|
de Falconi Atilio
Silencio
Silencio, del pensamiento consejero,
es mi refugio solitario, por elección
lo busco en algún rincón,
no ocupa espacio ni tiempo lo regula:
sólo con el vuelo de mi mente
percibo etéreas voces y sorpresiva luz,
el origen de sus poderes virtuales,
los efectos de sus primeras señales.
Toman forma las imágenes,
proliferan las ideas, más intensa
fluye una continua emanación,
con un ritmo de ansiosa espera.
Confío a mi intelecto creativo
una pronta inspiración.
Tiene el silencio valor esencial:
aunque termine, por mortal destino,
es germen fecundo en nuestro camino,
que nos lleva al silencio sepulcral,
sin vacío en la nueva condición.
Será este un refugio espiritual
si alguien con una oración difunde,
en el silencio de la eternidad,
la paz de la humana felicidad,
profundo misterio en nuestra vida,
nunca a la nada reducida.
Nueva Cruzada
Es el hombre animal diferente
entre todas las especies,
dotado de razón simplemente
y con ella más inteligencia,
sabe que tiene un alma,
sede de su íntima conciencia;
voces percibe sin sonido
e invisible repetidas señales,
que inquietan su mente,
unas fugaces, otras más durables.
Yo me pongo con la mente mía
frente al misterio de la verdad,
es abstracta y pura, sólo se mide
con claros signos de calidad.
Es el hombre creador de su grandeza,
debe ser digna por alto concepto,
el que define la palabra humanidad,
bien expresada, aún con defecto.
Se logra una paz armoniosa
si vislumbra cada ser humano
una luz en el túnel de la felicidad.
Me propongo despertar dormidos
sentimientos en mis semejantes,
sus fibras más vibrantes,
incitarlos con mi firme mirada
a seguirme en la cruzada.
Baje su soberbia el que es pudiente,
no la confunda con valentía,
más valientes los humildes demacrados,
que sin violencia sufren esperando.
Es la humanidad un cuerpo entero,
que por manchas y culpas se degrada.
Una lágrima lava tu alma renovada,
hombre tocado por estas rimas,
son gotas de amor solidario,
que sean semilla de paz,
para frutos abundantes en terreno feraz,
muy sabrosos más adelante,
con mucha gente en caravana,
muy solidadaria y más humana,
en su corazón y su semblante.

Volver
a Ateneo de las Letras
Volver a textos
|