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¿Hasta dónde llega el Gran
Hermano?
Simón
Rodríguez
Barómetro Internacional
En la novela de George
Orwell "1984", el "Gran Hermano"
que espiaba a todos y anulaba el
libre albedrío, ocurría en un
Estado soviético configurado
bajo directivas stalinistas.
Lejos estaba el escritor inglés
de imaginar que esa vigilancia
sobre los ciudadanos iba a
ocurrir en la sociedad
capitalista, y mucho menos los
extremos a los que se ha llegado
en estos días.
El impulso de control de los
ciudadanos supera ya la paranoia
de los estados y gobiernos.
Todavía el Parlamento Europeo
discute si entregar a Estados
Unidos informe de las cuentas
bancarias de sus ciudadanos
cuando alguno de estos pretenda
viajar a ese país, o simplemente
cuando las autoridades soliciten
información de un presunto
sospechoso. La discusión surgió
atrasada después de que se
conoció que las aerolíneas ya
estaban entregando con
anticipación todos los datos
personales disponibles de sus
viajeros, con cuanto tiempo de
anticipación compró su pasaje,
con que modalidad de pago, etc.
Hace ya casi 20 años se reveló
la existencia del programa espía
de comunicaciones "Echelon" que
rastrea palabras claves, como
terrorista, bomba, etc., y crea
una ficha de la persona que las
utiliza. Imaginen ya cuanto se
habrá avanzado en eso.
Pero, como decíamos antes, esa
manía o afán persecutorio
trasciende las instituciones
estatales. Un reciente escándalo
en una escuela de Filadelfia,
Estados Unidos, invita a
reflexionar sobre los cada vez
más estrechos límites de la
intimidad y la independencia y
libertad de los individuos.
El pasado mes de diciembre, un
alumno del Instituto Harrington
-muy prestigioso- fue sancionado
por la escuela que aducía un
"comportamiento inapropiado" del
alumno en su casa. Al parecer el
joven había consumido drogas
frente a la computadora portátil
entregada por la escuela al
alumno. Como prueba de esa
"conducta inapropiada" en su
hogar, la escuela presentó una
fotografía.
De esa manera se conoció que la
escuela vigilaba a sus alumnos
en sus hogares a través de un
programa que no sólo controlaba
si realizaban las tareas, sino
que estudiaba las páginas Web
que visitaban, su frecuencia,
cuánto tiempo de lectura
dedicaban realmente a un texto o
libro, con qué otros estudiantes
ha hablado para la elaboración
del trabajo y además, grababa
y/o tomaba fotografías de los
alumnos en sus hogares.
La escuela admitió la existencia
del programa espía, y sostuvo
que sólo se encendía la cámara
cuando la computadora había sido
robada, lo que no fue el caso, y
al parecer, ocurrió en muchas
otras ocasiones. Para colmo, el
joven no estaba consumiendo
drogas, sino que la cámara captó
cuando el alumno estaba comiendo
caramelos.
La entrega en préstamo de
computadoras a los alumnos es
cada vez más común en todas las
escuelas. Y la pregunta más
urgente, además de la
constatación del abuso de la
escuela en controlar a sus
alumnos hasta en su casa, es si
ese mismo tipo de programas no
son utilizados por agencias
estatales de vigilancia en
cualquier servidor de la red, lo
que los habilita a mirar,
literalmente, dentro de los
hogares sin necesidad de entrar
o pedir permiso.
Hace tiempo ya que mi hija tiene
tapada la cámara y sólo la
habilita cuando quiere realizar
una videoconferencia. Me
pregunto si no es hora de que
todos hagamos lo mismo, el Gran
Hermano puede estar mirando
hasta cuando nos cambiamos de
ropa.
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Director: Diego Olivera
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