
La
Mercedes Sosa que florece en los escenarios, candorosa y casi siempre alegre, se
parece bastante poco a la que ahora está sentada en la sala de su casa, en una
de las zonas más caras de Buenos Aires.
Quizá
esta mujer distinta, esté cambiada ahora por el dolor que carga como
consecuencia de una operación de cataratas que le practicaron en un ojo. O,
simplemente, a lo mejor, la Mercedes Sosa de los espectáculos no existe.
Trae
unos lentes oscuros dentro de un ambiente que ya está en penumbras. Y al
principio de la charla no se le verán los ojos a esta mujer de muy baja
estatura y de manos suaves. Ella es adepta a los abrazos y a esconder su cabeza
en el pecho de las personas a las que rodea con sus brazos. Ella casi siempre
abraza. Pero con la misma determinación con la que decide amar, puede cortar
una relación que la lastime.
No
hubo grandes novedades en su vida durante los tiempos más recientes. Pero este
último año, el que pasó, ese sí trajo que cambio.
Las novedades son
que me voy de mi compañía grabadora, que hasta este momento fue Polygram y que
en lo sucesivo será Universal.
¿Por
qué?
Me
voy porque ellos me dan el dinero que yo pedí, pero me maltratan, no me
atienden el teléfono. Yo llamo y me contestan que los directivos no me pueden
responder. La descortesía me ofendió. Y cuando quisieron arreglar el contrato
ya era tarde. Abandoné todo mi catálogo desde el año 65; decenas de discos.
No me importó porque yo no soy guardiana de obras viejas. Por un tiempo a mí
me preocupaba mucho no perder todo eso. Pero después me di cuenta de que era
mejor salvaguardarme que salvaguardar los discos. En realidad, yo ya estaba sin
contrato con la Polygram desde que grabé “Al Despertar”.
Hace
tres años.
Más
o menos.
Y
ahora se va al mismo sello en el que graba Charly García.
Sí.
Él está ahí con un contrato temporal por el relanzamiento de Sui Generis
Se
la ve dolorida, ¿cómo la lleva con la operación el ojo?.
Mal,
muy mal. La verdad es que me duele
mucho. Si yo hubiera sabido que me iba a doler tanto, no me operaba nada. Pero
esas son cosas que nos pasan a los viejos. Esto no le sucedería a alguien de su
edad. Yo tenía cataratas en un ojo. Y casi no veía nada. Así es que me hice
operar y quedé muy bien. Con este otro ojo yo veía bastante bien, pero me hice
operar también y ahora no soporto el dolor.
¿Ese
dolor será tan fuerte como para no dejarla hacer un balance de su vida?
Yo
siempre estoy haciendo balance.
¿No
es demasiado obsesivo hacer balance todo el tiempo?
No.
Yo me la paso revisando equivocaciones. Y
también me pongo a pensar en cuáles eran mis sueños de mujer joven. Y, la
verdad, tan mal no me ha ido.
¿Cuáles
eran esos sueños?
Cambiar
el mundo.
¿Qué,
usted consiguió cambiar el mundo?
No,
eso no, pero todos los artistas ponemos nuestro granito de arena. El planeta es
de una injusticia atroz. Está en manos de gente moralmente destrozada.
En ese sentido, muchos de esos sueños no se han cumplido y ya están
desgastados.
(El
sonido agudo del teléfono interrumpe la conversación. Mercedes habla con el
doctor que la operó y le suplica que la atienda. Tiene la voz temblorosa y un
gesto extraño. Mercedes, como si fuera una niña grande, le ruega al médico
que le detenga ya ese dolor. Una niña, eso es, a pesar de sus años y su
carrera)
¿Qué
cosas quedan dentro de usted de la niña que
fue?
No,
ahora ya no soy más una nena. Casi podría decirse que lo fui hasta el 27 de
abril pasado, cuando murió mi mamá, y nos dejó huérfanos a mis hermanos y a
mí. El 2000 fue un año de profundos cambios para mí. Mejor dicho: de
abandonos. La muerte de mi madre, el cambio de mi grabadora de tantos años...
Bueno,
trate de no pelearse con su único hijo, Fabián.
Estoy
peleada. Ahora estoy peleada.
¡¡Uhh!!,
le juro que no me habían venido con el chisme. Mi comentario fue de puro
imprudente.
Sí
(se ríe), la verdad que muy imprudente, muchacho.
¿Y
esta vez por qué se pelaron?
¿Por
qué me dice “esta vez”?
Bueno,
Mercedes, se sabe que ustedes se han peleado fuerte ya varias veces.
¡Es
que tiene un humor este chico! Esta vez él me colgó el teléfono. Y yo no se
lo acepto, primero porque soy su madre, pero además soy su artista, porque él
es mi manager. Es un gran dolor. Lo que pasa es que ahora me muero de ganas de
verlo. Con todos se puede ser duro, pero menos con un hijo. Y con una madre
tampoco. Por ejemplo, yo recuerdo que en las épocas de peor miseria, mi mamá
nos daba de comer una parte de las vísceras de la vaca. Y para que nosotros no
nos pusiéramos tristes, mi mamá nos decía que íbamos a comer faisán y un
montón de cosas ricas. Después, cuando fui grande, la vida me hizo conocer
muchos lugares y comer ostras, foie grass, langosta. Pero nada es tan rico como
el guisado de mi mamá. Y a veces pienso que ella quizá también tuvo que
aguantarse que yo le cortara el teléfono. Pero lo que pasa es que yo no me
aguantaba y enseguida volvía a hablarle. Mi hijo y yo, después de la última
pelea grande, habíamos acordado que, aunque discutiéramos mucho, íbamos a
seguir hablándonos. Pero esta vez no fue posible. Ninguno de los dos aflojó.
¿Cómo
es pelearse con un hijo?
Absurdo.
Fue porque yo acababa de volver de México y enseguida tenía que volver a salir
para Puerto Rico y México otra vez. Las esposas de los músicos me iban a
querer matar. No podemos estar saliendo de viaje todas las semanas. Y algunas
veces, giras que se demoran quince días fuera del país. Hablé con el
productor y le expliqué lo que pasaba. Había que suspender una actuación en
el zócalo. Pero me dijo que me comprendía y que no había ningún problema.
Mis músicos y mis técnicos no son esclavos. Íbamos a estar de vuelta el 3 de
diciembre y a la madrugada siguiente teníamos que viajar a Córdoba, para una
actuación allá. Ellos no son esclavos, por Dios. Le dije todo esto a Fabián y
él se enojó. Yo creo que se enojó mucho porque creyó que yo le esta
reprochando que se iba a hacer un trabajo con Manu Chao. Y... no, nada que ver.
Pero yo estoy feliz de que él tenga ese trabajo. De ninguna manera yo puedo
tener celos tan absurdos.
Usted
iba a Puerto Rico a recibir de la Organización de las Naciones Unidas el título
de Embajadora de la Paz. Y la paz se ha ido de su propia familia.
¡Qué
barbaridad! Ya no aguanto tanto maltrato. Y no me importa cuánto dinero haya de
por medio. Como el caso de Polygram. El contrato era por dos millones de dólares.
Yo toda mi vida estuve en contra del capitalismo... quiero que lo sepa. Pero
también me peleo con la descortesía.
Mercedes,
¿tiene ganas de hablar de los defectos?
¿De
los afectos?.
No,
de los defectos. No se escape.
¿De
los defectos de quién? ¿De los suyos?
Bueno,
en todo caso, podemos intercambiar defectos.
Ah...
eso me gusta más.
Soy
soberbio.
Y...
sí.
(hay
una larga pausa en la que Mercedes no emite sonido alguno)
Mercedes,
ahora le toca a usted.
Bueno,
también yo soy soberbia.
Ah,
ahora nos vamos poniendo de acuerdo.
No
hay ningún artista que no sea soberbio. Una cosa es la sencillez y otra es la
humildad. Ser sencillo no es ser humilde. Por ejemplo, yo sé claramente que
muchas veces a mí me llega una canción y cuando yo la grabo, queda una
belleza. Pero sí, soy sencilla, porque me gusta estar tranquila, jamás voy a
una fiesta de la farándula. Ahora aprendí muchas cosas. Por ejemplo, cuando un
artista me pide que yo grabe una canción en un disco suyo, lo hago gratis.
Porque muchas veces me equivoqué. Hubo un tiempo en el que yo estuve agrandada.
Y hasta casi pierdo la amistad de Rodolfo Mederos, porque le quise cobrar una
barbaridad, se me habían subido los humos a la cabeza.
Soy
flojo, perezoso.
No,
no, no. Yo no. Soy hiperactiva. Siempre tengo todo el día ocupado. Es cierto
que tengo muchas ocupaciones, pero no es cierto que ser artista sea una cosa
estresante, o sumamente difícil. Realmente es una suerte que a uno le vaya bien
en un momento en el que mundo entero sufre tanto. La gran pérdida que yo tuve
es la pérdida de mi madre. Y eso es irrecuperable. Muchas veces lloro en la
cama. No logro consolarme de esa muerte, aunque ella tuviera ya 90 años.
Hace
tiempo, usted dijo que cuando su mamá muriera no iba a ir al velorio, porque
quería recordarla viva, ¿cumplió?
Fui.
No pude evitarlo. El problema es que mi madre estuvo casi muerta antes de
terminar con sus signos vitales. Pero, bueno... esas son cosas muy dolorosas.
Mejor sigamos con lo que estábamos.
Está
bien. Soy menos solidario de lo que me gustaría ser.
Ah... creo que yo
soy solidaria dentro de las posibilidades de mi ser. Soy solidaria. Pero a veces
me pregunto por qué siempre es la misma gente la solidaria. Siempre León
Gieco, siempre Víctor Heredia, Teresa Parodi y yo (habla de otros cantantes de
su tierra). Somos los únicos que vamos a cantar gratis para determinada gente.
Mercedes,
pero, además de regalar su arte para distintas causas, ¿es solidaria con el
dinero?.
Mire,
a mi no me gusta mucho hablar de números.
Haga
un esfuerzo, piense un poco más. ¿Qué otros defectos?
Creo
que el peor es la soberbia, ya se lo dije. Yo no permito que nadie se involucre
en mi trabajo. A propósito de mi trabajo, le cuento algo que me gustaría
hacer: grabar con Carlos Santana.
Bueno,
hay que ver si Santana quiere grabar con usted.
Claro
(sonríe), es verdad.
(Mercedes
Sosa cumplirá 65 años el próximo 9 de Julio. Le teme a los aviones pero ama
la velocidad. Y, a sus años,
practica una sobria coquetería. Una coquetería difícil de imaginar en la
Mercedes que todos conocen: popular, humilde y
tan cercana a los pobres. Mercedes se quitará los anillos para tomarse
las fotos. Mercedes hablará de lo caro que
fue mantener su casa de la costa europea)
¿Qué
tanto dinero tiene usted?
No,
de eso no voy a hablar. ¡¡María!! (le habla a su mucama). Traiga de ese té
alemán para ver si logramos conquistar a este muchacho, porque me está
haciendo preguntas difíciles
¿Qué
otras tretas utiliza para conquistar a la gente?
Ah...
si quiero que alguien caiga a mis pies, le convido empanadas de las que cocinan
mi hermano y mi cuñada.
Hablo
de la conquista en serio. ¿Cuáles son las técnicas de seducción de una mujer
de 65 años?
No,
no, no...
¡¡¡Vamos!!!
Es
que, a esta altura, mi seducción pasa por la amistad.
¿Por
la inteligencia?
Por
lo platónico, más bien. A esta altura de mi vida yo no puedo andar
conquistando gente. Además, ese nunca fue mi estilo, ni cuando era jovencita y
tenía buen cuerpo. Ahora, bah, desde hace mucho tiempo, mi seducción pasa por
las cosas que yo canto. Creo que la seducción, para la mayoría de la gente,
pasa más por el ámbito sexual.
No,
también hay gente que seduce con su poder.
Sí,
es cierto, pero yo no tengo ese problema. Esa es una cuestión más masculina.
Hablando
de hombres... la gente cree que es usted una especie de figura asexuada, porque
poco se sabe de su vida sentimental.
Algunas cosas se
saben. Se sabe que tuve un primer matrimonio con Carlos Mathus, el papá de mi
hijo. Se sabe que nos separamos después de 8 años de matrimonio y que a partir
de entonces comencé a crecer como artista. Se sabe que volví a enamorarme de
Pocho Mazzitellli. Ése fue el gran amor.
Pero
Pocho no pudo quedarse con usted.
Pocho
murió de un tumor en el cerebro. En esos momentos de gran dolor, no hay aplauso
que a uno lo satisfaga.
No,
claro que no. Uno puede estar rodeado de mucha gente y tener, bien adentro, la
infinita soledad.
Ni
me lo diga. Yo le tengo terror a eso. A mí me cuesta tanto conseguir una
verdadera comunión con alguien. Porque soy Mercedes Sosa, es cierto, pero no
hay que olvidar que yo nací en el Aconquija, una zona pobre de la provincia de
Tucumán, donde se comen empanadas fritas y se toma vino ordinario rebajado con
soda.
¿Y
entonces?
Entonces...
no voy a estar jugando a la viudita, llorando, y pasarme el resto de la vida en
soledad. Pero tampoco tengo por qué olvidar a ese hombre, que, en definitiva,
fue el gran hombre de mi vida.
Comprendo
que no haya habido otros amores, pero, ¿tampoco hubo otros hombres?
Sí,
hubo otros hombres, y también algunos de ellos lograron enamorarme, pero
ninguno como Pocho. Si eso hubiera pasado, yo estaría con alguien.
Supongo
que tampoco ha de ser fácil estar con “Mercedes Sosa”
Pero
es que tampoco es fácil estar con la chica de Pimpinela. No es fácil estar con
nadie. En realidad, lo difícil para cualquier hombre es estar con una mujer que
trabaja, emprendedora, autónoma. Mire... cuando Pocho se murió, yo no sabía
hacer un cheque. El se encargaba de todo. Y yo... yo vivía en una nube. Durante
tantos años hablé en contra del capitalismo... y una vez, después de que él
había muerto, me enteré que, como era mi administrador, había abierto una
cuenta a mi nombre con muchos dólares. Me dio tanto asco que me fui a vomitar
al baño.
Me parece una
exageración.
Yo
no quería saber esas cosas. Cuando una pierde un hombre así, es muy difícil
que se vuelva a casar.
-(2001)-
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