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de Duprat Nene
¡Un final inesperado!
El hombre sintió su camisa empapada por el sudor que corría
libremente sobre su cuerpo tenso.
Debido a la penumbra no se había dado cuenta de la presencia
de la bestia y ahora estaba cara a cara con ella.
Subió el rifle lentamente con la intención de apresurar el
trámite, ya que el animal no hacía movimiento alguno.
Ni el temblor de una duda desdibujó su expresión en ese momento
tan especial.
En el silencio reinante, la selva entera parecía detenida.
El viento que agitaba las hojas de los árboles quedó suspendido
entre el follaje..., mudo testigo de la escena.
Desde su enorme estructura el elefante lo observaba...
Sus negros y profundos ojillos haciendo plagio del abismo
de la noche, dejó escapar una mirada penetrante.
Ella hablaba de su estirpe rica y victoriosa en luchas por
sobrevivir, en el juego salvaje y misterioso de la selva.
Contempló atentamente a quién intuía su enemigo, Su sentido
de conservación le prevenía del peligro que el mismo significaba.
Recordaba otras ocasiones similares y su memoria guardaba
fielmente el recuerdo de la imagen y el olor que emanaba de
un cazador.
Este, muy despacio, dio un paso atrás, impactado por la fuerza
de la mirada y sobre todo por la extraña quietud del animal.
Su corazón latía a lo loco, pero eso no lo afectaba. ¡Dominaría
al elefante!, ¡Siempre había deseado este momento!, ¡No dejaría
escapar la oportunidad de conquistar algo tan valioso!.
Los colmillos del elefante brillaban en la noche dando más
fiereza a su porte, alto como un muro, que desafiaba con todo
su poderío.
El silencio se hizo más espeso y el tiempo pareció clavarse
en ese instante.
En un ademán imperceptible el hombre presionó suavemente el
gatillo, listo para consumar su obra... cuando el asombro
paralizó sus miembros... ¡La mole gigante se había sentado
y sus patas delanteras se agitaban arriba y abajo en el aire!.
La trompa lanzada hacía atrás permitía ver su boca de la que
surgían extraños y cómicos chillidos. ¡Todo era un gran saludo
interminable!.
Por la mente del animal, habían desfilado sus antiguas recorridas
por los campos circenses, de las que conservaba el recuerdo
de sus trabajos y sobre todo de esa faena singular que realizaba
al terminar su función.
Él sabía lo mucho que gustaba a la gente y deseaba, hoy, más
que nunca agradar a ese hombre en particular.
...Y parecía que lo había logrado, porque el cazador se acercó
lentamente hacia él, con la mano extendida.
Trató de quedarse muy quieto -como le habían enseñado-, y
permitió que la mano del hombre tocara su trompa, observando
perplejo como este se debatía bajo los efectos de la risa
que no podía contener.
La selva recuperó su vitalidad y el aire se llenó de ruidos
de distinto calibre.
Envueltos en los ecos de las carcajadas que se perdieron en
la verde maraña..., el hombre y el animal se alejaron juntos...
muy juntos, unidos por la magia de ese final inesperado.
La única oportunidad...
Iba camino a casa y sentí como la niebla londinense me cercaba.
En torno al pequeño paraguas escocés, la lluvia caía enloquecida,
tratando de alcanzar mi ropa. Un repentino escalofrío me estremeció
y apresuré el paso porque que faltaba poco para llegar.
Entonces lo vi..., apoyado en un árbol junto a mi puerta,
inmóvil, mientras el agua implacable le recorría el rostro
demacrado. Me dio lastima, pero, me encogí de hombros y penetré
en la casa. No obstante, la curiosidad fue más fuerte y luego
de librarme del paraguas y del bolso, espié por la ventana.
El hombre permanecía en la misma posición, pero esta vez me
miraba intensamente.
Sin pensarlo abrí la puerta y lo llamé-¡Por favor!, Entre,
está completamente empapado! agregué, mientras me dirigía
a la estufa donde un fuego crepitaba alegremente, brindando
un calor confortante.
El ruido de la puerta al cerrarse me advirtió que había entrado
y se despojaba de su abrigo. En un instante estuvo a mi lado
con las manos extendidas hacia las llamas.
Al mismo tiempo que le ofrecía una taza de té, sentí que una
rabia sorda me dominaba. Lo absurdo y ridículo de la situación
se hizo evidente, ya que no había pronunciado palabra alguna
desde su llegada ¿Qué pensará este hombre?, me dije- ¡Después
de todo no lo conozco!.
Una voz firme y resuelta interrumpió mis pensamientos. Le
agradezco su hospitalidad, dijo, ¡pero es Ud. un a mujer extraña.
No es usual que, sin medir los riesgos, deje entrar a un desconocido
en una noche como ésta. ¿ Puedo preguntar por qué lo hizo?...
Su pregunta me puso nerviosa. ¡No tenía respuesta! ¡No tenía
nada que justificara mi impulso!. Me apresuré a acercarle
la taza de té que le había ofrecido y tratando de parecer
segura exclamé- ¡No sé por qué!, ¡Es muy difícil de explicar!,
Y sin más, lo invité a sentarse.
El individuo me dirigió una mirada irónica y se acomodó en
un sillón sorbiendo lo que restaba del humeante té. Encendió
su pipa y comenzó a hablar.
Uno a uno fueron descorriéndose ante mí atormentados pasajes
de su vida, relatados con ansiedad y angustia, hasta que hizo
una pausa para encender nuevamente su pipa. Entonces pude
observar detenidamente los detalles de su vestimenta y sus
modales distinguidos. ¡Oh... el eterno femenino!. Su rostro
de rasgos finos apenas ocultaba el brillo de sus ojos y la
mirada penetrante acentuaba su expresión dándose un aspecto
extraño... yo lo escuchaba fascinada, envuelta en la vorágine
de sus palabras.
De pronto, un golpeteo casi imperceptible llamó mi atención,
¿Escuchó eso?- me atreví a preguntar. Él hizo un gesto de
impaciencia negando con la cabeza y siguió hablando. Nuevamente
el ruido se dejó oír, esta vez con insistencia. Me levanté
bruscamente y corrí hacia la ventana diciendo - ¡Los golpes
vienen de acá ¡ - la abrí... y algo pesado y oscuro penetró
en la estancia rozando, de paso, mi oreja.-¡Es un cuervo!-exclamé-
casi gritando.
Desde el lugar de la estufa donde se había posado, el ave,
en su negra inmovilidad, clavaba sus pupilas en el rostro
del extraño, que reflejaba desconcierto y asombro -¡Es mi
sombra!- balbuceo-, -Jamás debería haber venido!, ¡Cómo se
atrevió!,¡Es que nunca me dejará en paz!-.
A pesar del estupor que me paralizó por un instante, comprendí
todo claramente. Me acerqué y apoyando una mano en su hombro
le dije con suavidad..., Señor, no sé por qué, pero esta noche
ha tenido Ud. una oportunidad, quizás ¡Su única oportunidad!,
para lograr su descanso, ¡Al enfrentar su pasado! -agregué-,
mirando al cuervo. ¡Nunca más..., volverá en el tiempo!...
¡Nunca más ¡-grité-, cuando las figuras de Edgard Allan Poe
y el cuervo se desvanecían lentamente, desapareciendo por
completo.
El silencio se hizo absoluto, haciendo más visible mi soledad.
Reflexioné, entonces, que en ningún momento había sentido
miedo. Que lo que me asombraba verdaderamente de esta aventura,
era mi protagonismo, el haber sido "el medio", testigo involuntario
de un encuentro, un enfrentamiento increíble y fantástico,
con un solo propósito, el de lleva paz a un espíritu atormentado.
Respiré con fuerza y apagué la luz. Afuera la lluvia había
amainado y la niebla deshacía sus últimos gajos. Prendidos
a los rincones de la habitación, los ecos del graznido del
cuervo repitiendo ¡Nunca más, se escondían, traviesos!.

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