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| Edith Canseco AMOR IRREAL En el silencio de la habitación el busto pareció despertar y sacudiendo su cabello, estos se alborotaron para caer en suaves movimientos sobre un rostro de líneas pronunciadas, nariz prominente y gesto adusto. Sus gruesas cejas enmarcan dos ojos grandes, preocupados pero al mismo tiempo desafiantes. Su situación era terrible. Quería moverse y no podía hacerlo prácticamente. Solo su imaginación materializaba su deseo de amar, de tener una esposa, hijos y ¿por qué no?, una amante. No podía sentir sus manos golpeando el mármol con el martillo y el cincel para hacer surgir de su interior las figuras que viven en él. Su rebelión es total. Cuando ella se acerca, sus labios se entreabren en una sonrisa y el éxtasis es total cuando ella abre sus brazos para entrelazarlo en un intento de posesión. -¿Por qué no puedo tenerte? - musita ella lánguida, mientras sus dedos acarician la inmóvil cabeza. - Tú puedes hablar porque yo te he creado para mí - sigue diciendo con ojos brillantes y mejillas arreboladas - Nuestro amor es único - responde él - Tenemos los mismos intereses, los mismos deseos, pero nuestra unión es imposible. Si bien soy torso que habla, yo represento a alguien a quien tu amas. - Es verdad, es alguien que me ha hecho mucho mal. Pero ahora te tengo aquí, exclusivamente para mí - dijo ella riendo a carcajadas. - Despierta de tu estado demencial. Yo te contesto porque así quieres que lo haga. Te has confinado en vida porque no me has podido tener contigo. Ha sido tan imposible dejar a mi mujer y a mis hijos como al pedestal que me sostiene. - Si no puedes acceder a mis deseos yo puedo deshacer con odio lo que construí con tanto amor. Y llevada por una furia interior incontenible, con frenéticos golpes de martillo destrozó la cabeza cuyos pedazos rodaron por el suelo, como su amor por Rodin. |
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