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de Alfaro Jorgelina
Hombre en proceso de transformación
Tengo cuarenta y cinco años y soy abogado, un brillante abogado
además de destacado hombre de la política.
En honor a la verdad y aunque me desagrade profundamente recordarlo
debo decir que desciendo de una humilde familia de un pequeño
pueblo de provincia.
Mi padre se ganaba la vida como empleado de maestranza en
la municipalidad, algo así como barrendero y cadete, por lo
menos eso hacía hasta cuando me fui de casa a los dieciséis
años.
Dada su manera de ser y de pensar, es de suponer que todavía
sigue allí, si aun no lo jubilaron, da lo mismo, me desvinculé
de ellos, desde el momento que decidí irme.
Por aquellos días, la gran ciudad, no me recibió con los brazos
abiertos ni mucho menos, terminar el secundario, me costó
mis buenos sacrificios. Así que si quería ser abogado, y ese
era mi objetivo, debería sopesar detenidamente mis opciones,
tendría que elaborar un buen plan, me decidí por el más fácil,
enamoraría a la chica adecuada. Yo ya tenía claro que la seducción
era un juego de niños para mí.
Conocí a Cintia, hija única de un importante empresario. Ella
pagó mi carrera y cuando me recibí, nos casamos, me puse a
trabajar en la empresa de su padre. Tuvimos Dos hijos, deben
andar ahora por los diecisiete y diecinueve años. No los veo
desde que Cintia me abandonó. Ella nunca entendió, que convertirme
en el dueño de la empresa que fuera de su padre fue una simple
cuestión de capacidad.
Desde entonces, me dedico también a la política, donde conseguí
rápidamente un lugar de privilegio, la verdad es que soy un
hombre verdaderamente satisfecho. Se que llegaré hasta donde
se me ocurra, nada podrá detenerme, no tengo amigos, pero
a quién le importa.
Estaba con los pies sobre el escritorio, las manos detrás
de mi nuca, pensando en todo esto, y programando a la vez
mis próximos pasos, cuando comencé a sentir un dolor en el
pecho. Ya me había pasado otras veces y sabía que era pasajero,
pero no , esta vez me parece que no, quise pulsar el intercomunicador
para llamar a mi secretaria pero no pude, el dolor me obligó
a apretarme el pecho. Estoy sufriendo un ataque cardíaco,
fue lo último que pensé antes de perder la conciencia. Cuando
la recuperé, ya no estaba en mi oficina, me encontraba en
el lugar más fantástico que había visto en toda mi vida!!,
me acompañaban otros dos hombres, en realidad no debería llamarlos
hombres, aunque lo parecían eran a la vez tan diferentes!
Tenían una expresión de paz, de felicidad tan absoluta. Eran
indescriptiblemente, inmateriales, etéreos, con unos ojos
tan profundos, como si en ellos, estuviera archivada la sabiduría
de todo el universo.
Cuando me miraban, era como si esa mirada pudiera además abarcar
en círculo pasado, presente y futuro. Seres celestiales, eso
son. Me guiaban como si me conocieran de toda la vida, me
llevaron hacia una especie de esfera de cristal, en el camino
pude ver a otros seres como ellos con la misma expresión de
excelsa felicidad, llegamos al interior de la esfera, sin
necesidad de abrir puertas, ahí me di cuenta, de que yo también
era inmaterial, no me importó, me sentía demasiado dichoso,
las paredes de la esfera estaban llenas de imágenes mías,
era como un cine redondo y tridimensional y la película era
"Mi vida" increíble!! Allí estaba todo, no solamente se proyectaban
todas mis acciones, sino también las consecuencias que esas
acciones habían provocado a las personas que formaron alguna
vez parte de mi vida, Dios!. Lo que mi ausencia le ha hecho
a mi madre, podía verla en una despiadada sucesión de imágenes,
llorando por mí, rezando por mí una y otra vez a lo largo
de casi 29 años!. Verlo me estaba resultando intolerable,
esto es demasiado, demasiado!. Ellos me miraron y de pronto
sentí una profunda vergüenza. El no debe estar aquí, dijo
uno de mis seres celestiales, ha sido un error, debe haber
entrado por equivocación por algún agujero perdido del tiempo!.
No debe estar aquí, mucho menos atravesar la puerta a la dimensión
superior, tampoco puede regresar a la tierra.
Mientras los escuchaba, mi mente trabajaba a toda velocidad.
Yo había decidido quedarme aquí para siempre. Haré lo que
quieran con tal de quedarme, yo soy muy elocuente, muy persuasivo,
puedo convencerlos, sé que puedo, y lo haré.
Ellos me dirigieron una mirada llena de amor y compasión!
Supe que habían leído mi mente.
Escuché a mi otro ser celestial diciendo, miremos su niñez,
tal vez encontremos algo allí, debe haber algo aunque sea
pequeño, mis imágenes de niño comenzaron a sucederse vertiginosamente
hasta que se detuvo en una, yo tenía seis o siete años, estaba
sentado en la vereda de mi casa, intentaba con esfuerzo y
torpemente, con compresas de té, curar la pata lastimada de
un perro callejero. Un estremecimiento de alivio me sacudió,
al mismo tiempo que me sumergía de nuevo en la oscuridad.
Cuando abrí los ojos nuevamente, estaba en una sala de emergencias,
rodeado de médicos que se esforzaban por salvarme la vida,
lo tenemos de vuelta exclamó con alegría uno de ellos.
Léntamente comencé a recordar y fue entonces cuando tomé mi
primera decisión, cuando salga de aquí, correré al pueblo
de mi infancia, buscaré a mi madre, la cubriré de besos y
de rodillas le suplicaré que me perdone!!.

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