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solo
sal -h o j a d e p o e s í a-
Llevó el universo a su cuarto
Y cerró la puerta;
Alrededor de su pared rotaban planetas,
A lo largo del piso se elevaban estrellas
Y caían en la grave, lenta respiración de las tinieblas;
Nadaban cometas como los dientes de tiburones que nadan,
Vigas de encina tenían ojeras monstruosas,
Y el ladrido del chacal
Pájaros marinos llegaban desde lejanas
Islas; rabihorcados, golondrinas de mar,
Alisaban en la baja, giratoria luz,
Sus plumas brillantes como el mar, giraban,
Gritaban, se lanzaban
A los agitados cardúmenes
En la larga noche.
Pasado y futuro, dos flacas panteras
Negras como el carbón,
Recorrían los límites de su cerebro,
La veta preciosa de su vida;
Y podía ver
Puertas que ante él se abrían con calma
Sobre un coche de bancos rosados
esperando la lluvia.
Alberto Girri, 1972.
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Solo Sal es una ex pequeña hoja de poesía en dos formatos, virtual y palpable, dedicada a promover la literatura. Se envía gratis a todo interesado, y la difusión se agradece con cariño y continuidad.
" S i n t í t u l o " Héctor Urruspuru
he comenzado a olvidarme desde abajo,
de mí,
desde los pies,
que también olvidaron el rastro
las ganas de buscar
me he quedado sin colores
a partir de mis rodillas,
casi un hombre transparente en sus conceptos,
y he vertido algo de mi valioso vino
en el ademán de querer cerrar las puertas
y casi no hablo,
escribo banalidades
compro el periódico.
camino a través del parque único.
Alrededor de mí llevo el ruido del teclado
como todo comentario
cuando ya no me sostenga
de tan invisible,
y en el almanaque Octubre
tenga el olor de las nueces,
recuerda, corazón
que mi nombre empezaba con "H".
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y sé lo que va a ocurrir:
terminaré mi café,
saldré corriendo
vendrá la camarera con sus pasos de pájaro
a limpiar la mesa.
yo saldré corriendo,
le daré unas monedas
a la mendiga huérfana,
empujaré las puertas vaivén
tras las cuales un hombre me pagará
para oírlo hablar en italiano.
y luego sé lo que ocurrirá:
me recluiré durante meses en un establo
y no saldré hasta haber logrado
hacerme una máscara
Marisa Freek
celdagris@hotmail.com
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P o e m a I X
Ven ustedes
era así cuando
entramos en este lugar
una pareja
haciendo el paso Azteca
y digo yo
Papi huyamos
pero entonces esta dama
viene hacia mí ven ustedes
y dice
Vos y yo podemos existir verdaderamente
Ay ay digo yo
Sólo que al día siguiente
ella tiene los dientes mal
y odia verdaderamente
la poesía.
Lawrence Ferlinghetti
P I n G p O n G poético :
A. Pizarnik >>> No me hables del sol porque me moriría/ Lleváme como a una princesita ciega/ Como cuando lenta y cuidadosamente/ Se hace el otoño en un jardín.
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F. Pessoa >>> Príncipe de mejores ocasiones, otrora fui tu princesa, y nos amamos con un amor de otra especie, cuya memoria me duele.
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Ella volcó algo de café sobre mis alas
aunque descafeinado,
por un rato dejé de volar
Se aleja acercándose sempiternamente
melodías cellísticas mediante
monta al unicornio que venció al alba
y conquista uno a uno los puestos de panchos
Quedo encerrado en una división con decimales,
robar cable es delito
lito hace mal las cosas y se recuesta sobre una plantación de hash
Brindo por la comisura de tus labios,
si te gusta el fuego
entonces prueba quemarte.
Manu-Yi
T I E M P O S D E C A R E N C I A
Domingo. Despierto con el ruido del mar
golpeando la pared del acantilado.
Tengo el libro de Eliot en las piernas
al frente la niña en la cuna, infla los cachetes y parece
que va a pronunciar la magnífica palabra
pero sólo gime. Le digo ca-ca
ella restriega sus ojos con las manos regordetas
y desde mis piernas la extraña sonrisa de Mr. Thomas Stearn
es una acusación, una amenaza,
la niña lanza un grito
aprieta los dientes contra las encías enrojecidas
y yo sentada sobre la manta
me convierto en la voyeur de este placer.
Puja, hija mía, puja
esperemos con los dedos entrelazados
la sentencia.
Mr. Thomas Stearn partido en dos por la solapa del libro
me mira fijamente
el iris claro de los perversos
y la sonrisa de los bancarios, agestada.
Dime algo, ¿por qué no me dices nada? Habla
y sigue pujando hasta que puedas contar tus excrementos
o tus muertos, no se saben cuántos son ya, mantienen
un sabor misterioso que sólo se siente
en el fondo del paladar.
Las plazas se llenan de visiones de sombras, ojeras
tras ojeras en las colas por un kilo de azúcar
una miga de pan.
Todos estamos aquí con nuestras manos lacradas.
Extiende una vez esas manos
yo abro las piernas y dejo
que él fornique sobre mí como un cerdo
como un cerdo rosado
-frota tu sucio placer, ¡frótamelo!-
por un kilo de azúcar
una lata de leche.
Puja, hija mía, puja
es lo único que me interesa, eso
y rayar esta hoja en blanco
el olor del amoníaco en la batea
y la mitad de un pollo muerto.
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M e t a m o r f o s i s
He recibido un puntapié
Del tiempo y se ha desordenado
El triste cajón de la vida.
El horario atravesó
Como doce perdices pardas
En un camino polvoriento
Y lo que antes fue la una
Pasó a ser las ocho cuarenta
Y el mes de Abril retrocedió
Hasta transformarse en Noviembre.
Los papeles se me perdieron,
No se encontraban los recibos,
Se llenaron los basureros
Con nombres de contribuyentes,
Con direcciones de abogados
Y números de deliciosas.
Fue una catástrofe callada.
Al despertarme me encontré
Más descabellado que nunca,
Sin precedentes, olvidado
En una semana cualquiera,
Como una valija en un tren
Que rodara a ninguna parte
Sin conductor ni pasajeros.
No era un sueño porque se oyó
Un mugido espeso de vaca
Y luego trajeron la leche
Con calor aún en las ubres,
Además de que me rodeaba
Un espectáculo celeste:
La travesura de los pájaros
Entre las hojas y la niebla.
No puedo mostrar a la gente
Mi colección de escalofríos:
Me sentí solo en una casa
Perforada por las goteras
De un aguacero inapelable
Y para no perder el tiempo,
Que era lo único perdido,
Rompí los últimos recuerdos,
Me despedí de mi botica,
Eché al fuego los talonarios,
Las cartas de amor, los sombreros,
Y como quien se tira al mar
Yo me tiré contra el espejo.
Pero ya no me pude ver.
Sentía que se me perdía
El corazón precipitado
Y mis brazos disminuyeron,
Se desmoronó mi estatura,
A toda velocidad
Se me borraban los años,
Regresó mi cabellera,
Mis dientes aparecieron.
En un fulgor pasé mi infancia,
Seguí contra el tiempo en el cauce
Hasta que no ví de mí mismo,
De mi retrato en el espejo
Sino una cabeza de mosca,
Un microscópico huevillo
Volviendo otra vez al ovario.
Pablo Neruda
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<Con la poesía ocurre lo mismo que con las mujeres: llega un momento en que la única actitud respetuosa es levantarles las polleras> |

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