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Cuatro décadas de la reforma
agraria
Raúl
Wiener
A 40 años de la más
importante reforma del siglo XX,
la reforma del agro dictada el
24 de junio de 2009, las élites
limeñas se siguen preguntando
acerca de los movimientos
campesinos como los de
Andahuaylas, Sicuani, Amazonía y
otros, ¿pero quién los
manipula?, ¿quién los financia?.
Mulder ha vuelto sobre que esto
es una conspiración y Giampietri
que a él le huele que hay
injerencia extranjera.
Esta es, por supuesto, una vieja
historia. A comienzos de los 60,
en La Convención, en Cusco,
estalló un amplio movimiento de
sindicalización campesina que se
enfrentó a la dominación de los
gamonales de horca y cuchillo.
En Lima se habló de guerrilla y
conspiración, y cuando los
principales líderes fueron
detenidos, entre ellos Hugo
Blanco, se pidió pena de muerte
para ellos. Pero en paralelo, el
gobierno militar de 1962,
decretó una reforma agraria
adelantada exclusiva para esa
provincia, con lo que reconocía
la justicia de la demanda
campesina.
Algo parecido ocurrió con la ola
de ocupaciones de tierras en el
departamento de Pasco, impulsada
por las comunidades del
departamento que se enfrentaron
a la política de la división
agrícola de la Cerro Corporation
que había venido expandiendo su
cerco ganadero apropiándose de
las tierras ancestrales de los
campesinos. En esta lucha, como
cuenta Scorza, se fundaron
varios cementerios campesinos
por parte de la guardia de
asalto enviada desde Lima, y se
detuvo al alcalde Pasco, el Dr.
Genaro Ledesma, culpándolo de la
lucha.
También en la costa los
azucareros chocan contra los
barones de las haciendas y
nuevamente el gobierno de la
capital reprime a sangre y fuego
a los trabajadores de Paramonga,
mientras los medios buscan
agitadores comunistas y a los
políticos les sigue oliendo la
presencia de de extranjeros,
porque los peruanos, que va,
nunca peleamos por nuestros
derechos.
Entre todos los significados que
tiene la reforma agraria de
Velasco, hay uno que muchos
pierden de vista: la
instauración de una ciudadanía
campesina, basada en el
reconocimiento de derechos de
propiedad de la tierra, que diez
años después terminaría
consolidándose con la aprobación
del voto universal, sin
exclusión de analfabetos. La
fuerza que vemos actualmente en
las luchas del campo frente a la
expansión agresiva de la
minería; en la defensa del agua,
los bosques y el conjunto del
entorno natural que permite la
reproducción de la vida; así
como el rechazo a la
intervención del Estado en la
autonomía de las comunidades y
las organizaciones campesinas;
es una prolongación de luchas
antiguas y de la gran victoria
de 1969.
La reforma pudo tener muchos
defectos, entre ellos tratar de
mantener la unidad de los
latifundios a través de
cooperativas o Sais, pero ahí
nomás empezó el poder campesino
corrigiendo directamente lo que
estuvo errado. El Perú dejó de
ser Lima con la reforma agraria.
Gentileza::
raulwiener@yahoo.com.ar
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