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Construcción de un gran
espacio suramericano
por
Alberto Buela
Rebanadas de Realidad
En estos días que venimos
recibiendo varias solicitudes
del extranjero sobre la
integración suramericana
(investigadores brasileños como
Julia Nassif Souza de la revista
de Sociología la Univ. de San
Pablo, de nuestro traductor al
ruso Vladislav Gulevich entre
otros) nos parece adecuado
realizar algunas precisiones
fundamentales sobre el tema.
Sobre todo en el
desenmascaramiento de los
intereses reales que mueven la
geopolítica brasilera, desde
siempre ambivalente.
En primer lugar nosotros
proponemos dejar de hablar de
integración, concepto que forma
parte de lo políticamente
correcto, para hablar de
construcción de un gran espacio
geopolítico autocentrado
económicamente y políticamente
soberano. La categoría de
integración es un engaña
pichanga ad usum becarios. Luego
de 18 años desde el Tratado de
Asunción de 1991 al presente, el
Mercosur resultó ser sólo el
instrumento de integración de
las burguesías comerciales de
Sao Paulo y Buenos Aires, y nada
más. La construcción de un gran
espacio supone una voluntad de
poder que se enfrente y recorte
los poderes mundiales actuales
en tanto que la idea de
integración implica sumarse a
las ventajas relativas de la
globalización. O hablamos en
términos geopolíticos de
construcción de un gran espacio
o callamos.
En segundo lugar hay que dejar
de hablar de América Latina que
es un concepto que indica una
rémora colonial franco-inglesa -
ni los aborígenes son latinos ni
los criollos lo somos- para
hablar de Iberoamérica o de la
América Indoibérica y así
incorporar sin tapujos al
Brasil. El latino americanismo
es un concepto vago y estéril,
ha sostenido con razón don Helio
Jaguaribe. Geopolíticamente
hablando, esto es, desde un
realismo político, se debe
hablar de Suramérica (Sud-
América es un galicismo
inadmisible a esta altura de la
historia americana), pues México
y Centroamérica son dominios
consolidados de la potencia
imperial talasocrática.
En tercer lugar la construcción
es solo posible si podemos
asegurar un heartland
suramericano protegido por las
líneas de tensión geopolíticas
cuyos vértices tendrían que ser
Buenos Aires, Brasilia, Caracas
y Lima o Quito o Bogotá. Este
último vértice es indistinto
aunque hoy es preferible Bogotá.
Esto es lo que hemos denominado
"teoría del rombo" que venimos
defendiendo desde hace una
década.
En cuarto lugar aquellos que
tienen y pueden aportar más,
aporten más, pues si no se da
una relación de reciprocidad no
hay construcción de un gran
espacio en Suramérica. Este es
el principio fundante de todo
gran espacio geopolítico, pues
si uno de los miembros aporta
todo se transforma en un imperio
subregional y si todos aportan
por igual es una ficción
política. No tiene miras de
realización.
Si, hipotéticamente, se tuvieran
en cuenta estas cuatro
instancias que proponemos habría
que eliminar, finalmente, los
presupuestos histórico-políticos
de los miembros que la integran
comenzando por el mayor
aportante, que en este caso es
Brasil con casi 200 millones de
habitantes y el 38% del PBI de
la región.
Y acá salta la liebre. Y aquí
aparece la cuestión fundamental.
¿Quiere Brasil la construcción
de un gran espacio autocentrado
económicamente y políticamente
soberano en Suramérica?
Todo indica que no, pero todo
aparece como que sí. En
apariencias Itamaraty a todos
los proyectos dice que sí, pero
en realidad obra en concreto
rechazándolos. Su alianza
principal es con los Estados
Unidos como socio privilegiado,
relación que lo ha transformado
hoy día en gendarme de la
región. Su asociación secundaria
es con cualquiera de los países
suramericanos. Esta distinción
entre aliado y socio es
fundamental para poder llegar a
comprender en parte, a
barruntar, cuales son los
intereses profundos que mueven a
Itamaraty. Brasil es aliado de
USA y socio de Argentina o
Venezuela o Uruguay.
Nos explicamos con un ejemplo:
El Banco del Sur (también
podríamos hablar de la
integración militar, del la
Comunidad suramericana de
naciones, del Unasur, de los
corredores bioceánicos, del
gasoducto transamazónico, de la
navegación de los ríos
interiores de la América del
Sur, etc.).
El Banco del Sur arrancaría con
un capital inicial de 7.000
millones de dólares, la
controversia respecto del aporte
de los países accionistas
impulsores de la idea radica que
unos, como Brasil o Paraguay,
proponen hacer aportes menores
del orden de los 300 millones y
otros como Ecuador, Venezuela y
Argentina proponen aportes
significativos. En una palabra,
unos quieren que el Banco del
Sur nazca chico y otro piensan
en términos de grandeza.
La contradicciones surgen con
las declaraciones de Guido
Mantega, ministro de hacienda
del Brasil, quien sostuvo que:"
la prioridad del Banco del sur
será financiar proyectos de
infraestructura, logística y
energía" y recordó que "sólo el
Banco de Desarrollo de Brasil
tiene 120.000 millones de
dólares para financiar al sector
productivo de su país, en tanto
que el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) tiene sólo 100
millones de dólares para toda la
región".
¿Qué pretende entonces la
intelligensia brasileña, crear
un banco pobre esterilizando
otra idea que puede servir para
liberarnos, como lo hizo con la
Comunidad Suramericana de
naciones invitando a Surinam y
Guyana, o sea, Holanda e
Inglaterra a participar?
Esta idea del Banco del Sur, hay
que decirlo con todas las letras
la lanzó Chávez y le mostró sus
beneficios a Kirchner, quien
honesta y cabalmente la aceptó.
Brasil se sumó como se suma a
todos los intentos de
integración suramericana, no por
su vocación integradora, sino
porque Itamaraty (la cancillería
brasileña: Su verdadero poder
nacional) no descansa en su
ambición de dominio. Y así, si
los proyectos o ideas que se
lanzan benefician su política
permanente de "extensión al
oeste" los apoya, de lo
contrario los esteriliza, pero
nunca los rechaza, pues su
rechazo generaría una
resistencia que no tiene por qué
crear.
Esto hay que saberlo y nuestros
gobiernos hispanoamericanos
deberían alguna vez hacerlo
notar. Brasil, a través de su
cancillería Itamaraty,
interpuso, interpone e
interpondrá todos los recursos a
su alcance para impedir la
integración norte-sur o
sur-norte de Suramérica, de modo
tal que si hay algo que no desea
ni quiere es la relación
Caracas-Buenos Aires, y el Banco
del Sur abona y refuerza esta
integración.
Hace ya más de un siglo y a
partir de los trabajos de don
Tulio Jaguaribe, el padre de
Helio Jaguaribe, el sociólogo
que más influencia en el poder
del Brasil ha tenido en estos
últimos veinte años, los
gobiernos de Argentina y
Venezuela están solicitando al
de Brasil avanzar en los
trabajos para la integración
fluvial del Suramérica sobre
todo en la vinculación entre los
ríos Paraguay -Guaporé a través
del dragado de los ríos Alegre y
Aguapey, atravesando la laguna
Rebeca y el riacho Barbados y su
respuesta siempre ha sido una
dilación continuada.
Vemos como el Banco del Sur nos
llevó a consideraciones que
hacen al riñón de la geopolítica
suramericana, a tratar de llamar
a las cosas por su nombre y a
correr el velo de las
intenciones ocultas. El Banco
del Sur es estrictamente
hablando una idea metapolítica,
pues va más allá de la
limitación política partidaria y
local para instalarse como
categoría de condicionamiento de
la acción política concreta
futura del gran espacio
suramericano.
Mientras tanto los seis países
que inicialmente constituirían
el Banco del Sur tienen presos
164.000 millones de dólares, en
Bancos de USA y Europa, esto es,
diez veces más de los créditos
que recibimos con
condicionamientos de todo tipo,
durante el 2006.
El Banco del Sur si naciera
grande se transformaría
automáticamente en la expresión
financiera de la Unión
Suramericana lo que le
permitiría negociar como bloque
y no aisladamente con los
poderes internacionales. La
consecuencia natural del un
Banco del Sur pensado en
términos de grandeza sería la
implantación de una moneda única
tal como se propuso en la
reunión del Mercosur, aquella a
la que asistió Nelson Mandela,
realizada en Ushuaia en 1999 y
dilatada por Brasil sine die.
Es que Itamaraty no quiere una
negociación en bloque, con una
moneda única, con los poderes
mundiales sino que desea
negociar con Brasil como bloque
con los poderes internacionales,
esta es la madre del borrego.
Quien no vea esto, mira sin ver.
Este ejemplo que hemos puesto es
emblemático pues muestra como
Itamaraty apoya y socaba al
mismo tiempo un mismo proyecto.
Nuestras cancillerías no se dan
cuenta o no lo hacen notar,
nuestros políticos menos pues
pasan su vida en problemas
internos y vuelos de cabotaje,
ni qué decir de nuestros
dirigentes sociales y culturales
embelezados en un "latinoamericanismo"
vacuo y falto de contenido.
En la construcción del gran
espacio suramericano Brasil es
Alemania y Argentina es Austria,
pero la sumatoria de Venezuela,
Perú y sobre todo Colombia
equilibra la balanza. Hoy, a
mediados del 2009, esta última
opción, la opción Colombia es de
singular importancia. Y si algún
tonto de estos que nunca faltan
pues stultorum infinitus est
numerus nos dijera que es
imposible, solo nos cabe
responderle es conditio sine qua
non en la construcción de un
gran espacio suramericano
reemplazar las criterios
ideológicos por las relaciones
geopolíticas o mejor aún:
Metapolíticas.
La relación geopolítica de
Argentina tiene que ser
forzosamente con Brasil, pero
para ello debe privilegiar las
relaciones geopolíticas con
Venezuela y Colombia más allá de
los criterios ideológicos.
Brasil tiene una gran ventaja
sobre Argentina, su mayor
potencial económico y militar
pero al mismo tiempo tiene una
desventaja geopolítica en la
región, no puede tener ningún
otro aliado de peso, sólo puede
tener socios circunstanciales,
pero Argentina si tuviera
política exterior propia, sí que
puede tener aliados. Y esta es
la gran diferencia que juega a
nuestro favor.
Socios históricos del Brasil lo
han sido el Paraguay, Chile y
Ecuador pero nunca llegaron a la
categoría de aliados. Esta
categoría es la que se quiso
plasmar en el Tratado de
Asunción con Argentina, pero no
pasó de una asociación
comercial. Así están las
tensiones geopolíticas hoy en la
América del Sur.
Integrante del Centro de
Estudios Estratégicos
Suramericanos. Federación del
papel. Escuela de Gobierno Pcia.
de Bs.As.
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