Grau Miguel Ángel

                     Argentina

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de Grau Miguel Ángel

Dino


Yo nací en los mares del sur, en una caverna submarina cercana a Australia, para algunos la isla más gigantesca del planeta, para otros el continente más pequeño. Dicen los que saben que Australia es el único resto que subsiste del continente perdido de Gondwana: La patria de los dinosaurios.
Posiblemente te estás preguntando como es que yo te estoy conversando. Seguramente piensan que soy una especie de loro (dado lo mucho que a mí me conversa.
La verdad es que esa suposición que tienes sobre mí, es lo más alejado a la realidad que pudiera darse. Lo cierto es que mi parentesco con los loros es bastante remoto, y lo único que puedo compartir con ellos es una discreta tonalidad verde.
Bueno, posiblemente a esta altura adivinas que soy un reptil, mejor dicho un plesiosaurio él ultimo de ellos...o el primero de los que regresa.
Los dinosaurios fuimos seres con unas cualidades extraordinarias. Pero ninguna de sus especies poseyó la virtud del habla (menos que menos, la capacidad de la conversación.
Esto sucede y entonces conversó con un niño porque formamos parte de un cuento fantástico, y en el reino de la fantasía entra dentro de lo común que un niño y un dinosaurio entablemos una conversación. Tú, llegaste al muelle que se adentra sobre el lago. Con una cara triste empezaste a tirar pedazos de pan mojado en leche al agua.
Entonces yo, que por causalidad estaba debajo del muelle (con bastante hambre, por cierto) me sentí atraído y me dije a mí mismo, -Hum, este niño de cara triste me parece que ha perdido a su mascota- ¿Por qué yo no puedo ser la nueva mascota? Pero enseguida me miré... y viéndome de un aspecto bastante aterrador y horrible, decidí no mostrarme y llamar tu atención engulléndome los pedazos de pan y asomando por sobre el agua apenas mis ojos.
Tú, al principio estabas tan solo y apenado que no notabas que yo me engullía el pan. Entonces te dije:-Por favor no tengas miedo ni grites ... solo quiero conversar contigo.
Y yo te dije:¿Por qué te escondes y no te muestras?
Entonces te contesté: Por que soy muy grande y feo ... y si me vieras realmente como soy... entonces ya no te agradaría conversar conmigo.
Ahí fue cuando te conté que, "Yuste" mi gato era bastante feo, flaco, casi esquelético como un espectro, y, sin embargo yo lo quería ¿Por qué no podré quererte a ti?.
Los ojos de Dino, desde el agua miraba al niño con el apasionamiento de los ojos de un perrito (en cierto modo, también él, era una especie de cachorro... y hacia tanto tiempo que estaba solo que, no tenía con quien jugar,)
El pequeño le dijo, señalándole acusador con su pequeña manita.-Me dices que eres un dinosaurio y eres un gran mentiroso... no puedes serlo... llevarías un atraso terrible, tus parientes, hace 60 millones de años que se han ido.
¡Ezequiel... ! ¿Qué haces en el muelle?- Ya está ñ
La cena...¡ven adentro! ...corre brisa y hace un poco de frió.
Uuuhh, mi mamá.
, prométeme que mañana te volveré a ver... seremos amigos.
Ezequiel disfrutó de sus vacaciones, jugó con sus cochecitos al frente de la cabaña, fue de excursión a ver a los esquiadores con su padre, pero a las seis de la tarde antes de la puesta del sol regresó al muelle y comenzó a tirar al agua su panecillo mojados en leche. Entonces comenzó a llamar.
-¡Embustero!¡Embustero! ¿Dónde estás?
-Aquí, debajo del muelle, de modo que no se vea nada desde la casa.- Si no me interrumpes te contaré mi historis y entonces sabrás porque soy un plesiosaurio.
-A propósito ¿Por qué me llamas embustero?
-Porque no te creo nada, le dijo el niño.
-Yo no nací de una mamá, como Dios manda, a mí me crió u7n volcán.
-Embustero, eso si que no te puedo creer...
Debajo del muelle, una honda en la superficie del agua daba la impresión de que un cuerpo bastante voluminoso, daba vuelta sobre sí mismo ( de la misma manera que un gato feliz se complace ante los mimos del pequeño al que ha adoptado como amo.
-Mi nuevo huevo fue tibiamente calentado por el calor interno de un volcán... así fui incubado hasta que gané la fuerza suficiente para romper la cáscara y nadar hacia la luz que indicaba la entrada de la cueva.
Solo fueron testigos de mi nacimiento los ojos dilatados y las bocas semiabiertas ( quizás de asombro de los peces. No sé si sus bocas me recibían pronunciando una maldición.
Me sentí extraño, rápidamente desaparecían de mi vista y los cardúmenes se dispersaron nerviosos en todas direcciones.
-Mucho más tarde, por intermedio de mi primer amiga la tortuga verde, me entera que si bien los peces no pudieron maldecidme porque son mudos de nacimiento huyeron de mí porque soy ictiófago: un comedor de peces.
Los únicos que no se escapaban ante mi presecencia, pero mantenían la distancia, nadando silenciosamente en círculos concéntricos a mí y mirándome con unos fríos y asesinos ojos eran los tiburones. La tortuga verde me informó que eran mis enemigos mortales y que por ninguna circunstancia debía acercarme a ellos.
El rechazo que todos los seres marinos parecían tener por mí me produjo una depresión tan grande que me hundí hasta el fondo del mar y allí entre las estrella de mar, los corales y las rocas me quedé con mi voluminoso cuerpo: pardo, negruzco y verdoso, mimetizado entre el mismo. Con mi largo cuello estirado sobre el suelo, mi cola desanimada y lánguida y mis aletas extendidas, con mis ojos muy abiertos. Quizás perdido en la añoranza de un tiempo perdido, que ya no era mío. ¿Había decidido no subir más a la superficie y ocultarme en la profundidad oscura, donde no llegan los rayos del sol!.Entonces descubrí al único ser vivo que por mucho tiempo sería mi único amigo: la tortuga verde. Esta después de hacerme prometer que no la devoraría, me aclararía muchas dudas sobre mi origen...
-¡Ezequiel! ... ¿se puede saber que estás haciendo de nuevo en el muelle?-
-¡Ya voy mamá!.El pequeño se encamina a la casa pateando piedritas, como una forma muda, pero elocuente de testimonios, una pequeña dosis de contrariedad y rebeldía.
-Se diría que conversabas con alguien que se encontraba sobre el agua, dijo la madre, con cierto dejo de perplejidad y sobre protectora alarma.
-¡Pero mamá! ¡Se te ocurre cada cosa! ¡Como si a mí ahora se me hubiera dado conversar con el agua!-
Mientras Ezequiel y su madre volvían a la cabaña en que pasaban sus vacaciones, una rara ola se desprendía del muelle y seguía la línea de la costa en toda la extensión del parque que formaba el frente de la cabaña. Un cuerpo de cierto volumen como para lograr ese desplazamiento del agua, bajo las mismas, semejaba en sus movimientos y actitud a un travieso cachorro que invitara a jugar a sus amos antes de encerrarse en su cucha para pasar la noche.
Aquel movimiento del agua atrajo la intención de la señora: -¡que raro!- dijo la madre- me pareció por instantes ver un lomo oscuro sobre las aguas.
-¡Sí ¡- dijo Ezequiel-¡Es una trucha enorme!...¡Si la vieras!...¡Es a ella a quien le tiro los pedacitos de pan! ¡Quiere ser mi amiga! ¿No es cierto que me dejas?.
Tranquilizada, cerró la puerta y se dirigió a la cocina para preparar la cena-¡Si mi vida, pero siempre que en el muelle están colocadas las vallas de seguridad!-Desde la ventana, el pequeño lanzó una mirada de juguetona complicidad hacia la superficie del lago.
Era una noche de luna llena y de claridad majestuosa. Los rayos de plata de la luna parecían dar vida a una multitud de duendes y otros seres fabulosos... Alrededor de la medianoche, Dino emergió sus cuellos serpentiforme en medio del lago. Ezequiel, que no había logrado esa noche conciliar el sueño, miraba desde su ventana lo que no creía real Su carita de asombro se pegaba al vidrio ( su actitud, en su inocencia, resultaba deliciosamente cómica)Sus ojos miraban con mal misimulo orgullo a su nuevo amigo: En voz muy baja, como para sí mismo expresó: ¡Pero entonces existe! ¡Eres realmente un plesiosauyrio!.
El matrimonio se encontraba desayunando en el porche. A visión del Nahuel Huapi y del bosque de grandes pinos, alo que se sumaba la serenidad del espejo de agua, eran un verdadero descanso para la vista.
-Carlos... Ezequiel me tiene preocupada -dijo la madre.- Todas las tardes se queda un rato largo en el muelle tirando trocitos de pan... como si jugara con una mascota... pero allí no hay nada...
-Mientras estén colocadas las mamparas... déjalo. Es un niño muy sensible y quería mucho a su gato "Yuste". Posiblemente se ha imaginado otro Sabes bien que a él le gustan los cuentos de fantasmas y todas esas cosas. La creación de seres imaginarios es común en los niños pequeños, es parte de su fantasía... Además. Pronto se le pasará, dentro de unos días regresamos a Buenos Aires.
Esa tarde el pequeño llevó su caja de autitos, sus plastilinas y el rompecabezas al muelle, le daban más posibilidades de llamar menos la atención... no quería que algunos de los adultos descubriese la real naturaleza de su nueva mascota.
-¡Embustero... debo pedirte perdón! ¡Ya no te llamaré embustero... eres un dinosaurio de verdad!-
.Dino giraba dichoso bajo el agua... el niño la había visto y creía en él. lentamente asomó sus ajos, comió algunos pedazos de pan y se aprestó a terminar de contar su historia al chico que había adoptado como su amo.
-Me estabas contando de tu primera amiga la tortuga verde- le informo aquel-. Cierto... al principio me asombré mucho... pese a mi ignorancia sabía que las piedras no hablaban, luego supe que aquello en parte apoyado era un animal.
-Fue ella la que me contó que hace mucho tiempo... infinidad de luna... los plesiosaurios éramos reyes del mar. Nuestras crías en las playas por centenares chapoteaban felices, junto a las tortugas, sus amigas de siempre Únicamente los tiburones rivalizaban con ellos y habían jurado su perdición. Sin embargo, aún le tenían miedo y sólo se animaban a atacarlos cuando se hallaban varios de ellos juntos. Los tiburones eran las hienas del mar.
-Fue ese los momentos en que le pregunté por mi madre. La tortuga verde cerro piadosamente sus ojos, me confió que dudaba mucho que llegara a verla algún día... en realidad pensaba que yo era el último de mi especie. Como no lo creo, me he lanzado a la búsqueda de mis parientes-
-Durante mucho tiempo nadé y nadé en busca de mi madre. De ese modo llegué a una mar brumoso y muy frío. La mayoría de sus días eran grises y los bancos de niebla hacían sentirme perdido como dentro de una nube de algodón. Aquellos jirones de niebla serán lo culpables de mi primer gran desilusión. Cierta jornada, en que la noche no ha abandonado totalmente la tierra y el nuevo amanecer todavía duda en disipar las tinieblas y en que la banca cara de la luna se sigue asomando curiosa todavía. Sentí un bronco sonido ( nunca antes había sentido nada semejante. La neblina cerrada se habría en jirones de tanto en tanto, esa circunstancia y mi añoranza me jugaron una mala pasada. Imaginé ver el largo cuello de mi madre que me llamaba, el batir de las olas contra un mísero islote produjo un ruido que se me antojó el batir impaciente de las aletas de ella instándome a arrimarme. Al acercarme a las puntiagudas y oscuras rocas, creía entrelazar mi cuello al cálido y maternal que suponía me esperaba.
-Menuda sorpresa me lleve cuando percibí el áspero contraste de una simple torre de piedra y metal, aquel prometedor reclamo ondulante no había sido más que la sirena de un faro. Rápidamente me resbalé buscando las profundidades. De aquella experiencia solo me quedó el poco consuelo de la cara de espanto que puso el anciano que se encontraba en la torre del faro: Seguramente, para él debió ser una visión de pesadilla. Luego de sentir una serie de bufidos y resoplos alarmantes al romperse un bolsón de niebla se topó con una enorme serpiente negra que emergía de las agua s embravecidas que azotaban la base del faro, formidablemente trenzada a la propio torre portaba a la altura de la plataforma una cabeza dentada y unos ojos de fuego. La visión fue tan fugaz que el anciano debió quedar dudando sobre si aquella atrocidad era una ilusión fruto de la edad y los sueños o una visión anticipada del infierno. La segunda vez que me dejé llevar por la ilusión si me costó la vida. Desde las profundidades sentí las vibraciones de un gran cuerpo que se agitaba en la superficie. ¡Otra vez el ruedo que percibía como el golpeteo de aletas entre sí o contra las rocas inundó mi alma!.Emergía mi cuello entre una negras y aceitosas aguas. E encontré con la fea y herrumbrosa popa de un carguero, Los chapoteos que me habían embargado de felicidad no eran otra cosa q2ue las paletas de la hélice del barco que lamentablemente maniobraba para entrar al puerto Entonces, un cocinero chicno, que había a la borda para arojar desperdicios de comida al mar visualizó mi enorme anatomia... la palidez de su rostro y el grito de espanto que emitió me convencieron de que en mi figura el cocinero corporizó la encarnación viviente de los miticos dragones de las leyendas de sus antepasados. Su desesperación y precipitación en busca de ayuda terminaron de disipar mis dudas: mi aspecto no era corriente, ni vulgar... petrificaba de terror a los seres de la superficie... lo mejor que podía hacer era internarme en las profunidades del mar... mi nuevo hogar debía sé aquella franja más allá de donde pueden penetrar los rayos del sol. En las profundidades abismales sería uno de los más extraños seres vivientes que no verían la luz del sol. ¡Dejaría de ser el monstruo aterrador en el que nadie identificaba un cachorro en busca de su familia! Fue ese el momento en que cometí el error que casi me cuesta la existencia. Muchas veces la tortuga verde me había advertido que no siguiera a los barcos por el riesgo de los tiburones. Estos tenían la costumbre de percibir la estela de las embarcaciones a la espera de desperdicios de comida, de no conseguir un bocado mejor. Sí como fui atacado por un enorme tiburón blanco que me consideró un plato más apetitoso que la basura desde el barco.
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