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Del G20 a Durban II, las
cartas tapadas
por Silvia
Cattori*
Con la crisis económica y
financiera como telón de fondo,
del G20 a Durban II, cumbres y
conferencias internacionales
tienen lugar una tras otra sin
que los medios dominantes nos
expliquen gran cosa sobre su
importancia ni lo que realmente
se decide en esos encuentros.
Silvia Cattori recogió los
análisis de Thierry Meyssan
sobre la reorganización del
mundo que se está produciendo.
Él estima que, a la sombra de
Obama, viejos conocidos han
retomado el poder. Luego del
paréntesis de la guerra en Irak,
Washington vuelve a su proyecto
de guerra contra el terrorismo y
de globalización forzosa.
Silvia Cattori: ¿Cuáles eran los
objetivos de Estados Unidos en
el reciente G20 de Londres? ¿En
qué medida fueron alcanzados?
¿Se logró el apoyo de una
mayoría de dirigentes políticos?
Thierry Meyssan: Las dos cumbres
de jefes de Estado y de gobierno
del G20, en Washington y
posteriormente en Londres,
consagraron la supremacía de la
finanza anglosajona y
establecieron las premisas de un
gobierno económico mundial bajo
el liderazgo anglosajón.
La tercera cumbre será en Nueva
York, y se desarrollará al
margen de la Asamblea General de
la ONU; lo cual es una forma
humillar a esa asamblea y de
confirmar la existencia de un
directorio económico de los 20,
equivalente del directorio del
Consejo de Seguridad, al margen
de las instituciones de la ONU.
Sin embargo, a pesar de los
abrazos en público, no hubo
ningún acuerdo político entre
los miembros del G20. Las
declaraciones finales enumeran
principios generales que no
comprometen a nadie y acciones
precisas adoptadas todas al
margen de la cumbre y que en
ningún caso conciernen a todos
los participantes a la vez [1].
Por lo tanto, es posible que la
cumbre de Londres no resulte más
que una farsa.
La política financiera y
económica de la administración
Obama es elaborada por un
complicado sistema de
organismos. Y está en total
continuidad con la de la
administración Bush [2]. Hay que
recordar que los planes Bush-Paulson
fueron presentados al candidato
Obama y aprobados por éste
último antes de ser sometidos a
la aprobación del Congreso. El
secretario del Tesoro, Tim
Geithner, sucesor de Henry
Paulson, ya venía trabajando con
Paulson desde hacía meses.
Geithner empezó su carrera
escribiendo los textos
económicos de Henry Kissinger.
En pocas palabras, el cambio no
existe más que en la propaganda
electoral de Barack Obama.
El presidente del Consejo
Económico Nacional de Estados
Unidos es Lawrence Summers, el
mismo economista que organizó,
en 1999, el desmantelamiento de
las legislaciones implantadas
durante la crisis de 1929 para
tratar impedir nuevas crisis. En
aquel entonces, su objetivo era
favorecer una especulación sin
límites para absorber las
riquezas del mundo hacia Wall
Street. Y actualmente sigue
persiguiendo ese mismo objetivo
a través de los diferentes
planes de salvamento, de
estabilización, etc. que se le
van ocurriendo.
El Comité de Consejeros
Económicos de la Casa Blanca,
bajo la dirección de la
historiadora Christina Romer,
considera que la guerra contra
Irak fue lo que provocó la
crisis financiera. No reportó
gran cosa a los anglosajones,
pero los endeudó muchísimo.
Según la señora Romer, una
especialista en la crisis de
1929, la guerra, por
consiguiente, no constituye una
solución para la crisis, sino
una de sus causas.
Contradiciendo los análisis
clásicos de sus colegas
historiadores de la economía, la
señora Romer afirma que no fue
la Segunda Guerra Mundial lo que
permitió que Estados Unidos
saliera de la crisis de 1929, ni
tampoco el New Deal de Roosevelt,
sino la afluencia de capitales
europeos que se produjo a partir
de 1936 y del «aumento de los
peligros». Por lo tanto, sería
conveniente provocar un fenómeno
idéntico en este momento.
Por su parte, el Comité de la
Casa Blanca para la Recuperación
Económica, bajo la presidencia
de Paul Volcker y articulado con
las autoridades británicas, se
preocupa por aprovechar la
crisis para reestructurar las
transnacionales y permitirles
comprar por unas migajas la
mayor cantidad posible de
empresas. Los franceses ya han
podido comprobar el amargo sabor
de sus recomendaciones con el
cierre de la fábrica Caterpillar
de Grenoble. El gran jefe de esa
transnacional es miembro de ese
Comité de la Casa Blanca [3].
Inicialmente, el Consejo de
Summers estaría coordinando la
aplicación de esas estrategias.
Pero todo recayó, en definitiva,
en el Consejo de Seguridad
Nacional que dirige el general
James Jones y donde el
inevitable Henry Kissinger y su
ex socio Brent Scowcroft
supervisan las decisiones día a
día. A la opinión pública la
mantienen distraída hablando de
la diferencia de color de la
piel entre Bush y Obama mientras
que los mismos individuos
siguiendo ejerciendo el poder, y
ejerciéndolo de la misma manera.
Concretamente, durante los
últimos meses, los anglosajones
orientaron la política de sus
«clientes» (en el sentido
imperial romano del término, o
sea de sus protegidos) para que
saquen a flote el sistema
bancario internacional. Los
Estados, y por lo tanto los
pueblos, han tenido que pagar
las pérdidas de los banqueros
anglosajones. En ciertos casos,
los Estados han nacionalizado
bancos –parcial o totalmente–
creando así el equivalente de
los fondos soberanos de los
Estados petroleros. El sistema
especulativo, que provocó la
crisis, ha sido por consiguiente
avalado y los Estados se han
convertido en sus actores
directos.
Para salvaguardar el nivel de
vida de los anglosajones se
adoptaron tres decisiones:
En primer lugar, se reforzaron
los medios del FMI y del Banco
Mundial para exprimir al Tercer
Mundo. Los países pobres son los
primeros que tendrán que
contribuir a mantener los ricos
a flote, si sus pueblos no son
diezmados antes por la próxima
crisis de los alimentos.
En segundo lugar, se abrió la
cacería de capitales para lograr
que los fondos depositados en
los países que no pertenecen al
G20 emigren hacia Estados
Unidos, el Reino Unido y sus
paraísos fiscales [4]. Para
lograrlo, los anglosajones y su
«bobo útil», Nicolas Sarkozy,
proclamaron «el fin del secreto
bancario», o sea el fin de la
protección de la vida privada.
Está claro que todos los fraudes
y abusos podrán continuar como
antes, con la condición de que
se cometan a través de los
bancos anglosajones, en las
Bahamas o en las islas
anglo-normandas. Los suizos
serán sin dudas las primeras
víctimas de esta extorsión a
gran escala.
Finalmente, si no bastara con lo
anterior, los anglosajones
tienen previsto desestabilizar a
algunos países ricos para forzar
la emigración de los capitales
que allí se encuentran. Ya se
hizo un experimento a escala
natural en Grecia. La CIA y el
MI6 enviaron por autobús a toda
una serie de delincuentes
reclutados en Kosovo y Albania
para provocar desórdenes en los
principales barrios de
diferentes ciudades griegas.
Inmediatamente se produjo una
fuga de capitales.
Esto no es una política
exclusivamente estadounidense
sino más bien una política
anglosajona tendiente a salvar
Wall Street y la City
simultáneamente. Los principales
responsables económicos de la
administración Bush (Geithner,
Volcker, etc.) son miembros de
la muy discreta Pilgrim's
Society, cuya asamblea anual en
Londres se desarrolla bajo la
presidencia de la reina Isabel
II de Inglaterra mientras que el
vicepresidente de la sección
estadounidense es Henry
Kissinger.
Silvia Cattori: ¿Piensa usted
que el desarrollo de la crisis
económica provocará un declive
rápido y duradero de la posición
de Estados Unidos en el mundo?
Thierry Meyssan: Yo no soy
economista sino analista
político. Pero eso no me impide
responder a esa pregunta ya que
la política económica de Estados
Unidos se encuentra hoy en manos
de políticos y militares, no en
manos de economistas.
Washington ha escogido la fuga
hacia delante. Henry Kissinger
ha afirmado que la crisis era
una ocasión inesperada de
terminar de imponer la
globalización explotando el
debilitamiento de todos los que
se oponían a ese proceso. Esa
forma de pensar es, a mi
entender, un síntoma del hybris,
o delirio de poder. Ese tipo de
razonamiento ya ha llevado a más
de imperio hacia su propia
destrucción. Washington quiere
salir de la crisis rediseñando
el mundo a su propia
conveniencia, pero sin cambiarse
a sí mismo. Eso puede llevar a
una ruptura brutal.
La lógica de los imperios exige
que todo comience por la
rebelión de los vasallos y el
despertar de fuerzas
centrífugas. Eso podría ser un
desgajamiento en el seno de la
OTAN o de la Unión Europea,
seguido de disturbios internos
en Estados Unidos y de procesos
de secesión. No es una
predicción sino una deducción
elaborada mediante la aplicación
de los modelos históricos a la
situación actual. Yo me limito a
describir el sentido natural de
la caída, aunque hay que tener
en cuenta que los hombres
siempre pueden escribir su
propia historia. Pero esta
deducción tiene muchas
probabilidades de hacerse
realidad si se tiene en cuenta
que los dirigentes
estadounidenses siguen
moviéndose en el mismo sentido y
se niegan obstinadamente a
interrogarse sobre su propio
sistema.
Mi amigo el profesor Igor
Panarin [5], un estudioso de los
movimientos separatistas
surgidos en Estados Unidos
durante la última década, estima
que estos han alcanzado una fase
de maduración. El profesor
Panarin prevé la primera
secesión para el año 2010 y la
dislocación de Estados Unidos al
cabo de 5 años para dar paso al
nacimiento de nuevos Estados. Su
reflexión se basa a la vez en el
modelo de dislocación de la URSS,
en factores étnicos específicos
de Estados Unidos y en
conflictos históricos internos
existentes en el seno de las
sociedades anglosajonas.
Los regímenes títeres que
Washington ha ido implantando en
numerosos países no
sobrevivirían al derrumbe de
Estados Unidos. Asistiríamos
entonces a una profunda
transformación del paisaje
político mundial, como sucedió
con la desaparición de la URSS.
Lo que estoy diciendo puede
parecer surrealista, pero a
principios de 1989 nadie preveía
que el Pacto de Varsovia y la
URSS iban a desaparecer a
finales de 1991.
Silvia Cattori: ¿En qué medida
esa evolución tendría
repercusiones a corto y mediano
plazo en el poderío militar de
Estados Unidos y con qué
consecuencias?
Thierry Meyssan: Por el momento,
Estados Unidos sigue ahí. En la
selva, un animal se hace más
peligroso cuando está herido.
Ignoramos si los dirigentes
estadounidenses son capaces de
mantener la sangre fría que
mostraron Mijaíl Gorbatchov y su
equipo ante la muerte de su
propia patria.
Por ser hijo de una socióloga
que trabajó en programas de
contrainsurgencia de la CIA en
Indonesia, por haber sido
recibido formación de Zbignew
Brzezinski en la universidad de
Columbia y probablemente en el
seno de la Comisión Trilateral,
Barack Obama ha puesto su
talento al servicio de la
National Endowment for Democraty
(NED), organismo creado por los
neoconservadores para concretar
las acciones de
desestabilización externa de la
CIA [6]. Es por eso que su
bagaje personal lo llevará
espontáneamente a privilegiar la
acción secreta. Y todo hace
pensar que Washington está
preparando varias de ellas,
sobre todo en América Latina.
Por lo pronto, vemos que
mientras la prensa occidental se
regodea en la selección del «firts
dogs» [La mascota de la Casa
Blanca. NdT.] y otras anécdotas
para distraer al público,
Estados Unidos se dedica a
nuevas agresiones. Por ejemplo,
grupos kosovares formados por la
CIA han cometido actos de
vandalismo en ciudades griegas.
Otro ejemplo, los servicios
secretos rumanos, bajo las
órdenes de la CIA, acaban de
realizar un intento de toma del
poder en Moldavia, y nadie
reacciona, aunque Rumania, la
potencia subcontratada para
cometer esa agresión, es miembro
de la Unión Europea.
En todo caso, la mayoría de los
analistas piensa que George W.
Bush nunca ejerció realmente el
poder, sino que lo hacían otros
que estaban detrás de él. No veo
por qué el cambio de presidente
habría cambiado esa realidad. En
Estados Unidos el poder
pertenece, en primer lugar, a
los militares. Ellos tienen que
hacer frente a la crisis
financiera, les falta cerca del
25% de los recursos necesarios
para concretar el presupuesto
2009 del Departamento de
Defensa. Eso quiere decir no
sólo tienen que renunciar a la
adquisición de nuevo
equipamiento sino que tampoco
pueden renovar el anterior y,
además, van a tener que reducir
muchísimo los acostumbrados
presupuestos.
Al principio, Robert Gates y sus
mentores, Brent Sowcroft y Henry
Kissinger, decidieron no renovar
los contratos de los mercenarios
en Irak y detener los
astronómicos programas de
armamento. Después, se vieron
obligados a suspender el
supuesto «escudo antimisiles» y
el mantenimiento de la «fuerzas
nuclear de disuasión». Todo eso
fue presentado como un gesto de
buena voluntad hacia Rusia y
como una iniciativa unilateral a
favor de un mundo sin armas
atómicas. Pero no será
suficiente si se mantiene la
crisis financiera.
En el plano estratégico, es un
momento de retirada. El
Pentágono busca la manera de
salir de Irak con la frente alta
y trata de poner en manos de sus
aliados el despliegue militar en
Afganistán y Pakistán. De hecho,
ese Estado de 173 millones de
habitantes ya explotó y va a ser
imposible no intervenir allí
porque habrá que supervisar en
manos de quién va a caer la
bomba pakistaní.
Silvia Cattori: ¿Cómo
evolucionarán las relaciones de
los países occidentales con Irán
y la pugna que han emprendido
fuerzas militaristas,
específicamente Israel y el
ferviente apoyo de Francia,
sobre la «amenaza nuclear»
iraní?
Thierry Meyssan: El proyecto de
ataque contra Irán correspondía
únicamente a la agenda de los
partidarios del rediseño del
Gran Medio Oriente, o sea el
lobby petrolero y el movimiento
sionista. Los neoconservadores
inventaron el mito del programa
militar iraní y este fue
repetido por una prensa incauta,
que ya había repetido
anteriormente el mito de las
armas de destrucción masiva de
Sadam Husein.
Estuvimos al borde del bombardeo
atómico contra Irán, pero esa
opción fue desechada por los
llamados «generales rebeldes» en
diciembre del año 2007 [7]. En
2008, Obama se puso al servicio
de éstos últimos, como anunció
públicamente el general Colin
Powell, y ellos lo ayudaron a
instalarse en la Casa Blanca.
Así que no hay razones para
pensar en un regreso a la opción
de atacar Irán.
Las conversaciones entre
Washington y Teherán se
desarrollan de forma simultánea
a través de varios canales y
están muy adelantadas. El
Pentágono necesita el apoyo de
los iraníes en Irak y en
Afganistán. Además, Washington
tiene que tratar de seducir a
Teherán para apartarlo de Moscú
y prevenir así que la influencia
rusa se extienda por el Medio
Oriente. Da lástima oír como
Nicolas Sarkozy y a Bernard
Kouchner siguen fustigando a
Irán cuando sus amos
estadounidenses ni siquiera
necesitan ya que ellos sigan
ladrando en ese sentido.
También resulta grotesco oír
como los dirigentes israelíes
siguen amenazando a Irán sin
disponer de lo necesario para
concretar sus amenazas. Con el
apoyo de la administración Bush
por debajo de la mesa, Tel Aviv
tenía previsto bombardear Irán
durante los Juegos Olímpicos.
Israel había alquilado dos bases
aéreas en Georgia y había
estacionado allí sus
bombarderos. Técnicamente, tenía
la posibilidad de hacerlos
despegar de Tbilisi para
bombardear objetivos en Irán y
traerlos de regreso a la
Palestina ocupada, mientras que
–debido a la distancia y la
autonomía de vuelo de esos
aviones– era imposible realizar
esa operación desde la Palestina
ocupada. Pero Rusia, que firmó
un acuerdo de defensa con Irán
[8], intervino en cuanto se le
presentó la ocasión para
destruir las instalaciones
israelíes en Georgia, y Estados
Unidos no reaccionó. Más claro
aún, en respuesta a últimas
declaraciones israelíes las
autoridades rusas recordaron que
todos los técnicos de la central
nuclear [iraní] de Bushehr son
rusos. En otras palabras,
bombardear las instalaciones
nucleares iraníes equivale a
matar ciudadanos rusos y a
entrar en guerra con Rusia.
Silvia Cattori: En ese contexto
general, ¿qué papel está
tratando de desempeñar Estados
Unidos en el seno de la OTAN y
qué obstáculos pudiera enfrentar
para llevar a cabo sus
objetivos?
Thierry Meyssan: Para entender
lo que está en juego hay que
entender primeramente lo que
está pasando desde hace 9 años.
En el 2000, cuando la clase
dirigente estadounidense
"arregló" las elecciones e
impuso a George W. Bush en la
Casa Blanca, el proyecto era
instaurar «un nuevo siglo
americano». Esa gente pensaba
que Estados Unidos tenía que
aprovechar su ventaja militar
para convertirse en un imperio
global. Para concretar ese
viraje, habían programado un
shock sicológico, «un nuevo
Pearl Harbor» –según su propia
expresión. Eso fue el 11 de
septiembre. Aquel día, Henry
Kissinger definió la «guerra
global contra el terrorismo»
[9].
Explicó que el objetivo no sería
castigar a los autores de los
atentados sino destruir «el
sistema» que obstaculizaba el
predominio estadounidense, de la
misma manera que la respuesta al
ataque de Pearl Harbor no fue
castigar a Japón sino destruir
todo lo que pudiera oponerse al
poderío de Estados Unidos. Pero,
durante el año 2003, la
administración Bush-Cheney se
apartó del mandato que la clase
dirigente estadounidense le
había dado. Decidió colonizar
Irak e instrumentó la
explotación de ese país por una
empresa privada: la Autoridad de
la coalición en Irak, instaurada
según el esquema de la Compañía
de Indias [10].
El general Brent Scowcroft fue
el primer líder estadounidense
que se opuso a ese proyecto
[11]. Pero no lo hizo en nombre
del derecho internacional, como
Dominique de Villepin, sino
porque aquel proyecto digno de
tiempos pasados iba a «desviar a
Estados Unidos de la guerra
contra el terrorismo».
Scowcroft fue el ideólogo de los
generales que se pronunciaron,
en 2006, en contra del proyecto
de ataque contra Irán. Ejerció
una influencia preponderante
sobre la Comisión Baker-Hamilton
a través de su hijo espiritual,
Robert Gates, a quien logró
poner a la cabeza del
Departamento de Defensa. Es
también el propio Scowcroft
quien actualmente sirve de
consejero a Obama en lo tocante
a todas las nominaciones
vinculadas a la defensa y a la
política exterior. Y el general
James Jones, consejero para la
seguridad nacional, ha admitido
personalmente que recibía
órdenes diariamente, no del
presidente Obama sino de los
eternos cómplices Brent
Scowcroft y Henry Kissinger.
Luego del paréntesis 2003-2006
de la colonización, estamos
ahora de regreso en el punto de
partida que fue el 11 de
septiembre. El objetivo asignado
a la administración Obama es la
reanudación de la «guerra contra
el terrorismo» que el dúo Bush-Cheney
nunca debería haber relegado al
segundo plano.
A la OTAN, que Bush y Cheney no
lograron movilizar contra Irak,
se le pedirá que contribuya a la
guerra contra el terrorismo –y
posiblemente también a la
supuesta prevención de
genocidios. Afganistán es uno de
esos casos. Robert Gates y,
posteriormente, Barack Obama han
subrayado que si los europeos no
van a Asia Central tendrán que
enfrentar varios 11 de
septiembre en sus propios
territorios. Lo mismo sucede en
el Océano Índico, donde Estados
Unidos está experimentado con un
nuevo pretexto: la piratería.
Desarrapados provistos de
información excepcionalmente
sensible y de armas de último
modelo abordan barcos de todo
tipo, desde yates de veraneo
hasta barcos mercantes cargados
de armas, para animar a los
aliados.
Recientemente se montó una
historia digna de Hollywood, con
el valeroso capitán Philips
dispuesto sacrificar su propia
vida para salvar a su
tripulación, antes de ser
salvado él mismo por los
comandos SEAL estadounidenses.
En todo caso, el objetivo sigue
siendo el mismo: encontrar una
causa noble que justifique un
despliegue militar capaz de
destruir todo lo que se oponga
al poderío estadounidense. Los
medios estadounidenses de
difusión incluso comparan
aquello con la Guerra contra los
Bárbaros, en la que Estados
Unidos, el Reino Unido y Holanda
se enfrentaron al Imperio
Otomano. Fue con esa perspectiva
que la OTAN emprendió a mediados
de marzo la operación Allied
Protector frente a las costas
del cuerno africano. Se trata de
una ampliación de la operación
Active Endeavour (control de
Mediterráneo), que comenzó
después del 11 de septiembre.
Silvia Cattori: ¿Qué
consecuencias tendrá la crisis
económica mundial sobre la
política de Estados Unidos en el
Medio Oriente? ¿Los regímenes
árabes aliados de Washington van
a proseguir su política de
alineamiento a pesar de la
aversión que sus pueblos sienten
por Estados Unidos?
Thierry Meyssan: En el Medio
Oriente, al igual que en otras
partes, Washington no dispone ya
de los medios que necesitan para
su política y sus empleados van
a tener que pensar en modificar
sus planes.
La administración Obama, que
piensa poder controlar la crisis
financiera, ha decidido congelar
el Medio Oriente durante el
tiempo necesario para la
convalecencia de su propia
economía. Sus protegidos tienen
por lo tanto la garantía de
poder mantenerse a corto plazo.
Pero muchos de ellos piensan que
Estados Unidos no podrá
reponerse y que van a verse
abandonados, de la misma forma
en que la URSS enferma abandonó
a los regimenes comunistas de
Europa Oriental. Eso explica la
actitud de ciertos actores que
quieren negociar compromisos con
el eje Teherán-Damasco-Hezbollah-Hamas
mientras haya oportunidad de
hacerlo. Pero se trata, por el
momento, de la actitud
individual de algunos
oportunistas, no de un vuelco de
regímenes.
Silvia Cattori: ¿Cómo repercute
todo esto, en su opinión, sobre
la cuestión palestina?
Thierry Meyssan: Para poder
llegar a la Casa Blanca, Obama
constituyó una coalición
heteróclita que incluye tanto a
los generales nacionalistas que
se niegan a emprender guerras
para servir los intereses
israelíes como a la facción
«realista» del movimiento
sionista. Esa coalición está
conciente de que puede explotar
por causa de la cuestión israelí
y sabe que cada uno de sus
componentes está por lo tanto
obligado a hacer concesiones y a
llegar a un acuerdo.
Mantener la colonia judía en
Palestina seguirá siendo un
objetivo importante para Estados
Unidos, pero los israelíes no
pueden esperar una ayuda que
vaya más allá. No pueden tratar
de emprender ninguna aventura
militar durante este periodo.
Incluso obedecieron a la
administración Obama cuando esta
les exigió que interrumpieran
las operaciones contra Gaza al
principio de la ceremonia de
investidura, a más tardar.
Ahora hay que enfocar las cosas
desde otro ángulo: ¿Cómo podrá
Washington seguir protegiendo a
la colonia judía en Palestina de
producirse revoluciones
populares que derroquen al
gobierno egipcio y a la
Autoridad Palestina?
Silvia Cattori: ¿Cuál es su
apreciación sobre el choque que
se produjo ayer entre Irán y los
países de la Unión Europea en la
conferencia Durban II de las
Naciones Unidas?
Thierry Meyssan: Uno de los
principales objetivos de la
conferencia de Durban era dar
una calificación al sionismo. En
1975, la Asamblea General de la
ONU adoptó una resolución que
señalaba que «el sionismo es una
forma de racismo y de
discriminación racial» [12].
Durante la conferencia por la
paz en el Medio Oriente
celebrada en Madrid, la Asamblea
General derogó aquella
resolución en saludo a la nueva
actitud de Israel [13]. Cuatro
años más tarde, el asesinato de
Yitzhak Rabin a manos de un
fanático judío ponía fin a toda
esperanza de paz. Desde entonces
se hizo necesario el
restablecimiento de la
resolución de 1975 para combatir
ese mal. Eso es lo que se
intentó hacer en Durban I y lo
que debería suceder en Durban II.
El secretario general de la ONU,
Ban Ki Moon, adoptó una posición
previa que consiste en decir que
todos los Estados miembros
luchan contra el racismo y que,
por lo tanto, ninguno es
racista. Estados Unidos, que
recuerda la humillación que
sufrió el secretario de Estado
Colin Powell en Durban I,
decidió boicotear la
conferencia. Francia designó un
embajador especial, el cabildero
sionista Francois Zimeray [14],
para que saboteara la
conferencia, además de la
secretaria para los Derechos
Humanos, Rama Yade, quien dedicó
toda su energía a ese fin.
Varios gobiernos se habían
puesto de acuerdo de antemano
para abandonar la sala durante
el discurso del presidente
iraní, y eso fue lo que hicieron
sus embajadores.
Lo que vimos fue un
extraordinario espectáculo de
intoxicación. Antes de que el
presidente pudiera terminar su
primera frase, tres miembros de
la Unión de Estudiantes Judíos
de Francia disfrazados de
payasos crearon un disturbio en
la sala. El show continuó
después, cuando los embajadores
de la Unión Europea abandonaron
la sala. Todo fue para que el
público occidental no se
enterara de lo que iba a decir
la delegación iraní.
¿Y qué dijo el presidente
Ahmadinejad? No llamó a borrar
Israel del mapa ni negó el
genocidio judío. Nunca lo ha
hecho, contrariamente a lo que
afirman las calumnias de la
prensa atlantista [15].
No. Lo que hizo fue aportar
elementos de reflexión [16].
Según él, la creación del Estado
de Israel no fue una reparación
por los crímenes cometidos
contra los judíos de Europa
durante la Segunda Guerra
Mundial sino la continuación de
la ideología racista que
caracteriza no sólo al nazismo
sino también al colonialismo.
Los judíos de Europa fueron
víctimas del racismo, como hoy
lo son los palestinos, los
afganos y los iraquíes. No se
trata de asimilar el régimen
sionista al régimen hitleriano
–dos realidades fundamentalmente
diferentes– sino, de manera
mucho más amplia, de abrir el
debate sobre la ideología
occidental.
Después de establecer ese punto,
Mahmud Ahmadinehad denunció el
papel del Consejo de Seguridad
en la inmunidad de los crímenes
racistas que se cometen en
Palestina, en Afganistán y en
Irak. Y concluyó reclamando la
supresión del derecho de veto de
las grandes potencias en el seno
del Consejo de Seguridad. Abogó
por [la creación de]
instituciones democráticas, en
las que cada Estado disponga de
un voto con el mismo valor,
inclusive en el FMI y en el
Banco Mundial, cuyo sistema de
votación es actualmente de
carácter censitario. Para
Ahmadinejad, la ideología
racista se expresa en el seno de
la ONU mediante el sistema de
jerarquías establecido entre los
Estados, en cuya cúpula se
encuentran los 5 miembros del
Consejo de Seguridad.
En definitiva, la actitud de los
anglosajones y los europeos,
quienes boicotearon la
conferencia, crearon un
disturbio durante su discurso y
abandonaron la sala, demuestra
que ellos rechazan [la creación
de] instituciones democráticas y
confirma lo que dijo el
presidente iraní.
[1] «Déclaration des chefs
d'État et de gouvernement du
G20», «Déclaration du G20 sur la
fourniture des ressources par
l'intermédiaire des institutions
financières internationales», «Déclaration
du G20 sur le renforcement du
système financier», Réseau
Voltaire, 2 de abril de 2009.
[2] «Economía: Obama elige a los
que han fracasado», por Éric
Toussaint y Damien Millet; «Les
artisans de la débâcle
économique continuent leur
besogne au sein du gouvernement
Obama», por Michel Chossudovsky,
Réseau Voltaire, 11 y 8 de
diciembre de 2008.
[3] «Révolte des ouvriers
français de Caterpillar», Réseau
Voltaire, 31 de marzo de 2009.
[4] «G-20: definiendo quien
manda en los mercados
financieros», por Jean-Claude
Paye, Réseau Voltaire, 9 de
abril de 2009.
[5] Sitio oficial del profesor
Igor Panarin.
[6] «Las redes de la injerencia
"democrática"»por Thierry
Meyssan, Réseau Voltaire, 21 de
noviembre de 2004.
[7] «Washington decreta un año
de tregua global», por Thierry
Meyssan, Réseau Voltaire, 10 de
diciembre de 2007.
[8] «Déclaration finale du
deuxième sommet des pays
riverains de la mer Caspienne»,
Réseau Voltaire, 16 de octubre
de 2007.
[9] «Destroy The Network», por
Henry Kissinger. Artículo
difundido en el sitio del
Washington Post, en la noche del
11 de septiembre de 2001 au soir
y posteriormente publicado en la
edición en papel de ese mismo
diario correspondiente al día 12
de septiembre.
[10] «¿Quién gobierna en Irak?»,
por Thierry Meyssan, Réseau
Voltaire, 31 de mayo de 2004.
[11] «Don't Attack Saddam It
would undermine our antiterror
efforts», por Brent Scowcroft,
The Wall Street Journal, 15 de
agosto de 2002.
[12] «Résolution 3379 de
l'Assemblée générale de l'ONU
(10 de noviembre de 1975)».
[13] «Résolution 46/86 de
l'Assemblée générale de l'ONU
(16 de diciembre de 1991)».
[14] «Nicolás Sarkozy,
presidente de Francia nombra
embajador especial a un
cabildero proisraelí», Réseau
Voltaire, 3 de marzo de 2008.
[15] «Reuters participa en una
campaña de propaganda contra
Irán», Réseau Voltaire, 20 de
noviembre de 2005.
[16] «Mahmud Ahmadinejad: "El
Consejo de Seguridad dio a los
sionistas luz verde para
proseguir sus crímenes"» , texto
íntegro del discurso pronunciado
en Durban, Réseau Voltaire, 23
de abril de 2009.
Silvia Cattori
Periodista suiza
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