Hernandorena Elvira

                     Argentina

IMPRIMIR


Volver a textos


de Hernandorena Elvira

Los Días Jugando


Mi viejo y querido Irineo,
ayer, contra toda previsión humana, murió mi padre.
Fue por la mañana, yo estaba trabajando cuando me llamó Manuela, te acordás, Manuela: la fiel ayudante de mi madre que sufre delirio de chef y nunca sirvió menos de tres platos a la hora de la cena. Lloraba a moco tendido y yo no alcanzaba a entender lo que decía. Cuando consiguió decir "el señor falleció", así, todo junto y de un tirón, estuve un rato tratando de recordar el significado del verbo "fallecer" como si fuera otro idioma, como si Manuela se hubiera vuelto loca y me estuviera hablando en sueco o en finlandés. 
Tuve que ir a la casa y encontrarme con todos ellos, mis hermanos, mis hermanas, mis cuñadas, mis cuñados, mis sobrinos, ¡hasta mi ex estaba allí desde temprano! Fui el último en llegar y me lo reprocharon disimuladamente, pero aunque hubiera llegado antes no habría tenido nada que hacer: estoy convencido de que ya estaba todo arreglado. A lo mejor deliro (pasó mucho tiempo desde ayer), a lo mejor mi padre ya había agendado el libreto de su muerte, su velorio y su entierro y, pensándolo bien, debió ser así, porque él no habría dejado nunca que otros resolvieran semejantes cosas en su lugar. A lo mejor se suicidó de un ataque para que todo saliera tal como él lo había planeado. Hasta varios terrenos en un cementerio privado había comprado. (Varios, porque él nunca permitiría que el resto de la familia sea enterrado en algún sitio donde él no pudiera vigilarlos.) 
Pero te estoy mintiendo: al entierro no fui. (No estaba en condiciones.) El velorio fue demasiado para mí. Me porté lo mejor que pude, pero hubo momentos, te juro, Irineo, en los que me parecía oír su voz pronunciando esos discursos tan precisos, tan claros, en los que describía con cuánta ansiedad esperaban él y mis hermanos (lo de mis hermanos me parece que era mentira, que lo decía para emocionarme) que yo sumara mi título de abogado y mi entusiasmo juvenil a la dinastía familiar. En esos discursos enumeraba exactamente los nombres de las materias que me faltaban para recibirme y los cuatrimestres que me llevaría rendirlas, lo hacía con la misma naturalidad con que habría enumerado los días faltantes para hacer un viaje ¡y yo lo escuchaba aterrado, sabiendo que nunca conseguiría aprobar todos esos exámenes, que nunca podría aprender de memoria uno solo de los artículos de los códigos que adornaban la biblioteca! No sé cómo hacía mi padre para hacerme sentir un perfecto pelotudo sin pronunciar jamás la palabra "pelotudo".
Imagináte la escena: mi madre, impecable, estrenando un trajecito negro (seguro que él la acompañó a comprarlo y le dijo "este guardálo para mi velorio, que vas a estar muy elegante"), y recibiendo pésames de empresarios y ministros como una reina, mis hermanos, comentando los vaivenes de las empresas privatizadas, mis hermanas, dando órdenes a un séquito de mozos que repartían café y whisky importado entre las visitas (porque eran "visitas, Irineo), y yo, ahí, solo, sintiéndome un perfecto pelotudo y sintiendo, además, que eso de sentirme un perfecto pelotudo era algo así como el único homenaje que yo podía rendirle a mi padre. Solamente a fuerza de whisky conseguí no salir a los gritos entre tanto funcionario público. Y el whisky en ayunas (aunque sea importado), marea. Me puse a caminar despacio para no tropezar con nadie, quería distraerme leyendo las inscripciones de las coronas fúnebres, pero las letras doradas no se quedaban quietas. De pronto, me encontré justo frente a él (que era, justamente, lo que no quería). Me costó reconocerlo. En primer lugar, estaba callado. En segundo lugar, parecía mucho más pequeño que en mis recuerdos (enseguida sospeché que le habían serruchado las piernas para entrarlo en el cajón). Y en tercer lugar, Irineo, ¡en tercer lugar le habían cambiado la cara! No sé cómo consiguieron los de la funeraria darle una expresión "bondadosa" de viejito de cuento de hadas, de leñador del bosque a punto de ser engañado por el lobo. ¿Cómo pudieron hacerle eso? Fue demasiado para mí.
Mis hermanos y mis cuñados me sacaron poco menos que a patadas del salón, y mi madre me disculpó ante las visitas diciendo que yo estaba muy afectado y que el whisky me había caído mal porque no tenía costumbre de tomar... Lo cierto es que vomité hasta el alma ¡justo frente a él, que, aunque estuviera con los ojos cerrados, estoy seguro de que me vio! Manuela se encargó de limpiar el enchastre y me llevó a la cocina para servirme una taza grande de café negro, pero mi ex-esposa vino detrás dándome un sermón sobre "ser la vergüenza de la familia y el mal ejemplo para mis hijos...". Tuve que escapar por la puerta de servicio. ¿Y sabés de qué me di cuenta cuando el frío me despabiló de golpe? De que en todo el escenario, juntando al elenco estable y a los invitados especiales, los únicos que teníamos los ojos colorados de tanto llorar éramos Manuela y yo, los extras.

Por eso no fui al entierro. No me pareció prudente aparecer por allá (y, además, no tenía otro traje: ese fue directo a la tintoreria porque el vómito no sale así nomás). Por eso, y porque el dolor de cabeza del whisky es un rumor de alas de mariposas al lado del dolor de cabeza que me dio la ginebra. No sabés cuánto habría necesitado tenerte ayer a mi lado. Es increíble lo solo que puede sentirse uno rodeado de parientes.
Un abrazo de veras,
Esteban (el hijo de puta de tu amigo, ex-amigo Esteban, el que añora la falta de tu hombro para llorar como un maricón, pero que se tiende a tu hermana como un macho de las cavernas. No vuelvas nunca, Irineo, hacéme caso: no quiero ser el cuerpo del delito en tu primer homicidio por emoción violenta). 

Estás. Yo sé que estás por ahí. Aunque estés muerto, aunque no vuelvas a mirarme con tus ojos de cejas gruesas y despeinadas, aunque no puedas - porque sé que no podés - seguir señalando mi imbecilidad con esos ojos, estás ahí. Estás adentro. Adentro de mí, más fuerte que todo lo que yo pueda ser en mi vida, vos estás ahí, viéndome. Mirándome. Y cuando me mirás, yo me siento estúpido e inútil. Es cuando me mirás que sé que no hay lugar en este puto mundo donde pueda esconderme, donde pueda fingir que soy un hombre completo. No soy completo porque vos eras entero, brillante, inapelable. Y yo soy estúpido, incompleto, inacabado. Y soy tu hijo. Y ser hijo tuyo me hace evidente. Yo soy, yo seré siempre un pedazo: la vida te obedeció por los mismos motivos por los que a mí me hace burlas.
Te odio, Dios, cómo te odio, y cómo no puedo prescindir de vos. Traté de imitarte, y cuando no me salió ser como vos, traté de ser distinto, absolutamente distinto. Pero tampoco me salió, porque vos seguías siendo mi referencia. Yo era igual o diferente, pero siempre con relación a vos. Y ahora que tengo los años suficientes como para admitir mi fracaso, no estás para decírtelo. ¡Me jodiste otra vez! Antes, por comparación; ahora, por falta de auditorio. ¿A quién le confieso mi fracaso? ¿A quién, si ya no vas a oírme? No es que crea que pudiste haberme oído antes. No tenías orejas para casos como el mío. No las tuviste nunca. No debés tenerlas ahora, pero aunque las tuvieras, aunque flotaras ahora en algún sitio desde el cual escucharme, ¡yo no puedo saberlo! No puedo ni siquiera putearte por no escuchar mis confesiones.
Este odio que te tengo, esta bronca vitalicia, ¿será lo que llaman auténtico "amor filial"? Mis hermanos, esos que continuaron con tu línea exitosa, hoy se arrancan los ojos por los pedazos de cosas que dejaste. Mi madre, esa mujer discreta y colaboradora que nunca, pero nunca te hizo frente, que te dejó diagramar la vida de todos sus hijos (todos menos yo, que nunca pude hacerme cargo de tu voluntad), hoy vive rumiando protestas contra cada una de tus decisiones, contra cada gesto tuyo, contra cada palabra salida de tu boca. En todo lo que puede, te deshabilita. En cambio yo, el boludo (aunque nunca me hayas dicho "boludo" directamente), busco todos tus recuerdos para reenunciarlos en cada detalle, busco ternura en tus gestos, busco, desesperadamente busco un tono de voz, un signo de tus cejas donde cupiera la piedad. Y me parece que no importa si no los encuentro, sigo buscando.
Debería maldecirte: mi ser no alcanzó a hacerse lugar cuando vivías, y tampoco levanta vuelo ahora que estás muerto, definitivamente muerto, muerto como para no molestarme más. Ojalá hubiera un libro donde leer el sentido de las cosas, de todas las cosas, las que ya ocurrieron, las que siguen pasando en contra de toda mi voluntad, las que todavía van a dejarme sin aire. Si mi vida fuera una novela, vos serías ese sentido. Dios (Dios, digo yo, ateo confeso), Dios, ¡cómo te extraño!
Me gustaría saber qué pensarías de todo lo que ocurre en tu ausencia. ¿Alguna vez te imaginaste que serías una Ausencia, que todos los que manejabas con un arqueo de cejas hirsutas y despeinadas aprovecharían para desobedecerte? No. No te lo imaginaste. Ahora sos una Ausencia. Ellos - yo, no, pero porque nunca me interesaron tus negocios - se arrancan los ojos tratando de quedarse con las Cosas, esas Cosas que tanto te importaban.
¡Pobre papá! Debe ser triste andar flotando por ahí y descubrir que los Súbditos se rebelan contra tus Leyes. Que los mandatos pergeñados durante tantos años se diluyen, que la Muerte te hizo Inválido. ¿Es triste estar muerto? ¿Podés contestarme eso, en lugar de meterte en mi cabeza cuando estoy seduciendo una montaña de carne como la hermana de mi Amigo?
Después de tu entierro tuve la fantasía de que las cosas serían más fáciles. Ni me dejaste en paz, ni la familia tiene paz. ¿Será que la paz nos está vedada por castigo bíblico?
Mi madre ha contratado un Abogado Extrafamiliar (claro, si yo estuviera recibido, podría haberme encargado de sus asuntos, no me lo recuerdes) para que la defienda de las maniobras de su hijo mayor. El nuevo abogado terminó por aconsejarle que vendiera todas las propiedades (casualmente, lo mismo que quiere lograr mi hermano mayor) para dar fin a un juicio interminable que podía costarle más de lo que él mismo, el Abogado Extrafamiliar, iba a cobrar por honorarios, que era mucho, muchísimo, tanto que ella dijo que no le iba a pagar nada y contrató a un Segundo Abogado Extrafamiliar (ya sé, ya sé, si yo estuviera recibido etcétera, etcétera) para que la defienda de tu hijo mayor y de la demanda por honorarios que le entabló el Primer Abogado Extrafamiliar.
¿No habrían sido más sencillas las cosas si, en lugar de dedicarte a extender las fronteras de tu Reino hasta convertirte en alguien imprescindible para la fauna nacional, te hubieras ocupado de las boludeces en que se ocupan los viejos? ¿Nunca te gustó cultivar bulbos de flores exóticas? ¿Jamás imaginaste ser el líder del andinismo de la tercera edad? No. Ni siquiera te diste cuenta de que eras Viejo. No te culpo: nadie se dio cuenta. Yo tampoco.
¿No podrías - como un favor especial a un Hijo discapacitado, yo - dejar de intervenir en mi cabeza? Nunca estuve seguro de nada, nunca tuve esa sagrada convicción de estar haciendo lo que debía hacer, pero antes, por lo menos, podía ocultarme. Esto de tenerte ahí, espiando todos los detalles de mi discapacidad, va a terminar por volverme loco. No: por volverme tan Loco como para abandonar el juego de las Escondidas y salir a gritar mi Locura Discapacitada frente a todos, frente a los Abogados Extrafamiliares de mi Madre, frente a mis hermanos avarientos, frente a cada persona que camina por la calle en esta Ciudad que ya no reconozco. (Tengo un Amigo en Madrid, pero no sé si me asiste el derecho de cargarlo con mi asfixia). Por favor, Papá...


.


Volver a Ateneo de las Letras

Volver a textos



© Copyright 1999-2006 Paginadigital®. - Hecho el depósito que marca la Ley 11723 - Derechos reservados  



|Pon a paginadigital en tu sitio | Sugiere esta página a un amigo | Responsabilidad |
info@paginadigital.com.ar
   |  Ayuda |

Web diseñado y producido por paginadigital®, Copyright 1999 - 2008, todos los derechos reservados. Los nombres e íconos de: paginadigital, Kids, art, pinturas, grabados, dibujos, objetos. Todos los derechos reservados. Hecho el depósito que marca la Ley 11723 - Derechos reservados | Términos y condiciones

| Home | Cursos y talleres | Servicios de Internet |Agenda de Ferias y Exposiciones | Exposiciones de arte y galerías | Becas, maestrias y posgrados | Programación de teatro, cartelera | Centros culturales | Concursos de pintura, literatura, arte, video, television, tv, teatro, casting | | Conferencias, seminarios, jornadas | cartelera de cine, tv, fotografía | Música, recitales, bandas, música clásica | Libreria, venta de textos y libros | Museos | Coros, operas, conciertos | Noticias, notas y artículos | Música de tango, cena show | Textos, poesía, prosa, cuentos, poemas | Solidaridad | Tarot, astrología | Mapa del sitio | Foro | Not | Cart | Salas | Tel | Taller | Taller literario | Enlaces útiles