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En la encrucijada de la
crisis global
Arturo
Guillén
ALAI AMLATINA
La crisis global es la
crisis más importante
experimentada por el capitalismo
desde la gran crisis de los años
treinta del siglo pasado. Se
trata de una crisis de
deuda-deflación de nuevo tipo,
que señala los límites del
régimen de acumulación con
dominación financiera vigente
desde la década de los ochenta,
y que estaba caracterizado,
entre otros elementos, por la
bursatilización, es decir, por
un régimen de financiamiento
basado en la emisión de
obligaciones y derivados.
En el tercer trimestre de 2008
la crisis inmobiliaria que
comenzó a manifestarse en
Estados Unidos a comienzos de
2007, se transformó en una
crisis financiera de grandes
proporciones con efectos
sistémicos. A la fecha, a pesar
de las enormes pérdidas
registradas en los mercados
financieros y del alto costo de
los rescates y de las
inyecciones de liquidez
efectuadas por los bancos
centrales y de los gobiernos, la
inestabilidad financiera está
lejos de haberse superado.
Además, se inició una recesión
de alcance global en el segundo
trimestre de 2008.
La crisis económica y financiera
es sólo uno de los cuatro
procesos de crisis que enfrenta
el mundo en la actualidad. Junto
a ella se entrelazan otros
procesos iguales o más
importantes, como la crisis
ecológica (donde destacan los
problemas derivados del
calentamiento del planeta); la
crisis energética que señala los
límites de un paradigma
energético y de un modo de
consumo basado en el uso y abuso
de los combustibles fósiles; y
la crisis alimentaria. Es, pues,
una crisis inédita y
multifacética. Se asiste, en
muchos sentidos, a la crisis de
lo que Braudel denominaba la
"civilización occidental".
Cuando la crisis financiera ya
se manifestaba con fuerza en
Estados Unidos durante el último
trimestre de 2007, en algunos
círculos existía la creencia
errónea, el mito de que ciertos
países podrían "desacoplarse" (decoupling)
de los efectos de la misma. Se
popularizó la idea de que aún en
el caso de una recesión
estadounidense, el ciclo de
crecimiento de la economía
mundial se mantendría y la Unión
Europea, Asia, así como los
países emergentes podrían seguir
creciendo.
Pronto se evidenció que tal
"desacoplamiento" no existe,
mucho menos en una economía tan
globalizada como la actual. En
un trabajo anterior (Guillén,
2009) sostenía que la crisis se
globalizaría por dos razones:
primero, porque la "burbuja" de
los bienes raíces no fue un
fenómeno estadounidense, sino
que abarcó a muchos países; y
segundo, porque el
involucramiento en la orgía de
bursatilización y derivados
incluyó también a bancos e
intermediarios financieros
europeos y asiáticos.
Además, resulta difícil pensar
en desacoplamiento en un mundo
más integrado que nunca, por la
vía del comercio exterior y de
los flujos financieros. Tampoco
resulta factible esperar
desacoplamientos en el marco de
una "arquitectura" financiera
mundial donde los Estados Unidos
actúan como "comprador de última
instancia" mediante el
financiamiento de sus déficit
(presupuestal y de balanza de
pagos) vía ahorro externo.
En otras palabras, no es dable
esperar que los vagones
continúen su movimiento cuando
la locomotora se detiene.
Es posible que algunas grandes
economías como China o India,
resistan mejor los embates de la
crisis y logren mantener su
crecimiento. Sin embargo, el
aumento en sus productos
internos será a una tasa mucho
menor, y siempre y cuando logren
reenfocar sus estrategias de
desarrollo hacia sus mercados
internos.
La mayoría de los países han
entrado en recesión, o lo harán
en los meses siguientes. Esta es
generalizada y profunda. Se
trata sin duda de la contracción
más importante desde la
posguerra. Abarca a los Estados
Unidos, a la Unión Europea, a
Japón, a los países de Asia del
Este y a un buen número de los
llamados países emergentes de la
periferia.
América Latina no es la
excepción.
La crisis global golpeó a
América Latina cuando esta
región emergía de uno de los
periodos de expansión económica
más intensos de las últimas
décadas. Según datos de la
CEPAL, el PIB de la región
creció a una tasa promedio del 5
por ciento anual entre 2003 y
2008, lo que significa un
incremento medio superior al 3
por ciento en el producto por
habitante, resultado no
conseguido desde la época del
modelo de sustitución de
importaciones (CEPAL, 2008: 13).
Algunos países como Argentina y
Venezuela tuvieron una mejor
trayectoria, con tasas de
crecimiento de más del 8 por
ciento por varios años
consecutivos.
El buen desempeño económico de
América Latina obedeció, en
alguna medida, al mejoramiento
sustancial de los términos de
intercambio, al crecimiento del
volumen de exportación y a los
altos precios de los productos
primarios durante el periodo de
referencia, pero también en el
caso de varios países, como los
citados arriba y otros, al
abandono de las recetas del
Consenso de Washington, a la
búsqueda de estrategias
alternativas de desarrollo y a
la aplicación de políticas
monetarias, fiscales y
salariales activas.
La recesión comenzó en América
Latina durante el cuarto
trimestre de
2008. A pesar de ello todavía en
diciembre de 2008, la CEPAL
preveía para 2009 un crecimiento
del PIB del 1.9 por ciento. Sin
embargo, en abril de 2009 el
mismo organismo estimó una
contracción del 0.3 por ciento
(CEPAL, 2009a), y en junio la
modificó a una mayor del -1.7%
(El Financiero, 2009). El FMI y
el Banco Mundial coinciden en
que la región entrará en
recesión y que esta afectará a
economías tan importantes como
Brasil, México, Argentina, Chile
y Colombia. Durante el cuarto
trimestre de 2008, México,
Brasil, Argentina y Chile
registraron decrecimientos
anualizados del PIB del 10.3 por
ciento, 13.6 por ciento, 8.3 por
ciento y 1.2 por ciento
respectivamente. En el primer
trimestre de 2004, las caídas se
moderaron en Brasil, Chile y
Argentina, pero se profundizó en
México al registrar un
decrecimiento anualizado sin
precedentes, del 21.5%.
En contra de lo que afirman
diversos voceros, la crisis en
América Latina no viene de
fuera. Desde la crisis de la
deuda externa de los ochenta,
nuestros países se insertaron
pasivamente en la globalización
neoliberal, y fue dicha
inserción la causante principal
del estancamiento económico
experimentado durante las
últimas décadas. Ahora que la
crisis global marca límites a la
globalización, se evidencia la
imposibilidad de mantener un
patrón de acumulación liderado
por las exportaciones y
sostenido por políticas
monetarias y fiscales
restrictivas. La mejor
constatación de la inoperancia
del modelo neoliberal lo marca
el hecho de que los países que
lograron superar el
estancamiento en el anterior
periodo expansivo, fueron
aquellos que se alejaron del
Consenso de Washington y
ensayaron estrategias
alternativas de desarrollo. Otra
cosa es que debido a la
profundidad de la crisis, ésta
afecta a todos los países de la
región, con independencia del
estilo de desarrollo adoptado.
Según la CEPAL (2008), los
principales mecanismos de
transmisión de la crisis han
sido el deterioro de los
términos de intercambio, la
disminución de las remesas de
los emigrantes y el retiro
masivo de los flujos privados de
capital de los mercados
financieros. Este organismo
multilateral (2008: 22) estima
que los términos de intercambio
de la región caerán un 15 por
ciento durante 2009. Los precios
de los productos primarios se
desplomaron con la crisis. En
febrero de 2009, estos precios
habían caído respecto al pico de
la expansión, de la siguiente
manera: petróleo en 51 por
ciento, alimentos en 18 por
ciento, arroz en 50.6 por
ciento, maíz en 47.9 por ciento,
trigo en 41.9 por ciento,
metales en 49 por ciento y cobre
en 37.9 por ciento. En el caso
de la caída de las remesas de
migrantes, los países más
afectados serán México, Bolivia,
Ecuador y la mayor parte de
Centroamérica y del Caribe.
Sin embargo, el factor que
probablemente más ha afectado a
las economías latinoamericanas,
sobretodo a las más vinculadas a
los circuitos financieros
internacionales, es el retiro
abrupto de los flujos externos
de capital. El Instituto de
Finanzas Internacionales,
organismo dependiente del FMI,
prevé que los ingresos de
capital privado en los mercados
emergentes descenderán a 165,000
millones de dólares en el
2009, una fuerte baja respecto a
los 466,000 millones del 2008 y
al récord histórico de 929,000
millones registrado en el 2007.
La salida de recursos de los
mercados de dinero y de
capitales hacia instrumentos más
seguros como los Bonos del
Tesoro estadounidenses, no sólo
han afectado los índices
bursátiles y otras variables
financieras de la región, sino
que han provocado fuertes
devaluaciones cambiarias. Es
notable la devaluación de las
monedas en los casos de México y
Brasil, las dos mayores
economías de la región. De julio
de 2008 a febrero de 2009 la
devaluación del real brasileño y
del peso mexicano ante el dólar
estadounidense fue 30.5 por
ciento en ambos casos. Mientras
en Chile y Argentina es de 15.2
y 14.9 por ciento
respectivamente. Después, tanto
en Brasil como en México se
registró una recuperación
relativa de sus monedas frente
al dólar. En el caso de México
vinculado al uso de la línea de
crédito que le extendió la
Reserva Federal estadounidense
al Banco de México y a la
contratación de una línea de
crédito por 47 mil millones de
dólares con el FMI.
La crisis global tiene todavía
un largo camino por recorrer. El
proceso de desvalorización de
los capitales no ha concluido
aún. Hasta ahora los países
desarrollados han bajado hasta
el límite la tasas de interés y
han ejecutado agresivos
programas fiscales de salvamento
para estabilizar sus mercados
financieros, romper la
restricción crediticia y
contener la recesión, sin que
hayan logrado modificar
sustancialmente el marco de
incertidumbre en que se
desenvuelve la economía mundial.
Por el contrario, el panorama se
nubla por el avance de la
deflación y por su imbricación
con la recesión. En esta ocasión
no habrá salida exportadora para
ningún país, lo que obligará a
reestructurar los sistemas
productivos y buscar la salida
en los mercados internos y en
espacios regionales de
integración.
La situación de América Latina
es sin duda compleja, con graves
dificultades a encarar en el
futuro inmediato. El camino de
México, de Colombia y de los
países más cercanos al Consenso
de Washington parece definido:
integrarse más con Estados
Unidos, subordinarse a los
organismos multilaterales y
esperar a que pase el diluvio
para reflotar el modelo
neoliberal. Para algunos puede
ser un escenario atractivo, pero
los costos sociales serán
inmensos. Sin duda se
profundizarán la heterogeneidad
estructural, la desigualdad
social y la pobreza. Por otra
parte, la ruta para los
gobiernos autodefinidos como
progresistas, que son la mayoría
de la región, es difícil. Estos
gobiernos deberían perseverar,
en un contexto mundial convulso,
en su unidad; en la
profundización de sus procesos
de transformación económica y
política internos; en la
búsqueda de estrategias y
políticas alternativas; en la
ampliación de sus relaciones con
las potencias emergentes (China,
Rusia, India, Irán, etc.); y en
la concreción y fortalecimientos
de esquemas de integración
sur-sur.
BIBLIOGRAFÍA
CEPAL (2009). "Crecimiento de
América Latina y el Caribe
retrocedería a
-0.3% en 2009, según la CEPAL",
6 de abril, en: http://www.eclac.org
-------- (2008). Balance
preliminar de las economías de
América Latina y el Caribe,
Comisión Económica para América
Latina, Naciones Unidas,
Santiago de Chile.
El Financiero (2009). "Estima
Cepal caída de 1.7% del PIB en
América Latina". México 11 de
junio.
Guillén A (2007). Mito y
realidad de la globalización
neoliberal.
México, Miguel Ángel Porrúa
editores –UAMI
- Dr. Arturo Guillén R. es
Profesor-Investigador del
Departamento de
Economía
Coordinador del Posgrado en
Estudios Sociales, Línea
Economía Social Universidad
Autónoma Metropolitana
Iztapalapa, México
Agencia Latinoamericana de
Información
http://alainet.org
info@alainet.org
Gentileza:: ALAI-AmLatina
[alai-amlatina@alai.info]
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