó uno de los mayores
latifundios del mundo -2
millones de hectáreas- para
explotar celulosa y madera,
dejándonos como herencia tierra
devastada y suelo agotado casi
convertido en desierto. Es lo
que pretende repetir, ahora, el
agronegocio interesado en talar
la selva para plantar soya y
criar ganado.
La injusticia social produce
desequilibrio ambiental y eso
genera injusticia social. Con
razón alertaba Chico Mendes a la
economía sustentable (o sea
capaz de no perjudicar a las
futuras generaciones) y a la
ecología centrada en la vida
digna de los pueblos de la
selva.
La mística bíblica nos invita a
contemplar toda la Creación como
obra divina. Jesús nos moviliza
a la lucha en favor de la vida
-de los otros, de la naturaleza,
del planeta y del Universo.
Dicen los Hechos de los
Apóstoles: "Él no está lejos de
cada uno de nosotros. Pues en Él
vivimos, nos movemos y
existimos. Somos de la raza del
mismo Deus" (17, 28). Todo este
mundo es morada divina. Debemos
tener una relación
complementaria con la naturaleza
y con el prójimo, de los cuales
dependemos para vivir y ser
felices. Eso se llama amor.
Traducción
de J.L.Burguet
-
Frei Betto es escritor, autor de
"El amor fecunda el Universo.
Ecología y espiritualidad",
junto con Marcelo Barros.
Agencia Latinoamericana de
Información
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Gentileza:: Alai - Amlatina
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