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de Castello Gustavo Marcelo
Abstracción
Sin conexión terrenal entre tu ser despierto y tu interior
dormido. Intento ver si nombrás a lo esencial como escape,
desnudándolo bajo la coraza que deja entrever endeblemente
tus explicaciones contradictorias.
Camino buscando traducir mis últimas plegarias, a cambio de
piedad que consuele el vacío intermitente de la soledad. Deseo
dejar de penar en vano, eludiendo la gratitud frívola y pasajera
del olvido. Podré encontrarte... sin respirar, pero riendo
inocencia ambigua.
El delirio es tu agrado y evitarás cruzarte con mi sombra,
porque la sentirás como la felicidad máxima.
Seré sin dudar, mi propio aliado a tener en cuenta cuando
lo desbordante quiera quebrar mis rodillas en el camino hacia
la luz. No voy a renunciar a buscar el amor, por más que éste
esconda su costado sobrio y la ciudad intente opacar su grito
solemne.
No habrá forma de que tus balas lleguen a mi cara; mi consuelo
estará a salvo del fuego insulso. Mi estirpe ( no la tuya),
es lo que cuenta cuando sueño despierto.
Inocencia inconclusa
Desde lo alto de esta cima, puedo ver el mar reflejado en
la luz invisible de tus ojos serpenteantes. Acometí contra
tu imagen que ténuamente, se diluía detrás de un espejo de
agua. Intenté beberte con mis manos, pero la sangre helada
de las lágrimas impidió retener tu recuerdo, cortando la soga
que tenía guardada para poder escapar de tu dolor.
Abracé la quietud dejada por tus palabras en la soledad de
mi habitación, volviendo a vivir con tu sonrisa que la hallé
escondida en un retrato oscuro, el cual apareció fugazmente
gracias a un sueño revelador. Fue sólo un regreso entre tantos
viajes emprendidos intermitentemente para alejarme temprano
por la mañana, evitando así quedarme indefenso en la cama
pidiéndote ayuda misericordiosa.
Intimé al sol a que dejara un poco de fuego en mi mente y
animara con su radiación, alguna energía poderosa que hiciera
cicatrizar mis roces frecuentes con tus huellas; después del
viento quedaron sobre la almohada, junto a unas sedas blancas
con el color de tu piel, desgarradas por las culpas sin sentido.
Permanecí inmóvil y las llevé hasta la orilla, junto a las
olas que se acercaban tímidamente hacia mí, dejándolas sobre
su corriente y guardándolas en lo más secreto de sus profundidades.
Hoy, ya es abril y la arena comienza a adormecer los sonidos
del pasado. No estás; escribo otra página de mi diario esperando
algún día que puedas leerlo sin llorar... trayendo a tu alma,
un poco de luz de alguna estrella real.

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