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Apuntes
para un balance de la política
exterior en 2009
por
Rodolfo Humpierre Álvarez
Para el año que recién ha
concluido, la diplomacia rusa se
había propuesto una serie de
metas ambiciosas, algunas
novedosas, pero en su mayoría
continuadoras de objetivos no
alcanzados en los años
anteriores. Visto desde el
ángulo de lo previsto por el
Kremlin para este período en las
áreas priorizadas de su política
exterior, podría sugerirse el
siguiente balance resumido:
En la CEI, el objetivo
permanente de fortalecimiento y
desarrollo de la cooperación
entre las naciones post
soviéticas marchó con fuertes
altibajos. El deterioro de las
relaciones con Georgia –que tras
el encontronazo de agosto de
2008 incluso renunció a su
siempre problemática membresía
en la Comunidad de Estados
Independientes- continuó durante
todo el año ensombreciendo las
de por sí difíciles
negociaciones de diversa índole
con Occidente.
En esta misma área, Ucrania
continuó siendo una piedra en el
zapato de Moscú, sobre todo en
el tema del tránsito del gas
hacia Europa. El año comenzó con
una nueva "guerra del gas" con
Kiev, y las cuestiones de
precios, tarifas de tránsito, y
demás condiciones fueron objeto
permanente de negociación entre
ambos gobiernos, que no obstante
lograron llegar al cierre del
período con acuerdos
aparentemente equilibrados.
Las relaciones con Belarús
avanzaron entre evidentes
impulsos de ambas partes y, al
mismo tiempo, ataques verbales
recíprocos por parte tanto de
Moscú como de Minsk. Sin
embargo, esas escaramuzas no
alcanzan a empañar la verdadera
vocación integradora que
prevalece entre estas dos
naciones.
Con el resto de los Estados del
área se mantuvo el avance en
diversas esferas, incluida la
difícil temática de los
hidrocarburos, con modestos
logros en las conversaciones y
contratos con Turkmenistán,
Uzbekistán y Azerbaiyán. Se pudo
observar cierta consolidación en
otros mecanismos como la
Organización del Tratado de
Seguridad Colectiva, la
Comunidad Económica Euroasiática
–en cuyo marco el año concluyó
con la firma del largamente
anhelado acuerdo de unión
aduanera entre Rusia, Kazajstán
y Belarús- y la Organización de
Cooperación de Shanghai.
En lo que respecta a la segunda
prioridad, la Unión Europea, los
movimientos han sido muy
tímidos, como quedó constatado
en la XXIV Cumbre bilateral,
celebrada a mediados de
noviembre en Estocolmo bajo la
presidencia sueca, país
sumamente crítico hacia Moscú,
si bien uno de los de mayor
intercambio económico-comercial
a nivel bilateral. Las
negociaciones para concertar un
nuevo acuerdo de cooperación
UE-Rusia, en reemplazo del
anterior que caducó en 2007,
apenas han pasado de reiteradas
promesas de solución a problemas
considerados vitales para Moscú,
como son la necesidad de un
acuerdo energético y de un
tratado de seguridad colectiva,
la supresión de barreras y
obstáculos en el comercio
bilateral y las inversiones, y
el libre visado para las visitas
en ambas direcciones.
La lentitud en la negociación de
grandes acuerdos a nivel de la
UE como conglomerado contrasta
con el persistente desarrollo de
las relaciones comerciales,
financieras, científico-técnicas
y culturales de Rusia con los
países europeos a nivel
bilateral.
Por otra parte, los esfuerzos
rusos por hacer aportes
concretos a Occidente en temas
sensibles como son el combate al
terrorismo, el narcotráfico y la
criminalidad transfronterizos
-de lo cual bastaría con citar,
a modo de ejemplo, las
facilidades ofrecidas para el
tránsito por territorio ruso de
pertrechos para las tropas de la
OTAN en Afganistán- no han
logrado aplacar las suspicacias
europeas en cuanto a la
fiabilidad de un acuerdo
colectivo de seguridad
continental propuesto por la
potencia eurasiática.
A dos décadas del supuesto fin
de la Guerra Fría, la UE parece
incapaz de articular una
política exterior que, sin que
implique en absoluto una
fractura de sus compromisos euro
atlánticos, le posibilite lograr
mayor coherencia en las
relaciones con su gran vecino
del Este, relaciones que desde
muchos ángulos parecerían
provechosas específicamente para
todo el continente.
Ese déficit de voluntad
colectiva explica, entre otras
cosas, la "imparcialidad"
europea frente al diferendo
ruso-estadounidense en el tema
del escudo de defensa antimisil,
o la insistencia en "satanizar"
a Moscú por el manejo de las
relaciones con sus vecinos ex
soviéticos –Georgia en primer
lugar- y en mantener vigente la
perspectiva de extender la OTAN
hacia el interior de ese
espacio. En la misma dirección
está enfilada la creación por la
UE, en 2008, de la llamada
"Asociación Oriental", diseñada
para captar a antiguas
repúblicas de la URSS: Ucrania,
Georgia, Belarús, Moldova,
Azerbaiyán y Armenia, en
evidente enfrentamiento a la
política aglutinadora de Moscú
en su "zona de intereses
vitales".
En resumen, la Cumbre de
Estocolmo aportó muy poco al
avance de las relaciones
Rusia-UE en comparación con los
planes de Moscú.
Con la otra prioridad, EEUU, el
"relanzamiento" de las
relaciones bilaterales,
anunciado entusiastamente por
Washington y Moscú tras la
investidura de Obama, tampoco
arrojó al cierre de 2009
progresos espectaculares. En
primer lugar, la "suspensión"
del programa de escudo
antimisiles en Europa Oriental
no resultó tal: lo que el
presidente norteamericano hizo
fue postergar la instalación del
escudo en República Checa y
Polonia y, provisionalmente,
ubicarlo –en una versión según
él más económica y técnicamente
aconsejable- en naves marítimas
y espaciales y en otros
territorios menos objetables por
Moscú. El año cerró con la
aceptación por parte de Rumania
de ofrecer su territorio para
ese objetivo.
El hecho de que el nuevo tratado
de reducción de armamentos
estratégicos, cuya firma
prevista para diciembre del
recién concluido año 2009 ha
sido postergada, supuestamente
hasta mediados del 2010, según
indicios parece tener aún
algunos escollos importantes por
superar, como pudiera ser la
negativa rusa a mantener el
régimen de inspecciones de sus
instalaciones coheteriles
establecido en el anterior
SALT-1, o la reticencia
estadounidense a informar en qué
consiste concretamente el
cacareado nuevo proyecto de
escudo antimisiles.
Por lo pronto, ya Moscú adelantó
una respuesta a esas
incertidumbres: el primer
ministro Vladimir Putin anunció
a fines de año la decisión de
continuar desarrollando nuevos
modelos de misiles balísticos
ofensivos, como la solución que
ese país considera más viable
ante el problema del desbalance
en los respectivos potenciales
defensivos de ambos países que
se vislumbra tras las
intenciones de la Casa Blanca y
el Pentágono.
En el resto de las áreas
geográficas, el balance no
resulta negativo. Las relaciones
con China han mantenido un ritmo
ascendente en todos los ámbitos,
destacándose avances sobre todo
en el sector de la energía, con
la puesta en explotación de un
nuevo oleoducto y la continuidad
de los trabajos para los
suministros de gas. Con la India
y otros países asiáticos también
hubo progresos prometedores en
diversos campos.
Otra zona en la cual la
diplomacia rusa ha registrado
avances notables en el período
es América Latina. Durante 2009
se intensificaron los
intercambios de visitas de alto
nivel, comenzando por la del
compañero Raúl Castro a Moscú en
enero y febrero de ese año.
Importantes acuerdos con Cuba,
Venezuela, Ecuador, Bolivia y
Nicaragua, que abarcan una
amplia gama de esferas de
cooperación –entre las que se
destacan importantes proyectos
energéticos- pusieron de relieve
la seriedad de las intenciones
rusas al hablar de la prioridad
que ese país concede a la
expansión de las relaciones con
este subcontinente.
En otro orden de cosas, Moscú
continuó haciendo esfuerzos por
contribuir a la solución de
algunos problemas importantes de
la agenda internacional, entre
los que se destacan los
relacionados con los programas
nucleares de Irán y Corea del
Norte y con la situación del
pueblo palestino. Sin embargo,
ni el endurecimiento de las
posiciones con respecto a
Teherán, ni las críticas a los
ensayos de misiles realizados
por Pyongyang, como tampoco los
intentos de aportar nuevas
iniciativas para la solución de
la tragedia palestina han dado
frutos palpables. De hecho, los
peligros en zonas cercanas a las
fronteras rusas lejos de
aplacarse, terminaron amenazando
con agravarse en 2010.
A modo de resumen puede
concluirse que, en contraste con
los modestos logros registrados
hacia el interior del país en el
enfrentamiento a la crisis
económica global y con el avance
de las relaciones con China, la
India y América Latina, el saldo
de 2009 dejó para el Kremlin un
buen cúmulo de capítulos
pendientes de gran envergadura:
desde el nuevo acuerdo de
colaboración la UE, el tratado
de limitación de armamentos con
EE.UU., hasta los peligros que
se ciernen en torno a Irán y el
Cercano Oriente en general.
Rodolfo Humpierre Álvarez es
Investigador del Centro de
Estudios Europeos
Fuente: Panorama Mundial
http://listas2.cult.cu/sympa/info/entorno
Cubarte, 2008.
Gentileza:: Pica
[pica@cubarte.cult.cu]
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