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El neoliberalismo europeo en
América Latina
Alfredo
Gómez-Muller *
Adital
La crisis engendrada por las
políticas neoliberales continúa
agravándose, a escala
planetaria, dejando cada día más
personas sin trabajo ni
ingresos, sin vivienda ni
protección social, condenadas a
la precariedad y la
incertidumbre. La respuesta de
los gobiernos liberales y
social-liberales a esta crisis
es bastante simple: ¡Necesitamos
aún más políticas neoliberales!
Rechazando toda política
alternativa, es decir, toda
verdadera respuesta a la crisis,
estos gobiernos mantienen su
empresa de liquidación
sistemática del sector público,
de desmantelamiento del derecho
laboral y la protección social,
y de mercantilización de todos
los productos de la actividad
social. Esta empresa, que se
despliega a nivel planetario
como globalización neoliberal,
tropieza hoy día con un
importante foco de resistencia
en América Latina, donde una
serie de gobiernos intentan
construir políticas
alternativas, buscando poner la
economía al servicio del
conjunto de la sociedad. Este
viraje a izquierda de América
Latina, que reviste formas muy
variadas pero que en todos los
casos implica un cierto
reforzamiento de la esfera
pública, genera hostilidad por
parte de la Unión europea (UE)
como de los Estados Unidos; hoy
en día, lo esencial de la
política de las grandes
potencias frente a América
Latina pretende neutralizar
estas políticas alternativas que
estorban la «libre circulación
de capitales». Para la
implementación de estas
políticas neoliberales, la UE
como los Estados Unidos utilizan
una herramienta principal: los
«Tratados de libre comercio»
(TLC).
Los TLC apuntan a establecer la
liberalización generalizada de
los servicios (en la misma línea
que la directiva europea
Bolkestein de 2005), la
privatización (incluida y ante
todo la del agua y los recursos
naturales), la mercantilización
de la vida (licencias de
comercio para lo vivo), la
apropiación privada del
conocimiento (propiedad
intelectual detentada por los
monopolios farmacéuticos,
rechazo de los medicamentos
genéricos), y la imposición de
tribunales de arbitramento que
garantizan los «derechos» de las
empresas multinacionales a
expensas de los derechos
fundamentales de las sociedades.
Estas normas ultraliberales, que
la UE pretendió imponer en 2008
a la Comunidad Andina de
Naciones (Colombia, Ecuador,
Perú y Bolivia) en tanto que
único marco posible de
negociación, han sido rechazadas
por el gobierno boliviano de Evo
Morales: los acuerdos
comerciales con la UE, ha dicho
Morales, deben respetar los
derechos sociales establecidos
por la nueva Constitución
boliviana, preservar el dominio
público (en especial en lo que
se refiere a la educación, la
salud, el agua, la electricidad
y el gas) y favorecer a los
pequeños productores.
Para esquivar el obstáculo de
Bolivia, Europa opta entonces,
apoyada por Colombia y Perú, por
romper de hecho la Comunidad
Andina de Naciones (CAN),
abriendo en febrero de 2009
negociaciones bilaterales con
estos dos últimos países así
como con Ecuador, que apostó
inicialmente por la posibilidad
de un acuerdo con Europa
enmarcado por un proyecto
económico alternativo. Hoy en
día, al cabo de la tercera ronda
de negociaciones, Ecuador acaba
sin embargo de anunciar que en
adelante ya no se ajustará al
ritmo de negociación impuesto
por Europa, Colombia y Perú,
optando por el estatuto de
simple «observador» en las mesas
de negociación relativas al
acceso a los mercados agrícolas,
la competencia, las compras
públicas, la propiedad
intelectual y los servicios
financieros. La UE ha pues
escogido a Colombia y Perú en
tanto que asociados
privilegiados, esto es, a los
dos únicos países sudamericanos
que no han asimilado las
lecciones de la década
neoliberal de los años 1980.
Los TLC y los derechos humanos
Implementado durante los años
1980, tanto por los militares
como por los gobiernos civiles
de transición a la «democracia»,
este modelo neoliberal,
promovido por las instituciones
financieras internacionales,
agravó la pobreza y las
desigualdades sociales en todo
el subcontinente, hasta
desembocar finalmente, en el año
2001, en Argentina, al derrumbe
de la economía, el crash
bursátil, la devaluación, la
bancarrota del Estado y la
pauperización brutal de la mayor
parte de la población. La
emergencia de gobiernos de
izquierda o progresistas en
América Latina, a partir de
finales de la década 1990,
indica la toma de conciencia de
este fracaso neoliberal así como
de la necesidad de construir
políticas alternativas. En esta
perspectiva, Venezuela decide
retirarse de la CAN en abril de
2006, debido a la política de
Colombia y Perú tendiente a
establecer dos TLC con los
Estados Unidos, dirigidos por
Bush. Hasta hoy, no obstante, la
Colombia de Álvaro Uribe no ha
logrado aún obtener la firma del
TLC con los Estados Unidos,
debido a la resuelta oposición
de un grupo de senadores
demócratas que han considerado
seriamente las graves
violaciones a los derechos
humanos perpetrados bajo el
régimen de Uribe: millares de
asesinatos y desapariciones de
sindicalistas, indígenas y
opositores políticos,
implicación del régimen en las
actividades de los
paramilitares, impunidad,
corrupción. La UE, por su parte,
no parece compartir los
escrúpulos de los demócratas
estadounidenses: «básicamente,
no creemos que la cuestión de
los derechos humanos sea un
problema para las negociaciones,
porque no forma parte de los
acuerdos comerciales», ha
declarado el Sr. Fernando
Cardesa García, embajador de la
UE en Bogotá (Semana
Internacional, 2 de febrero de
2009). Se asiste actualmente a
un endurecimiento neoliberal de
la UE, ya explícito en el
documento Global Europe: una
Europa competitiva en un mercado
mundializado, aprobado en la
primavera de 2007 por los 27
miembros de la UE. Al nivel de
las negociaciones comerciales
con la Colombia de Álvaro Uribe
y el Perú de Alan García (cuyo
partido es miembro de la
«Internacional socialista»), la
UE intenta así imponer
exigencias no sólo comparables
sino incluso más duras que las
que suelen plantear los Estados
Unidos, en particular en lo que
atañe a los derechos
intelectuales y a la penetración
de los mercados sudamericanos.
A pesar de la fuerte oposición
social y política, tanto en
Colombia como en el Perú, a la
firma de TLC que conllevan
nefastas consecuencias para la
economía de esos países, la UE
emprende ahora la cuarta ronda
de negociaciones en Bogotá, en
junio de 2009. En Europa, por el
contrario, la movilización
ciudadana contra la firma de
estos tratados es aún muy
incipiente, y muchos de nuestros
conciudadanos ignoran incluso la
existencia de estas políticas de
corte neocolonialista. En la
izquierda, una de nuestras
tareas prioritarias, al nivel de
nuestras relaciones con los
pueblos latinoamericanos, será
sin duda la de exigir en Europa
un debate público sobre estas
negociaciones que se adelantan
en el mayor secreto. El objetivo
es intentar contribuir, por
medio de nuestra presencia en el
Parlamento Europeo, a la
construcción de una política
diferente en relación con
América Latina.
[Versión castellana del texto
publicado inicialmente en
francés en el sitio internet del
Partido de Izquierda francés (Parti
de Gauche):
http://www.lepartidegauche.fr/editos/international/722-le-neoliberalisme-europeen-en-amerique-latine
Enviado por Inestco]troducción.
* Profesor de Estudios
Latinoamericanos en la
Universidad Francois-Rabelais y
miembro del LANPRAT en la
Facultad de Filosofía en el
Instituto Católico (Paris). Es
autor de varios trabajos sobre
ética e filosofía política
http://www.adital.com.br
http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1&lang=ES&cod=39269
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