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de
Cejas Agüero Martín
Partida
El sonido débil y escrupuloso del ambiente
Retumba en paredes amargas y viejas
Por la humedad de la soledad,
Y por la ausencia de un alma extrañada.
La habitación bañada en tristeza y melancolía
No trae mas que recuerdos, de su inexplicable partida
Y el sonido vacío y quisquilloso
Carcome el residuo de su gran amor.
A pesar del eterno sufrimiento que impone aquel cuarto
Él permanece ahí, taciturno e impávido
Desafiando la variabilidad del tiempo
Y a su memoria obnubilada por su alta edad.
Ha preferido convivir con recuerdos
Impregnado en lo material de cada objeto,
Y en un mundo sórdido y desolador
Pero con la esperanza de que su alma aún no ha partido.
Siente e intuye su presencia,
Murmullos que viajan en el escaso aire de la soledad.
Se reposa en su golpeado lecho
Esperando ávidamente su partida.
En breve tiempo sus ojos se habrán cerrado,
Su alma se levantará sobre su cuerpo
Y podrá comprender que el murmullo proviene
De un mundo nuevo y de su gran amor.
Arrepentimiento
Sólo sintiendo el dolor de la derrota
Penetrante y fiel en los últimos años,
Pareciera que la esperanza expira,
Frente a la presencia irremediable y fortuita de la confusión.
El poder absoluto y despótico de la soledad
Reina en un reinado sin rey, sin libertad.
Donde lo diáfano es lúgubre,
En donde el honor se disfraza de traición.
El coraje aquí se ausenta y la paciencia expiró,
La alegría no es más que efímera
Y la oscuridad de la noche es cómplice del temor.
El sentimiento más feliz es el dolor
El remedio más benigno es la muerte.
Si, porque escapar es utópico
Ya que correr y ocultarse es volver al inicio.
El abandono es el mejor confidente
Y la ira el máximo esplendor
Y el error es la conciencia perturbante
Por no haber declarado mi amor.

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