C o r r e O
E x t r e m a f i c c i o N

mensual de ficciones/aparece el día 5 de cada mes

Beer-Sheva/Israel/
Nro. 1 / 5 de febrero del 2000


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Sumario
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1/Presentación
2/Sebastián Bianchi: Guerra extenuada a la ballena de Troya
3/Ayuda
4/¿Se acuerda de...?
5/Consulta
6/Rock & Shout Argentino
7/Ezequiel Alemián: La famosa avenida Bragatuní
8/Comic
9/Sir John Tenniel: Conejo blanco mirando el reloj
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1/Presentación
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Correo Extremaficción se les ha presentado hoy en su casilla de correo.
Esto es en virtud de que usted ha dicho sí cuando se lo consultó al
respecto. O, también, porque no afirmó ni negó, entonces ha sido incluido
en una zona intermedia, en donde todo es posible, incluso renegar. Lo
cierto es que, ante el hecho consumado, ¿qué es lo que usted puede hacer?
Se le recomienda, por ejemplo, considerar cada uno de sus ítems --que
pueden buscar mediante el mecanismo de rastreo que provee un novedoso
sumario analógico-- con el respeto que de sus enunciados se desprende.
¿Tiene usted avidez? ¿Cuántos libros leyó? Pero, esas son preguntas al
margen. Qué maldad aprovecharse de inocentes y llenar con fingimientos el
espacio de la ficción.


D. W.

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2/Sebastián Bianchi: Guerra extenuada a la ballena de Troya
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I. La iliada, de Homero

Mientras hablaba, saltó del carro llevando todas sus armas, haciendo tal
estrépito al entrechocar los bronces que le cubrían, que hubiese llenado de
horror el corazón de los más valientes guerreros.

¡Qué poco se parece a su padre el hijo de Tideo!

Como inclina su tallo la amapola de un jardín, cediendo al peso del fruto o
de los aguaceros de la
primavera, así inclinó el guerrero la cabeza, poderosa bajo el casco.

No tardó en hundirse en el océano la fulgurante luz del sol, derramando
sobre la tierra la oscura noche.

Néstor, aunque estaba bebiendo, se dio cuenta del espantoso tumulto que se
hacía más grande por momentos, y dijo de este modo al hijo de Esculapio:
--Divino Macaón, ¿cómo te parece a ti que va a acabar todo esto?

Acertó a darle en la cima del yelmo, pero el bronce repelió al bronce y la
aguda punta no llegó a hundirse en la cabeza porque se opusieron los
dobleces del casco, regalo de Apolo, y sus agujeros, que hacían oficio de
ojos.

Eran tan formidable el estruendo, obra de los dos ejércitos, que, subiendo
a través del éter, llegó a la resplandeciente mansión de Zeus.

Ojalá pudiera librar a tu hijo cuando corra la muerte detrás de él, con la
facilidad con que voy a forjar para él una armadura tan deslumbrante que
será el asombro de todos los que la contemplen.

Y la tierra que dejaban a sus espaldas, aunque era de oro, parecía negra y
removida por incomparable maravilla.


II. Guerra y Paz, de Tolstoi

Sonia --decía Natacha, toda entusiasmada, a su linda prima-- ¡qué bonito es
esto!

Aunque los elementos que componían su existencia fuesen iguales que antes,
en su interior sólo causaban impresiones sin ilación, completamente
aisladas.

Pensaba en la guerra como piensan las mujeres; temía por su hermano,
deploraba la crueldad de los hombres que se degollaban unos a otros.

Napoleón, que no había cesado de mecerse en sus ideas de grandeza, por
último sintió, gracias a su instinto y su fino tacto de cómico, que el
instante perdería su solemnidad si se retardaba mucho tiempo.

Sólo temía una cosa: haber sido juguete de una ilusión.


III. Werther, de Goethe

Yo camino junto a él, arrancando las flores que encuentro a su paso, con
las cuales hago un bonito ramillete, y lo arrojo al cercano río,
siguiéndolo con la mirada mientras se aleja sobre las ondas mansamente.

El mundo parece acabarse conmigo.

¿No reconoces la voz de la criatura extenuada, desfallecida, que se hunde
sin remedio, y a pesar de su inútil lucha, gritando con amargura: "¡Dios
mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?" ¿Y ha de darme vergüenza esta
exclamación? ¿Y he de temer que llegue el momento en que se escape de mi
boca, como se escapó de la vida de aquel que, hijo de los cielos, se ha
envuelto en ellos como un sudario?

¡Pobre insensato! Envidio la locura, envidio el laberinto mental en que te
pierdes.

--Werther --dijo--, muy enfermo debés estar, cuando tu música favorita te
desagrada de este modo.

Cuando cierro los párpados, en el cerebro, donde se encuentra la potencia
de la vista, dispongo claramente sus ojos negros. Es imposible que te
explique esto. Duermo.

Con qué placer hubiera dado esta pobre vida humana para confundirme con el
huracán, rasgar con él los mares y agitar sus olas.


IV. Moby Dick, de Melville

Puedes vislumbrar esa verdad intolerable ahora: que todo pensamiento
profundo y honrado no es sino el intrépido esfuerzo del alma para mantener
la libre independencia de su mar, mientras los vientos más feroces del
cielo y la tierra conspiran para arrojarla contra la costa traidora y
servil.

No es más que el envoltorio de la tempestad.

Pero cuando, como en el caso del zar Nicolás, la corona circular del
imperio geográfico ciñe una mente imperial, la grey plebeya se humilla ante
esa tremenda centralización. Y el poeta trágico que quisiera pintar la
rebeldía humana en su vuelo más amplio y en su acción más directa, no
podría omitir una insinuación que, para su arte, es incidentalmente tan
importante como ésta a que ahora hemos aludido.

Como si hubiese dicho: todos mis medios son cuerdos; pero mis móviles y mis
propósitos son insensatos.

Tus pensamientos han creado un ser viviente en ti.

Las olas también cabeceaban inclinando sus cresta indolentes, y en el
infinito éxtasis del mar el este cabeceaba hacia el oeste y el sol
cabeceaba sobre todo.

Entre las criaturas, ¡qué pocas son grandes como la ballena!

Yo mismo disfruto interiormente de una muda calma, mientras giran a mi lado
planetas nefastos de infinita tristeza.

¡Oh Pip! ¡Tu desdichada risa, tu mirada ociosa pero inquieta, tus gestos
extraños se mezclaban, no sin significado, con la negra tragedia de la nave
melancólica y se burlaban de ella!

Lo pensaré. Pero no. Ya he avanzado tanto en el lado oscuro de la tierra
que el otro, el lado luminoso de la teoría, sólo me parece un crepúsculo
incierto. ¿No terminarás nunca, carpintero, con ese ruido infernal?

Después, todo se desplomó y el gran mar volvió a extenderse como desde
hacía cinco mil años.


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3/Ayuda
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a. La segunda sombra corresponde al ave con las alas en "v".
b. El molino a la izquierda es el responsable del efecto "arruga".
c. Nótese la inclinación de la antena, que despeja toda duda.
d ¿Está seguro? Véalo de otro modo; no, ése no, el otro.
e. Tuérzale el pico, pero no lo dañe.
f. Añada, escurra.
g. Esa "x" es más que una señal.
h. Da a entender que es un puñal.
i. Esa casi concordancia en una trampa.
j. Una lo dos puntos y espere.
k. La cuarta sombra es la proyección del gusano.


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4/¿Se acuerda de...?
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¿... la canción 25?
¿... el "dulce" dolor?
¿... la nube García?
¿... la pata en la lata?
¿... la banda de los perros?
¿... el olor "invicto"?
¿... el "vicio del loro"?
¿... María la vieja?
¿... el entierro de la guitarra?
¿... las píldoras cero?


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5/Consulta
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¿Cómo funciona su máquina? Descríbanos esa zona de su vida conectada tan
temprano con su anuencia. ¿Desea la cubierta, definiendo de este modo la
parte visible? Cuéntenos cómo querría ver lucir su superficie. Queremos
saber cada cuánto usted se pinta y qué relación tiene esto con su máquina?
¿Considera que ya es tiempo de destruirla? ¿Está oyendo? Le repito por las
dudas:

Cómo funciona su máquina. Descríbanos esa zona de su vida conectada tan
temprano en consecuencia. ¿La desea cubierta, definiéndola de un modo
visible? Cuéntenos cómo querría lucirse en superficie. Queremos saber cada
cuánto usted pinta en relación con esto y su máquina? ¿Considera ella que
es tiempo de destruirla? ¿Estás oyendo? Me arrepiento por las dudas.


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6/Rock & Shout Argentino
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Yuyi yuyi

En la zona de la mano
que se abre y se cierra

Yuyi yuyi yuyi
Yuyi yuyi yuyi

En el buco de la muela
pasta de mercurio

Yuyi yuyi yuyi
Yuyi yuyi yuyi

¿No había un ojo sano
al lado de uno ciego?

Yuyi yuyi yuyi
Yuyi yuyi yuyi

¿Y en qué competencia
perdieron al bastardo?

Yuyi yuyi yuyi
Yuyi yuyi yuyi

Letra: Emilio Garbazi
Música: Federico Lamberto, Martín Carredo.
Grabado por: "Los hijos de la manca" en "Aspectos dilectos" (1983, discos
Orfeus, Ciudad de Santa Fe)

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7/Ezequiel Alemián: La famosa avenida Bagratuní
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Asomándonos sobre el marco de la ventana del amplio departamento que nos
han concedido, en el tercer piso de un viejo edificio oficial, vemos
extenderse a uno y otro lado, atravesando la ciudad, la famosa avenida
Bagratuní. En su momento fue el gran orgullo del país. Tiene tres carriles
por mano y una amplia plazoleta que divide el tránsito que circula hacia un
lado del que lo hace hacia el otro. En dirección al este, se extiende hasta
la base misma de las montañas, donde cambia de nombre y, transformada en la
ruta interestatal 57, se prolonga varios miles de kilómetros en una
travesía a la que pocos de los habitantes de este lugar se le han animado.
En dirección al oeste, al llegar a Sahak se bifurca en una intrincada red
de sinuosos senderos de montañña, al cabo de los cuales suele haber alguna
antiquísima construcción de piedra. El tramo más céntrico de la Bagratuní
tiene no menos de diez kilómetros de extensión. A su vera, como si se
tratase de un río, se suceden los tres grandes barrios de la ciudad:
Partev, Koriun y Terdat. Hasta hace dos años, nos han dicho en el
aeropuerto, por debajo de la avenida circulaba el subterráneo, pero la
falta de energía ha obligado al gobierno a suspender el servicio. También
han cancelado sus recorridos la mayoría de las líneas de colectivos. Sólo
quedan en funcionamiento, y con largos intervalos entre un coche y otro, la
roja, que describe un itinerario zigzagueante a uno y otro lado de la
Bagratuní, y la blanca. Autos se ven muy pocos, casi todos viejos y
circulando a muy baja velocidad. Ayer por la mañana hemos visto, a dos
cuadras de nuestro edificio, cómo tras varios sacudones uno de estos
vehículos dejaba de funcionar, y el dueño lo abandonaba sin más en medio de
la avenida. Hoy hemos vuelto a pasar por el lugar, y el auto seguía ahí,
cubierto por el hielo. ¿Por qué nadie lo ha retirado? ¿Por qué nadie le ha
robado las ruedas, o las tazas de las ruedas? ¿Por qué nadie le ha roto los
vidrios a los golpes, o le ha destrozado la parrilla y los focos? Siete es
la cantidad de pisos promedio que debe tener la mayoría de los edificios
que hay en esta zona de Partev en la que nos encontramos desde hace menos
de una semana. Es una cifra extraña, pero la he calculado personalmente,
anotando la altura de las construcciones que la distancia me ha permitido
distinguir. Son edificios macizos, con mucho mármol en el interior y
revestimiento de piedra por fuera. El paso del tiempo, la rigurosidad del
clima y el smog urbano han ido oscureciendo los frentes, de modo que casi
todos son de un gris oscuro parejo. Enfrente nuestro está lo que fue la
principal repartición impositiva de la ciudad. Paneles de alambre tejido y
placas de hierro cubren puertas y ventanas de la planta baja y del primer
piso, que se nota llevan mucho tiempo sin ser abiertas. En los marcos y en
los zócalos se acumulan papeles y basura. Sin embargo, es indudable que en
el edificio vive gente. Varias ventanas de los pisos superiores, por
ejemplo, están abiertas, algunas de par en par, y otras están rotas. A su
través vemos pasar gente durante el día, y por la noche vemos titilar las
sombras que proyecta el fuego contra las paredes. Luz eléctrica solamente
hay en los edificios que han logrado conservar un generador autónomo, que
hacen funcionar desde que cae el sol hasta que la gente termina de cenar, y
que a la noche mantienen en automático para sostener los sistema de
calefacción. El frío es muy cruel en esta ciudad, y el tiempo de los
hacheros ya se ha consumido. Quienes no tienen corriente, o directamente
ocupan alguno de los miles de edificios abandonados, levantan los pisos de
los espacios comunes para encender el fuego que los proteja por la noche.
Así también se han incendiado muchas construcciones. Según recuerdo de las
cosas que me contaban cuando era chico, todos los frentes que hay a lo
largo de la avenida Bagratuní se decoraban con flores los días en que había
desfiles, y la gente se asomaba a las ventanas para arrojar pétalos de
rosas a la caravana. La procesión terminaba en la plaza Pavstós, donde el
representante de turno prometía un nuevo ciclo de expansión económica. Por
esos discursos y por la carrera de Aghtamar era y sigue siendo famosa la
avenida Bagratuní.

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8/Comic
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¿Qué mirás gordo boludo? ¡Ah sí, ésta me las vas pagar! Cuidado... Ataca,
muerde, lastima. Te hace víctima a vos que eras su agresor. Todo se pone de
triste gris, incluso vos, planeta, te ponés triste gris. ¿Qué mirás gordo
boludo?


S. B.

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9/Sir John Tenniel (Inglaterra, 1820-1914)
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"Conejo blanco mirando el reloj"; ilustración original para "Alicia en el
País de las Maravillas", de Lewis Carroll. A pesar de que le resultó
insoportable trabajar junto al reverendo Dogson, Tenniel reincidió en "A
Través del Espejo".


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C o r r e O
E x t r e m a f i c c i o N

Es un envío mensual de ficciones

Idea y dirección:
David Wapner

Equipo:
Israel: David Wapner, Ana Camusso, Chiflón. Argentina: Ezequiel Alemian,
Sebastián Bianchi.
Colaboran en este número: Tomás Astelarra (España); Pablo Cruz Aguirre
(Argentina).

Usuarios de Windows: Correo Extremaficción está generado en un procesador Mac de vieja manufactura, por lo tanto, es probable que en lugar de caracteres acentuados con tilde, letras "ñ" y signos de expresión, se visualicen signos o combinaciones curiosas. Si esta transformación les resultare molesta, háganoslo saber y veremos, veremos.

Colaboraciones, enviar a:

vafner@shani.net 
basty72@hotmail.com 

Registro de la propiedad intelectual en trámite.

Alentamos la difusión de CorreoExtemaficción: re-envíelo, por ejemplo, a  otros posibles lectores. Imprímaselo a quien no tenga computadora o conexión a Internet. En cuanto a la reproducción parcial de su contenido, la permitimos siempre y cuando se consigne la fuente.


© 2000 David Wapner






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