|
La «revolución de color»
fracasa en Irán
por
Thierry Meyssan*
La «revolución verde» de
Teherán es el más reciente caso
de las «revoluciones de color»
mediante las cuales Estados
Unidos ha logrado imponer
gobiernos sometidos a su tutela
en varios países sin tener que
recurrir a la fuerza. Thierry
Meyssan, quien ha sido consejero
de dos gobiernos ante este tipo
de crisis, analiza el método y
las causas de su fracaso en
Irán.
La relación entre las
«revoluciones de color» y las
revoluciones viene siendo la
misma que pudiera existir entre
el Canada Dry y la cerveza. Se
parecen, pero no saben igual.
Son cambios de régimen que
aparentan ser una revolución en
la medida en que movilizan a
ciertos segmentos del pueblo,
pero tienen características de
golpe de Estado porque su
objetivo no es cambiar las
estructuras sociales sino poner
en el poder a una élite en lugar
de otra para que aplique una
política económica y exterior
proestadounidense. La
«revolución verde» de Teherán es
el más reciente ejemplo de ello.
Origen del concepto Este
concepto apareció en los años
1990, pero sus orígenes se
encuentran en los debates
estadounidenses de los años
1970-80. Luego de la serie de
revelaciones sobre los golpes de
Estado que la CIA había
fomentado a través del mundo y
del escándalo de los testimonios
ante las comisiones
parlamentarias Church y
Rockefeller [1], el presidente
Carter puso en manos del
almirante Stansfield Turner la
tarea de limpiar la agencia y de
poner fin a todo apoyo a las
«dictaduras de la casa».
Furiosos, los socialdemócratas
estadounidenses (SD/USA)
salieron del Partido Demócrata y
se unieron a Ronald Reagan. Eran
brillantes intelectuales
trotskistas [2], frecuentemente
vinculados a la revista
Commentary. Cuando Reagan
resultó electo, les confió la
tarea de proseguir la injerencia
estadounidense, pero por otras
vías.
Así crearon, en 1982, la
National Endowment for Democracy
(NED) [3] y, en 1984, el United
States Institute for Peace (USIP).
Ambas estructuras están
vinculadas orgánicamente: varios
administradores de la NED son
miembros del consejo de
administradores del USIP y
viceversa.
En el plano jurídico, la NED es
una asociación no lucrativa,
basada en la legislación
estadounidense, financiada
mediante una subvención anual
aprobada por el Congreso como
parte del presupuesto del
Departamento de Estado. Para
concretar sus acciones [la NED]
cuenta con el cofinanciamiento
de la US Agency for
International Development
(USAID), que también depende del
Departamento de Estado. ?
En la práctica, esta estructura
jurídica no es más una pantalla
que sirve simultáneamente a la
CIA estadounidense, al MI6
británico y al ASIS australiano
(y en ocasiones a los servicios
canadienses y neozelandeses).
?La NED se presenta a sí misma
como un órgano de «promoción de
la democracia». Interviene de
forma directa o mediante sus
cuatro tentáculos: uno se
encarga de sobornar a los
sindicatos, otro de sobornar a
los patrones, el tercero a los
partidos de izquierda y el
cuarto a los de derecha. También
actúa a través de fundaciones
amigas, como la Westminster
Foundation for Democracy (Reino
Unido), el International Center
for Human Rights and Democratic
Development (Canadá), la
Fondation Jean-Jaurès y la
Fondation Robert-Schuman
(Francia), el International
Liberal Center (Suecia), la
Alfred Mozer Foundation
(Holanda), la Friedrich Ebert
Stiftung, la Friedrich Naunmann
Stiftung, la Hans Seidal
Stiftung y la Heinrich Boell
Stiftung (Alemania). La NED
reconoce haber sobornado así, en
unos treinta años, a más de 6
000 organizaciones a través del
mundo entero. Todo eso se
enmascara, claro está, bajo la
apariencia de programas de
formación o de ayuda.
El USIP, por su parte, es una
institución nacional
estadounidense. El Congreso lo
subvenciona, anualmente, a
través del presupuesto del
Departamento de Defensa. A
diferencia de la NED, que sirve
de pantalla a los servicios
[secretos] de tres Estados
aliados, el USIP es
exclusivamente estadounidense.
Con el pretexto de promover la
investigación en ciencias
políticas, puede pagar salarios
a personalidades políticas
extranjeras.
Desde que empezó a disponer de
recursos, el USIP ha venido
financiando una nueva y discreta
estructura, la Albert Einstein
Institution [4]. Al principio,
esa pequeña asociación de
promoción de la no violencia
estaba encargada de concebir una
forma de defensa civil para las
poblaciones de Europa
Occidental, en caso de invasión
por parte del Pacto de Varsovia.
Pero rápidamente se volvió
autónoma y estableció un modelo
de las condiciones que pueden
llevar a cualquier tipo de poder
estatal a perder su autoridad y
derrumbarse.
Primeros intentos El primer
intento de «revolución de color»
fracasó en 1989. El objetivo era
derrocar a Deng Xiaoping
utilizando a uno de sus
colaboradores, el secretario
general del Partido Comunista
Chino Zhao Ziyang, para abrir el
mercado chino a los
inversionistas estadounidenses y
poner a China bajo la influencia
de Estados Unidos. Los jóvenes
partidarios de Zhao invadieron
la plaza Tian'anmen [5]. Los
medios de prensa occidentales
los presentaron como estudiantes
apolíticos que luchaban por la
libertad oponiéndose al ala
tradicional del Partido, cuando
en realidad se trataba de una
disidencia interna entre
nacionalistas y
proestadounidenses surgida en el
seno de la corriente de Deng.
Luego de una larga resistencia a
las provocaciones, Deng decidió
poner fin a aquella situación
recurriendo a la fuerza. La
represión dejó entre 300 y 1 000
muertos, según las fuentes.
Veinte años después, la versión
occidental sobre aquel golpe de
Estado frustrado sigue siendo la
misma. Los medios occidentales
que cubrieron recientemente el
aniversario, presentándolo como
una «rebelión popular», se
sorprendieron de que aquel hecho
no haya quedado en la memoria de
la población de Beijing. Lo que
pasa es que una lucha por el
poder en el seno del Partido no
tenía nada de «popular» y los
habitantes de Beijing estimaban
que aquello nada tenía que ver
con ellos.
La primera «revolución de color»
exitosa tuvo lugar en 1990. En
momentos en que la Unión
Soviética se hallaba en pleno
proceso de disolución, el
secretario de Estado James Baker
viajó a Bulgaria para participar
en la campaña electoral del
partido proestadounidense,
profusamente financiado por la
NED [6]. Sin embargo, a pesar de
las presiones del Reino Unido,
los búlgaros, espantados ante
las consecuencias sociales del
paso de la URSS a la economía de
mercado, cometieron un error
imperdonable: eligieron una
mayoría parlamentaria compuesta
de postcomunistas. Los
observadores de la Comunidad
Europea certificaron el buen
desarrollo del escrutinio, pero
la oposición proestadounidense
denunció un supuesto fraude y se
lanzó a la calle, instaló un
campamento en pleno centro de
Sofía y sumió al país en caos
durante seis meses, hasta que el
parlamento eligió como
presidente al proestadounidense
Zhelyu Zhelev.
La «democracia»: vender el país
a los intereses extranjeros a
espaldas de la población Desde
entonces, Washington no ha
cesado de organizar cambios de
régimen a través del mundo,
recurriendo no a la organización
de juntas militares sino a la
agitación callejera. A estas
alturas de nuestro artículo, es
conveniente precisar los
objetivos de esa forma de
acción. ?Más allá del discurso
adormecedor sobre la «promoción
de la democracia», la acción de
Washington busca imponer
regímenes que le abran los
mercados internos sin exigir
condiciones y que apoyen su
política exterior. Los
dirigentes de las «revoluciones
de color» conocen esos
objetivos, pero nunca los
discuten con los manifestantes
que ellos lanzan a la calle. Y
cuando esos golpes de Estado
fructifican, la ciudadanía no
tarda en rebelarse contra las
nuevas políticas que esos mismos
dirigentes les imponen, cuando
es ya demasiado tarde para dar
marcha atrás. ?
Por otra parte, ¿cómo se pueden
considerar «democráticos» los
movimientos de oposición que,
con tal de alcanzar el poder,
venden su propio país a los
intereses extranjeros a espaldas
de sus compatriotas?
En 2005, la oposición kirguiz
rechaza el resultado de las
elecciones legislativas y lleva
manifestantes del sur del país a
Bishkek, la capital. Los
manifestantes derrocan al
presidente Askar Akaiev durante
la llamada «revolución de los
tulipanes». La Asamblea Nacional
elige como presidente al
proestadounidense Kurmanbek
Bakiyev. Este último no logra
controlar a sus propios
partidarios, que saquean la
capital, así que declara que el
dictador ha sido expulsado y
finge crear un gobierno de unión
nacional. Saca de la cárcel al
general Felix Kulov, ex alcalde
de Bishkek, y lo nombra ministro
del Interior y, más tarde,
primer ministro. Cuando ve que
la situación ha vuelto a ser
estable, Akayev se deshace de
Kulov; sin licitación previa,
vende los pocos recursos del
país a empresas estadounidenses
e instala una base militar
estadounidense en Manas. Nunca
antes ha sido tan bajo el nivel
de vida de la población. Felix
Kulov propone fortalecer el país
incorporándolo de nuevo a la
Federación Rusa y rápidamente…
lo vuelven a meter en la cárcel.
¿Un mal beneficioso?
A veces se argumenta, en los
casos de Estados sometidos a
regímenes represivos, que aunque
las «revoluciones de color» no
aportan más que una democracia
de fachada, al menos representan
cierta mejoría para las
poblaciones. La experiencia
demuestra lo contrario. Los
nuevos regímenes pueden resultar
más represivos que los
anteriores.
En 2003, Washington, Londres y
París [7] organizan en Georgia
[8] la «revolución de las
rosas». Siguiendo el esquema
clásico, la oposición denuncia
un fraude electoral y se lanza a
la calle. Los manifestantes
obligan al presidente Eduard
Chevardnadze a huir y toman el
poder. Su sucesor, Mijail
Saakashvili, abre el país a los
intereses económicos
estadounidenses y rompe con la
vecina Rusia. La ayuda económica
prometida por Washington para
sustituir la ayuda rusa nunca
llegará. Ya debilitada, la
economía [georgiana] se
derrumba. Para poder seguir
respondiendo a los intereses de
sus amos, Saakashvili tiene que
recurrir a la dictadura [9].
Cierra medios de prensa y llena
las prisiones. Pero no por ello
la prensa occidental deja de
presentarlo como un «demócrata».
Condenado a seguir adelante,
Saakashvili decide reconquistar
la popularidad mediante una
aventura militar. Con el apoyo
de la administración Bush y de
Israel, al que ha alquilado
varias bases aéreas, bombardea a
la población de Osetia del Sur.
Los bombardeos dejan 1 600
muertos, la mayoría de ellos con
doble nacionalidad rusa. Se
produce la respuesta militar de
Moscú. Los consejeros israelíes
huyen [10]. Georgia queda
devastada.
¡Basta!
El mecanismo principal de las
«revoluciones de color» consiste
en explotar el descontento
popular dirigiéndolo hacia el
blanco que se quiere eliminar.
Se trata de un fenómeno de
psicología de masas que barre
con todo a su paso, imposible de
enfrentar con elementos
razonables. Se designa un chivo
expiatorio al que se le achacan
todos los males que enfrenta el
país desde al menos una
generación. Mientras más se
resiste [el chivo expiatorio],
más crece la cólera de la
multitud. Y cuando el blanco
cede, la población vuelve a la
razón y reaparecen las
corrientes razonables entre sus
partidarios y sus opositores.
En 2005, durante las horas que
siguen al asesinato del ex
primer ministro Rafik Hariri,
corre en el Líbano el rumor de
que Hariri ha sido asesinado por
«los sirios». El ejército sirio,
que se ocupa de garantizar el
orden –conforme a lo estipulado
en el Acuerdo de Taif– se
convierte en blanco de
protestas. Las autoridades
estadounidenses acusan
directamente al presidente sirio
Bachar el-Assad, acusación que
la opinión pública considera
como una prueba. A los que
observan que, salvo algunas
divergencias, Rafik Hariri
siempre fue útil a Siria y que
su muerte priva a Damasco de un
colaborador esencial se les
responde que el «régimen sirio»
es tan malo que mata incluso a
sus propios amigos. Los
libaneses se pronuncian por un
desembarco estadounidense que
expulse a los sirios. Pero, para
sorpresa general, Bachar el-Assad,
teniendo en cuenta que su
ejército ha dejado de ser
bienvenido en el Líbano y que su
presencia allí resulta
económicamente onerosa, retira a
sus hombres. Se organizan
elecciones legislativas, en las
que resulta victoriosa la
coalición «antisiria». Se trata
de la «revolución del cedro».
Cuando la situación vuelve a la
normalidad, todos se dan cuenta
de que, si bien algunos
generales sirios habían saqueado
el país en el pasado, la
retirada del ejército sirio no
ha traído ningún cambio en el
plano económico. Y lo esencial
es que el país está en peligro,
al no contar ya con los medios
necesarios para defenderse del
expansionismo del vecino Israel.
El principal líder «antisirio»,
el general Michel Aoun, se da
cuenta de ello y se pasa a las
filas de la oposición. Furioso,
Washington traza contra él
numerosos proyectos de
asesinato. Michel Aoun establece
una alianza con el Hezbollah
sobre la base de una plataforma
patriótica. ¡Muy a tiempo!
Israel ataca.
En todos y cada uno de los
casos, Washington prepara de
antemano un gobierno
«democrático», lo cual confirma
que se trata de un golpe de
Estado disfrazado. La
composición del nuevo equipo se
mantiene en secreto el mayor
tiempo posible. Es por eso que
la designación del chivo
expiatorio se hace siempre
teniendo cuidado de no mencionar
ninguna alternativa política.
En Serbia, los jóvenes
«revolucionarios»
proestadounidenses escogieron un
logotipo salido de la
iconografía comunista (el puño
en alto), para esconder su
propia subordinación a Estados
Unidos. Su slogan, «¡Está
acabado!», tenía como objetivo
buscar el apoyo de los
descontentos contra el propio
Slobodan Milosevic, al que
hacían responsable de los
bombardeos de la OTAN contra
Serbia. El mismo esquema fue
aplicado por el grupo Pora!, en
Ucrania, y por Zubr, en
Bielorrusia.
No violencia de fachada Los
comunicadores del Departamento
de Estado se esfuerzan por dar a
las «revoluciones de color» una
imagen de no violencia. Todas
enarbolan las teorías de Gene
Sharp, fundador de la Albert
Einstein Institution. Pero la no
violencia es una forma de lucha
destinada a convencer al poder
de que tiene que cambiar de
política. Para lograr que una
minoría se apropie del poder y
lo ejerza, en algún momento hay
que recurrir a la fuerza. Así lo
han hecho todas las
«revoluciones de color».
Srdja Popovic (a la izquierda),
líder serbio del movimiento
Otpor, Gene Sharp, fundador de
la Albert Einstein Institution
(al centro) y su ayudante el
coronel Robert Helvey, decano de
la Escuela de Formación de
Agregados Militares de
Embajadas. En el año 2000,
cuando aún le quedaba un año de
mandato presidencial, Slobodan
Milosevic convocó a elecciones
anticipadas. Milosevic y su
principal adversario, Vojislav
Kostunica, tuvieron que ir a una
segunda vuelta. Sin esperar a
esa segunda fase de la elección,
la oposición afirmó que había
fraude y se lanzó a la calle.
Miles de manifestantes llegaron
a la capital, entre ellos los
mineros de Kolubara. La NED
garantizaba indirectamente el
pago de sus salarios, sin que
ellos tuviesen conciencia de que
estaban siendo pagados por
Estados Unidos. Cuando la
presión de los manifestantes
resultó insuficiente, los
mineros atacaron edificios
públicos con los buldózeres que
habían traído, lo cual dio como
resultado que aquello recibiera
el nombre de «revolución de los
buldózeres».
Si la tensión se prolonga por
demasiado tiempo y se producen
contramanifestaciones, no hay
para Washington otra solución
que sumir el país en el caos.
Agentes provocadores
convenientemente situados en
ambos bandos disparan sobre la
multitud. Ambos bandos pueden
comprobar que los de enfrente
dispararon mientras que sus
partidarios avanzaban
pacíficamente. Y se generaliza
el enfrentamiento.
En 2002, la burguesía de Caracas
se lanza a la calle para
manifestar contra la política
social del presidente Hugo
Chávez [11]. Mediante hábiles
montajes, las televisiones
privadas dan la impresión de que
se trata de una marea humana.
Según los observadores, son 55
000 personas. Pero la prensa y
el Departamento de Estado hablan
de 1 millón. Se produce entonces
el incidente del puente Llaguno.
Las televisiones muestran
claramente a prochavistas
armados disparando sobre la
multitud. En una conferencia de
prensa, el general de la Guardia
Nacional y viceministro de
Seguridad Interna confirma que
las «milicias chavistas» han
disparado sobre el pueblo
dejando 19 muertos. Anuncia su
renuncia y llama a derrocar la
dictadura. Militares rebeldes
arrestan al presidente. Pero el
Pueblo marcha, por millones,
sobre la capital y restablece el
orden constitucional. ?Una
investigación periodística
reconstruye posteriormente, de
forma detallada, la matanza del
puente Llaguno. Demuestra que
hubo manipulación en el montaje
de las imágenes, cuyo orden
cronológico fue alterado, como
lo demuestran los relojes que
portaban los propios
protagonistas. En realidad, los
atacados fueron los chavistas,
quienes se replegaron y trataron
de proteger a los suyos con
armas de fuego. Los agentes
provocadores eran policías
locales entrenados por una
agencia estadounidense [12].
En 2006, la NED reorganiza la
oposición contra el presidente
kenyano Mwai Kibaki. Financia la
creación del Partido Naranja de
Raila Odinga. Este último recibe
el apoyo del senador Barack
Obama, acompañado de
especialistas de la
desestabilización (Mark Lippert,
actual jefe de gabinete del
consejero de seguridad nacional,
y el general Jonathan S. Gration,
actual enviado especial del
presidente estadounidense para
Sudán). Durante un mitin de
Odinga, el senador de Illinois
se inventa un vago parentesco
con el candidato
proestadounidense. Pero Odinga
pierde las elecciones
legislativas en 2007. Con el
apoyo del senador John McCain,
quien actúa como presidente del
IRI (el tentáculo republicano de
la NED), Odinga pone en duda la
limpieza del escrutinio y pide a
sus partidarios que salgan a la
calle. ?
En ese preciso momento,
electores de la etnia Luo
reciben a través de sus
teléfonos móviles una oleada de
mensajes [SMS] anónimos:
«Queridos kenyanos, los Kikuyu
han robado el futuro de nuestros
hijos… tenemos que tratarlos de
la única forma que ellos
entienden… la violencia». A
pesar de ser uno de los países
más estables de África, Kenya se
incendia bruscamente. Al cabo de
varias jornadas de desórdenes,
el presidente Kibaki se ve
obligado a aceptar la mediación
de Madeleine Albright, en
calidad de presidenta del NDI
(el tentáculo demócrata de la
NED). Se crea un puesto de
primer ministro para Odinga.
Como los SMS incitando al odio
no salieron de ninguna
instalación kenyana, no queda
otro remedio que preguntarse qué
potencia extranjera pudo
enviarlos.
La movilización de la opinión
pública internacional Durante
los últimos años, Washington ha
podido desencadenar
«revoluciones de color» con la
certeza de que, en caso de no
fracasar en el intento de tomar
el poder, estas le permitirán al
menos manipular la opinión
pública y las instituciones
internacionales.
En 2007, gran número de birmanos
se rebelan contra el alza en los
precios del combustible de uso
doméstico. Las manifestaciones
se hacen violentas. Los monjes
budistas se ponen a la cabeza de
las protestas. Se produce la
«revolución azafrán» [13]. En
realidad, a Washington no le
interesa el régimen de Rangún.
Lo que quiere es manipular al
Pueblo birmano para presionar a
China, que tiene intereses
estratégicos en Birmania
(oleoductos y una base militar
de inteligencia electrónica). A
partir de ahí, lo importante es
crear una apariencia de
realidad. Imágenes provenientes
de teléfonos móviles comienzan a
inundar YouTube. Son anónimas,
inverificables y fuera de
contexto. Es precisamente ese
carácter aparentemente
espontáneo lo que les confiere
autoridad. La Casa Blanca puede
imponer así su propia
interpretación de dichas
imágenes.
Más recientemente, en 2008,
manifestaciones estudiantiles
paralizan Grecia luego de la
muerte de un joven de 15 años a
manos de un policía. Rápidamente
aparecen provocadores,
reclutados en Kosovo y enviados
en autobuses que destrozan
comercios. Los centros urbanos
son saqueados. Washington trata
de provocar una fuga de
capitales y de monopolizar las
inversiones en las terminales
gasíferas en construcción. Una
campaña de prensa se encargará
de presentar al debilitado
gobierno de Karamanlis bajo los
mismos colores que el régimen de
los coroneles. Facebook y
Twitter se convierten en
instrumentos para movilizar a la
diáspora griega. Las
manifestaciones se extienden a
Estambul, Nicosia, Dublín,
Londres, Ámsterdam, La Haya,
Copenhague, Francfort, París,
Roma, Madrid, Barcelona, etc.
La revolución verde La operación
instrumentada en Irán en 2009 es
parte de esta larga lista de
seudo revoluciones.
Primeramente, en 2007, el
Congreso aprueba un presupuesto
de 400 millones de dólares para
«cambiar el régimen» en Irán.
Esa suma se agrega a los
presupuestos ad hoc de la NED,
la USAID, la CIA y todas las
demás instituciones ya
mencionadas. No se conoce el uso
de ese dinero, pero sí se sabe
que está destinado a tres grupos
esenciales: la familia
Rafsandjani, la familia Pahlevi
y los Muyahidines del Pueblo.
Al confirmarse la oposición del
Estado Mayor estadounidense a un
ataque militar contra Irán, la
administración Bush decide
organizar una «revolución de
color» en ese país. Decisión
ratificada por la administración
Obama. Y se abre por defecto el
expediente de «revolución de
color» que se había preparado en
2002 con Israel en el seno del
American Enterprise Institute.
Yo mismo publiqué en aquel
entonces un artículo sobre aquel
dispositivo [14]. Basta con
remitirse a aquel artículo para
identificar a los actuales
protagonistas. Hubo pocas
modificaciones. Se agregó una
fase libanesa. con una
sublevación en Beirut, en caso
de victoria de la coalición
patriótica (Hezbollah, Aoun) en
las elecciones legislativas, que
fue finalmente anulada.
El escenario tenía previsto un
apoyo masivo al candidato
seleccionado por el ayatola
Rafsandjani, la impugnación de
los resultados de la elección
presidencial, una ola de
atentados, el derrocamiento del
presidente Ahmadinejad y del
Guía Supremo, el ayatola
Khamenei, la instauración de un
gobierno de transición dirigido
por Musavi y, posteriormente, el
restablecimiento de la monarquía
y el ascenso al poder de un
gobierno dirigido por Sohrab
Shobani.
Como ya estaba previsto en 2002,
la operación se desarrolló bajo
la supervisión de Morris Amitay
y Michael Ledeen y movilizó en
Irán a las redes del Irangate.
?Se impone en este punto un
breve recuento histórico. El
Irangate fue una venta ilegal de
armas: la Casa Blanca quería,
por un lado, apertrechar en
armas a los Contras
nicaragüenses (para que lucharan
contra los sandinistas) y, por
el otro, apertrechar a Irán
(para prolongar la guerra
Irán-Irak hasta el agotamiento
de ambos contendientes), pero el
Congreso le había prohibido
hacerlo. Los israelíes
propusieron entonces encargarse
de ambas operaciones al mismo
tiempo [por cuenta de
Washington]. Ledeen, que tiene
la doble nacionalidad
estadounidense e israelí, sirve
de agente de enlace en
Washington mientras que Mahmoud
Rafsandjani (hermano del ayatola
del mismo nombre) es el contacto
en Teherán. Todo se desarrolló
sobre un trasfondo de corrupción
generalizada. Cuando estalla el
escándalo en Estados Unidos, el
senador Tower y el general Brent
Scowcroft (mentor de Robert
Gates) dirigen una comisión
investigadora independiente. ?
Michael Ledeen es un curtido
veterano de la acción secreta.
Lo encontramos en Roma, en el
momento del asesinato de Aldo
Moro, en la invención de la
pista búlgara cuando el intento
de asesinato de Juan Pablo II,
y, más recientemente, en el
engaño de la supuesta compra de
uranio nigeriano por parte de
Sadam Husein. Actualmente
trabaja en el American
Enterprise Institute [15] (junto
a Richard Perle y Paul Wolfowitz)
y en la Foundation for the
Defense of Democracies [16]. ?
Morris Amitay fue director del
American Israel Public Affairs
Committee (AIPAC). Hoy se
desempeña como vicepresidente
del Jewish Institute for
National Security Affairs (JINSA)
y también como director de un
gabinete de consejería al
servicio de grandes firmas de la
industria armamentista.
El 27 de abril pasado, Morris y
Ledeen organizaron, alrededor
del senador Joseph Lieberman, un
seminario sobre Irán en el
American Enterprise Institute,
específicamente sobre el tema de
las elecciones. El 15 de mayo
pasado, hay un nuevo seminario.
La parte pública consistió en
una mesa redonda dirigida por el
embajador John Bolton sobre el
«gran regateo»: ¿Aceptaría Moscú
retirar su apoyo a Teherán a
cambio de que Washington
renuncie al escudo antimisiles
en Europa central? El experto
francés Bernard Hourcade
participó en los debates.
Simultáneamente, el Instituto
ponía en línea un sitio Internet
destinado a orientar a la prensa
en la futura crisis:
IranTracker.org. Este sitio
incluye una sección dedicada a
las elecciones libanesas.
En Irán, la misión del ayatola
Rafsandjani consistía en
derrocar a su viejo rival, el
ayatola Khamenei. Proveniente de
una familia de agricultores,
Hachemi Rafsandjani amasó su
fortuna mediante la especulación
inmobiliaria, en tiempos del
Shah. Se convirtió en el
principal vendedor mayorista de
pistacho de todo el país y
redondeó su fortuna durante el
Irangate. Sus bienes están
evaluados en miles de millones
de dólares. Ya convertido en el
hombre más rico de Irán, fue
sucesivamente presidente del
parlamento, presidente de la
República y es el actual
presidente del Consejo del
Discernimiento (instancia de
arbitraje entre el parlamento y
el Consejo de Guardianes de la
Constitución). Representa los
intereses del mercado, o sea de
los comerciantes de Teherán.
?Durante la campaña electoral,
Rafsandjani obtuvo de su ex
adversario Mirhossein Musavi,
hoy convertido en su caballo de
batalla, la promesa de
privatizar el sector petrolero.
Sin contacto con Rafsandjani,
Washington recurrió a los
Muyahidines del Pueblo [17].
Protegida por el Pentágono, esa
organización está clasificada
como terrorista por el
Departamento de Estado, y
también estuvo así clasificada
por parte de la Unión Europea.
Los Muyahidines del Pueblo
realizaron operaciones terribles
durante los años 1980, entre
ellas un atentado de gigantescas
proporciones que le costó la
vida al ayatola Behechi, a 4
ministros, a 6 ministros
adjuntos y a la cuarta parte del
grupo parlamentario del Partido
de la República Islámica. Los
Muyahidines del Pueblo están
bajo las órdenes de Masud Rajavi,
quien se casó con la hija del
presidente Bani Sadr y más tarde
con la cruel Myriam. Radica
cerca de París y tiene sus bases
militares en Irak, donde contó
con la protección de Sadam
Husein, antes de contar hoy en
día con la del Departamento de
Defensa. Fueron los Muyahidines
del Pueblo quienes garantizaron
la logística de los atentados
dinamiteros perpetrados durante
la campaña electoral [18]. Ellos
tenían como misión provocar
enfrentamientos entre los
partidarios de Ahmadinejad y la
oposición, lo que probablemente
hicieron.
En caso de que se produjera el
caos, cabía la posibilidad de
derrocar al Guía Supremo. Un
gobierno de transición, bajo la
dirección de Musavi debía
privatizar el sector petrolero y
restablecer la monarquía. El
hijo del antiguo Shah, Reza
Cyrus Pahlevi, subiría al trono
y designaría como primer
ministro a Sohrab Sobhani. ?En
previsión de todo esto, Reza
Pahlevi publicó en febrero un
libro de entrevistas con el
periodista francés Michel
Taubmann. Este último es
director de la oficina parisina
de información de Arte y preside
el Cercle de l'Observatoire, el
club de los neoconservadores
franceses. ?No es inútil
recordar aquí que, de la misma
manera, Washington tenía
prevista el restablecimiento de
la monarquía en Afganistán.
Mohammed Zaher Shah hubiese
subido al trono en Kabul, con
Hamid Karzai como primer
ministro. Pero el pretendiente
al trono, que tenía ya 88 años,
estaba senil. Karzai se
convirtió entonces en presidente
de la República. Al igual que
Karzai, Sobhani tiene la doble
nacionalidad estadounidense.
También al igual que Karzai,
Sobhani trabaja en el sector
petrolero del Mar Caspio.
En lo tocante a la propaganda,
el dispositivo inicial estaba en
manos de la firma Benador
Associates. Pero fue modificado
bajo la influencia de la
secretaria de Estado para la
Educación y la Cultura, Goli
Ameri. Esta irano-estadounidense
es una antigua colaboradora de
John Bolton. Como especialista
de los nuevos medios, Goli Ameri
implantó programas tendientes a
equipar y entrenar a los
partidarios de Rafsandjani en el
uso de Internet. También
desarrolló estaciones de radio y
de televisión en lengua farsi
para la propaganda del
Departamento de Estado y en
coordinación con la BBC
británica.
La desestabilización de Irán
fracasó porque el principal
resorte de las «revoluciones de
color» no funcionó bien. Musavi
no logró focalizar el
descontento sobre la
personalidad de Ahmadinejad. El
Pueblo iraní no pudo ser
engañado, no culpó al presidente
saliente por las consecuencias
de las sanciones económicas
estadounidenses contra Irán. Por
esa razón, las protestas se
circunscribieron a la burguesía
de los barrios del norte de
Teherán. El poder se abstuvo de
oponer nuevas manifestaciones a
las que ya estaban en marcha y
dejó que los conspiradores se
pusieran al desnudo por sí
mismos. ?Pero hay que reconocer
que la intoxicación de los
medios occidentales sí funcionó.
La opinión pública extranjera
creyó que 2 millones de iraníes
se habían lanzado realmente a
las calles, cuando la cifra real
fue por lo menos dos veces
inferior. El hecho de mantener a
los corresponsales en sus casas
facilitó esas exageraciones al
darles un pretexto para no
presentar pruebas de sus
impugnaciones.
Después renunciar a la guerra y
de haber fracasado en este
intento de derrocar al régimen,
¿qué carta le puede quedar aún a
Barack Obama?
[1] Los múltiples informes y
documentos publicados por esas
comisiones están disponibles en
Internet a través del sitio The
Assassination Archives and
Research Center.
[2] «Los New York Intellectuals
y la invención del
neoconservadurismo », por Denis
Boneau, Red Voltaire, 26 de
noviembre de 2004.
[3] «Las redes de la injerencia
"democrática" », por Thierry
Meyssan, Red Voltaire, 22 de
enero de 2004.
[4] «La Albert Einstein
Institution: no violencia según
la CIA », por Thierry Meyssan,
Red Voltaire, 4 de enero de
2005.
[5] «Tienanmen, 20 ans après»,
por el profesor Domenico Losurdo,
Réseau Voltaire, 9 de junio de
2009.
[6] En aquel entonces, la NED
operaba en Europa Oriental a
través de la Free Congress
Foundation (FCF), apadrinada por
los republicanos.
Posteriormente, esa organización
desaparece cediendo su lugar a
la Soros Foundation, relacionada
con el Partido Demócrata
estadounidense, mediante la cual
la NED fomenta nuevos «cambios
de régimen».
[7] Deseoso de mejorar las
relaciones
franco-estadounidenses después
de la crisis iraquí, el
presidente francés Jacques
Chirac trata de acercarse a la
administración Bush a expensas
de los georgianos, sobre todo
teniendo en cuenta que Francia
tiene intereses económicos en
Georgia. Salomé Zourabichvili,
n°2 de los servicios secretos
franceses, es nombrada
embajadora en Tbilisi.
Posteriormente cambia de
nacionalidad y se convierte en
ministra de Relaciones
Exteriores de la «revolución de
las rosas».
[8] «Los secretos del golpe de
estado en Georgia, ex república
soviética », por Paul Labarique,
Red Voltaire, 7 de enero de
2004.
[9] «Georgia: Saakachvili
encarcela a sus opositores» y
«Manifestaciones en Tbilisi
contra la dictadura de las
rosas», Red Voltaire, 12 de
septiembre de 2006 y 30 de
septiembre de 2007.
[10] La administración esperaba
crear un elemento de distracción
con aquel conflicto. Los
bombarderos israelíes
despegarían simultáneamente de
Georgia para golpear al vecino
Irán. Pero, antes de atacar las
instalaciones militares
georgianas, Rusia bombardeó los
aeropuertos alquilados a Israel,
impidiendo así el despegue de
los bombarderos israelíes.
[11] «Implicación de las redes
secretas de la CIA para derribar
a Chávez », por Thierry Meyssan,
Red Voltaire, 18 de mayo de
2002.
[12] Llaguno Bridge. Keys to a
Massacre. Documental de Angel
Palacios, Panafilms 2005.
[13] «Birmania: Estados Unidos
se muestra interesadamente
solícito », por Thierry Meyssan,
Red Voltaire, 5 de noviembre de
2007.
[14] «Las falaces razones para
intervenir en Irán », por
Thierry Meyssan, Red Voltaire,
12 de febrero de 2004.
[15] «El Instituto
Norteamericano de la Empresa »,
Red Voltaire, 21 de junio de
2004.
[16] «Los trucos de la
Foundation for the Defense of
Democraties », Red Voltaire, 2
de febrero de 2005.
[17] «Les Moudjahidin perdus»,
por Paul Labarique, Réseau
Voltaire, 17 de febrero de 2004.
[18] «Le Jundallah revendique
des actions armées aux côtés des
Moudjahidines du Peuple», Réseau
Voltaire, 13 de junio de 2009.
Thierry Meyssan
Periodista y escritor,
presidente de la Red Voltaire
con sede en París, Francia. Es
el autor de La gran impostura y
del Pentagate.
http://www.voltairenet.org
http://www.voltairenet.org/article160736.html
Gentileza:: Red Voltaire
[noreply-es@voltairenet.org]
paginadigital |