Fitte Sergio

                     Argentina

IMPRIMIR


Volver a textos


de Fitte Sergio

Dulce vegetal

Shielf era un pueblo ubicado al este de Arizona, justo sobre la meseta más alta de la zona, conocido únicamente por sus escasos habitantes y algún que otro turista perdido que de ninguna manera se atrevería a mencionar en conversación racional alguna, aquel sitio. Por estos motivos nunca existió mapa de este pueblo y mucho menos datos estadísticos de ninguna especie.
Corría el 17 de Diciembre de 5079 y todo ocurría normalmente, bueno, o casi todo.
Hacía ya 8 largos días que por Shielf no se veían el sol ni las estrellas, a decir verdad esta situación no era demasiado rara, ni un tema que ocupara demasiado a sus demenciales pobladores. Pero sí, era extraño que la luz verde que alumbraba desde el cielo todo el pueblo, fuera día tras día, más brillante e intensa que de costumbre.
Seguramente, todo sería obra del temido ÁRBOL COME BEBES, que de alguna manera gobernaba el pueblo, determinando las costumbres a seguir y siendo el encargado de diferenciar el bien del malo, de acuerdo a las leyes que le dictaba su endemoniada conciencia.
Dicho árbol estaba ubicado exactamente en el centro del pueblo. Todos le debían veneración y respeto. Las órdenes eran impartidas por el vegetal a sus lacayos a través de horrendos y fantasmales gritos que podían ser oídos a varios Km del pacífico pueblo.
Entre las medidas impartidas se destacaba aquella que establecía que era indispensable que cada familia, como así también las asociaciones intermedias de la mencionada comunidad contribuyeran, con al menos un bebé, (cuanto más pequeño mejor), llegado el fin de año, para así de esta manera satisfacer el hambre y los más bajos instintos del diabólico vegetal. Quienes no cumpliesen con su obligación eran sometidos a aberrantes maleficios por lo que la evasión no existía.
Los libramientos de los mandamientos para cumplir con las mencionadas entregas eran impartidos por el árbol y posteriormente comunicado a los particulares por funcionarios públicos conocidos técnicamente con el nombre de Policía del Green.
Dentro de Shielf existían extrañas instituciones, para lo que es hoy la sociedad moderna, destinadas a colaborar con el gobernador, por su activa y permanente participación se destacaban la organización del Ministerio de la Copulación que se encargaba de la procreación indiscriminada bebés y la recordada Escuela de Creadores de Vida Efímera, que como todos saben comprendía el trabajo de personas de ambos sexos t tuvo una repercusión social similar a la producida por la carrera de modelos a fines de aquel catastrófico siglo XX, (recordemos que en dicho siglo se produjo el advenimiento de las modelos al poder, cosa que ocasionó innumerables problemas en todo el mundo desencadenando la tercera y cuarta guerra mundial, lo que casi causa la destrucción total del planeta. Pero para estudiar dichos temas es mejor leer libros de historia, por lo que no me extenderé sobre éste punto).
La gente en cierto modo tenía miedo de recibir la abominable noticia de tener que contribuir con sus bebés. Pero éste terror se veía disipado al encontrarse cara a cara con nuestra Excelencia y ser observado por los enormes ojos amarillos que sobresalían de lo más alto de su copa. Nunca nadie se había atrevido a desobedecer el "Telegrama de Convocatoria". La sed de juventud del jefe de la ciudad era insaciable y eterna, solo momentáneamente satisfecha cuando se cumplían los requerimientos del "Telegrama..." ya mencionado.
El 23 de Diciembre, a solo 2 días de la gran fiesta de adoración de Nuestra Excelencia, uno de los responsables del Ministerio de la Copulación, encargado de organizar dicha celebración, repartió los Telegramas con las convocatorias pertinentes para poder llevar a cabo el gran festejo.
Dentro de las convocatorias se encontraba una destinada a El Hombre a Caballo, quien para poder contribuir, seguramente adquiriría un bebe en el mencionado ministerio o porque no en la Escuela de Creadores de Vida Efímera.
El Hombre a Caballo, era un extraño personaje regional que siempre terminaba sus fraseos o acciones violentas acomodándose los anteojos, los bigotes, los genitales para concluir diciendo: "Y ME DEJAN DE JODER". Su porte era robusto, jamás se le había conocido familia, ni su edad aunque él, alegaba tener más de 3000. Su carácter era terco lo que lo convertía en un sujeto de temer. Entre sus anécdotas más mentadas solía mencionar la de haber matado el perro de Dios, haber descubierto la luna y haber inventado la jirafa, aunque a decir verdad no sabía ni que era Dios, la luna, ni mucho menos la jirafa, (todos animales extinguidos luego de la cuarta guerra mundial). Esto le restaba credibilidad a sus dichos.
Al tener el telegrama en sus manos El Hombre a Caballo, ni se inmutó, y al dar las 13 en su reloj de pared, tomó su bolsito azul que tenía preparado para la ocasión y decidió ir donde el árbol.
Aunque el reloj indicaba horas de la noche, todavía la intensa luz verde alumbraba a más no poder encandilando los alineados ojos de nuestro personaje, su humor se puso de los pelos y redobló sus pasos para de una vez por todas cumplir con la tarea encomendada.
Al llegar junto a Nuestra Excelencia, esta, se sintió sorprendida ya que estaba estrictamente prohibido aun para las fuerzas del orden salir de las casas hasta que el endemoniado vegetal diera la orden y esto nunca ocurría antes de las 7:12 p.m.
Quizás por el efecto de las drogas ingerido Nuestra Excelencia decidió hacer una excepción y se dispuso a abrir sus enormes fauces para degustar el delicioso bocadillo matinal que seguramente debía contener el bolsito que acompañaba al inmundo personaje que se había atrevido a interrumpir el descanso del verde vegetal. Impaciente, esperó a que le depositaran el botín a sus pies, o mejor dicho raíces, cosa que por cierto no ocurrió.
Sonriente y casi de buen humor El Hombre a Caballo, extrajo desde lo más profundo de sus harapientos pantalones un importante miembro viril con el cual comenzó a orinar al árbol, quién enloquecido lanzó espantosos gritos de impotencia y dolor ante la avergonzante situación, insultó en varios idiomas a la vez, lanzó golpes de karate en distintas direcciones y empezó a prender y apagar la demencial luz verde que recalentaba la ciudad dejando a la misma por momentos en las más espeluznantes tinieblas. Al concluir su acto y como era de prever El Hombre a Caballo, se acomodó los anteojos, los bigotes y los genitales, luego murmuró: "Y me dejan de joder". Orgulloso dio media vuelta y se retiró jurando que volvería.
Por su parte el Árbol Come Bebes se quedó donde se encontraba, cosa que suelen hacer la mayoría de los árboles, despidiendo un hedor dulzón y un río de savia naranja. No obstante esta situación, decidió no comunicar a sus lacayos que aun se encontraban en sus casas esperando la orden de salida.
Esta fue una acertada medida ya que de esta manera no se vería en la violencia de tener que relatar el espantoso momento sufrido y empañar la gran fiesta que se acercaba.
El daño moral y la deshonra sufridas habían sido sin duda la peor experiencia de su vida, pero en lo más profundo de su alma, si es que los árboles la tienen, se preparaba la peor de las venganzas.
Durante la madrugada del gran festín volvió a aparecer El Hombre a Caballo aprovechando que el árbol descansaba profundamente preso de una gran dosis de L.S.D. Maquinando un diabólico plan se condujo hacia las cercanías del vegetal portando su característico bolsito azul.
Durante unos instantes contempló como dormía Nuestra Excelencia y recordó la veneración que le había dispensado en tiempos pasados, sintió tristeza pero ya era tarde, estaba dispuesto a todo. Palpó la capa del suelo que se encontraba húmeda, lentamente y con un gran entusiasmo abrió su bolsito para sacar su arma secreta "La Retroexcavadora Manual", que el mismo había construido. Con un golpe certero arrancó de cuajo el árbol que solo pudo maldecir breves instantes antes de comenzar a transitar el oscuro túnel de la muerte.
Entre risas y sollozos de emoción El Hombre a Caballo transportó como pudo al inmenso vegetal hasta su casa, para luego depositarlo en su amplio jardín.
Poco tardó la sub-normal gente del pueblo en advertir algo raro en el ambiente. Al llegar la hora de los festejos la comunidad de Shielf se congregó alrededor del hueco que se había producido luego del "arrancamiento" de quien hasta hacía momentos había sido la figura más importante del lugar. El tiempo pasaba rápidamente y aquellos que sostenían que el hueco y la desaparición se debían una vez más a la muestra de poder de Su Excelencia, comenzaron a intranquilizarse.
Al advertir que El Hombre a Caballo no se encontraba entre el contingente los más avezados hicieron circular distintas versiones de algo inimaginable. Varias de las personas allí apostadas, en especial los ancianos se descomponían de solo pensar en lo peor y no menos de cinco personas se suicidaron temiendo la llegada del holocausto. Un niño de corta edad tuvo varias convulsiones espasmódicas, se elevó algunos centímetros del suelo, desplegó unas alas transparentes, tomó forma de colibrí y luego de pronunciar un discurso ininteligible se perdió volando hacia el horizonte, luego de este dantesco panorama el descontrol se apoderó de toda la población.
Dieron las 24 en todos los relojes y era el momento en el cual como todos los años Nuestra Excelencia se debía dirigir al pueblo para dar por iniciada la fiesta de adoración.
Todas las miradas se dirigieron hacia la calle de los desdichados, como se la conocía, cuando detrás de una de las humildes casas hacía su aparición el Hombre a Caballo. Un halo de misterio envolvió a la multitud, a los gritos se fue abriendo paso hasta llegar al pozo, descendió produciéndose un momento de alto contenido emocional, pues seguramente aquel detestable sujeto tendría que ver con la espantosa situación que se estaba viviendo.
Las versiones de los hechos relatados por El Hombre a Caballo fueron seguidos con estupor por los presentes, la gente lloraba desconsolada e imploraba para que todo fuera parte de los festejos aunque a esta altura parecía imposible.
Posteriormente los más reticentes acompañaron al repugnante hombre hasta su casa quien con orgullo exhibió ante los atónitos ojos de sus seguidores el cadáver del árbol resquebrajado por el paso del tiempo que yacía sobre una lona amarilla. Cinco minutos después El Hombre a Caballo expulsó a los presentes, se acomodó los anteojos, los bigotes, los genitales y desde la puerta de entrada les gritó:"Y me dejan de joder".
Varios intentos de recuperación se realizaron por parte de grupos ultra-conservadores pero la inexpugnable fortaleza que había construido el asesino en torno a su casa hacía imposible en acceso a la misma y las reiteradas bajas que se producían en aquellos intentos hicieron que pronto se diera todo por perdido.
Faltaban solo dos días para que se cumpliera el primer año de aquel terrible atentado y nada se había vuelto a saber del individuo que lo había cometido, seguramente no habría salido nunca de su fortaleza luego de la obscena exhibición de su trofeo de guerra. Algunas versiones extraoficiales daban cuenta de una posible aparición pública de El Hombre a Caballo en el sitio donde algún día, imponente, se erigía el amo del pueblo.
En líneas generales, El Hombre a Caballo era muy respetado y contaba con gran cantidad de adeptos en especial entre los miembros de la comunidad religiosa que lentamente iban transformando al enigmático hombre en el enviado del Señor, para de esta manera producir una gran transformación mística en el pueblo que había comenzado con la destrucción del vegetal hacía poco menos de un año. Su nombre era pronunciado sin pudor en la mayoría de las oraciones y ya existían algunas estatuas en su nombre en la iglesia más importante de la región.
Llegó el momento preestablecido y El Hombre a Caballo se presentó vestido para la ocasión con lo que constituía su mejor atuendo: frac negro, zapatos y pantalones en igual tono, un sombrero de hoja ancha y arrastrando un pequeño carro.
Al estar delante de lo que constituía casi todo el pueblo ordenó que se cavara un enorme pozo donde se había encontrado algún día el árbol. Rápidamente sus seguidores cumplieron su pedido, posteriormente retiró la sábana que cubría el carro, para dejar al descubierto un hermoso cajón fúnebre.
Su discurso fue corto y emotivo, hubo comentarios despectivos hacia lo que llamó El Gran Yuyo, también comentó que se quitaría la vida y exigió que se lo enterrara dentro del féretro que había adquirido a precio descomunal por ser el único que podía mantener por toda la eternidad su cuero en perfecto estado, desde el más allá controlaría y protegería al querido Shielf.
Las tocantes palabras emocionaron a todos los presentes.
Acto seguido se paró delante del cajón, ya sin tapa, saco su revolver de plata del bolsillo derecho de su frac, se acomodó los anteojos, el bigote, los genitales y por última vez en su vida dijo: "Y me dejan de joder", disparo en su boca y cayó sin signos vitales dentro del cajón, todos aplaudieron y partieron en llanto.
Sin perder tiempo fue enterrado entre la congoja de sus seguidores quienes desde ese momento rezaron cada día junto al monumento de su nuevo protector sin sospechar que se encuentra encerrado para siempre, sufriendo los más terribles tormentos dentro de Nuestra Excelencia.




El Paraguas

El tema era tener el paraguas, (utensillo portátil compuesto de un bastón y un varillaje plegable de tela, que sirve para resguardarse de la lluvia). Pero lo más importante, obviamente, era saber manejarlo y de esta manera poder apoderarse de los fantásticos poderes que proporcionaba a quienes supiera maniobrarlo.
A causa de su vejez, aumentada por una vida llena de excesos, abuelito se encontraba en su lecho de muerte. Cosa que, a mí, un niño de tan solo 8 años, no me producía más que un estado de excitación, propio de las cosas que se viven por primera vez.
Con ingenuidad notaba que algo no andaba del todo bien en casa y en especial en lo de abuelito, de todos modos nunca pensé en preguntar que era. Igualmente me gustaba ir a visitarlo pues su color amarillento y el olor que antecede a la muerte de producía extrañas sensaciones. Los días pasaban y el final no se encontraba muy lejos. Cuando faltaron pocos segundos para que el anciano pasara a mejor vida, este se despertó sobresaltado de su coma profundo, pareció tener un instante de lucidez y balbuceando antes de dejar de hablar para siempre, dijo:
1) Por favor...el paraguas... tercera opción... el paraguas...Y calló para no volver a abrir la boca jamás.
Estas últimas palabras de abuelito sorprendieron y desconcertaron a todos, en especial a las dos exuberantes morochas adolescentes que con tanta delicadeza y adoración habían cuidado al viejo desde que su salud comenzó a desmejorar.
Por alguna razón que nadie podía explicar siempre había estado rodeado de bellas señoritas que estaban dispuestas a hacer lo que fuera para llamar su atención y de esta manera poder disfrutar de un momento de placer junto a él. Si bien era feo, arrugado, viejo, obeso y libidinoso desde que lo conocía, no recuerdo haberlo visto nunca sin un hermoso ejemplar femenino que se colgara de su cuello para besarlo efusivamente y que aceptara dar la vida por él. A decir verdad creo que papá envidió por esto a su padre y nunca pudo sobrellevar el éxito que este tenía con el sexo opuesto. Quizás esta situación fue lo que lo llevó a ser una persona retraída y fanática de leer revistas prohibidas hasta muy pasada su adolescencia, aunque luego conoció a quien es hoy mi madre, para casarse tan casto y puro como llego al mundo, nunca dejó sus antiguos hábitos lo que me hacía sospechar que no guardaba un buen recuerdo de abuelito.
Nuestra familia como únicos y legítimos herederos del vejete, pasó a ser dueño de todos los bienes del difunto incluido un misterioso paraguas, de un exquisito color negro caoba, debía pesar cerca de cuatro kilos, con punta de metal bien pulida. La tela era extremadamente negra con lunares amarillos, en el mango poseía tres perillas que papá me había impetrado no tocar y a mí me inquietaban sobre manera..
Desde el día en que el diabólico elemento entró en nuestra casa un estado general de nerviosismo se apoderó de todos los que allí vivíamos y en especial de papá.
Como expuse, el paraguas lo habíamos heredado de abuelito (o sea el papá de papá), que a su vez se lo había comprado al sobrino nieto de su abuela materna, que a su vez lo había adquirido en una subasta por unas monedas a comienzos del siglo anterior.
El preciado objeto fue colocado junto a la chimenea con fines decorativos y decididamente esto produjo un cambio en nuestras vidas debido al clima de tensión, inseguridad y paranoia que se apoderó de los cuatro integrantes de la familia.
Hasta desconfiaba de mi hermana mayor por más que se hiciera la desentendida del tema. Por más que todos habíamos jurado no tocar nunca el elemento tan finamente colocado en el hall de entrada y olvidar las delirantes palabras de un anciano sobre su lecho de muerte, sabíamos que nadie estaba dispuesto a cumplir su promesa y cada momento de soledad dentro de la casa era propicio para experimentar con el paraguas y tratar de obtener sus poderes ocultos.
Nuestras noches comenzaron a ser calvarios de insomnio y de vigilancia en silencio. Al poco tiempo todos habíamos adelgazado notoriamente. Yo, comencé a beber para poder mantenerme despierto durante las interminables noches, mientras esperaba la oportunidad de realizar una investigación del preciado objeto. Ciertamente yo era el más perjudicado con estas noches de vigilia, pero estaba dispuesto a apoderarme de su secreto.
Cierta noche de agosto en a cual hacía un frío de locos, cerca de las tres de la mañana, sentí ruidos que venían del hall. Silenciosamente me levanté de mi cama, luego de traspasar la puerta de mi cuatro y la del comedor, observé con estupor como papá investigaba desde una distancia no mayor a dos metros el paraguas. Abrí la puerta:
-¿Qué hacés papá, levantado a estas horas?.
-Estuve masturbándome. Dijo, con voz quebrada y simulando venir del baño.
-¿Pero eso no es cosa de niños, papá?
-Sí hijo. Pero a tu madre hoy le dolía la cabeza. Cuando seas grande comprenderás. Quédate tranquilo, hijo ya comprenderás. Dijo tratando de mantener sus nervios en un estado normal, mientras su cara se ruborizaba de una manera que creí que explotaría.
-Le pondré otra leña a la estufa y nos iremos a descansar querido hijo.
Luego de cruzarnos miradas diabólicas cada uno se perdió tras la puerta de su dormitorio.
No cabían dudas papá mentía. Mamá no sufría dolor de cabeza esa noche, a menos que sus dolores se representaran al mundo exterior con fuertes gemidos acompañados de gritos de placer emitidos por papá para luego terminar abruptamente con respiraciones ondas y agitadas de ambas partes.
Comencé a sospechar que mi progenitor tendría un plan. Si, un diabólico plan, que trataría de adelantarse al mío. Por lo que debía apresurarme a investigar.
Como las noches se hacían cada vez más largas, la ingesta de alcohol se convirtió en algo casi enfermizo, produciéndome grandes descomposturas acompañadas de un estado de nerviosismo inusual en mi persona. De todas maneras mi estado me obligaba a mantenerme despierto por lo que no terminaba haciendo un mal negocio.
La situación vivida con papá volvió a reiterarse varias veces y ante mi insistente pregunta y su insistente respuesta, nuestra relación se fue desgastando, por lo que la conversación no daba para más. Igualmente papá mentía o padecía una compulsión poco conocida en un hombre de su edad.
Una vez más volví a oír ruidos en el hall. Esta vez no sería como las demás. Le propondría hablar del tema abiertamente, para juntos tomar una decisión, mantener un total hermetismo y poder realizar nuestro trabajo sin intromisiones familiares de ningún tipo.
Al abrir la puerta me desconcertó la presencia de Elba, mi hermana, en situación sospechosa, mientras papá en forma frenética y sin ropas se revolcaba sobre la alfombra:
-¿Qué haces en este lugar, maldita perra?
-Nada solo quiero ver como se masturbaba papá, dijo. Y ambos ruborizados se alejaron del lugar a toda prisa.
El sábado a la noche sería mi gran día. Todos estarían en el bautismo de mi primita que solo tenía tres meses de nacida, además mamá sería la madrina de la hermosa nenita y todos estaríamos en la fiesta religiosa, menos yo, que me sentiría muy descompuesto, y como de costumbre me quedaría en casa para realizar la investigación.
Comuniqué mi descompostura al resto de la familia, pero no obtuve la respuesta que esperaba, a cambio recibí un fuerte cachetazo por parte de mi madre y una ducha fría que me hicieron cambiar de opinión.
Al llegar a la santa iglesia nos ubicamos todos en primera fila a escuchar el sermón del cura. A los dos minutos estaba pensando en las cosas más asquerosas que conocía, antes del ritual del agua bendita estaba vomitando los pies del párroco y ante la atónita mirada de todos los parientes, me retiré a mi casa. Había ganado la batalla.
Ahora, tenía poco más de dos horas para resolver el misterio del paraguas. Debía apresurarme.
Rápidamente entré a casa y cerré todas las persianas que daban al vecindario. Con entusiasmo, tomé el preciado tesoro y lo investigué. Observé que cada una de las tres perillas que se encontraban a lo largo del bastón, en algún momento de las historias habían dejado leer ciertas palabras que me hubieran sido de gran utilidad en ese momento, aunque ahora se tornaban ilegibles, esto me hizo comenzar a mover las perillas frenéticamente y sin un orden preestablecido.
Luego de denodados esfuerzos sin resultados satisfactorios, comencé a maldecir el objeto de nuestras silenciosas peleas, pero con estupor observé que de su punta comenzaba a salir una luz verde muy brillante que hábilmente proyecté contra la pared que se encontraba a mis espaldas.
Pude ver como la luz se hacía más y más nítida como si precisara cierto tiempo para entrar en funcionamiento.
Tres palabras se pudieron leer luego de unos instantes:
1) RIQUEZA.
2) GRANDEZA.
3) MUJERES.
Y una mano en el centro de estas palabras. En ese instante las enigmáticas palabras de abuelito desordenaron mi cerebro, pero me sedujo la segunda de las palabras. Con gran convicción deposité mi mano izquierda sobre la sombra verde y con gran fuerza grité GRANDEZA. Poco tiempo había pasado, la luz desapareció y mi cuerpo comenzó a cambiar, sentía como si estuviera creciendo a pasos agigantados. Mis extremidades se agrandaban en forma desesperante y luego de un rato ya no cabía en la enorme habitación en la cual me encontraba.
Al escuchar la llegada del auto que transportaba al resto de mi familia, de algún modo me alegré.
El momento en que entraron fue espantoso y aún hoy no he podido olvidar esos rostros de angustia, desesperación y risas escondidas, al contemplar el cuerpo de un niño de ocho años que hacía 5 horas media 1,52 y ahora tenía la cabeza enredada en la araña del hall, sentado en el suelo y los pies apoyados en la pared del frente, superando largamente los 9 metros.
Al ver el paraguas abierto y cerca de mi mano nadie dijo nada ya que la causa de lo que me había ocurrido era más que obvia.
Al día siguiente un grupo de elite de la policía local, luego de denodados esfuerzos pudieron sacarme de casa. Envuelto en un manto de silencio fui trasladado en un camión jaula hasta la capital federal y un hermetismo se apoderó de mi vida, nunca volví a ver a mis seres queridos.
En el laboratorio fui observado por médicos de todo el mundo y sometido a los experimentos más crueles.
Desde hace una larga temporada me encuentro secuestrado por uno de los circos más grandes del mundo, realizando mi número, en el cual todos aplauden al muñeco más grande del universo que habla y responde sabiamente todas las preguntas. Nadie sospecha que soy un SER HUMANO.
Quizás algún día mi familia se siente delante de mí en primera fila, sin sospechar nada, aplaudan fascinados y luego cuenten historias sobre el circo que posee el muñeco más grande e inteligente del universo.

  




Volver a Ateneo de las Letras

Volver a textos



© Copyright 1999-2006 Paginadigital®. - Hecho el depósito que marca la Ley 11723 - Derechos reservados  



|Pon a paginadigital en tu sitio | Sugiere esta página a un amigo | Responsabilidad |
info@paginadigital.com.ar
   |  Ayuda |

Web diseñado y producido por paginadigital®, Copyright 1999 - 2008, todos los derechos reservados. Los nombres e íconos de: paginadigital, Kids, art, pinturas, grabados, dibujos, objetos. Todos los derechos reservados. Hecho el depósito que marca la Ley 11723 - Derechos reservados | Términos y condiciones

| Home | Cursos y talleres | Servicios de Internet |Agenda de Ferias y Exposiciones | Exposiciones de arte y galerías | Becas, maestrias y posgrados | Programación de teatro, cartelera | Centros culturales | Concursos de pintura, literatura, arte, video, television, tv, teatro, casting | | Conferencias, seminarios, jornadas | cartelera de cine, tv, fotografía | Música, recitales, bandas, música clásica | Libreria, venta de textos y libros | Museos | Coros, operas, conciertos | Noticias, notas y artículos | Música de tango, cena show | Textos, poesía, prosa, cuentos, poemas | Solidaridad | Tarot, astrología | Mapa del sitio | Foro | Not | Cart | Salas | Tel | Taller | Taller literario | Enlaces útiles